Retórica y discurso protocolario (y II)

En numerosas ocasiones me he referido a la elaboración del discurso protocolario que viene a fundamentarse en la configuración de los diferentes elementos de la escena, en su distribución especial y espacial, en la coherencia con lo verbalmente explicitado y en la necesidad -en muchos casos exigencia- de decir por la imagen lo que con palabras resultaría inoportuno, políticamente incorrecto o difícil de explicar. De esto último saben mucho los comunicadores políticos y empiezan a implementarlo los que gestionan la comunicación empresarial.

Artur Mas
La ausencia o presencia de una bandera y su posición relativa respecto al orador, por ejemplo, deben ser coherentes con el mensaje del orador, impulsarlo o tener su propio valor semántico. En este caso Mas sabe que no incluir la Bandera de España es ilegal pero precisamente esa ausencia, forma parte de su discurso. La fotografía es de EFE para abc.es.

Es cierto. Los grandes discursos, además de grandes interpretaciones, necesitan de una elaborada, meditada y cuidada puesta en escena. No me refiero a la arquitectura de interiores o a la decoración sino a la táctica protocolaria que hace saltar la chispa en el observador y viene a despertar interés por el discurso verbal, complementa su contenido y lo impulsa para hacerlo persuasivo. No vale cualquier espacio, no vale cualquier elemento y no vale cualquier distribución. La mayoría de los que me seguís, sabéis de la importancia del “arriba, abajo, a la derecha o a la izquierda” y su valor connotado en el que el sujeto observador deja de ser pasivo para interpretar lo que ve.

Obama zapatos desgastdos
El equipo de Obama comenzó a buscar nuevas formas de comunicación política por la imagen. Esta imagen tan poco “protocolaria” resultó ser un éxito en su discurso por su alto contenido informativo. Suela desgatada: como la de cualquier otro “trabajador” que demuestra su esfuerzo y trabajo en campaña. Libro de titulo “Audacity” que viene a destacar una de sus cualidades personales que son requisito para cualquier político. Gesto de Obama: atiende el teléfono mientras lee un discurso, lo que da una idea de sus capacidades intelectuales.

Por otro lado, a algún profano le parecería que solo lo milimétricamente perfecto tiene cabida en la elaboración del discurso protocolario. Sin embargo, existen numerosas pruebas de lo contrario. Lo visualmente asimétrico, lo aparentemente improvisado, los esquemas que rompen con lo tradicional tienen en nuestros días una amplia aceptación y cada vez gozan de más predicamento. El problema está en que esta nueva forma de hacer discursos protocolarios también pasará de moda -no tardando mucho- y serán otros los modelos a seguir. En estos momentos en los que es difícil asimilar tanto cambio, por la velocidad a la que se producen, estamos obligados a adaptarnos asumiendo las nuevas tendencias y los modos diferentes y eficaces de hacer protocolo.

El aparentemente improvisado atril, el número de micrófonos que son fotografiados, el “despeinado peinado”, la indumentaria que lleva este dirigente político e incluso su cara aniñada son elementos que forman parte de una nueva forma de hacer discurso protocolario en el ámbito político. Todo se ha elaborado para atender las necesidades de su público objetivo. La fotografía es de Hugo Ortuño para elpais.com

Al contrario de lo que muchos afirman, el fondo del protocolo no ha cambiado. Sí creo que hay una nueva forma de concebir y explicitar el discurso protocolario. Son formas renovadas que tienen siempre los mismos cimientos. Por si te queda alguna duda, echa un vistazo al cuadro de Velázquez “La rendición de Breda” en la que había mucho, pero que mucho protocolo.

Las Lanzas, La Rendición de Breda
Observa la disposición de los protagonistas: El vencido, Justino Nassau, asume un papel sumiso al entregar la ciudad, de forma simbólica, con las llaves y casi se arrodilla frente al vencedor, Ambrosio Spínola. Este porta, en su mano izquierda, “la antorcha” que le distingue como el más caracterizado e importante de entre los vencedores. Spínola toca con su mano derecha el hombro del vencido en un gesto explícito de superioridad, aprobación, respeto y condescendencia. Las tropas vencedoras portan enhiestas y bien ordenadas decenas de picas, mientras que los vencidos solo hacen ver cinco, desordenadas y maltrechas. Hay un discurso protocolario en este cuadro que, en su fondo, no dista mucho de ser el mismo que se lleva a cabo en un relevo entre ministros o presidentes de gobierno en el que el vencedor recibe la “cartera” del vencido.

Dejémonos de tonterías. El protocolo, en su fondo, ha servido, sirve y servirá para comunicar, persuadir, destacar, menospreciar, jerarquizar, honrar, premiar, ensalzar, empequeñecer, acercar o alejar, glorificar, enaltecer, autorizar, formalizar, solemnizar, triunfar o prevalecer, entre otras muchas acciones. Lo que ocurre es que algunos no se enteran aunque en su vidas siempre esté presente el discurso protocolario.

¿Tú qué crees?

© Juan de Dios Orozco López

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3 comentarios

  1. En efecto el protocolo es importante.
    En los momentos actuales algunos se olvidan de la importancia de:
    Una buena presencia, adecuada al acto al que se acude
    Un buen discurso, sin abusar de la crispación
    Una buena actitud, sin postureo
    Vamos, lo que en mi casa se conocía como “Tener Educación”
    ……y eso no se aprende en los libros

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