Tradición “versus” modernidad

Es el eterno debate. Y en protocolo la tradición siempre fue muy importante. Tanto es así que, a los que nos dedicamos a esto de la etiqueta, los modales y la organización de actos, siempre se nos señala como la salvaguarda de la tradición. Por eso algunos no quieren hablar de protocolo al entender que lo relacionado con él está pasado de moda o, mejor dicho, démodé o outdated que suena mejor y viste mucho más a quien así lo califica.

Es cierto que desde toda perspectiva parece que una de las finalidades del protocolo es preservar lo antiguo y traerlo a la actualidad de vez en cuando. Así, recordamos las formas de hacer bien las cosas de los que nos precedieron y los modos de éxito del pasado. Ello cohesiona a la sociedad y se constituye en factor diferenciador de otras culturas. Creo que cuando el pasado no sea importante para una sociedad, ésta será fagocitada por otras que sí lo tengan en cuenta.

Frente a los que nos gusta preservar lo bueno del pasado como elemento para asegurar el futuro y conservar nuestra cultura, nos encontramos con dos posiciones diferentes. Por un lado están los innovadores que, aun siendo respetuosos y conociendo la validez de la buena solera, quieren introducir novedades sutiles que actualizan procedimientos. Por otro lado están los que sin pudor y desconociendo lo bueno de otros tiempos, califican con la ligereza del ignorante de “casposo”, “retrógrado” o “anacrónico” cualquier actuación que ellos no hayan validado y aceptado como “moderna”

Me produce tristeza -cuando no rechazo- determinadas actitudes que desprecian el pasado en pro de la novedad -que no de la innovación- solo para ser diferentes de los demás y sin más razón y fundamento intelectual que el de cambiar las cosas simple y llanamente para ser más modernos y obtener partido de sus pobres tesis.

Es cierto que todo lo pasado no fue bueno pero esta afirmación me lleva a aseverar que no todo lo moderno es acertado y válido. Desde luego, creo yo, no hay futuro si el presente olvida el pasado.

© Juan de Dios Orozco López

 

 

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6 comentarios

  1. Estimado Juan de Dios:

    No sé si será el otoño, pero no soy tan optimista como tú cuando afirmas que las culturas que recuerden su pasado adoptarán a las que lo han olvidado.
    Creo que se ha instalado un “todo vale” y se ha perdido el nexo de unión entre quienes sabéis y los “modernos”.
    Al hilo de éste y de otros asuntos, ya había pensado sugerirte que, si lo tienes a bien y a sabiendas de que no te sobra nada de tiempo, escribieras un libro para que algunos se ilustren y sepan de qué va la historia. Ya sé que existe este canal, pero no todo el mundo está al tanto…

    Disculpa el pesimismo y recibe un afectuoso saludo.

    Ana Belén.

  2. Querida Ana:
    Hay que ser optimista. Entre otras cosas porque de nada sirve ser pesimista y que todo lo malo que te rodea se encargue de hundirte. Pero estoy totalmente de acuerdo contigo en que, para desgracia de nuestra cultura, todo vale. Tendremos que aportar nuesrto granito de arena.
    Saludos cordiales.
    JDD Orozco.

  3. Gracias por proponer esta conjetura que ya me provoca usted con sus reflexiones y sobre la que alguna vez he tenido ocasión de pronunciarme con algún comentario.
    En esta dicotomía yo opto por el camino de enmedio, muchas veces evocado en este blog: la utilidad. La defensa de la tradición que algunas veces se hace desde el protocolo enmascara una reticencia a pensar la utilidad de las mismas en tiempos contemporáneos. De igual manera que imponer una “modernidad” por el mero hecho de oponerla a la tradición enmascara una pereza para reflexionar sobre lo que se quiere resolver.
    Dicho de otro modo, y para rizar el rizo, no quiero diferir de su texto, Juan de Dios, que la tradición es benévola per se, ni que la modernidad comporte falsedad enmascarada. Sólo en la utilidad se halla la respuesta más pertinente.
    Y yo soy de los que buscando esa utilidad siempre miran a las ventajas de la contemporaneización, observando con reojo la tradición. La innovación puede ser válida porque actualice y fije una nueva y futura tradición.

  4. Estimado David:
    Me parece que su equilibrado comentario no difiere en absoluto del mío. En cualquier caso, usted tendrá aquí su espacio para el disenso. Quizá en la mitad del camino, donde otros hayan fácil y cómodamente la respuesta a cualquier conjetura, se encuentre el equilibrio. Sin embargo, estoy de acuerdo con usted en que la utilidad es elemento fundamental para tomar el camino de la tradición o la autopista a la modernidad. Creo que merece la pena señalar que los que imponen la tradición pueden hacerlo por temor a lo desconocido mientras que los que se inclinan por la modernidad quizá lo hagan por pura osadía. El equilibrio de la balanza está, efectivamente, en la utilidad. Aprecio muy especialmente y hago mía su idea de que “La innovación puede ser válida porque actualice y fije una nueva y futura tradición”
    Gracias sinceras por su comentario y aportación.
    Un atento saludo.
    JDD Orozco.

  5. Estimado Juan de Dios:

    A colación de lo que comentáis, no sólo estamos en la cultura del todo vale sino en la que también todo el mundo vale para esta profesión. Creo fehacientemente en la tradición, en la innovación, en la creatividad… siempre y cuando estén en manos de personas que sepan, con los conocimientos apropiados, lo que hacen. Sabiendo que el respeto a la tradición es uno de los grandes valores en nuestra profesión, que nunca se ha de perder.

    Saludos cordiales y muchas gracias.
    Raquel

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