Conoceréis la verdad.

Un personaje público no nace, se crea tras un proceso que requiere mucho esfuerzo, muchísimo, de diferentes partes. Por un lado están los asesores que valoran las cualidades del personaje, minimizan sus defectos y amplifican sus virtudes para que los observadores le perciban de forma positiva. Por el otro, está el asesorado que debe convencerse de la realidad de la situación y de la necesidad de cambio o perfeccionamiento. De el depende en mayor medida su éxito, impulsado y conducido por los que pueden y están en la obligación de aconsejarle. Conozco a algún dirigente que no entendió ni quiso oír verdades. Ello costó la dimisión del asesor y el fracaso de la trayectoria del asesorado. Antes de seguir, quiero que el lector comprenda y sepa que cuanto en este artículo escribo es de aplicación directa no solo a los políticos sino a dirigentes empresariales y profesionales liberales. Es de aplicación a todo el mundo, tanto en el ámbito […]

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