Líderes con pies de barro.

Escribía hace unos días sobre las cualidades personales de Rafael Nadal que le encumbran hasta las más altas cotas de credibilidad social. Al igual que el Papa Francisco, su coherencia personal -entiéndase ser y parecer lo mismo- les impulsa a ser creíbles sin esfuerzo alguno. Son transparentes y cualquiera de sus acciones públicas contribuye al crecimiento de su prestigio y su reputación. Ambas dos, prestigio y reputación, se construyen sobre las bases de la cohesión de múltiples factores personales, que provocan una aceptación pública mayoritaria, por encima de creencias y gustos pasajeros. Nacieron para liderar por el convencimiento, el ejemplo, la verdad, el honor, el esfuerzo y la sencillez que son ingredientes –digo yo- de los cimientos de los verdaderos paladines. Es lo que tiene construir sobre roca. Los vaivenes de las modas, las campañas publicitarias y el éxito pasajero no les afecta porque tienen fuertemente anclados sus pies al […]

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Deconstruyendo la imagen pública de Rafael Nadal.

Muchos son los llamados a la gloria y muy pocos los elegidos. Siempre he sostenido que los genios siempre tienen un punto de soberbia y altivez porque, siendo conscientes de su unicidad, no permiten que sus logros o afirmaciones sean puestos en entredicho por otros supuestamente menos capaces. Parecería lógico, entonces, que la altivez fuera una de las características diferenciadoras para poder presumir de genialidad. Dicho esto, es cierto que la opinión pública disculpa cualquier actitud de envanecimiento siempre que el éxito del que lo practica lo justifique. Un caso flagrante es el del que fuera entrenador del R. Madrid, cuyo bagaje profesional le permitía afirmar sobre su persona estupideces tales como «No soy el mejor del mundo, pero creo que no hay nadie mejor que yo» Hay otras formas más distinguidas de alcanzar la genialidad y de eso sabe mucho Rafael Nadal. Entre los componentes de la imagen pública de un genio podríamos incluir […]

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