Si no quieres protocolo, aquí te dejo dos tazas.

Lo han entendido mal. No saben que ellos no son poseedores de nada sino que es la sociedad la que les encomienda, temporalmente, la responsabilidad de defender intereses y buscar el bienestar de quienes los votan. Ellos no tienen derecho -creo yo- a «desvestir» cargos, con intereses populistas, para ganar votantes.

Viene al caso lo anterior porque he leído, en elpais.com, que Inés Arrimadas, política catalana, renuncia a su tratamiento de «honorable» A mi me resulta paradójico y sorprendente porque, por un lado, esta señora renuncia a un tratamiento que va unido a un cargo para el que ha sido elegida democráticamente y, por el otro, exige el tratamiento de usted. No sabe esta política que ambos tratamientos lo son con la misma finalidad: demostrar respeto. Ignora también que se es «honorable» en tanto que se hace honor a esa responsabilidad. Este tratamiento se utiliza porque que se desarrolla un cargo oficial. Se es honorable no ya por gustos personales sino por decisión democrática de los que depositan votos para elegir a unos u otros. La decisión de su uso o su omisión no corresponde al político de turno sino a quien lo vota, creo yo. El usted, por respeto, lo tenemos todos y no habría que exigirlo.

La moda de «desvestirse» de los tratamientos honoríficos tiene un trasfondo populista y demagogo que no busca el bien de la sociedad sino la suma de votos. No hay nada beneficioso en ello para nadie y, en el extremo, podría interpretarse casi como un insulto a la inteligencia del votante por cuanto se pretende hacerle creer que esta acción se lleva a cabo en bien de la sociedad y no para captar los votos de los más escasos de espíritu crítico.

Esta actitud está cundiendo entre la clase política con la ligereza del que desprecia las normas legalmente constituidas y se arroga derechos que no tiene pues estos – los derechos- son de los votantes mientras que los elegidos debieran preservarlos o cambiar las normas, recordando siempre que el puesto que ocupan es temporal y ellos son temporeros de la política. En estos casos, la ignorancia de algunos cargos políticos, solo es superada por su falta de capacidad.

Para finalizar, me gustaría dejar claro que el político que dice ser “poco protocolario” –sea por ignorancia o con plena conciencia- no hace más que renunciar al puesto u orden de precedencia que por ley le corresponde y de manera directa menosprecia a sus votantes. Un político debe ser muy protocolario porque siéndolo no hace más que poner de manifiesto el número de votos conseguidos y no hay norma más democrática que aquella que más arriba pone al que más votos obtiene.

Si no quieres protocolo, aquí te dejo dos tazas.

© Juan de Dios Orozco López

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