Discurso visual y protocolo a la medida.

Quienes gestionan la imagen pública de políticos se enfrentan a la dicotomía de hacer que su señorito sea observado como integrante  del Olimpo o miembro del grupo social que lo vota. Para hacerlo más entendible: o los dirigentes se colocan en un punto distante de la sociedad o se convierten en un integrante más de ella. Como siempre, mantenerse en el punto medio es lo más virtuoso pero el eclecticismo no es bueno ni siquiera para los más poderosos.

Ya sabes que admiro profundamente la comunicación que rodea a Obama, que le he seguido durante sus dos mandatos y que me parece que solo el y sus asesores han sabido conjugar en nuestros días, magistralmente, ese equilibrio entre la cercanía a la sociedad que desean los asesores para ganar adeptos y la debida distancia a la que deben situarse los dirigentes para ser creíbles como tales.

Las herramientas para el discurso visual de los dirigentes han de adaptarse a la particular forma de ser, estar y actuar de estos y a las necesidades del momento, de manera que solo los maestros en imagen pública saben hacer coherentes y aceptables determinadas actuaciones públicas de sus asesorados. Lo que para un político o dirigente funciona, para otro no y para esto de gestionar la imagen pública no vale cualquiera. Es lo que le ha ocurrido a los asesores del presidente Macron. A veces, pretender copiar los discursos visuales trae consecuencias muy desagradables como la que está sufriendo el Presidente de la República Francesa.

A Obama le funcionó tener un perro -Bo- que consiguió en determinados momentos impulsar la imagen de Obama de manera que el hombre más poderoso del mundo pudo ser identificado como un padre de familia más que disfrutaba de la vida en familia como el común de los mortales. Claro está que BO -acrónimo de Barack Obama (hasta este detalle estuvo perfectamente estudiado y controlado por los asesores)- no apareció en escena hasta que todo estuvo atado y bien atado para ponerlo en escena. Obama incluyó en su discurso de toma de posesión, como elemento emocional, el hecho de que sus hijas iban a ser premiadas con un perrito que después adquirió un protagonismo antes nunca imaginado. Naturalmente, “‘Bo fue educado por los entrenadores caninos del senador Kennedy y tuvo que superar unos días de prueba en la Casa Blanca para convertirse en la mascota elegida”

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Los asesores de Macron han copiado muchos de los elementos visuales que le sirvieron a Obama y que, sin duda, fueron muy acertados. Tan buenos fueron que consiguieron el ascenso meteórico del actual Presidente de la República Francesa en tiempo record. Ahora, sin embargo, la falta de ideas frescas en imagen pública y los fallos en el discurso visual no están mitigando o disminuyendo el rechazo social de las medidas políticas que acomete Macron. Sus índices de aceptación caen casi a la misma velocidad a la que le auparon hace unos meses.

Después de ver el vídeo en el que el perro adoptado por Macron, se orina sobre los metales nobles que cubren una chimenea del Palacio del Elíseo, mientras se lleva a cabo una reunión de ministros, ya no cabe la menor duda: Copiar no da resultado. El protocolo y la imagen pública de un dirigente se hacen a la medida. Tu me dirás si no es así, después de echar un vistazo al vídeo y a la galería de fotos.

De este asunto trataré, en parte, en la ponencia que ofreceré el día 27.11.2017 a las 12:45, en la Sala Delibes del Congreso Internacional de Protocolo que se celebrará en Valladolid. 

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© Juan de Dios Orozco López

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