Damas y caballeros.

No, no estoy llamando la atención del público en una ceremonia para una entrega de premios. Pretendo escribir de la calidad y cualidad que deben tener una mujer o un hombre para ser calificados de esa manera.  Hago así honor a la palabra dada a mis protocolarias Flor de Paz y María Gómez  a quienes he prometido escribir sobre el asunto. Veremos lo que sale. Por cierto que mantener la palabra dada, aún cuando las circunstancias se tornen desfavorables para el que la compromete, es cualidad inseparable de alguien que sea o pretenda ser una dama o un caballero. 

Antes de seguir me gustaría dejar bien claro que lo que pudiera demandarse a un caballero para ser calificado como tal, es también requerido para tener el honor de ser considerada como dama. No existe el género para esto sino solo una noble actitud personal que es común a hombres y mujeres. Esto viene a significar que cualquier caballero o dama antepone el bienestar de los demás al suyo propio y en este sentido se podría afirmar que quienes así piensan y actúan son en ocasiones verdaderos héroes.  Por eso hay pocos caballeros y damas, porque para serlo es necesario sacrificar el interés propio dando paso al ajeno.

He recurrido a internet y a sus imágenes para aclarar con ellas estos conceptos, pero he desistido. Parecería que solo los hombres bien vestidos, el agente 007 y las actitudes ñoñas y proteccionistas para con la mujer por parte de los hombres, son consideradas como dignas de caballeros. Alguien esperará ver aquí alguna de esas fotografías en las que guapo el -con traje maravilloso y 1,90 metros de altura – y guapa ella -con pierna y escote deslumbrante- muestran una sonrisa de 30.000 dólares y menos arrugas que el trasero de un bebé. No las encontrarán. Al contrario, se me ocurre que la Madre Teresa debió ser una gran Dama, una señora de los piés a la cabeza porque se ganó el respeto y el aprecio de todos dándose a los demás y abandonándose a sí misma.  Esto se consigue con dignidad e impecable conducta, aquello solo con dinero.

Foto de Internet
La Madre Teresa de Calcuta fue una auténtica Dama.

Hablamos entonces de una actitud que permite el éxito -sin buscarlo premeditadamente- en la relación con otras personas y no de una fachada perfecta.  Ser caballero o dama es más una cualidad que requiere del interés y el esfuerzo personal que una capacidad intelectual que necesite de conocimiento y cultura. Se puede ser caballero o dama si se quiere, más que si se puede y, desde luego, ello no significa debilidad de carácter sino todo lo contrario.

Ser un Caballero o una Dama significa ser ejemplo de corrección entendiendo esta como la cualidad que permite ser apreciado y deseado en cualquier situación por exigente y compleja que ésta sea. En este sentido es más valioso escuchar que pecar de hablador;  ser prudente más que insolente o indiscreto; practicar la afabilidad en lugar de la grosería; conservar la serenidad descartando el arrebato; ser ejemplo de naturalidad olvidando la presunción y corresponder con cordialidad incluso cuando nos ofrezcan intolerancia. Lealtad, honorabilidad y honradez parecen calificativos y valores inseparables para un caballero y una dama.

Por resumir y cerrar el artículo, en mi caso, cuando quiero dejar bien claro que una persona está muy por encima de la media en cualidades personales y valores, siempre digo que es un CABALLERO o una DAMA.

En este mundo materialista quedan pocos, aunque por sus actos los conoceréis.

© Juan de Dios Orozco López

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6 comentarios

  1. Estimado Juan de Dios: Excelente, como siempre la palabra justa acompañada con una cuota de humor!! Gracias lo voy a compartir.
    Sos todo un caballero !

    Abrazo

  2. Estimado Juan de Dios:

    Mil gracias por tu maravilloso artículo. Creo que no se puede expresar mejor.

    Un afectuoso saludo.

    Ana Belén.

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