Política y modales.

Sin crucifijo y sin Sagrada Biblia. Lo normal en estos casos. Tenemos un nuevo presidente que no es creyente y que lo ha querido poner de manifiesto en el primer acto público en el que actúa como tal. No hay que rasgarse las vestiduras y este hecho debiera haber pasado desapercibido para todos sino fuera porque significa la ruptura total con lo que se ha venido haciendo. No es tanto la demostración del sentimiento agnóstico como el deseo expreso de quiebra con el pasado, creo yo. Romper con todo lo anterior, por los hechos ejecutados en público, es parte de una estrategia -aún por definir- que deberá contentar a unos y otros. Tanto es así, que incluso nuestro nuevo presidente no ha querido ni siquiera girarse ante S. M. El Rey para hacer una leve inclinación de cabeza -nunca un gesto de vasallaje- que unos interpretan como de sometimiento y […]

Seguir leyendo