Representación institucional y dignidad.

La imagen pública de un dirigente empresarial o político se ve afectada por muchos componentes que no solo tienen en cuenta las capacidades intelectuales y los logros actuales sino que suman a éstos lo acontecido en el pasado, lo que de vida privada ha trascendido a los medios de comunicación, los hobbies y hasta el estilo de vida, entre otros muchos factores. Nada se puede ocultar y todo lo pasado tiene una trascendencia en el presente y mediará en el éxito o el fracaso futuro. Los dirigentes -o los que aspiran a serlo- lo saben y son muy conscientes que son esclavos de lo hecho públicamente y solo dueños de lo que no trascendió del ámbito privado.

Si un dirigente actual cometió en el pasado un fallo consciente o inconscientemente, tendrá indudablemente consecuencias en su aceptación pública actual y futura. A los efectos anteriores, está claro que cuando se es joven y se fuma marihuana los hechos pueden considerarse anecdóticos. Sin embargo, cuando se es adulto y se comete conscientemente un acto incívico, por muchas disculpas y acciones propagandísticas de limpiezas de imagen que se acometan, los «deslices» tienen unos costos muy altos. En términos coloquiales no es lo mismo una espinilla que tener viruela. La espinilla es pasajera y la viruela deja marcas de por vida. Pues así funciona la imagen pública.

De lo anterior hablé hace días en el I Congreso Internacional de Protocolo de Paraguay, sin saber que a mi regreso a España me encontraría, por ejemplo, con que la asesora de comunicación de la Alcaldesa de Barcelona se hace fotografías mientras orina a plena luz del día en la calle y que es activista «post-porno». Es la Chichiolina española. Nosotros nos reíamos de los italianos que hicieron a una actriz porno diputada y ahora recibimos dos tazas del mismo caldo. Alguien pensará que esto no tiene que afectar al trabajo que supuestamente desarrollará esta individua. Yo opino lo contrario.

No me interesa y no sé qué es esto del activismo «post-porno» aunque nunca esa cualidad puede ser un mérito para conseguir un puesto pagado por el erario público. Lo que sí es absolutamente reprochable es que la comunicación de una de las ciudades más importantes del mundo se ponga en manos de una cochina que carece de los más mínimos valores cívicos. La sensación es que Barcelona es el hazmerreír del mundo y dado que no se ha inventado un paraguas que evite estas salpicaduras, en lo que a imagen pública respecta, España está haciendo el ridículo cubierta de la nauseabunda y pútrida sustancia que esta gentuza tiene por cerebro.

Lo bueno de todo esto es que el tiempo coloca a cada cual en el lugar que le corresponde y las mentiras, la falta de capacidad y las bajeza personales y profesionales, tarde o temprano, afloran y descubren el verdadero ser que todos tenemos dentro. Lo malo es que seguro que en cuatro años son capaces de cubrirlo todo con su particular y nefasta pátina de «pismaloliente» que costará mucho limpiar.

Yo creo que, en democracia, asumir un cargo público exige representar dignamente a la sociedad y velar para que ese puesto -que se ocupa de forma pasajera- sea siempre identificado con los más altos valores. Representar es dignificar y honrar a lo representado y se debe hacer con recato y sobriedad dejando de un lado los gustos personales para impulsar el bien común.

Debemos considerar que las formas son necesarias para llegar al fondo y que un dirigente debe representar a la sociedad con mesura como prueba del respeto a lo que se representa, muestra de autoridad, categoría y dignidad personal.

Puede que estés en desacuerdo pero yo tengo que afirmar que el decoro personal es indispensable para la buena imagen pública de un dirigente. Se trata, desde mi punto de vista, de parecer para poder ser. Los dirigentes públicos tienen la obligación de ser diferentes al resto de los mortales y destacar por su ejemplaridad, mérito, capacidad y honestidad cualidades que hacen que la mujer del César lo parezca. Si no lo parece, nunca podrá ser.

© Juan de Dios Orozco López

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2 comentarios

  1. No podría estar mas de acuerdo. Siento una tristeza tremenda por la imagen que estamos dando al mundo…, y por el daño que estos individuos pueden causar en cuatro años. Gracias.

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