Primera crónica protocolaria del nuevo Gobierno de España

No voy a describir lo que ya es obvio pero sí quiero destacar algunos de los detalles relacionados con el protocolo que he podido apreciar en los actos que se celebraron ayer cuando los nuevos ministros juraron o prometieron sus cargos.

La Reina no ha asistido al acto. Queda perfectamente claro que, no teniendo papel constitucional que desempeñar, ha decidido no asistir a estos actos en los que el que debe destacar es el Rey y quienes merecen el protagonismo del momento. Ya verás como vendrán muchos a criticarla. Serán probablemente los mismos que, sin argumentos de peso, la criticarían si hubiese asistido. También volverían a criticar el escote, el largo de la falda, las mangas y tantas otras circunstancias banales -tan típicas de los supuestos expertos en protocolo de la prensa rosa y amarilla- para el desempeño de su papel de esposa del Rey.

La entrada a la sala de las diferentes autoridades que han jurado o prometido en el Palacio de La Moncloa no ha podio ser más correcta y eficaz. De menos a más. Primero, las autoridades de la Casa de S.M. El Rey, por su orden. Tras ellos el Presidente del Gobierno, la Presidenta del Congreso y el Presidente del Senado…. y, finalmente, los miembros del Gabinete ministerial, por su orden, encabezados por la Vicepresidenta.

Quien quiere, jura. Quien no quiere hacerlo, promete. Los elementos indispensables son: La Constitución para el que promete y el Crucifijo y la Constitución para el que jura. Es la ventaja de la democracia. Cada ministro, dentro de la obligación que impone la legalidad, dispone de la libertad de elegir entre jurar o prometer. El juramento o promesa es un acto legal pero supone un compromiso personal que queda patente ante la sociedad en la forma en que cada persona lo ejecuta. Precisamente la presencia del crucifijo es motivo que reafirma lo explicitado en la constitución: “Se garantiza la libertad ideológica, religiosa y de culto de los individuos y las comunidades “…sin más limitación, en sus manifestaciones, que la necesaria para el mantenimiento del orden público protegido por la ley.” (Título I, Capítulo segundo, sección primera, art. 16.1).

He visto al Ministro Montoro con una condecoración en miniatura en la solapa. Creo que es la Gran Cruz de Carlos III. En la solapa se llevan insignias y esa condecoración en miniatura solo debería portarla vestido de etiqueta (frac). El Ministro Iñigo Méndez de Vigo llevaba, también, una insignia en la solapa que no he podido identificar. Creo que esa insignia debe corresponderse con una condecoración extranjera. También la llevaba el Rey – Carlos III- y el Ministro de Guindos -creo que no es española- . Para eso están las insignias de solapa, para lucirlas en determinados momentos y este es uno de ellos. Alguien ha debido sugerir a los participantes que luzcan su mayor condecoración en la solapa. Pero a mi modesto modo de ver, solo deberían portarse las condecoraciones de España.

montoro
Foto: www.abc.es

De los gestos de todos y cada uno de ellos se puede deducir el grado de nerviosismo, su comodidad ante esta situación pública o su preocupación por salir bien en la foto. El Ministro Guindos está cómodo en cualquier situación. Las manos atrás y los pies separados dan prueba de ello. Algunos han elegido más una posa de azafata que la compostura acorde con este acto que de sencillo ha resultado elegante.

Foto: www.casareal.es
Foto: www.casareal.es

Todos han inclinado la cabeza antes y después del juramento aunque creo que a la Ministra Dolors Montserrat se le olvidó repetirlo al finalizar. Este gesto no es de sumisión sino que debe interpretarse como una actitud personal de respeto -como he dicho en multitud de ocasiones- y responde a la forma tradicional con que algunos españoles saludamos a S.M. El Rey. A fin de cuentas, el observador debería entender ese saludo como una muestra de respeto a la sociedad española y a las instituciones del Estado que representa el Rey. El saludo no es tanto a su persona cuanto a lo que representa. En cualquier caso, que yo sepa, en ningún lado llega ni a sugerirse la forma en la que se ha de saludar al Jefe del Estado. Al contrario que en la Casa Real Británica, por ejemplo.  Los gestos son tan importantes que su interpretación ofrecen una idea muy cercana y certera del respeto que merece el saludado a quien lo saluda.

Un oficial de protocolo ha ido cambiando los textos de juramento o promesa que han sido personalizados para cada uno de los nuevos ministros. La ejecución gestual durante el juramento/promesa ha sido muy bien ejecutada por todos, al ofrecer oportunidades gráficas a la prensa recitando su fórmula personalizada mientras miraban a cámara.

El Rey se ha colocado, al final del juramento/promesa en el centro de la sala para ser fotografiado por todos los miembros del nuevo gabinete de manera que en fila todos los ministros le han saludado en orden a su precedencia.

He apreciado también cómo los miembros de protocolo han actuado muy eficazmente organizando la foto de familia.

Como todo lo que se hace en la Casa de S.M. El Rey me ha parecido que protocolariamente el acto ha sido perfecto, sencillo y todo lo elegante en su concepción y ejecución que podía ser.

© Juan de Dios Orozco López

 

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4 comentarios

  1. Opino también que fue un acto muy correcto y sencillo, como correspondía.
    Comparto la idea de la libertad religiosa que el Rey está obligado a permitir a la hora de poder jurar el cargo ante un crucifijo, aunque él no lo hiciera el día de su proclamación. Este tema continúa siendo motivo de duda para mí. ¿No utilizó los símbolos religiosos, porque quiso remarcar que España es un país aconfesional? Pero, sin embargo, su título de Rey comprende «Su Majestad Católica». Es una duda personal muy resumida.
    En cuanto a la no presencia de la Reina, es obvio que no es necesaria y quizá, desde el punto de vista constitucional, sea lo más correcto. Pero tampoco hay que olvidar que Dña. Letizia no es sólo consorte de Rey sino también madre de la Princesa de Asturias, primera heredera en la línea de sucesión al trono de España. Dios no lo quiera, pero si a Felipe VI le sucediera una desgracia antes de la mayoría de edad de su hija, su madre sería regente durante ese periodo. Quizá apartar a la Reina de este tipo de actos no sea «emociocionalmente» adecuado.
    Un abrazo,
    Aránzazu Gutiérrez

  2. Gracias Aránzazu por tu comentario. Entre los títulos del Rey, está el de Majestad Católica, efectivamente. Creo que la presencia del crucifijo es debida más al deseo expreso de algunos de los juramentados que incluso a los propios deseos del Rey. Desgraciadamente para los que nos dedicamos a estos menesteres, no lo sabremos por la discreción que en estos asunto guarda la Casa de S.M. El Rey. En cuanto a la ausencia de la Reina, llegado el caso, estoy seguro que actuaría conforme a lo establecido en la Constitución. De lo que estoy absolutamente seguro es que toda la polémica que se ha desatado en relación con la Reina, responde más a intereses detractores de la monarquía y particularmente de la Reina. En general, se busca polemizar donde no cabe la polémica. Saludos muy cordiales.
    JDD Orozco.

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