La nueva Lady Di.

Lo vi el otro día mucho más claro. Me recomendaron un documental en el que aparecía el  Príncipe Harry y su hoy esposa, Meghan Markle. Magnífico en su producción y realización. Ha sido cercano y muy emocional, como todo lo que se hace en el Reino Unido relacionado con la monarquía.

No es que yo tenga una especial predilección por los británicos pero reconozco que los Windsor, desde los inicios del reinado de Isabel II, han sabido sembrar y recolectar una sustanciosa cosecha de aceptación social mundial. Los historiadores y estudiosos de la dinastía británica otorgan gran parte del mérito al Príncipe de Edimburgo de cuya mano se comenzaron a retransmitir en directo los actos de la monarquía, antes reservados a un exclusivo y reducido numero de privilegiados. Esa apertura y la visión de lo que acontecía a los reyes y sus familias, que abrió las puertas de los palacios británicos a los medios de comunicacion y por lo tanto al mundo, fue y es la pieza clave en el beneplácito social que tiene en la actualidad la monarquía británica.

Lo bueno de esa innovadora visión fue que no solo benefició a la propia monarquía sino que también se generó una dinámica que creo y reforzó la identidad del Reino Unido, generó interés y catapultó la marca país. Y en esta empresa continuan trabajando…..y recogiendo dividendos.

Isabel II de Inglaterra con los atributos de reina. Corona, orbe, cetro, brazalete y se supone que espuelas…

En las más altas instancias del Estado y la empresa, conviene disponer o reservar elementos emocionales que le permitan conectar con la sociedad cuando sean necesarios. Así ocurre en el Reino Unido con cada una de las esposas de los actuales príncipes, con los nacimientos de sus hijos, con la amante y después esposa del Principe Carlos de Inglaterra e incluso con el fallecimiento de Lady Di. Todos sirven a la causa si se saben gestionar. Y los profesionales de la Casa Real británica, conscientes y conocedores de las herramientas propagandísticas del s. XXI, saben utilizarlas en tiempo y forma.

Ahora es el momento de Meghan -Meghan Markle- que viene demostrando unas dotes de actriz que le permiten llegar con facilidad al observador.  Ella “rompe” continuamente el protocolo -con lo que tiene el concepto de bocanada de aire fresco- que viene a significar que es cercana, muy cercana. Tras ella vendrá el notición de su hijo y, después de este, quizá el -Dios no lo quiera- fallecimiento del Príncipe de Edimburgo o el de la propia Reina de Inglaterra y después el reinado y la abdicación de Príncipe Carlos…..y todo estará perfectamente orquestado para que el mundo mire y acepte a la monarquía británica como lo que es, una institución de tradición centenaria adaptada a nuestros días.

Meghan Markle ha sabido, con sus dotes de actriz, “romper” inteligentemente el rígido protocolo británico.

Mientras tanto Meghan Markle, con más aptitudes para la aceptación pública que su cuñada, podría convertirse en la nueva Lady Di. Podría…pero no ocurrirá porque no la dejarán. A quien le corresponde destacar es a su cuñada, la esposa del Principe Guillermo. Por eso, mientras que la presencia de Meghan sirva, la dejarán estar hasta que su protagonismo deba agotarse por el bien de la institución.

Esa inteligente perspectiva de diseño, gestión y cuidado de la imagen institucional debería ser tenida en cuenta por muchos dirigentes políticos y empresarios que desconocen o, peor aún, desprecian esto de las estrategias que incluyen marketing, imagen, protocolo y comunicación como parte de la maquinaria del éxito y la aceptación pública.

Allá ellos. Sus días como líderes están contados.

© Juan de Dios Orozco López

 

 

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