Donde no hay, no se puede pedir.

Son muchos los que, al llegar al poder, avisan que desprecian el protocolo y la etiqueta porque los distancia de la sociedad y sus votantes. Podría interpretarse -así lo llegué a creer- que algunos dirigentes querían desmarcarse de la corbata, la americana y los modales barrocos para no ser identificados con el establishment, que tan mal ejemplo ha dado en los últimos años. Pero no es así. Lo que realmente ocurre es que ese desprecio por el ser, parecer y actuar públicamente de manera correcta es parte de su estrategia de comunicación. Llamar la atención de manera soez es rentable.

Siempre vimos cómo para recibir a los más altos representantes y acudir a importantes momentos,  los asistentes lucían una correcta indumentaria como muestra de respeto a las personas o los actos que se celebraban. Es lo que tienen nuestra civilización y nuestra cultura, el respeto se demuestra incluso con la indumentaria. Por extensión, la falta de respeto también se demuestra con el atuendo. Para ir a la playa, chanclas y bañador; para ir a una barbacoa, pantalón corto; para ir a la iglesia -sea cual fuere la confesión- modesto y formal; para tomar copas, según qué lugar, manga larga y nunca calcetín blanco (je,je); para asistir a una boda, incluso chaqué y para acudir a un acto con presencia de un Jefe de Estado, formal, muy formal. Hacer lo contrario es un insulto y una manera de despreciar al anfitrión, al invitado de honor y al resto de invitados.

Dicho esto, cuando algún invitado destacado, educado, noble y elegante de actitud quiere demostrar su rechazo a las personas o los motivos que por los que se celebra un acto, simplemente no acude. A más abundancia, confirma su no asistencia. Esa actitud puede ser entendida por los diferentes observadores como un hecho de coherencia personal. En el otro extremo está quien piensa y sabe que si se mueve, no sale en la foto. Así que son muchos los que acuden a un acto simplemente para llamar la atención de los medios de comunicación, sabedores que la extravagancia y las ausencia de modales los destacará frente al resto del grupo. “Que se hable de mi aunque se habla mal” he oído decir en más de una ocasión.

Paradigma de la mala educación -por los hechos lo conoceréis- es el Alcalde de A Coruña quien acude a una reunión con unos chinos vestido de traje oscuro, en un intento de adaptación a la formalidad de la cultura china, mientras que desprecia a su Jefe de Estado y al resto de los invitados de otro acto acudiendo en pantalón vaquero. Sabe que los chinos no le recibirán si no hay formalidad en el encuentro y también sabe que nadie en España le recriminará por una actitud tan inapropiada e inesperada de un dirigente.

Visto lo anterior, que nadie venga a decirme que la utilización de una indumentaria no tiene contenido comunicacional. Claro está que el Alcalde de A Coruña conoce que las consecuencias de acudir vestido de lagarterana a un acto con el Rey será muy rentable. Sin embargo, quizá los chinos no le hubieran recibido de haber vestido para ir al “carrefú”. Ahora bien, una cosa es querer hacer de menos y otra muy diferente, poderlo hacer.

El Alcalde A Coruña recibe al Jefe de Estado de España con uniforme para ir de “cañas y tapas”

Si estas actitudes son una nueva forma de entender la política y acerarse a la desenfadada forma de actuar de los jóvenes -que en su mayoría desconocen el verdadero valor del protocolo, la etiqueta, los buenos modales y la cortesía- nos convertiremos en un país bananero donde la norma a seguir será no seguir ninguna norma, escrita o no. Está clarísimo, donde no hay no se puede pedir. Así lo decía mi madre.

El Alcalde de A Coruña con ciudadanos chinos muy etiquetado. Foto abc.es

Sobre este asunto hablamos mi amigo Juan de Sevilla y yo, por teléfono. De toda nuestra conversación quiero resaltar su última reflexión. Me decía: “Mira Güandedió llo hun dia, en huzo de las facurtades que me confiere mi condisión de siudadano de derecho totá y de hantizistema, boy a pedir una haudinecia con er siudadano harcarde de lacoruña y boy a ir con un tanga de leopardo. Azín me contraran en arguna tertulia de la telebizion” Yo, como siempre, pretendo quitar hierro al asunto y, a pesar de mi intento de hacerlo entrar en razón -significándole que no merece la pena caer tan bajo- el sigue con su idea. Me ha retado a acompañarle si surge ocasión pero, naturalmente, me he negado. Yo no voy sin mi traje de raya diplomática ni a pescar pulpos gigantes en zonas abisales. Se trata de mi propia convicción y el respeto que me merecen los demás, incluidos los pulpos. Además, ¿qué ibas a pensar tu de mi?…my God!….

© Juan de Dios Orozco López

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3 comentarios

  1. Se podría decir más alto, pero no más claro!!!
    Me encanta leerte Juan de Dios…
    Algunos políticos confunden ser “progre” o ser más cercano al ciudadano, por el hecho de vestir de forma desenfadada….incluso en algunos casos como el que planteas, con un dudoso gusto y ejemplo eso sí, de mala educación.
    A no ser…ahora que veo bien la foto, que su objetivo inicial fuera ser el centro de todas las miradas y que se hablara de él, ya que es el único que desentona del grupo, en cuyo caso objetivo cumplido, se habla más de él o de cómo va vestido, que del propio Acto, con lo que flaco favor hace a la Ciudad a la que representa.
    Señores políticos…ustedes como personas individuales y en su ámbito privado, pueden hacer lo que gusten con sus vidas, actuar y opinar según estimen conveniente, pero no cuando desempeñan una labor pública donde representan a otras personas, y lamento decirles Estimados Señores, que en el momento que ostentan un cargo público, lo hacen en representación de todos los ciudadanos, no de sus propias personas o intereses…

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