Una historia mal contada.

Así ocurre cuando el principio general de  la organización de actos -larga preparación, corta ejecución y yo añado “profesión”- no se lleva a término. Las historias se pueden contar pero, quienes no son profesionales o son mediocres, las cuentan mal. En esto de la organización de encuentros de alto nivel, ni el dinero para llevarlos a cabo, ni el deseo de que todo salga bien son suficientes para alcanzar el éxito. Hace falta profesión que comienza por la formación.

Ejemplo de lo anterior ha sido esta semana el supuesto fallo de protocolo del que ha sido protagonista el presidente Macron a su llegada a Argentina para participar en el G-20.

Que el Jefe de Estado francés no haya sido recibido en tiempo y forma por ningún responsable a su llegada al aeropuerto de Buenos Aires, no es solo culpa de quien debió esperar la llegada del mandatario francés. Desde luego quien tenia la responsabilidad de coordinar todos los detalles -incluida la apertura de la puerta del avión presidencial- no lo hizo bien. Si la vicepresidenta  no estaba presente, el responsable de protocolo debió de buscar y encontrar una excusa -quizá de carácter técnico- para evitar que Macrón bajase del avión antes de que la autoridad encargada de recibirlo estuviera presente.

El protocolo de Argentina falló pero también lo hizo el Embajador de Francia en Buenos Aires que, en contacto directo con el avión, podría haber retrasado la salida evitado que su presidente se viera envuelto en este desaguisado que la prensa ha utilizado de manera engañosa. Porque la verdad no es que el presidente no fuera recibido por las autoridades argentinas, sino que la responsable de recibirlo se retrasó en su llegada al aeropuerto. Tal y como puedes apreciar si ves todo el video que te presento -y no solo la parte inicial- “la sangre no llegó al río”. Puedes comprobarlo por el breve espacio de tiempo que transcurre desde que Macron sale del avión (12´30″) hasta que es saludado por la vicepresidenta (14´15″). Sin embargo, casi dos minutos en protocolo es toda una vida.

 

Nunca pasa nada pero es necesario recordar que la cortesía de un anfitrión para con sus invitados, particularmente en las relaciones diplomáticas, se puede extrapolar a la cortesía y el respeto que se tiene entre naciones. De esta manera, el aforismo castellano “no hay mayor desprecio que no hacer aprecio” adquiere una dimensión que va más allá de la mera equivocación para convertirse en un insulto. Y lo ocurrido, aunque fuera subsanado en pocos minutos, no gustó nada al Jefe de Estado de Francia que aprovechando la presencia de la prensa gráfica se fue a saludar directamente -para ser fotografiado- al personal de pista del aeropuerto, dejando bien claro que dado que nadie le recibía conforme a su rango de Jefe de Estado, el identificaba a las autoridades argentinas con personal auxiliar de servicio. Eso queda claro cuando, pisando la alfombra roja, nadie sale a su encuentro.

Así que de los éxitos reales del G-20 argentino se podrá hablar mucho o poco pero los constructores del relato y el discurso gráfico -los responsables de protocolo- de este importante encuentro internacional no han logrado su fin. En esto del protocolo y la organización de encuentros de alto nivel es el todo o la nada y no hay “peros” que valgan. Un pequeño fallo de coordinación y de protocolo ha tenido como consecuencia que los medios de comunicación hablen de otros asuntos que son ajenos a los intereses del G-20 argentino. No será porque en Argentina no hay grandes profesionales del protocolo de los que me honro ser amigo. Más bien dudo de que se eligiera a los apropiados y que dispusieran de probada experiencia.

En fin, aún habrá dirigentes que desprecien a los profesionales del protocolo. Pobre de ellos, no se dan cuenta que de De la ausencia de protocolo al imperio absoluto de la grosería no hay más que un paso(*).

(*) Sabino Fernandez Campo, Jefe de la Casa de S.M. El Rey (1918-2009)

© Juan de Dios Orozco López

 

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