La noble profesión de protocolo.

Quería disculparme por el retraso en la publicación de un post pero, como ya imagino que sabes, he estado en Cuba casi tres semanas formando a más de 100 mayordomos de la multinacional Blue Diamond. Ya te contaré más detalladamente porque las oportunidades que se presentan en América del Sur son cada vez más interesantes para profesionales de protocolo, con y sin experiencia.

El caso es que no he tenido más remedio que dejar otros asuntos para dedicar tiempo a escribir un post a demanda de mi amigo Juan de Sevilla. Ya sabes que es mi oráculo y también el más temible y crítico de mis amigos. “Güandedió se be que tu lla tiene una hedá porque aze ma de un mez que noescrives. Deves zentirte canzao o hindigesto” Le he dicho que no, que he cumplido 54 años en Cuba, que me siento joven  y que, afortunadamente, no estoy ni cansado ni indispuesto. Lo que sí tengo es mucha falta de tiempo. En fin, a su petición se une mi deseo de no perder el contacto contigo.

Cada vez es más difícil ser diferente en esto de escribir de protocolo paro no resultar reiterativo. Cada día hay más escritores de estos asuntos que yo trato y, por cierto, algunos son buenos, muy buenos.

Hoy toca hablar de los valores y la ética profesional exigida a cualquier profesional de protocolo. No trato de imponer mi criterio ni levantar mi dedo acusador. Sí intento exponerte cómo creo yo que se alcanza el éxito y la excelencia en el mundo del protocolo. Quizá lo que aquí escribo sea tan ingenuo como real y evidente, pero no es menos cierto que los jóvenes que se incorporan a esta profesión deben saber que, además de genuinos, deben ser constantes. Todo llega si realmente quieres…… y te alejas del rebaño de los mediocres. Esfuerzo,  diferencia y constancia son las claves.

Algunos profesionales del protocolo son muy buenos. Tanto es así que la mayoría de ellos son tan valorados que permanecen en sus puestos hasta finalizar su vida laboral. Es curioso. En el caso de las instituciones oficiales, los políticos cambian pero los profesionales de protocolo permanecen.  Es como la moda y el estilo de los que Coco Chanel llegó a afirmar ” La moda cambia, el estilo permanece”. Esto es precisamente lo que ocurre con un buen profesional de protocolo. Solo los buenos permanecen. Yo creo que la razón de que algunos logren perdurar y sean calificados como buenos profesionales está más en la actitud que en su aptitud. Los conocimientos se adquieren pero solo cuando se sirve noblemente a los fines de las instituciones y de sus representantes se alcanza la licenciatura o el grado profesional al que muchos aspiramos y que solo unos pocos consiguen.

Mantener la cabeza alta se hace difícil. Mucho más cuando a tu alrededor otros se doblegan. Pero el éxito creo yo, llega con el tiempo. En protocolo, el rédito inmediato carece de valor y es efímero. Los grandes profesionales que conozco llevan años dando pedales -como si de una carrera de gran fondo se tratara- a la sombra de otros personajes a los que han servido con lealtad casi filial y que, en muchos casos, no ha sido suficientemente agradecida. El gran mérito y el premio profesional está, como afirman los militares, en la íntima satisfacción del deber cumplido, en la discreción, en el gusto por el detalle, en la entrega personal y profesional y en la búsqueda constante de la perfección como herramienta de credibilidad de instituciones o empresas. Ser profesional de protocolo significa también ofrecer una constante predisposición para servir a las autoridades que representan a las instituciones. Muy al contrario de lo que algunos piensan, el profesional de protocolo debe servir a los dirigentes con puntualidad y desvelo en tanto que ellos -aunque puedan ser pasajeros en el cargo- encabezan las organizaciones. Servimos entonces a las instituciones y también a quienes, ocasionalmente o no, las encabezan.

En resumen, quien no disponga de una noble actitud de servicio no sirve para el protocolo.

Yo aspiro a emular a los grandes maestros del protocolo que solo inclinaron su cabeza como muestra de respeto, confianza o lealtad. Para ellos, mi consideración y respeto. De ellos, el ejemplo.

© Juan de Dios Orozco López.

 

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5 comentarios

  1. Estimado Juan de Dios, sólo puedo estar totalmente de acuerdo contigo y felicitarte por sintetizar perfectamente una de las actitudes fundamentales de los profesionales del Protocolo.

  2. Las personas cambian, las instituciones permanecen.
    La clave del buen profesional es estar apasionado de tu trabajo y servir a la institución por encima de a la persona que temporalmente la representa.
    Feliz año nuevo
    Si acabo la carrera este año, me regalo tu libro que ya tendré más tiempo.

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