Protocolo y el arte de ser cursi.

Últimamente mi capacidad para reírme de mismo ha aumentado insospechadamente hasta cotas tan altas que producen, a veces, dolor. Me río tanto -incluso solo- que finalmente alcanzaré a tener unos abdominales como los de “Harnor Shuashernerguer”, que diría mi  querido amigo Juan de Sevilla. Ahhhhh, Juan de Sevilla!!! ¡qué sería de mi sin su oráculo! ¡Mi alter ego!….que siempre suena más intelectual y, desde luego, más cursi.

La verdad es que esto de ser cursi debe ser más o menos un arte porque no todo el mundo sirve para ello. Cuando se descubre a un cursi y se le hace partícipe del descubrimiento, deja de serlo. Al contrario, al cursi que se mantiene siendo cursi durante mucho tiempo o toda la vida, debería reconocérsele el valor como a los militares un acto de servicio ante el enemigo. Es más, deberían ser reconocidos como artistas y, por lo tanto, con derechos de autor que defendiera la SGAE (Sociedad General de Autores y Editores). Los cursis profesionales visten mejor que el Duque de Windsor, saben más que Einstein, cantan mejor que la Callas, son más fuertes que Sansón……y se creen que los que mantenemos una discreta, educada y prudente actitud nos chupamos el dedo de la ignorancia. Aaaaaaayyyyyy que me da!! Me da, de nuevo, la risa.

A este estado de “inmadurez”, en el que la risa se ha convertido en una rutina diaria que practico religiosamente varias veces al día, ha contribuido en la última semana el libro de Francisco Silvela “Arte de distinguir a los cursis”. Es un libro que se lee en un rato y que no tiene ni una palabra de desperdicio y eso que Silvela falleció hace más de un siglo. Solo personas con muchísima inteligencia pueden escribir de la manera que el lo hace.

Y me he reído porque a cada frase que leí no paré de identificar personas, rememorar hechos, revivir momentos y evocar situaciones que casi a diario vivo en esta sana y digna profesión de protocolista, donde tanto abunda el experto de boquilla, el quieroynopuedo y el cursi que, vestido con esmoquin de alquiler, quiere parecer aquello que ni la preparación, ni la condición, ni la experiencia le han concedido.

En esta profesión hay tanto-tonto que sería imposible habilitar un continente para que en el se alojaran todos. Si ser cursi fuese una enfermedad, no habría desfibrilador de cursis ni antídoto en el mundo que pudiera cambiar su condición. Si a esto de ser cursi unes la soberbia de creerte más que los demás -sin razón alguna que avale tu supuesta sobredosis de endiosamiento- entonces la enfermedad es incurable.

Afortunadamente, a un cursi se le ve venir como a una manada de elefantes cabreados. El cursi no es rara avis sino que siempre se ve rodeado de gente imitadora que, en su ignorancia, piensa que algún día su maestro le facilitará el acceso a los círculos sociales más distinguidos, la nobleza y el poder. Pobres de ellos, más les rentaría convertirse en desbravadores de potros para acercarse a algunos nobles, porque muchos cursis aristócratas aún piensan que para ser caballero, hace falta saber montar a caballo y, por supuesto, hace falta tener un caballo…………….. aunque no se tenga dinero para mantenerlo.

En fin, en esto del protocolo del s.XXI la fachada sin una arquitectura interior de conocimientos sólidos y una actitud apropiada, no se mantiene. Así que los valores de un buen responsable de protocolo como son, por ejemplo, la discreción, la honestidad o la modestia, seguirán siendo la bandera que identifique a un buen profesional y no a este tipo de cursis, melindres, afectados, extravagantes y mojigatos que solo anhelan el protagonismo que no merecen y que a veces consiguen pretendiendo menospreciar a quien sí tiene méritos pero no se exhiben como pavo real.

Para ti, que me soportas de vez en cuando, te dejo algunos pasajes de este fantástico libro que te ayudará a descubrir a esta especie que entrará en extinción – gracias a Dios- en poco tiempo y de la que no será necesario conservar sus genes para clonarlos como a la oveja Dolly.

Estos son:

  1. “El ser cursi es independiente de la posición, de la riqueza y hasta de la belleza natural de un sujeto”
  2. “La tendencia a la falsificación y a lo inauténtico son también rasgos de lo cursi”
  3. “¿Queréis no ser cursis?- Pues no tratéis de ser elegantes, si el serlo no os sale de adentro”
  4. “No habléis nunca de asuntos que dominéis; y si no os gusta un cuadro aunque sea de Rafael, o una poesía aunque sea de Byron, decidlo francamente”
  5. “..la sinceridad, la franqueza, la sencillez y el amable abandono son los mejores antídotos contra esa enfermedad tendería y dominguera que se llama cursería”
  6. “El que es una vez cursi por casualidad, por obligación, por política o por economía, es sólo un cursi accidental que merece disculpa, y a quien la sociedad de las gentes de buen gusto no impone más castigo que llorar su momentáneo extravío”

Y nada más y nada menos. Necesitamos más risa como terapia de la salud mental, del corazón y del alma. A mi esta semana la risa me la han proporcionado los cursis.

© Juan de Dios Orozco López

 

 

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