«Fotocol» y fotografía política.

Esto de hacerse fotografías con uno y con otros está muy bien para los «fotocol» de los saraos del consumidor de prensa rosa pero no así para el lenguaje de la política y la diplomacia, en la que cada gesto se traduce en acción política, subida o bajada de la bolsa y crédito o descrédito en la comunidad internacional.

Hacerse una fotografía en un acto promocional con alguien de dudosa (o probada) rectitud y honorabilidad pública no siempre es malo. Efectivamente, no estará mal …en el caso de que el sujeto o individua sea sexy, tenga éxito en las pantallas o simplemente disponga de un «pastizal» con el que pueda llevarse por delante cualquier intento de menosprecio. Ya lo dice mi amigo Juan de Sevilla: «Güandedió, para el fotocó tormundo é güeno. Ezó zí tor mundo tié que ir maqueao, despeinao y regalao» Juan de Sevilla se refiere a que los que aparecen en la fotografía de este tipo de encuentros deben ir antes a la peluquería para parecer que no se peinan, además de estar obligados a vestir de marca y con joyas prestadas. Este tipo de fotografía pretende crear una situación ideal que sea deseada por el observador y consumidor.

Si hablamos de política y relaciones internacionales, todo cambia. Se trata ahora del poder en su esencia. Nada ni nadie debe interponerse entre el observador y la determinación del fotografiado de ser observado e interpretado como líder o representante perfecto.

Esta semana pasada hemos tenido un ejemplo del valor de la fotografía política. Por un lado, el Presidente de Guinea ha intentado fotografiarse con todo aquel que pudiera darle credibilidad. Con una clara estrategia, asistió al funeral por Adolfo Suárez a quien, por cierto, negó la entrada a Guinea Ecuatorial en 1992. Ofreció un discurso en el Instituto Cervantes de Bruselas en el que hizo alusión a la intermediación del Rey, que en realidad no intervino para nada. Por último asistió a la cumbre UE-África en busca de otras fotografías que sólo consiguió en la bienvenida oficial con José Manuel Durao Barroso y Herman Van Rompuy.

Nadie quiere hacerse una foto con Obiang
Nadie quiere hacerse una foto con Obiang

De la otra parte -la parte que no quería fotografiarse con Obiang- ha estado Mariano Rajoy que, bien asesorado, no se ha querido sentar a la mesa con Obiang aludiendo a una agenda cargada de trabajo. Anteriormente, en el  funeral de Estado por Adolfo Suárez esta pasada semana, Rajoy volvió a evitar la foto y saludó a Obiang en el atrio de la Catedral, pero sin fotógrafos. La fotografía pública de Rajoy saludando a Obiang hubiera tenido un valor incalculable de cara a su utilización por los contrincantes del PP en las próximas elecciones europeas. Que el Presidente del Gobierno de España se hiciera una fotografía con Obiang podría ser interpretado como la admisión y el respaldo explícito a la política del Presidente de Guinea. De esa manera hubiera utilizado Obiang la imagen y, desde luego, los contrincantes políticos de Rajoy, también.

Juan de Sevilla me ha dicho hace un momento que para preparar y dar paso a los «fotocol» cualquiera vale, siempre y cuando sea «grasioso, modelno y que enzeñe los carsonsillos o er tanga» pero para la elaboración de mensajes que trasciendan y persuadan que hace falta algo más.

Pero algo sí que tienen en común la fotografía de «fotocol» y la fotografía política: en ambas hay mucho de apariencia y, desde luego, de intento de persuasión. Así que, apreciado lector, permíteme que te recomiende ser muy crítico con lo que pretenden hacerte ver.

Que tengas buena semana.

© Juan de Dios Orozco López

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4 comentarios

  1. ¡Buenas tardes!
    Muy de acuerdo con la entrada.
    Pues cuánta razón tienen quienes evitan o aprovechan esos fotocol… ya que, al final, será en ellos donde se genere la gran noticia del acto.
    Un saludo.
    Rebeca

  2. Estimado Juan de Dios:

    Peliagudo personaje el que traes a colación.
    Te diré que cuando supe que Obiang deseaba asistir al funeral de Estado por Adolfo Suárez (Q.E.P.D), me pregunté qué motivos le llevaban a ello. Máxime cuando iba a ir a Bruselas (con protestas incluidas); era como un «ya que paso, me acerco». Posteriormente indagué acerca de su posible presencia y tanto algunas webs como algunas personas me hablaron de términos que desconocía, ya que pensaba que era el dictador de su país, no alguien a quien parece que «se le debe gratitud», de aquí que te diga que el personaje es peliagudo.
    Obviamente, si fuera como acabo de mencionar, la cuestión de fotografiarse o no con él, es tal y como tú dices. Y nos evitamos explicaciones.
    Para terminar, te diré que el que más seguridad muestra en la fotografía con los presidentes del Consejo y de la Comisión Europea, es el propio Obiang. En Durão Barroso se advierte incomodidad (cuerpo rígido, no sin aparecer enchido de satisfacción) y en Van Rompuy cierta resignación.

    Recibe un afectuoso saludo.

    Ana Belén.

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