De la mala educación, el insulto y otras excrecencias verbales.

Tu ya sabes cómo pienso. Me parece que las formas son al fondo lo que el camino a la meta. Esa ha sido la máxima de las relaciones personales, las diplomáticas o las empresariales. Cualquiera que tenga por deseo la concordia, el acuerdo y alcanzar objetivos comunes, siempre se mueve dentro de los límites que marcan las buenas maneras, la urbanidad, la educación. La aspiración de agradar siempre va de la mano del éxito en las relaciones personales. Sin embargo, tenemos unos políticos que son tan irresponsables -por ser tan maleducados- que juegan con los intereses de sus representados desde posiciones de una pobreza intelectual, escasez de carácter y nula educación difíciles de imaginar y superar. Es fácil de entender que cuando no existen argumentos se recurra al insulto, la acusación sin fundamento y la falsedad como únicas armas. Digo que es fácil de entender, pero para mi es imposible de admitir.

Las malas formas no son más que el resultado del desprecio por la cultura, la educación y la urbanidad. Desde que el hombre tiene conciencia de serlo se crearon normas de respeto y convivencia que, sin ser escritas, siempre fueron exigidas para ser admitido a la participación e integración en el grupo. Las normas sociales, los modales, siempre han contribuido a remendar los rotos que muchos provocan con razones que anteponen el yo al nosotros y los intereses individuales a los del grupo.  Curiosamente estos individuos, alumbrados por no sé qué luz procedente de otro lugar diferente al cielo -claro está-  aluden al concepto de libertad, que ellos manejan a su antojo, para hacer y decir lo que les viene en gana. Lo peor es que nos estamos acostumbrando a estas actitudes que se han hecho tan recurrentes que ya las admitimos sin indignarnos.

Pero no todo está bien hecho y no deberíamos admitir “pulpo como animal de compañía” en nombre de la libertad. La libertad – la de expresión también- tiene límites que están marcados por los derechos y el respeto que se debe al resto de los mortales con los que se convive. Saltarse esos límites o -lo que es peor- dinamitar esas fronteras, supone poner de manifiesto el deseo de la ruptura social. Y eso es lo que ocurre cuando un ministro de Luxemburgo manda a la mierda públicamente a un ministro italiano; o cuando una diputada se caga en Dios y en la Cruz porque no encuentra argumentos intelectuales para apoyar a un actor como Willy Toledo.

 

 

Si para ser libre se ha de insultar, mal vamos. Cuando queramos reaccionar será demasiado tarde….y entonces no será la mala educación, el insulto y otras excrecencias verbales las que se utilicen como arma.

© Juan de Dios Orozco López

 

 

 

 

 

 

También te puede interesar.....

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.