Un café y la hoja de reclamaciones.

Hay  actitudes de personas que dan lástima y otras que, además, merecen la indiferencia, cuando no el desprecio.

Nos quejamos con demasiada frecuencia de la lejanía entre las personas que nos representan y la sociedad. Queremos que tengan altas responsabilidades, que todas las actividades que ejecuten las hagan de manera excelente y, además, que cuando no estén desempeñando esas funciones se asemejen a nosotros, bajen del Olimpo de los dioses y nos den palmaditas en la espalda como si nos conociesen de toda la vida. Cercanía, demandan unos; naturalidad exigen otros….además de honestidad, capacidad, liderazgo, competencia….

El caso es que los que señalan con el dedo a los que ahora ocupan puestos de responsabilidad parecen ignorar que cuando estos abandonen sus puestos otros vendrán a hacer lo mismo, con mayor o igual dignidad, puntualidad y desvelo o quizá con ninguna de las anteriores. Nunca estamos conformes con quienes lideran instituciones, y la manera con la que algunos lo demuestran es el insulto que, por cierto, es el único recurso que queda a quien ni intelectual ni éticamente tiene otra forma de defender su posición. El recurso de estos incapacitados mentales -esto es un calificativo despectivo- es hacerse notar para demostrar su chulería y bravuconearía, amparados en una sociedad cada vez más laxa y permisiva que se demuestra incapaz de autorregularse. Ellos no entienden -tampoco les interesa mucho- que la libertad no reside en hacer y decir lo que a uno le viene en gana sino en asumir con respeto normas para no conculcar la libertad y los derechos de los demás. «Hoy por ti, mañana por mi» diría el aforismo español.

Provocar e intentar alterar el equilibrio que proporciona la moderación y el respeto por los demás, es cualidad de los chuloputas, cuyo mayor mérito es pavonearse de sus actos delante de palmeros, mamones y aprovechados. Sus actos de valentía se dan, también, ante quienes saben que no pueden o no quieren defenderse por diferentes motivos. Los episodios de cobardía y bajeza son tan numerosas que no dejan lugar a interpretaciones.

Viene al caso lo anterior en relación con lo que le ha ocurrido a S.M. La Reina cuando, en una salida con un grupo de amigos, el encargado de un bar le hizo saber que el era republicano para que ella, La Reina, lo tuviera claro. ¡¡Guau!! ¡Qué valiente habrán pensado algunos! La Reina desde luego, ha actuado con una mesura digna de su puesto. El encargado de «La Bicicleta» merece mi desprecio porque, a sabiendas de que no ocurriría nada, se ha permitido cuando menos, molestar a la consorte de El Rey que para el momento y la situación actuaba como cualquier otro cliente. El camarero actuó así precisamente por eso, porque es la esposa de El Rey cuando su deber profesional y el respeto debido a cualquier persona, debieran haberle impulsado a obrar de una manera más «normal» Sabía que habría mucha publicidad y poco riesgo.

He imaginado a D. Camilo José Cela en la situación en la que se vio implicada la Reina. Creo que este camarero no le hubiera dicho cual es su posición política porque, en el mejor de los casos, yo creo que D. Camilo le hubiera espetado: ¡A mi qué cojones me importa lo que usted piense. Tráigame un café, la hoja de reclamaciones y vaya usted a la mierda!

Por si te interesa mi parecer, yo no hubiese actuado ni como lo hizo La Reina ni como yo imagino lo hubiera hecho D. Camilo José Cela. Lo que tengo claro es que si yo soy dueño de ese bar, el encargado me hubiera durado lo que un caramelo a la puerta de un colegio. Mi manera de actuar hubiese sido exactamente la misma si el hecho se hubiera producido ante la esposa del presidente de una república.

Sí. Para mi, esto es también protocolo.

Y tu, ¿qué piensas?

© Juan de Dios Orozco López

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11 comentarios

  1. Un café y la hoja de reclamaciones…. Y pienso igual!!
    Abrazo
    PEBR

  2. Totalmente de acuerdo contigo,aunque el cuerpo me pide la posible reacción de D. Camilo.
    Un abrazo
    José Ramón del Pino

  3. Lo que falta por desgracia es respeto hacia los demas. El camarero actuó con arrogancia a sabiendas que no le iban a contestar.
    Café, hoja de reclamaciones y no vuelvo que bares hay muchos. Eso podría hacer yo.
    La Reina lo tiene más difícil. Se la critica por lo que hace y por lo que no hace.

  4. Estimada Pilar, ni hubiera gustado muchísimo que esta situación le hubiese ocurrido a don Camilo José Cela. Desde luego me hubiese gustado estar presente.
    Gracias por el comentario y saludos muy cordiales.
    JDD Orozco

  5. Cordura, elegancia, saber estar, sentido común…con una pizca de todo ello la convivencia sería mejor para TODOS ¡¡¡¡Cuánta falta nos hace!!!!
    ¡¡Qué bien expresado e inmejorable título!!

  6. Gracias Margarita porque tu comentario. Tienes toda la razón. En estos momentos estoy en Lima (Perú) y no puedes imaginar el sentido de la educación elegancia y atenciones al cliente que tienen en todos los servicios. Ya tendrían muchos que aprender de los peruanos.
    Saludos cordiales .
    JDD Orozco.

  7. Buenas tardes Juan de Dios,
    Así de rancia, atrevida y soez, se manifiesta parte de la muy provinciana sociedad española. Y de ahí, que el «valiente» en cuestión, arremete cómo buen cobarde contra una Sra, y sabiendo de su manifiesta situación.
    Seguramente el dueño le contrató, después de tenerlo durante años en la esquina de la barra, consumiendo cubatas sin parar. Al no pagar la deuda, se la está cobrando, con mano de obra….
    Que lastima, y que verguenza, leer estas noticias.
    Y cómo bien diría Don Camilo… no sólo a mí que me importa, sino a quien le importa!!!!

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