No hay disculpa.

Pues nada, que los máximos responsables del mundo no tienen modales o educación. Ya lo he escrito en muchas ocasiones. Aquel que tuviere una responsabilidad pública de cierto nivel la debe llevar a acabo a tiempo completo. Digo yo. Les va en el sueldo y lo deberían asumir voluntaria y consciente.

Los políticos están obligados a ser ejemplo de los valores más representativos de sus culturas. Son múltiples las razones que exigen y justifican esta deseable forma de actuar.  Nos hacen falta líderes que sean ejemplo permanente a seguir y cuya actitud sea observada, al menos, como digna. Pero nadie, incluso los que más poder tienen en el mundo, quiere comprometerse al 100% con la función docente y de ejemplaridad exigible a todo dirigente político. Por eso yo insisto en que es necesario ser y parecer en todo momento, salvo en la ducha. Es preocupante que nadie quiera  predicar con el ejemplo.

Quien está sometido a la presencia constante de los medios de comunicación debe convertirse en actor, abandonar sus sentimientos y entregarse a su labor para cumplir exacta y concienzudamente con sus obligaciones. Pero nuestros dirigentes no se enteran, no se quieren enterar o simplemente, borrachos de poder, se sienten por encima del bien, del mal e incluso del regular. Sus rudos modales son equiparables a los de un niño falto del más mínimo pudor y carente del más absoluto sentido del ridículo. Juan de Sevilla -que demanda más atención en mis artículos- me decía ayer: «Guandedió hesta ente no tiene bergüensa ni pa pegar seyos de correoz»

Ejemplo de la falta de compromiso con los buenos modos los hemos visto días atrás. A mi no me parece anecdótico que el primer ministro británico diga de la Reina de Inglaterra que «ronronea» o que el presidente de los Estados Unidos de Norteamérica devuelva un saludo militar con un vaso de café en la mano. Estos gestos, que a muchos gustan porque «humanizan» a los líderes, a mi me producen un rechazo integral y radical por cuanto los pone a la altura intelectual y casi moral del más bajo de los mortales. Sistemáticamente ellos desprecian de forma soberbia al de arriba y al de abajo en pro de esa sencillez, cercanía y naturalidad tan deseada por asesores y que se convierte en grosería e insulto a una Reina o a un soldado.

Si los gestos son manifestación externa de la educación y con ellos se expresa aprecio o desprecio, no parece que en estos momentos los que deben dirigir a millones de personas tengan el más mínimo reparo en convertirse en verdaderos montaraces seres asociales, verdugos de los modales o groseros ejemplares.

Estamos rompiendo ese marco normativo no oficial de la urbanidad, la cortesía y la etiqueta que se asumía libremente y servía para convivir y establecer relaciones eficaces. Pedir disculpas por la comisión de una falta es de sabios pero si la falta se repite de forma cíclica las disculpas no valen porque los tropiezos en la misma piedra, aún siendo humanos, son lujos que no debieran permitirse a los que tienen tan altas responsabilidades. La disculpa se devalúa cuando se sistematiza. Por eso no caben las disculpas.

Por si te quedan dudas, puedes leer pinchando aquí lo que le ha ocurrido al primer ministro británico o ver la «cercanía» con la que el presidente Obama saluda a los marines cuando baja del «Marine One». Esto ya no es lo que era y no valen las disculpas.

© Juan de Dios Orozco López

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8 comentarios

  1. Estimado Maestro: MAGNIFICO artículo. Basta ya de «buen rollismo» y transmitir «cercanía y naturalidad». Mas alto y mas claro no se puede decir. De unos meses a esta parte ese «buen rollismo» ha arrasado con la escasa cortesía, educación y saber estar en el dia a día que ya quedaba. ¿Y esos artículos de opinión sobre los «nuevos tiempos» en la Monarquía y su protocolo? Los leo atónita y con gran disgusto. Ahora determinados «periodistas» nos instruyen en el saber estar (¿que es eso?), educación…….con un bombardeo incesante de información…..desinformación e ignorancia.

  2. Apreciado Juan de Dios,
    aún suponiéndoles a los líderes una mayor ejemplaridad por el escrutinio continuo al que están expuestos por parte de la opinión pública, yo busco ejemplaridad también en todos y el común de los mortales.

    Única objección.

    Saludos.

  3. Pues yo estoy de acuerdo contigo aunque comprendo que la imperfección es parte de la condición humana. No creo en la perfección pero sí en el tesón para alcanzarla.
    Gracias por tu comentario.
    Saludos cordiales.
    JDD Orozco.

  4. Estimado Juan de Dios:

    Mil gracias por tu artículo. Suscribo tus palabras y me pregunto si lo que está ocurriendo se debe a la desidia o a que muy pocos saben qué son los buenos modales y la educación en sí.

    Recibe un afectuoso saludo.

    Ana Belén.

  5. Es un placer contar con amigas y lectoras como tu. Pues en esto de los modales hay mucha desidia,ignorancia y desinterés. Algunos han utilizado su ignorancia como herramienta de modernidad y rechazo a las formas de otros tiempos. Así que rechazar los buenos modales ha sido el marchamo de los modernos.
    Saludos afectuosos.
    JDD Orozco.

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