Los atributos del poder.

Surgió el otro día en un foro de compañeros profesionales del protocolo. Alguien preguntó sobre si los ediles y diputados provinciales devolvían la medalla que se les impone al tomar posesión del cargo. Sobre este asunto surgieron más preguntas tales como si una medalla, que identifica como concejal, se puede devolver por razón de ideología o , también,  otras afirmaciones como que en algunos ayuntamientos se graba la fecha en la que se impone al concejal….. Aún a sabiendas que tendré detractores y admitiendo que puedo estar equivocado, tal y como expresé en ese foro, me gustaría ofrecer a los que me leéis mi opinión al respecto. El desprecio por las tradiciones y la necedad de algunas  autoridades mantenida durante muchos años, han hecho que los atributos que distinguen a quienes temporalmente tienen el poder político hayan quedado reducidos a un souvenir.  El uso que se hace de esos símbolos que invisten a los cargos es casi comparable en muchas […]

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Protocolo e intolerancia.

Ya lo he comentado muchas veces: el protocolo oficial y el denominado protocolo social sirven -entre otras circunstancias- para la convivencia, imponiendo límites que eviten conculcar derechos y libertades de unos y otros. Pero además, el protocolo debe respetar las tradiciones y preservar los elementos culturales que diferencian a una sociedad de otra. Ello nos permite ser diferentes sin que signifique menosprecio por lo que sienten los demás o desprecio por sus convicciones. Insisto: protocolo es sinónimo de respeto intencionado para convivir. Por eso no entiendo cómo dentro de un reglamento de protocolo oficial -cualquiera que sea y a quien afecte- se incluya la prohibición de  asistir a un acto religioso -que además forma parte de la tradición- con los atributos y símbolos de un cargo público. A nadie se le oculta que algunos utilizan el protocolo con fines partidistas y sectarios pretendiendo imponer de manera soez y con una falta total de desprecio por el pasado […]

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De todo hay en el viña del Señor.

Lo que yo te diga. Seguimos siendo la vanguardia de las malas formas. Mientras que unos pretenden investir de la autoridad perdida a los profesores -léase Esperanza Aguirre-, otros no dan importancia a que un trabajador llame «hijo de puta» a su jefe. Que sí, hombre, que es verdad. Esto último ha pasado en Cataluña y lo que más me sorprende es que un juez haya dado la razón al trabajador. Al parecer el trabajador calificó así a su jefe pero fue debido a un acaloramiento ¿eh? ya se sabe… una conversación subida de tono, los nervios se disparan y , de pronto, el insulto. Después queremos que los niños respeten a sus profesores y, cómo no, que los profesores sean eficaces educadores de hijos imitadores de padres cuya mejor cualidad es su «supergrito hiperhuracanado». Un padre insulta a una directora de colegio y afirma que matará al jefe de […]

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