Protocolo en términos de futuro.

Todo va demasiado rápido. La sucesión de momentos destacables, la velocidad a la que se desarrollan, la rapidez de la difusión en los medios de comunicación y los numerosos frentes que se crean, hacen casi imposible disponer de tiempo para dedicar a la reflexión sosegada.

No hay tiempo para determinar, con visión de futuro, la estrategia que se ha de seguir en la actividad pública de dignatarios y personalidades públicas. Ello hace que, en la mayoría de las ocasiones, quienes tienen la responsabilidad de dirigir los Gabinetes de políticos o empresarios no tengan tiempo más que de poner parches a las novedades que ocurren. Mucha actividad pública de la autoridad y poco personal para diseñar, gestionar y actuar hacen un cóctel peligroso.  Más bien pronto que tarde ese cóctel se convierte en altamente explosivo, detona y se producen daños irreparables a la reputación del dirigente y por extensión a la de la institución que representa. Por eso es vital para las organizaciones, y para los que tienen la responsabilidad de dirigirlas, tener una visión de futuro que determine la consecución de objetivos intermedios para alcanzar metas realistas.

¿Despeinada? Yo diría que con una imagen pública estratégicamente diseñada y perfecta….de momento. Foto: La Vanguardia/Wpa Pool/Getty

La valoración que la sociedad tiene de un dirigente, de una institución o de un producto es tan importante que puede hacer perder un puesto importante, caer a un gobierno o arruinar una empresa. Nadie que conozca el valor de la imagen para el éxito de las personas o las cosas puede dudar que el éxito no procede de la generación espontánea sino de una cuidada y medida estrategia. Ya no solo es importante el contenido. Para bien o para mal, la apariencia del continente y la percepción del mismo es vital para la supervivencia institucional, política o empresarial. No es lo que vemos sino lo que creemos ver.

Por todo lo anterior, es necesario crear desde dentro de las instituciones o empresas una cultura protocolaria -de imagen pública creíble- que permita, a largo plazo, influenciar en los públicos objetivo de manera que el impulso que proporcionan los adeptos a la causa minimicen las voces de los rivales. 

Así es como actúa la Casa Real Británica que, de un hecho intrascendete -como lo es que un nieto de la Reina se case con una atractiva chica- lo primero que hace público es la alta rentabilidad -564 millones de €uros- del enlace matrimonial. A partir de esa noticia, la mayoría de las que se producen están más relacionadas con lo positivo del enlace que con lo de negativo pudiera tener. Es lo que siempre hace la Casa Real británica cuyos miembros tienen, por cierto, rentabilísimos negocios aceptados por la sociedad y sin que las voces críticas logren siquiera sonar como un pequeño susurro.

Los logros de La Corona británica no son fruto de la frivolidad del asesor inexperto o la falta de previsión. Muy al contrario, su éxito se fundamenta en un cuidadísimo diseño de la presencia pública de sus integrantes, una estrategia de imagen pública perfectamente orquestada y profesionalizada y en un reforzamiento activo de sus seguidores cuyos incondicionales soslayan las intenciones de los detractores.

Déjame poner un ejemplo: las noticias negativas que sobre Meghan Markle aparecen en los medios más anti monárquicos y amarillos de U.K casi desaparecen solo con el peinado despeinado de la futura esposa del Príncipe Enrique. Quien no vea una cuidada estrategia para destacar el peinado de la Srta. Markle frente a la difusión de noticias de sus desavenencias familiares o su pasado más o menos tormentoso, es un auténtico lerdo en esto de la imagen pública. Me parece que incluso “saltarse el protocolo con este tipo de peinado” es rentable a la Casa Real porque ello le da un toque de modernidad y ruptura con “lo casposo”.

El éxito de la Srta. Markle -al que de alguna manera está ligado parte del éxito de la Corona británica- no sería posible sin que los que se encargan de “ponerla en el mundo” conozcan sus fortalezas, debilidades, amenazas y oportunidades. Alguien se ha preocupado de prever el futuro para que en el presente siempre se dispongan de herramientas para saber qué hacer y cuándo hacerlo. Eso es tener visión, ser previsor y disponer de una estrategia.

¿Tú has diseñado tu estrategia o estás dispuesto a que te las den por todos lados…..?

© Juan de Dios Orozco López

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