No tengo nada que decir.

Ya lo sé. Hace algún tiempo que no escribo pero es que ni tengo tiempo ni quiero escribir de nimiedades. Y como no surgen cosas interesantes sobre las que ofrecer mi opinión, pues no escribo. No tengo nada que decir.

Ya sé de la polémica de la Semana Santa y la Bandera Nacional a media asta. Se lo dije a un buen amigo militar y experto en protocolo que me llamó indignado. “No tengo nada que decir” le dije.

A mi esto de meter en la thermomix ideología, creencia religiosa, política, tradición militar y protocolo me aburre muchísimo y me parece muy poco sano.  No quiero mezclar comentarios sobre la calidad de la lana de las ovejas churras con las carencias dietéticas de los dromedarios en el Sahara occidental y lo que pienso de la Aciduria Metilmalónica con Homocistinuria, que es una enfermedad rara de la que no entiendo ni jota. Esto de hacer mezclas queda para los que gustan de la polémica como palanca mediática. Yo ni la necesito ni la quiero.

Tampoco me gusta la crítica porque sí. Es más, en muchas ocasiones valorando los beneficios y perjuicios de señalar acusadoramente algo que no creo que esté bien, me callo por temor a que lo escrito haga daño a quienes no lo merecen. A más abundancia, de lo que no entiendo, no escribo. Pero otros no piensan igual que yo y eso es muy respetable. Ahora bien, yo no acudo a aplaudir -porque no soy palmero de nadie- lo que me parece carente de razón y me resulta ofensivo porque soy militar y creyente. Ser militar no me hace tener poco cerebro. Ser cristiano y vestir el uniforme no me hace menos demócrata y, desde luego, creo que los militares -creyentes o no- no jugamos con las banderas.

Lo que es absolutamente cierto es que sembrar polémicas -como la que sin ninguna razón se ha creado con la Bandera Nacional-  se está convirtiendo en una estrategia de comunicación que da buenos resultados…a corto plazo, creo yo. Al final la espuma pierde su volumen y desaparece…..claro está que con otro poquito de jabón y meneando el caldero, otra vez volverá la espuma….uuummmm me parece que estoy hablando más de la peluquería de Llongueras que de protocolo. En fin….me lío, me lío…….y la verdad es que no tengo nada que decir. Por eso me callo.

Mi amigo Juan de Sevilla sí me ha aconsejado: “Güandedió, a palavras gruesas hoídos gordos”. Ya me lo ha dicho varias veces y nunca me lo dice de igual manera. Yo, con muy buena voluntad, he vuelto a corregirlo: “No Juan, no. El aforismo reza: A palabras necias, oídos sordos” y yo por eso no tengo nada que decir.  A mi me gusta hablar y escribir de protocolo, de imagen y comunicación y cuando no tengo ideas, guardo silencio. En ese momento estoy. Las musas han vuelto a olvidarse de mi.

© Juan de Dios Orozco López

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