Los políticos vienen de Raticulín.

Lo contaba hace unos días en una entrevista que me hicieron en Lisboa cuando finalicé mi intervención en las X Jornadas Internacionales que celebraba la Asociación Portuguesa de Protocolo: Los de protocolo estamos ocupando espacios en el ámbito de la comunicación que otras disciplinas no han querido o no han sabido hacer suyas. Me refiero a esto de la gestión de la imagen pública que cada día tiene mayor interés y peso dentro de la comunicación institucional, política y empresarial. Ahora hablamos y hacemos, cada vez más, de asesores de imagen pública.  Por favor, entiéndelo: cuando hablo de imagen pública no lo hago (solo) de la imagen personal, del color que mejor va con el tono de piel o del corte de pelo más favorecedor.

Hablar de imagen pública es observar a un dirigente desde una perspectiva holística -este término viste mucho a los intelectuales y a mí me ha quedado genial- que vendría a recoger percepciones creadas natural o artificialmente. Me explico: un político tiene éxito electoral, entre otros factores, porque habla bien en público, cae simpático, se mueve de forma natural y grácil, dispone de capacidades para empatizar, es percibido como líder, se le querría tener como compañero de trabajo, amante, maestro, albañil, padre cariñoso, profesional ejemplar, trabajador incansable, taxista feliz, deportista de salud inquebrantable, de geniales ocurrencias, distante cuando sea necesario y cercano oportunamente. Si además es un buen gestor, guapo/a, le gusta la cocina, se emociona ante la visión de una puesta de sol y le gustan tanto los Rolling Stones como Vivaldi o Camela….pues eso. Incluso podría ganar unas elecciones. Sí, sí. Todo estos atributos necesita, en determinado momento, un líder político o empresarial.  De eso se trata, de crear -insisto- percepciones positivas, sean naturales o artificialmente preparadas por los asesores de imagen.

Ante unas elecciones, muy pocos leen los programas electorales y la verdad es que los debates quedan reducidos a ver quién da más fuerte al contrincante, quién es capaz de sacar más trapos sucios, quien es dialécticamente más ágil o, como viene ocurriendo en España, con quién se pactará para hacerse con el poder. De ideas y soluciones poquito. De ahí que el protagonismo sea de la imagen (la forma) en detrimento del contenido (fondo). Por eso, desde dentro de las organizaciones políticas, se está más preocupado por hacer que sus dirigentes sean más cercanos que en contar y convencer con argumentos. Y por eso, también, los líderes suben al banco de un parque para dar un mitin (improvisado) o se ponen camisas blancas para dar la sensación de ser más limpios y transparentes. Quieren hacernos creer que la apariencia no engaña y que Míster Proper no solo para los anuncios de limpia cristales.

Por eso, ahora es necesario HUMANIZAR al político haciendo que toque la guitarra como Pablo Alborán, que suba a un globo aerostático con Calleja, que juegue al futbolín como Cristiano, que cocine como el ganador de Master Chef y que prepare batidos superchachis para desayunar. Pero eso, creo yo, no es suficiente.

Definitivamente, yo creo que una cosa es lo que vemos -o nos hacen ver- y otra muy diferente es lo que realmente son. Al final va a ser que algunos políticos vienen de Raticulín, de la galaxía de Maspallá.

© Juan de Dios Orozco López

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