Pedid y se os dará…protocolo, mucho protocolo.

Reconozco que me gustan las frases lapidarias. Muchas de ellas dicen tanto en tan pocas palabras que son dignas de estudio….y además ahora están de moda. La verdad es que con pocas palabras se puede decir mucho. Permíteme un ejemplo: «Menos es más». Tres palabras -juego de palabras- que tiene mucha validez en el mundo del protocolo. Menos tiempo de duración de un acto lo hace más dinámico, menos aburrido y reduce la oportunidad de que Murphy actúe. Pero menos protocolo….menos protocolo…aumenta los fallos organizativos -en el plano puro y duro de la operativa- y pone de manifiesto las carencias de respeto por los demás, además de la falta de responsabilidad institucional y deber de representación que venimos observando en nuestros políticos. Es curioso, lo que hemos visto días atrás en Vigo es difícil observarlo en el mundo de la empresa e incluso en encuentros sociales. La falta de organización y la mala educación parece ser noticia continua en el ámbito de los representantes públicos y no se entiende -ni se permite, a veces- en la empresa o en un grupo social cohesionado. Quien de forma soez y poco organizada se comporta es literalmente expulsado o despreciado como amigo, en el caso social, o como profesional, en el ámbito profesional.

Parecería que la lucha legítima por la representación de la sociedad en instituciones públicas se haya convertido en una demostración perpetua de cómo el protocolo es una necesidad -desde el punto de vista organizativo- y una exigencia -en el plano social y de conducta- de los que nos representan. Si en ese acto -nefasto acto- los «h»unos y los otros hubieran puesto lo que les correspondía y se esperaba de ellos, nadie lo recordaría más que de una forma positiva. Si hubieran puesto en práctica el protocolo…..otro gallo cantaría. Para eso sirve el protocolo y por eso existe el protocolo, para que todo vaya bien: desde la organización a las relaciones sociales.

Precisamente cuando un acto público rueda correctamente y nadie nota ningún fallo, es cuando ha actuado el protocolo. Si todo está perfectamente coordinado y organizado y los actores demuestran un perfecto sentido de la responsabilidad y respeto por los demás es porque hay mucho protocolo. En este último caso, el protocolo no se nota, pero está. De ahí que MENOS (problemas) ES (indicativo de que hay) MAS (protocolo). Sin embargo, algunos no se enteran y, en este sentido, quizá sea necesario que se vean muchos fallos, errores y salidas de tono para que se valore en su justa medida lo que hacemos. De esta manera, quizá quien nos deplora ahora por pura ignorancia, demande mañana nuestra presencia y ayuda. Ahí estaremos nosotros para mostrarles el camino, la verdad y…cómo deben organizar actos y comportarse en público. Pero entonces, ¿debemos dejar que ellos solos colapsen? Quizá sí para que podamos decirles con satisfacción y elegancia: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá.(Mt. 7:7)

Como hoy estoy poético, unos versos de los que desconozco autoría pero están extraídos de www.protocolo.org

Aquel que con arrogancia
hable y trate a los demás,
por faltar a la modestia,
faltará a la Urbanidad.

Y termino con mi frase sobre protocolaria preferida: De la ausencia de protocolo al imperio absoluto de la grosería, no hay más que un paso. Lo dijo Sabino Fernández Campo que, como ya sabes, fue Jefe de la Casa de S.M. El Rey D. Juan Carlos.

Amén.

© Juan de Dios Orozco López

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5 comentarios

  1. Maravilloso! Felicitaciones!
    Desde Buenos Aires
    Lo saludo con respeto y admiración.
    PEBR

  2. Me ha encantando la entrada, Juan Orozco.

    Efectivamente, menos es más, en casi todo los ámbitos.

    Hay dos frases que son el leitmotiv de mi vida, una ya la tenemos
    espléndidamente explicada en el post: pedid y se os dará.

    ¿Qué debemos pedir? Pues «de lo que abunda el corazón habla la boca, cada uno que pida lo que necesite (y se le dará en abundancia afirma la Escritura).

    Para los gestores de eventos y procolotistas, el conocimiento en primer lugar como el rey Salmón pidió para ser buen guía de su pueblo.

    En segundo espíritu de servicio y un corazón cálido, creo yo deberían solicitar, ya que sin él cualquier gestión será vacía y vana. Y la banalidad ya ha hecho demasiado daño en nuestro pequeño mundo del protocolo.

    Y por último, humildad, o en términos de hoy en día, flexibilidad; para poder aplicar ese conocimiento y ese espíritu de servicio en cualquier situación, en cualquier momento, con cualquier persona.

    Un cordial saludo.
    Álvar Camero.

  3. Apreciado Alvar, gracias por tu comentario. Me quedo con la humildad a la que haces mención. Si algunos de los que actúan con tanta soberbia lo hicieran con humildad, todos esos gestos descompuestos que tanto nos rechinan no existirían.
    Espero que sigas por aquí. Un abrazo.
    JDD Orozco.

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