Protocolo y Fuerzas Armadas.

Felicidades, lo habéis hecho genial. Tanto los que con tanta entrega habéis organizado un acto entrañable y cálido como los que habéis ejecutado las órdenes a la perfección. Como siempre. Ya quisieran muchos tener las habilidades, los conocimientos y la estructura mental tan especialmente preparada como para hacer un protocolo tan perfecto, sincronizado y tan cercano como el que habéis puesto en marcha en el día de las Fuerzas Armadas que ayer se celebró en Logroño.

Lo siento por quienes piensan lo contrario pero en España, allá donde están las más altas responsabilidades en el mundo del protocolo, siempre hay un militar como cabeza visible y líder. Por algo será. No desmerezco con esta afirmación a quien no lo es. Afirmo con rotundidad que si alguien está preparado para organizar y dirigir ese es el militar. Hay una razón fundamental que respalda esa afirmación. A los militares se nos enseña a pensar, desde nuestro ingreso en la Academia, de manera que todo funcione de manera coordinada, lógica y sincronizada. Además estamos preparados para tomar decisiones, gusten o no y nos beneficien o no. Aquí lo dejo porque este no es el motivo de este post.

La realidad es que como siempre que se celebra un acto y hay militares presentes, aparece alguien que los (nos) critica. Y como soy militar por vocación y de profesión, haciendo uso de mi corta inteligencia y escasa capacidad quiero responder con toda modestia a quienes, de una manera torticera y sin justificación, con el vago y necio argumento del gasto innecesario, atacan a quienes con orgullo vestimos el uniforme en los actos como los que se celebraron ayer.

¿Qué para qué sirve gastar más de 700.000 €,s en un desfile militar?

Pues para celebrar que hay hombres y mujeres que están dispuestos a dar su vida por los españoles y defender sus intereses. Sin quejarse ni alardear de ello.

Porque con esta celebración la sociedad premia a hombres honrados y abnegados que tienen limitaciones en el ejercicio de derechos como la libertad de expresión, por ejemplo.

Porque los militares llegan donde otros no alcanzan ni a soñar.

Porque su sacrificio diario se traduce en bienestar social.

Porque cuando nadie puede, ellos sí.

Porque cuando alguien teme, ellos dan el paso.

Porque son exponente máximo del honor, lealtad, espíritu de sacrificio, respeto o disciplina, valores solo alcanzables por unos pocos y deseados por muchos.

¿Te parece caro?

Pues cuando otros vengan a robar a tu casa o atacar a tu familia, no llames a la Guardia Civil.

Cuando se produzcan inundaciones, no llames a la Unidad Militar de Emergencias.

Cuando otros reclamen sus supuestos derechos, quieran invadirte con su cultura y robar tu tierra, no esperes que La Legión acuda corriendo a defender lo tuyo.

Cuando tu hijo tenga un accidente en un país lejano, no esperes que un equipo médico militar del Ejército del Aire lo evacúe y le salve la vida arriesgando la suya.

Cuando estés escalando un pico y tu falta de experiencia o tu escasa responsabilidad te hagan tener un accidente, no esperes que los militares acudan arriesgando sus vidas para salvar la tuya.

Cuando estés pescando a miles de kilómetros y veas tu vida y tu patrimonio peligrar por el ataque de unos piratas no exijas que la Armada esté allí para ayudarte.

Cuando observes cómo otros trafican con vidas y abandonan a su suerte a seres humanos en medio del mar no pidas -hipócrita- que un marinero y padre de familia arriesgue su vida para salvar a los hijos de otro.

Cuando necesites un trasplante no acudas a las Fuerzas Armadas para que pongan sus medios a tu disposición a cualquier hora y en cualquier lugar para salvar, de nuevo, tu vida.

¿Te parece mucho 700.000 €,s?

A mi me parece una cantidad ridícula. Como ridículo, necio, populista, hipócrita y cobarde me parece quien así piense.

© Juan de Dios Orozco López

 

 

 

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