Conoceréis la verdad.

Un personaje público no nace, se crea tras un proceso que requiere mucho esfuerzo, muchísimo, de diferentes partes. Por un lado están los asesores que valoran las cualidades del personaje, minimizan sus defectos y amplifican sus virtudes para que los observadores le perciban de forma positiva. Por el otro, está el asesorado que debe convencerse de la realidad de la situación y de la necesidad de cambio o perfeccionamiento. De el depende en mayor medida su éxito, impulsado y conducido por los que pueden y están en la obligación de aconsejarle. Conozco a algún dirigente que no entendió ni quiso oír verdades. Ello costó la dimisión del asesor y el fracaso de la trayectoria del asesorado. Antes de seguir, quiero que el lector comprenda y sepa que cuanto en este artículo escribo es de aplicación directa no solo a los políticos sino a dirigentes empresariales y profesionales liberales. Es de aplicación a todo el mundo, tanto en el ámbito social privado como en el profesional público.

El caso es que llegar a ser reconocido y apreciado por mayorías cuesta mucho y  mantener una línea recta de actuación pública personal es terriblemente complejo además de duro, desde el punto de vista del esfuerzo personal. Ninguna imagen se sostiene activa y radiante solo con el deseo personal y lo cierto es que no todo el mundo soporta los altos niveles de autoexigencia y presión exterior que son necesarios para conseguir percepciones maximizadas en sus resultados.

Algunos dirigentes, seguros de sí mismos, no ven peligro para la integridad de su imagen nunca, pese a ser advertidos. Tengo por paradigmáticos, en este asunto, a tres personajes relacionadas con el mundo de la economía y las finanzas.

Paul Wolfowitz, subsecretario del Ministerio de Defensa de los EEUU y el décimo presidente del Banco Mundial, a cuya actitud soberbia en materia de política se unía la certeza de que era un personaje intocable, supo ganarse grandes enemistades, pero le fue bien durante un tiempo……….hasta que sus enemigos descubrieron el punto flaco de la incoherencia de sus acciones públicas y las que no lo eran, tal y como queda de manifiesto en el escatológico vídeo siguiente que ya hemos visto en otras ocasiones en este blog. Pretender ser lo que no se es lleva a aparecer así.

A lo anterior, se sumó el asunto de los tomates en sus calcetines fotografiados en una visita a la mezquita y, cómo no, la aparición de una supuesta amante a la que dio un puesto de trabajo excesivamente remunerado y muy por encima de sus capacidades.

Los "tomates" de Paul Wolfowitz
Los “tomates” de Paul Wolfowitz

En paralelo a las vicisitudes de Wolfowitz están las “sufridas” por Dominique Strauss Khan quien, estando llamado a ser el candidato a la Presidencia de Francia y después de treinta años de solida trayectoria pública, vió cómo su imagen se hundía y era abandonado por sus seguidores con solo unas cuantas fotografías y una perfecta y orquestada campaña de desprestigio que fue superada, con creces, por la realidad.

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Pero también en el mundo de habla hispana, si a los hechos se les acompaña de unas imágenes “potentes” y estudiadas, las ideas que se quieren difundir quedan remachadas en las mentes del observador en el modo que desea el que las diseña. Es el caso de Rodrigo Rato, quien también fuera presidente del FMI y ministro de la época Aznar, cuyo prestigio ganado por sus acciones profesionales públicas ejecutadas en décadas, quedó reducido a cenizas en apenas unas horas, no solo por ser objeto de investigación por supuestos delitos económicos, sino por una series de fotografías que a cualquier profano no se le escapa que fueron absolutamente preparadas.

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Teniendo por paradigmáticos estos tres casos, me permitirás que te proponga una serie de pasos para que puedas mantener tu imagen pública y la de las personas a las que asesoras.

En primer lugar, se requiere ser muy consciente de que lo que ha llevado meses o años de trabajo en construir -una imagen de credibilidad y coherencia, por ejemplo- se desvanece en un abrir y cerrar de ojos. El edificio de la credibilidad puede colapsar en un segundo y convertirse en escombros y rechazo. Un ejemplo, referido a lo anterior es la actual crisis que ha golpeado a Wolkswagen por mentir. La credibilidad de sus productos, fruto de años de trabajo se ha venido abajo en un momento. Años de trabajo de quienes sí fueron tesoneros y coherentes han sido echados por tierra en apenas dos días. Miles de millones en pérdidas reales y, por supuesto, la cabeza del presidente servida en bandeja.

En segundo lugar es mantener siempre un nivel de tensión emocional que permita al dirigente estar siempre alerta y controlando un inmenso número de aspectos que afectan a su imagen. No todo el mundo está en condiciones de manejar un gran volumen de parámetros y de ser y parecer coherente . ¡¡Alerta, siempre alerta!! “Recuerda que siempre eres objeto de la mirada y la escucha de quien está en tu presencia y desde luego de las cámaras y micrófonos. No hay lugar seguro más que el cuarto de baño de tu casa. En todos los demás sitios te ven, te escuchan y están valorando tu modo de actuación” Es lo que suelo decir a quien asesoro.

En tercer lugar se requiere veracidad y honestidad. Tener cualidades y ponerlas en valor es fácil pero pretender contar milongas y que te crean indefinidamente es una entelequia. Las mentiras tienen las patitas muy cortas y ya casi ningún secreto puede mantenerse de forma permanente. No se puede pretender engañar de forma indefinida.

En cuarto lugar, un mal paso puede difuminarse. Que se te escape una frase malsonante o una palabra soez puede resultar incluso simpático. Que lo hagas dos veces puede pasar desapercibido. A partir de la tercera serás un maleducado. Las constantes meteduras de pata acercan el comienzo del final.

En resumidas cuentas, si quieres tener buena imagen hay que tener ganas, decir la verdad y actuar honestamente. Así que si alguien cree que un asesor de imagen pública puede tapar y anular la mala práctica de su asesorado, de forma indefinida, está equivocado, muy equivocado.

La esencia nunca se muda y los asesores no obramos milagros. Al final, conoceréis la verdad.

© Juan de Dios Orozco López

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3 comentarios

  1. Buenas noches. Acabo de leer su artículo y aprecio muchísimas verdades, actitudes muy difíciles de sostener y generar si no es con verdadero esmero y práctica diaria, y porque no, una actitud de vida constante.
    Convertirse en un personaje público y poderoso tiene muchas cosas buenas aunque también es muy difícil sostenerlo,como dice usted, si no hay detrás de ese personaje, un comportamiento intachable y veraz.
    Todos sabemos que tarde o temprano la perdiz salta y nuestros logros se desvanecen y saltan a relucir ” los defectos”.
    Es por eso que también coincido en que en el único lugar en donde puedes ser tu mismo es en el servicio de tu casa, sin que nadie te observe.
    Y por último, se me viene a la cabeza aquella fotografía de una modelo internacional, la cual no recuerdo ahora el nombre, primera plana de una revista, ah! Kate Miss, fumando marihuana o algo similar, en donde se observa también su mal aspecto y desdreñado,habitual en ella,pero en esa ocasión, no sucedió lo que todos pensábamos que sucedería…..
    Ha perdido muchos contratos,si,otros no,pero con el tiempo resurgió con más fuerza si se quiere.
    Un saludo!

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