El protocolo de las flores.

Los hechos corroboran la importancia del protocolo. Y los profesionales en estas lides, con el control de los detalles, venimos a demostrar que sin protocolo no hay comunicación y no al revés.

Pido perdón por la sencillez del siguiente argumento pero creo que si la comunicación política y la institucional consiste en trasladar unos hechos al observador en el modo que interesa a quien organiza una reunión o acto institucional, el protocolo se encarga de que nada ni nadie pueda interferir en esos intereses comunicacionales de la institución. Por lo tanto, al protocolo no se le puede considerar como un personaje secundario en la comunicación sino como uno de los protagonistas de una obra coral. Conviene recordar lo anterior para respaldar la idea de que el protocolo, por sí mismo, no necesita del auxilio de ninguna otra disciplina para ser reconocido y tomar, por derecho, su propio protagonismo.

Normalmente quienes nos dedicamos a esto actuamos antes para que en el durante todo vaya bien y los resultados del final sean óptimos, coherentes y acordes con una estrategia. Y cada vez con más asiduidad, los de protocolo somos protagonistas -en sentido estrictamente profesional- de determinados acontecimientos. Afortunadamente también, de manera recurrente, quienes están sometidos al juicio y la percepción de la sociedad o trabajan en la gestion de la imagen pública de dirigentes e instituciones, reconocen nuestra labor.

Me explico. En esto de la percepción pública, se supone que los protocolistas creamos dos tipos de percepciones. A veces conviene que el observador no interprete lo que ve y que nuestro mensaje sea explícito y unívoco. Componemos, en este caso, una partitura en la que no queda lugar a la duda y nuestras ideas son exactamente las que percibe el observador. En otros casos, el mensaje va implícito y el observador extrae sus propias conclusiones e interpreta lo que ve. Nuestro trabajo, entonces, está orientado a “inducir a” o “deducir de”.

Y éste es el caso que ha ocurrido ayer con un centro de flores de pascua amarillas, colocado por los responsables de protocolo de la Generalitat muy sutilmente, delante de las banderas de España y la Generalitat, y estratégicamente situado entre el Presidente Sánchez y el individuo que tiene por presidente la Generalidad catalana.

El color amarillo es el que han venido utilizando los separatistas catalanes de manera que su presencia tiene un mensaje “implícito” de reivindicación y de supuesto respaldo del gobierno de España. Sin embargo, la elegancia y sentido profesional del Jefe de Protocolo de la Moncloa ha contrarrestado lo implícito del mensaje para dejar bien claro, de manera explícita, que en aquella reunión los mensajes eran de unidad y no cabía la interpretación sectaria y partidista que pretendían los separatistas catalanes. Ahí estuvo el protocolo y su mensaje implícito que fue neutralizado por la actuación explícita de una gran profesional. Echa un vistazo.

El presidente del Gobierno y el presidente de la Generalitat, con las...
Así estaba confeccionada la imagen de la reunión entre el Presidente Sánchez y Torrá y así quedó después de la acertada actuación del Jefe de Protocolo. Las fotografías son de elmundo.es.

Lo he dicho en otras ocasiones, el protocolo “limpia, brilla y da esplendor” allá donde otras disciplinas de la comunicación o afines a ella no llegan.

Nada más…y nada menos.

Feliz Navidad.

PD: Observa cómo, también, el Jefe de Protocolo lleva una corbata negra. No me cabe la menor duda que guarda luto por Alejo Arnáiz, fallecido recientemente, a quien con toda modestia dedico este artículo.

© Juan de Dios Orozco López.

 

 

 

 

 

 

 

 

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4 comentarios

  1. Sr. Orozco, como estudiante y siempre interesada en temas de protocolo, sigo habitualmente su blog y le tengo, ideologías a parte, por una de las personas mas entendidas en el tema. Acudo a sus posts para resolver muchas de mis frecuentes dudas y le considero una persona culta y educada. Es por ello que me ha sorprendido el poco respeto que ha demostrado en este artículo para con los catalanes, al referirse al M.H. Sr. Quim Torra, President de la Generalitat de Catalunya, como “el individuo que tiene por presidente la Generalidad catalana”. Puedo estar de acuerdo o no con usted sobre sus reflexiones sobre las actuaciones de sendos departamentos de protocolo, pero lo que no puedo admitir de ninguna forma es que mientras se refiere al Presidente Sánchez se refiera al President Torra como “individuo que tiene por presidente…”
    Atentamente,
    Laura Luquero

  2. Mi estimada Laura. Me gustaría en primer lugar agradecer la elegancia y moderación de su texto que, como no podía ser de otra manera, publico en su totalidad aún cuando no está de acuerdo con la forma en que me he dirigido al presidente de la Generalitat Catalana. Efectivamente me pasa igual que a usted. Puedo, o no, estar de acuerdo en aspectos profesionales pero hay otros que afectan a los sentimientos y las creencias. Desde siempre y como guía tengo por norte el respeto por las opiniones diferentes a la mía y por cualquier otra forma de pensar que esté dentro de la legalidad.
    Por otro lado, los catalanes me merecen muchísimo respeto. Tanto como el que me merecen los andaluces.
    Respecto al presidente Sánchez, me parece que respeta la legalidad vigente y defiende los intereses de la sociedad española desde su posición ideológica, siempre respetando la ley. Siento no tener la misma percepción del actual presidente de la Generalitat al que efectivamente califiqué con sutileza de “individuo” para que personas tan inteligentes como usted observaran mi grado de indignación y rechazo. Pero, de cualquier forma, observe la acepción de la RAE para la palabra “individuo”: 3. m. y f. coloq. Persona cuyo nombre y condición se ignoran o no se quieren decir. Y eso es precisamente lo que yo pretendía. No nombrarlo y así seguiré, sin nombrarlo.
    Espero seguir contando con su crítica.
    Saludos cordiales.
    JDD Orozco.

  3. Muchas gracias por su respuesta. Me ha quedado clara su opinión, que respeto aunque no comparto, ya que de momento, el president Torra es el president de la Generalitat de Catalunya, y nos guste o no (seguramente tampoco es la persona que yo hubiese elegido para que me representase), merece un respeto institiucional y ser tratado como tal en cuanto a presidente de TODOS los catalanes. Insisto, nos guste o no, ya que de eso va la democracia.
    Estaríamos perdidos si tuviésemos que basarnos en opiniones personales e ideologías para nombrar a ciertas personalidades. Me reservo aquí mi opinión del trato que le daría yo a algunas de las más altas, que no han sido precisamente elegidas democráticamente.
    Continuaré leyendo sus posts, como no puede ser de otra manera, y entretanto reciba un cordial saludo.
    Laura Luquero

  4. Gracias Laura por su opinión. Ni el presidente de la Generalitat lo es de TODOS los catalanes; ni yo he le falté al respeto, ni encuentro a ninguna autoridad que no haya sido elegida democráticamente en España, incluyendo al presidente de la Generalitat, desde 1975. En cuanto al trato que le daría usted a “algunas de las más altas” (personalidades) supongo que sería, cuando menos, tan respetuoso como el que yo he dado al presidente de la Generalitat que, por cierto, sí ha olvidado muchas normas, y no solo de obligada cortesía y respeto institucional.
    Saludos. JDD Orozco.

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