Mi nombre es Juan, Juan de Dios.

¡Hombre ya!….. que hasta los que me conocen me llaman Antonio (Orozco)….. y yo no soy cantante. A veces canto en la intimidad de la ducha pero solo cuando el aparato de radio tiene tal volumen que opaca mi trino. De otra manera, ni yo me soportaría…..Todo esto viene porque desde hace algún tiempo, cuando alguien me menciona o se dirige a mi me llama Antonio. Esto es lo que le ha ocurrido, entre otros, a Carlos Fuente que me menciona en uno de sus post como Antonio, aunque ya lo ha corregido. Bueno esto es mera anécdota que me da pie y sirve para ahondar un poco en las afirmaciones de mi post “Sin protocolo no hay comunicación”.

Lo que escribo me lleva mucho tiempo de meditación, razonamiento -intento ser racional- y prudencia sin que ello menoscabe la libertad que me proporciona mi independencia, de la que tanto alardeo y orgulloso estoy. No obstante, reconozco que lo que escribo puede no gustar incluso a quienes admiro. En lo que escribo no hay doblez ni más intención que la de ser coherente y expresar con respeto mis ideas. Además, para eso están los blogs y los foros. Yo uso el mío con toda la honestidad posible.

Me gusta poner en práctica el Pensamiento lateral. Intento tener una visión diferente y no me gusta repetir y abundar en ideas de otros, incluso si estoy de acuerdo con ellas. Aprecio estar de acuerdo y encontrar la satisfacción del consenso y la unidad pero no me dejo llevar por la dinámica de la manada del pensamiento único. Ahí no me encontrarás. Dentro de los márgenes deontológicos, de la razón y también de lo que dicta el corazón, intento ser genuino y admito que soy un poco rebelde. A veces tengo razón y, a veces, me equivoco. Pero una cosa debe quedarte clara: no hay intención de menosprecio. Antes guardaría silencio que hacer mal a quien no lo merece. Admito, además, que no hay pensamiento que no pueda ser rebatido, idea que no pueda ser rechazada ni afirmación que sea absoluta. Si alguna vez hubo dogmas, dogmatismo y dogmáticos en protocolo es hora de decirles adiós. En cualquier caso, dejo que tu juzgues y acepto tu criterio. Por eso estás leyendo esto.

En el orden de razones anterior, me gustaría dar una explicación -no corrijo ni me desdigo de lo ya escrito- sobre dos afirmaciones de mi anterior post “Sin protocolo no hay comunicación” porque así se lo he dicho a Carlos Fuente -por su mención directa y mi comentario en su blog- y porque también lo merece Diana Rubio, que también ha comentado en este blog mi artículo. Ahí van:

A) “…me atrevo a decir que donde se hace realmente protocolo puro es en las instituciones públicas“. Insisto. No me desdigo de lo ya afirmado pero aclaro que es, desde mi punto de vista, donde se pone de manifiesto una visión más transversal y amplia del protocolo. En el protocolo oficial entran a jugar factores que nunca son necesarios en la organización de una boda o en la de un congreso. El repertorio de técnicas aplicables, complejidades organizativas, conocimientos necesarios, habilidades personales y competencias profesionales que son requeridas para dirigir o coordinar actos oficiales es mucho más extensa que para cualquier otro tipo de protocolo. Ello no quiere decir que el protocolo oficial sea mejor o mas profesional que el protocolo que se hace en otros ámbitos. Además, profesionales buenos y malos los hay en todos lados.  Pero si alguien encuentra la afirmación poco acertada, a gusto del lector, cámbiese protocolo puro por protocolo complejo. 

21 Jefes de Estado entre los que destacan los de USA, Canadá, China, Japón o México, con sus respectivos séquitos y acompañantes;  los más importantes empresarios del mundo; miles de periodistas y casi la paralización de la actividad pública y privada en Lima fueron algunas de las consecuencias de la organización de esta RAN (Reunión de Alto Nivel) de la APEC.

B) “Sin protocolo no hay comunicación”. Ya somos mayorcitos. El protocolo es disciplina académica desde hace años y me parece que también hay que despojarse de complejos que han subordinado el protocolo a los intereses de la comunicación. Todo es comunicación pero el protocolo requiere hoy -y yo lo defiendo así- de su propio protagonismo. Intentaré explicar mi afirmación con más abundancia en el Congreso de Valladolid citando un ejemplo real de una reunión internacional de alto nivel.

En lo que se refiere a la continua equivocación de otros al mencionarme, Juan de Sevilla me  ha dejado caer: “Güandedió cuando te pregunte harguien, tu zienpre di: Mi nonvre es Güan, Güande…dió”

Buen verano y feliz descanso.

© Juan de Dios Orozco López

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2 comentarios

  1. Gracias Juan, “Guande”, por tus comentarios.Como ves en nada te llevo la contraria. Solo decía que debías matizarlo porque tal y como lo señalabas en el post anterior se prestaba a peligrosas confusiones. Un abrazo.

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