Sin pasión no hay combustión.

No son planos. No. En el Reino Unido y la Casa Real británica saben manejar los asuntos de comunicación y pocas acciones se acometen sin antes haber estudiado muy en detalle las ventajas e inconvenientes de dar un paso.

Todo el que conozca cómo funciona esto de la credibilidad institucional sabe que hay algunos elementos indispensables. Preparar el camino y buscar un combustible adecuado para el motor monárquico es fundamental.

Desde la muerte de Lady Di, en la que la monarquía británica se dio cuenta que necesitaba contratar a expertos y no solo valerse de leales servidores, el camino a seguir está marcado: solo profesionales para tratar su comunicación e impulsar su imagen pública.  El combustible en estos días lo está proporcionando Meghan Markle y así, el motor de la monarquía funciona a la perfección.

Meghan Markle es un combustible excelente para el motor de la Casa de los Windsor.

Lo tienen claro y para ellos lo importante es la institución y no el medio de lograr estar siempre en lo más alto. Así está ocurriendo con la futura esposa del Príncipe Harry quien está ocupando la mayoría de los espacios de comunicación relacionados con la Casa Real británica. Muy inteligentemente, quienes cuidan y modulan la presencia de los miembros de la realeza británica en los medios de comunicación están aprovechando el indudable atractivo -no solo físico- de Meghan Markle y su próxima boda para mantener unos índices de aceptación muy altos de La Corona como institución. Tras su boda, su protagonismo se reducirá para, a continuación, ceder el paso a la pareja que deberá acaparar el protagonismo por estar llamados a encabezar -más pronto que tarde- la institución monárquica británica. Son Guillermo y Kathe los que siempre precederán a Harry y Meghan.

Estoy seguro que la secuencia de alternancia de protagonismo que siempre mantiene un alto índice de aceptación, se reproducirá con el futuro embarazo de Meghan y más tarde será el paso a la universidad del futuro heredero de La Corona, el príncipe Jorge de Cambridge, o cualquier acontecimiento que los asesores sabrán aprovechar.

El protagonismo Markle cederá el paso, tarde o temprano, a la presencia Middleton.

La gestión de la comunicación y la estrategia es sencilla. Para estar arriba, la sociedad te tiene que observar desde abajo pero identificarse contigo. Por eso vemos muestras de cariño, indumentaria, gestos, movimientos y actitudes que de forma continuada se califican de “rupturas de protocolo” y que tanto benefician a la idea de cercanía que se quiere trasladar. Se trata de hacer ver que la distancia entre la realeza y la sociedad se reduce o, en ocasiones, es inexistente. Los resultados de esa visión estratégica y emocional de la presencia de los miembros de la monarquía ante la sociedad da unos resultados muy beneficiosos. Lo dije hace unos días, Meghan es el combustible de un cohete que se consumirá y será repuesto en forma de Kathe Middleton o cualquier otro elemento impulsor.

En cualquier caso, quienes manejan la comunicación y la imagen pública de los Windsor son buenos, muy buenos y saben que sin pasión y emoción no hay combustión.

© Juan de Dios Orozco López

 

 

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