Sin protocolo no hay comunicación.

No me interesa – a los efectos de este cuaderno de bitácora- la política. Ya lo sabes. Sin embargo me parece que, para los que nos dedicamos al protocolo, es necesario la observación y la crítica de cuanto acontece públicamente a los dirigentes políticos nacionales e internacionales. Es tan importante la gestión de la presencia de autoridades en actos públicos que nada se puede dejar al azar porque todo afecta a la política, a la diplomacia y a las relaciones internacionales.

El Primer Ministro Trudeau ha hecho de sus calcetines una seña de identidad. Los periodistas buscan en sus comparecencias, antes que cualquier otro aspecto, qué tipo de calcetines luce.

Tanto es así que me atrevo a decir que donde se hace realmente protocolo puro es en las instituciones públicas. Ya sé que algunos me señalarán con dedo acusador pero, para mi, no es lo mismo organizar, desde el punto de vista del protocolo, un congreso de 1000 médicos que un encuentro del G-20. Aquello es un evento que requiere infraestructuras de todo tipo y esto es un acto que, además, necesita de la visión que solo un experto en protocolo sabe y puede aportar. El congreso terminará con la publicación de las ponencias mientras que la trascendencia de un encuentro como el del G-20, irá más allá de la firma de un documento de consenso. Los detalles se convierten en protagonistas de las comparecencias de los dirigentes. Un gesto, la indumentaria, la localización y situación de personas y otros elementos son tan importantes que de su presencia o ausencia depende, en gran medida, la intensidad del impacto de lo que acontece en los medios de comunicación y, por la tanto, en las mentes de los observadores.

La situación del Presidente Rajoy “a la derecha y a la misma altura” del tribunal en el que comparece como testigo, no es baladí. No es lo mismo situar al Presidente “frente” al tribunal que a su “derecha”. Ahí está la mano de profesionales del protocolo.

Cualquier descuido organizativo tiene una trascendencia que permea a cientos de millones de personas y afecta a las percepción y a la toma de decisiones de los presentes y de los ausentes. El diseño de lo que acontece en un acto al que asiste una autoridad de enjundia, corresponde al protocolo. El resultado de las decisiones que desde el protocolo se toman, afecta a las percepciones del observador y por tanto a las conclusiones de este. Se trata de influir más allá de la finalización de un encuentro de alto nivel.

El Presidente de la República Francesa consiguió su alta responsabilidad con una cuidada puesta en escena que le impulsó hasta índices de aceptación insospechados. Por cierto, nada ha surgido en su foto oficial por generación espontánea. Un reloj que indica que ya es hora de abrir las ventanas abiertas que airean y regeneran el aire en el Palacio del Elisseo; la legión francesa en la solapa que le distingue como máximo dirigente del país; un libro abierto que indica su interés por la transparencia; las banderas de Francia y la UE para destacar la vocación europeísta de Francia; un traje oscuro para recalcar la sobriedad y una pose en la que demuestra seguridad en sí mismo y poder junto con una sonrisa que le acerca emocionalmente a quien le observa. Ahí está mano del protocolo.

La conclusión de todo lo anterior es que el protocolo es el que genera las condiciones para que el “consumidor” tome sus decisiones en el sentido que interesa. Somos los prescriptores de los dirigentes. Cuando nos hacen caso, los vendemos muy bien. Cuando nos ningunean y desprecian, aparecen las Trumpadas que absorben parasitariamente el interés de los medios de comunicación.

Cualquier “desliz” organizativo se convierte en una noticia que supera y menosprecia los verdaderos objetivos de un gran acto oficial. Ello viene a demostrar la necesidad de poner en manos de verdaderos profesionales la organización y la gestión de la imagen pública de quienes concurren a estos encuentros. Solo los de protocolo tenemos esa perspectiva transversal de todo lo que afecta al resultado final.

En este sentido, hay que ir pensando en abandonar el viejo axioma “protocolo es comunicación” e introducir una nueva afirmación: “Sin protocolo, no hay comunicación”.

Trataré de explicar con más detalle lo anterior  durante mi participación en la Mesa que sobre Protocolo y comunicación institucional y corporativa se llevará a cabo en el Congreso Internacional de Protocolo de Valladolid. Allí nos vemos.

©  Juan de Dios Orozco López.

También te puede interesar.....

4 comentarios

  1. Bajo mi punto de vista, estoy de acuerdo con su última afirmación, pero haciendo una apreciación al respecto: sin protocolo no hay comunicación en el caso institucional.

    En los otros casos, protocolo es comunicación y se acogen a él, según le interese o no, sin terminar de darse cuenta de los beneficios de su uso siempre.

    Un saludo y gracias por ilustrarnos con estos excelentes post.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *