No-protocolo como estrategia de comunicación.

«No sirve para nada». Al menos eso es lo que algunos afirman del protocolo. «El protocolo distancia a los líderes de la sociedad a la que se deben», dicen otros. El caso es que, en realidad, el protocolo es utilizado – a veces manipulado- para atender a los objetivos de unos y otros. Lo curioso es que nadie, creo yo, salvo los que nos dedicamos a estos menesteres, se atreve a admitir que -además de procurar la convivencia- sirve para comunicar. Así lo viene a demostrar algunos líderes políticos que lo utilizan, a hurtadillas, como si no les afectase ni interesase.

En muchos foros y en este blog he afirmado que son varios los factores que afectan al protocolo en tanto que técnica de comunicación y facilitadora de las relaciones personales, institucionales, diplomáticas, empresariales o políticas. Destaco hoy cómo se utiliza el espacio – sí, lo de ceder o no la derecha-, el tiempo -llegar a tiempo o ser impuntual- y el gesto -el que se refiere, por ejemplo,  a vestirse conforme a lo que determina la costumbre- que tienen una gran importancia en el total del mensaje no verbal.

Combinar con premeditación y adecuadamente los anteriores factores puede dar unos buenos resultados en el ámbito de la comunicación personal, empresarial o política. Lo absolutamente cierto es que la utilización de este tipo de fórmulas que incluyen la cortesía y el respeto personal e institucional, se corresponden con la obligación implícita -y por tanto la responsabilidad- que exige el desempeño de altas funciones institucionales. Me refiero a que no parece de recibo, responsable, digno y apropiado para un político que se precie, acudir a visitar a un Jefe de Estado con pantalón vaquero, tarde y despreciando manifiestamente la legalidad y el respeto que debiera imponer lo que determina la norma legal sobre tratamientos al Jefe el Estado. Eso es lo que hacen algunos líderes políticos españoles y extranjeros de cuya inteligencia y capacidad no dudo pero a los que quizá le falte la mínima educación que se debiera exigir a un representante institucional con aspiraciones a ostentar altas responsabilidades.

He tenido la desgraciada oportunidad de observar la manera en la que algunos líderes políticos se acercaban a mantener una entrevista con el Rey y, como les supongo suficientemente inteligentes, debo entender que con manifiesto desprecio al Jefe de Estado, algunos quisieron, con sus nulas formas protocolarias, enviar un mensaje a sus votantes en la esperanza de buscar una equiparación que en lo personal es imposible y en lo institucional es inalcanzable. Las maneras con las que se presentan ante el Jefe del Estado no son usadas como identificarías de pertenencia a un grupo social sino como el gesto manifiesto de desprecio institucional.  Su discurso no verbalizado y «anti-protocolo» así lo demuestra.

Afortunadamente tenemos un Jefe de Estado que, frente al desprecio, corresponde con la naturalidad y elegancia que se espera de cualquier dirigente y que antepone su responsabilidad al impulso primitivo con que cualquier ciudadano de a pié hubiera correspondido. Esa es la diferencia que marca saber ser, saber estar y saber representar frente a la elaboración de mensajes populistas -utilizando el «No-protocolo»- que alimentan el desprecio institucional, la ruptura y nos llevan a la fragmentación social.

Con lo anterior queda demostrado la validez y actualidad que tiene el protocolo y sus manifestaciones externas no verbalizadas en lo que yo vengo denominando el «Discurso protocolario». La calidad la marca el que incluye en su discurso el respeto frente al que con formas descompuestas lo utiliza con fines propagandísticos y sectarios.

Escrito por Juan de Dios Orozco López.

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6 comentarios

  1. Buenos días, Juan de Dios,
    completamente de acuerdo con tu post. Es triste, pero creo que vivimos unos tiempos en los que la educación y el respeto, elementos mínimos de una convivencia democrática, brillan por su ausencia. Mal va una sociedad que abunda en esta falta de libertad.
    Un abrazo y enhorabuena por tus opiniones,
    Justo.

  2. Como salido de mi pensamiento, pero con mejor pluma, la tuya, Juan.

    El anti-protocolo del que algunos hacen gala no es sino otro modo de «hacer protocolo», pero sin educación.

    Comparto totalmente tu descripción sobre nuestro Rey.

    Un abrazo.

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