Porque lo dice el protocolo.

Al Congreso, con americana y corbata; a los Oscar, con traje largo; a la cena oficial que se ofrece a un Jefe de Estado, de frac; a la boda de mi hija de chaqué…y todo porque lo marca el protocolo. Ya lo he escrito aquí en otras ocasiones.

El caso es que muchos hablan de protocolo sin saber ni siquiera qué es protocolo y, como ya sé que tu sabes de qué va todo este entresijo, no te lo voy a repetir. Lo que sí me parece importante es repasar a quién corresponde la responsabilidad de hacer protocolo o, lo que es lo mismo, quién es el propietario de los derechos de dictar las normas para el desarrollo de “SU” acto. Sí, ya sabes que hablo del anfitrión……debidamente asesorado por su Jefe de Protocolo que es quien conoce las respuestas a las “5 W” y la “H” famosas. Entre otros derechos del anfitrión podemos  destacar  que es el que determina la indumentaria, el establecimiento de la presidencia o la determinación de las precedencias, sea cual fuere la naturaleza de “SU” acto. En especial, los extremos anteriores se tienen muy en cuenta si el acto no es oficial porque en este caso, las normas de los actos se rigen por la lo determinado en las leyes. Porque el acto es del anfitrión, ningún invitado tiene el derecho a saltar normas de actos a los actos a los que asiste. Así se admite internacionalmente, tanto si se trata de actos oficiales como privados o empresariales.

El que fuera presidente de EE.UU, “rompía siempre el protocolo” a sabiendas que acciones como la de la fotografía hacían crecer su imagen pública. No rompía el protocolo, lo adaptaba a sus necesidades y forma de actuar.

Las normas legales no se puden cambiar a gusto y deseo del consumidor pero las otras, que podríamos calificar como normas de convivencia o de relación social, las dicta el anfitrión. También está la tradición y la costumbre que no está escrita y que todo el mundo debería admitir, además de preocuparse por conocer. Esas normas no escritas son las que al final permiten crear un clima agradable marcando unos límites y unas líneas rojas que un invitado nunca debiera sobrepasar. Donde no llega la ley actúa la costumbre y lo determinado por el anfitrión. Lástima que unos y otros y los de más allá se las asalten aludiendo al menoscabo de libertades individuales o modales y formalidades pasados de moda.

Asistir como invitado a un acto lleva implícita la aceptación de las normas del anfitrión para que todos sean tratados y respetados conforme a lo que representan o son. Cuando alguien asiste como invitado sin asumir de forma consciente las normas determinadas por el anfitrión, se reserva de forma inmoral el derecho de destacar sobre los demás y atenta contra los intereses de quien le invita, además de despreciar al resto de invitados.

El Papa se confiesa. Foto ABC
El Papa se confiesa. Algunos periodistas llegaron a firmar que había roto el protocolo. Foto ABC.

Verás, cuando alguien asiste a una ceremonia o acto formal debiera asumir la responsabilidad de acatar las normas no escritas que han regido con anterioridad ese acto y las que determinen el anfitrión en concreto. ¿Con qué derecho un invitado se toma la libertad de obviarlas?

La prensa rosa argentina criticó al protocolo de España por permitir que la Reina Letizia vistiera el mismo color del traje de su invitada de honor. ¡¡¡¡Cuántas tonterías!!!!

No es que lo diga el protocolo, es que te lo pide quien te invita que, además, es quien paga y quien cuenta con tu elegancia y saber estar para que todo salga bien. Está claro que el protocolo existe porque es necesario. No lo digo yo. Ya sabes que Talleyrand ya afirmaba que el protocolo simplifica la vida. Sí, simplifica la vida…….pero siempre hay alguien que pretende complicarla y normalmente no tiene la más remota idea de qué es el protocolo y para qué sirve.

© Juan de Dios Orozco López

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