Señor o villano.

Qué difícil es ocupar el centro de atención y ser objeto de críticas. Sin duda, debe ser incómodo que te reconozcan y soportar la presión mediática y social. Reconozco que debe ser un suplicio no disponer del derecho a la intimidad. Yo, desde luego, me quedo como estoy. Claro está que esto de la imagen pública funciona de manera que la falta de intimidad y la condición de personaje público van de la mano y son inseparables. Por eso, quien tiene la obligación institucional de representar algo, está obligado a renunciar a su intimidad, sus gustos y sus deseos personales en beneficio de su cometido. No hay líneas divisorias entre intimidad y actividad pública. Para los personajes públicos, solo el interior del domicilio particular tiene blindaje. Es algo que se debe asumir con naturalidad y, desde luego, con responsabilidad.

La diferencia entre  los que con la boca pequeña reclaman su intimidad y los que asumen que los límites de su intimidad no van más allá de los muros de su casa, está en que los primeros dan prioridad a sus intereses particulares mientras que los segundos anteponen a todo su responsabilidad institucional.

Unos se juegan su economía y otros el respeto y la aceptación social. Aquellos son pasajeros y estos pretenden perdurar. Sin embargo, los dos deben asumir que siempre son centro de atención -tanto si les gusta como si no- y que la coherencia tiene un valor adicional que se ve reflejada en la cuenta de resultados final. 

Parte de esa labor de creación, afianzamiento, refuerzo y concienciación en imagen pública es responsabilidad de los que nos dedicamos al protocolo y nuestra obligación es hacer ver la importancia que para la percepción pública tiene la coherencia en lo que yo denomino «imagen pública 360º/24 horas día»

En esto de la imagen pública, no existe una dedicación a tiempo parcial. Es el todo o la nada y quien no lo entienda así, está condenado al fracaso. No hay separación entre lo público y lo privado. No hay división temporal y no existe una forma de ser, vestir o comportarse de lunes a viernes para descansar de ello el sábado y el domingo. 

En resumidas cuentas, no se puede ser a la vez señor en horas de trabajo y villano en las de descanso.

Creo yo. Y tú, ¿qué piensas?

Ah! y este post tiene una lectura implícita que dejo a tu imaginación.

© Juan de Dios Orozco López

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4 comentarios

  1. ¡Mil gracias, Juan de Dios!

    Justamente acabo de ver una imagen de alguien a quien le viene tu post como anillo al dedo.
    Te diré que, teniendo presente que saber ser y saber estar son absolutamente imprescindibles, últimamente reflexiono mucho acerca de la causa o de las razones que nos han llevado al comportamiento y a los hechos actuales. De las herramientas, por así decirlo. Estoy llegando a la conclusión de que ha sido y es por la falta de personalidad para aceptarnos como somos y aprender. Cada cual puede elegir los medios de comunicación y programas que desee, pero sin perder de vista el horizonte, sin que lleguen a cambiarle. ¿Que en lugar de criticar tales o cuales programas se tendría que haber realizado una protesta formal? De acuerdo. Esto viene por la libertad de expresión, no todo vale, por horario infantil, respeto, etc., y se ha confundido el tocino con la velocidad.
    La elegancia es otra de las actitudes que echo tanto de menos, pero está implícita en el saber ser y el saber estar, algo que, quisiera equivocarme, es ya casi irrecuperable.

    Recibe un afectuoso saludo.

    Ana Belén.

  2. Querida Ana Belén,no pierdas la esperanza. La historia demuestra que la actividad humana, sus creencias y sus modos de actuar son cíclicos. Otra cosa es que nosotros veamos el resurgir de las formas.
    Saludos cordiales.
    JDD Orozco

  3. Mi Querido Juan de Dios: Fantástico articulo. Fantástico. No puede estar mejor explicado y como siempre admiro sin límite como empleas las palabras y los adjetivos.
    Muchas gracias.

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