Los atributos del poder.

Surgió el otro día en un foro de compañeros profesionales del protocolo. Alguien preguntó sobre si los ediles y diputados provinciales devolvían la medalla que se les impone al tomar posesión del cargo. Sobre este asunto surgieron más preguntas tales como si una medalla, que identifica como concejal, se puede devolver por razón de ideología o , también,  otras afirmaciones como que en algunos ayuntamientos se graba la fecha en la que se impone al concejal…..

Aún a sabiendas que tendré detractores y admitiendo que puedo estar equivocado, tal y como expresé en ese foro, me gustaría ofrecer a los que me leéis mi opinión al respecto.

El desprecio por las tradiciones y la necedad de algunas  autoridades mantenida durante muchos años, han hecho que los atributos que distinguen a quienes temporalmente tienen el poder político hayan quedado reducidos a un souvenir.  El uso que se hace de esos símbolos que invisten a los cargos es casi comparable en muchas ocasiones a un imán de  frigorífico comprado en Cancún.

En primer lugar habría que dejar bien claro que el sentido de la imposición o cesión de cualquier elemento símbólico en el ámbito del poder político tiene un significado distintivo y diferenciador. Las medallas, las bandas presidenciales que distinguen a algunos presidentes, los collares que reciben algunas autoridades o los bastones de mando sirven para destacar del resto de la sociedad a quienes tiene la responsabilidad asociada al atributo. Nadie, entonces, podría hacer uso o retener un símbolo que no le corresponde tras el cese de sus obligaciones. Estos atributos, inherentes e inseparables del cargo deberían ser únicos y ser retornados a la institución que los otorga.

Mauricio Macri eligió y diseño su propio bastón de mando. Además fue investido presidente con la banda presidencial que representa la bandera argentina.

Algunos partidarios de la retención de estos símbolos -que ya no ocupan cargos públicos- han inventado con el tiempo soluciones ridículas como hacer miniaturas de medallas que muchos de ellos utilizan en similitud con condecoraciones otorgados por méritos que lucen de manera soez y petulante. En el caso que nos ocupa, la medalla diferencia como autoridad pero no se confiere méritos vitalicios o diferentes a los conseguidos en las urnas.

Quiero destacar, además, que quien no acepta la medalla como atributo que le diferencia y distingue, no queda investido de autoridad. Además, las imposiciones de estos atributos no solo tienen un significado de investidura sino, más aún, de asunción pública de responsabilidades a las que se une un juramente o promesa de desempeñar el cargo.

Medalla de Concejal del Ayuntamiento de Segovia. Al parecer, en 2015, un Concejal de Izquierda Unida renunció a la que le correspondía alegando gastos innecesarios.

Todo lo anterior, debería quedar reflejado en los reglamentos de protocolo de las instituciones pero si no hay norma, cada uno hará la interpretación que más le convenga, nadie devolverá las medallas o el bastón de mando y cualquier día podemos ver al nieto de un exconcejal jugando con símbolos que realmente debieran trascender y ser utilizados solo en actos especiales, por su importancia simbólica. Ser alcalde, concejal o diputado es, sin duda, un honor pero este tipo de medallas o atributos no fueron concebidos para premiar sino para delimitar responsabilidades.

Y para finalizar, obligando a la devolución de la medalla o el bastón, se ahorra un buen dinero al erario público.

© Juan de Dios Orozco López.

 

 

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