La Duquesa merecía más.

A veces se puso el mundo por montera. Ella pudo hacerlo sin temor al qué dirán.

Eso es lo que yo creo. Me parece que Doña Cayetana merecía mejor funeral. Y no me refiero a la actitud de la familia o a la compañía que Sevilla le ha ofrecido en su despedida.

La Duquesa de Alba ha sido una mujer muy querida.
La Duquesa de Alba ha sido una mujer muy querida.

Era una de la mayores fortunas de España y la persona con más títulos nobiliarios del mundo. Eso ya lo sabes. Pero no parece suficiente razón para tener la suerte de que, en nuestros días, los ricos te aprecien y los menos ricos y pobres te quieran como así ha ocurrido a Doña Cayetana. Sííííí, ya se lo duquesa pero yo prefiero escribir Duquesa. Simplemente me caía bien. Esta señora besaba con igual naturalidad a una mujer presa, que ejecutaba un plongeon -como gusta llamar a mi amigo Fernando Ramos a las genuflexiones- al Rey de España. Tan monárquica era y tan noble se sentía que cumplía estrictamente con los usos y costumbres que marcaban su condición de aristócrata. Tanto es así que, sin obligación legal para ello, solicitó la autorización a S.M. El Rey para casarse en sus tres matrimonios. Conciencia del deber histórico, respeto por la tradición y profundo sentido de la responsabilidad en apoyo a la monarquía española. Lo heredó, también, de su padre, un monárquico que se mantuvo al lado de Franco hasta que D. Juan, el abuelo de nuestro Rey, le pidió que se alejara de el.

A veces se puso el mundo por montera. Ella pudo hacerlo sin temor al qué dirán.
A veces se puso el mundo por montera.

En Sevilla la adoraban y la mayoría de los españoles la respetábamos. Por algo sería.

Pero yo quiero referirme hoy a su funeral y, más concretamente, a los aspectos formales que han rodeado el mismo. A ellos se han referido ya Manuel Dominguez, Juan Isern o Gerardo Correas, entre otros. Yo he visto algún vídeo y estoy de acuerdo con ellos en la mayoría de sus afirmaciones.

Lo de las azafatas -cuatro azafatas- a la puerta del Ayuntamiento de Sevilla tiene delito, como así se refieren en Sevilla a lo que está muy mal hecho. La empresa de eventos se ha lucido y,desde luego, llenará bien las alforjas porque individuos había a espuertas, pero ninguno de ellos tenía cometido alguno. Estos saben de eventos pero de funerales saben poquito, muy poquito…vamos que no saben ni por dónde les ha dado el aire.

Las azafatas, con sus pañuelos amarillos, no tenían claro si iban a la Feria de Sevilla o promocionaban una nueva línea de champú. LA toma es de Manuel Dominguez.
Las azafatas, con sus pañuelos amarillos, no tenían claro si iban a la Feria de Sevilla o promocionaban una nueva línea de champú. La toma del vídeo es de Manuel Domínguez.

No se qué pintaban las azafatas. Menos aún, con el pelo suelto cual anuncio de «champú panten» y unos pañuelos amarillos anudados al cuello que intuyo no gustarían a Doña Cayetana. A ella que tenía pasión por los toros, era del Betis y tenía carácter andaluz, el amarillo debería traerle mal fario. Con independencia de ello…¡hombre que es un funeral, no la Feria de Sevilla!

Tampoco entiendo qué pintaban las azafatas flanqueando los cojines sobres los que descansaban sus mas altas condecoraciones. A ello hay que añadir las coronas que fueron amontonadas en los asientos de atrás de coches particulares y precedieron el cortejo o la «jartá» de gente que se movía intentando organizar una desorganizada y poco elegante organización …….. Un completo desastre.

Mal. Muy mal. El pelo, los colores y un exceso de personas y protagonismo de quien no debería estar ahí. Esto no es protocolo, ni organizaci´´on ni mucho menos la elegancia que preside la vida de Sevilla
Mal. Muy mal. El pelo, los colores y un exceso de personas y protagonismo de quien no debería estar ahí. Esto no es protocolo, ni organización, ni mucho menos la elegancia que preside la vida de Sevilla. La toma es de Manuel Domínguez.

Para rematar la faena, hay que citar a los «expertos» que asisten a la televisión comentando lo que se les ocurre a ellos y no lo que realmente ocurre. Se han dicho verdaderas barbaridades del funeral celebrado en la Catedral de Sevilla . Entre otras:

1º Un funeral NO es un acto oficial. Es un acto religioso que fue presidido – como la mayoría de los actos religiosos católicos- por el sacerdote oficiante. En este caso, por Monseñor Amigo. La Infanta Doña Elena NO presidió nada. Acudió a un acto religioso para acompañar a una familia, en representación del Rey.

2º Si hubiese sido un acto oficial, la Infanta tampoco hubiese presidido nada. No obstante, si ella hubiera representado al Rey legalmente, le es de plena aplicación lo determinado en el art.9 del R.D. 2099/83. Aunque a muchos les pese.

3º Para hablar de protocolo en una ceremonia religiosa católica con profesionalidad y exactitud hay que saber de protocolo. La referencia espacial en una iglesia de culto católico no es la derecha o la izquierda sino «del lado de los Evangelios» o «del lado de la Epístola» y en relación a ellos, se distribuye a los asistentes. Es muy significativo que Doña Elena esté situada del lado de los Evangelios, donde se encuentra la familia de la Duquesa, y no del lado de las autoridades, donde se encuentran el Presidente del Senado y el Ministro de Defensa. Puedes echar un vistazo aquí.

Espero que a la empresa de eventos le vaya muy bien pero ojalá no la contraten más para actos de este tipo y deseo que, de una puñetera vez, solo los que saben de protocolo hablen de protocolo.

En fin, que se ha pretendido emular un entierro elegante y bien organizado con muy poco acierto. Ya lo dice mi amigo y gran filósofo autodidacta Juan de Sevilla: «Güandedió: musha leshe, pero ná de ná»

© Juan de Dios Orozco López

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14 comentarios

  1. Es increíble que una personalidad tan importante,tenga en su funeral esa ausencia de protocolo. Estoy segura de que existen muchos profesionales en este país, cualificados, a los que se les debería dejar hacer su trabajo.
    Un saludo,

  2. Mil gracias, Juan de Dios:

    ¡Ay si la XVIII Duquesa de Alba hubiera levantado la cabeza!
    He seguido lo que he podido por la prensa escrita y alguna imagen. En televisión me imaginaba lo que se escucharía. Por otro lado, me llama poderosísimamente la atención lo que mencionas de las coronas en los coches particulares (!).
    Creo que, en cierto modo, hubo una mayoría que se quedó con la impresión de lo que a la Duquesa le gustaba Sevilla, pero no se ha sabido valorar la importancia histórica de la Casa de Alba ni lo que ella representaba.
    Finalmente, otros desatinos: luto oficial en Sevilla sin esperar a publicarlo en el BOJA y el súbito «nombramiento» de su primogénito Carlos sin especificar que lleva un trámite en el Ministerio de Justicia.

    Recibe un afectuoso saludo.

    Ana Belén.

  3. Este es probablemente el problema principal por el cual en esta España de enchufados y familiares se tiene poco aprecio por la historia. Nunca , casi nadie, hace nada acorde a valores, importancia, tradición, etc… aqui todo o casi todo se hace para salir en la foto y ya de paso, y si es posible que sea mi empresa la que facture la «cuentita». De este modo, los profesionales pasan a ser meros observadores.

    Por cierto, eché de menos a «Guandedió» en lo funerales… Supongo que hoy estaba Juan de Dios. Respeto

  4. Muy bien, Juan de Dios, estoy totalmente de acuerdo contigo.
    Un abrazo.
    Pedro

  5. Gracias por tu comentario, Ander. Mi amigo Juan de Sevilla estuvo ‘eshando una peoná pa tirá la nabidade’ pero el Domingo estuvo rezando un rosario por Doña Cayetana. El fue uno de los albañiles que trabajó en la reconstrucción de la iglesia donde está el Cristo de los Gitanos y que costeó Doña Cayetana.
    Saludos cordiales.
    JDD Orozco.

  6. Espéndido, magistral artículo; como siempre, Juan de Dios, una vez más se alzan tus palabras para poner sentido en la organización de actos. Las honras fúnebres de doña Cayetana han sido espéctaculo, no ceremonia y resulta lamentable, de eso no hay duda. Merecía dignidad y no la ha habido.
    En todo caso, algo de responsabilidad alcanza -a mi modo de ver- a la administración de la Casa. Existían precedentes -y no lejanos- en la propia familia; precedentes que, además, podemos suponer contaban con la aprobación o reparos de la propia duquesa. Eran un camino seguro.
    No se trata solamente de una familia noble, aristocrática, sino del primer título del reino, con recursos documentales para saber hacer las cosas y, por las razones que sea, no ha estado a la altura en la realización de un hecho que, por pura lógica, era previsible.
    Quizá se celebre nueva misa en Madrid y será oportunidad de poner de manifiesto el saber hacer que en Sevilla ha estado clamorosamente ausente.

  7. Apreciado Federico: He tenido el honor de servir durante muchos años en la Casa de S.M. El Rey. Para escribir sobre el asunto es necesario conocer a fondo las instalaciones del Palacio de La Zarzuela y yo sí que las conozco. Por discreción, solo diré que en ningún caso, desde el lugar donde viven SS.MM Los Reyes, se puede oír el toque de corneta al izar o arriar la bandera.Estoy seguro que en la información se han mezclado un hecho que puede ser real -hacer esperar a la peluquera de la Reina durante el toque de oración (no más de 2 minutos)-, el traslado del mástil de la bandera a otro lugar y la información sesgada que haya podido recibir el peridista.
    Yo no puedo creerlo porque todo me hace llegar a esta conclusión.
    Saludos afectuosos desde España.
    JDD Orozco.

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