Ser elegante.

Lo he leído esta semana en un titular atribuido a Givenchy que afirmaba “Ya no hay elegancia……” Se refería a la elegancia exterior pero yo quiero referirme a la interior. La exterior, la que me hace girar la cabeza cuando observo a una señora caminar de manera natural, sin aditamentos ni especiales ropas o complementos, es el fruto de la distinción interior, de la sencillez de la conducta personal y del espíritu personal honesto. Y eso se nota. Siendo hombre, me permitirás que me refiera hoy a la mujer aunque esto de la elegancia no entiende de géneros.

Quien pretende ser elegante por medio de la indumentaria, solo logra convertirse en servil fantoche de la moda pasajera. Lo decía Coco Chanel: “La moda pasa pero el estilo permanece” Por eso la elegancia es como un cóctel, resultado de la suma de ingredientes como la discreción, la naturalidad, el sentido de la estética, la moderación personal, la simpatía, la urbanidad, la sencillez de conducta y el deseo y esfuerzo de sentirse bien con uno mismo para agradar a los demás.

Audrey Hepburn fue icono de la elegancia personal  hasta el final de sus días.
Audrey Hepburn fue icono de la elegancia personal hasta el final de sus días.

Conozco a mucha gente que pretende ser elegante siendo abrumadoramente soberbia por dentro y por fuera. Un traje a medida, un nudo de corbata ancho, un pañuelo en el bolsillo de la americana, un escote pronunciado, una sonrisa perfecta o unas piernas largas no son atributos suficientes para ser elegante. Yo creo que esto de la elegancia -como casi todo en la vida- también se puede aprender. Lo que ocurre es que el tiempo transcurre en contra y siempre tiene más ventaja quien a más temprana edad ha sido educado para ser elegante. Ser elegante es un valor personal y no una cualidad de la persona como ser alto, guapo o delgado. La elegancia, como valor, se cultiva y puede crecer con la intención y el tesón de la persona. Se crece en elegancia desde dentro de la persona. La elegancia crece con la edad.

Tuve la oportunidad de tratar directamente a Noor de Jordania en una ocasión. Esta señora no camina, levita.  Es especial.
Tuve la oportunidad de tratar directamente a Noor de Jordania. Esta señora no camina, levita. Es especial.

Permítete que hoy termine mi cortito artículo haciendo referencia a la mujer y afirmando que una cosa es ser mona y sexy y otra muy diferente es ser elegante y atractiva.

Una mujer guapa no tiene necesariamente que ser elegante.
Una mujer guapa no tiene necesariamente que ser elegante.

Insisto en que la elegancia es una actitud personal de afrontar la vida. Casi una filosofía. Frente a una persona elegante está la que es mona y…. mona se queda aunque se vista de seda.

© Juan de Dios Orozco López

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11 comentarios

  1. Estimado Juan de Dios:

    Estoy completamente de acuerdo contigo. La elegancia no está sólo en lo que reviste el cuerpo, sino en lo que reviste nuestra alma y sentir de las cosas.

    Hoy en día nos preocupamos mucho de qué nos vamos a poner olvidándonos de que en numerosas ocasiones la indumentaria que elegimos nos queda como un disfraz y nada tiene que ver con nuestro estilo y modo de vida.

    Saludos cordiales y muchas gracias.

    Raquel

  2. ¡Mil gracias, Juan de Dios!

    Magnífico post que hay que divulgar especialmente y reiterar. Creo que has utilizado el mejor verbo: “ser”, de ahí que la elegancia sea algo natural (se nace con ella y se puede educar). Por otro lado, hace algún tiempo, se puso muy de moda la frase “¡Qué elegante!” para aludir a una persona que a juicio de otra estaba vestida para una ocasión especial (no porque fuera su estado natural ni porque la indumentaria fuera la idónea).
    Finalmente, te diré que el “ser elegante” requiere de unos valores que muy pocos quieren conservar (algunos ya perdidos) y que efectivamente van acordes con el “espíritu” de la persona elegante.

    Recibe un afectuoso saludo.

    Ana Belén.

  3. Gracias Ana Belén. Este post ha tenido mucho éxito. Pronto hablaré, en un importante foro, de la elegancia, la moda y el protocolo. Ya os mantendré informados.
    Un abrazo y gracias por seguir ahí.
    JDD Orozco.

  4. ¡Me alegro infinito, Juan de Dios!

    Soy consciente de que sabes que hay que hacer pedagogía. Gracias.

    Un afectuoso saludo.

    Ana Belén.

  5. Que artículo más interesante,totalmente de acuerdo,gracias por compartirlo.

  6. Buenos días!!
    He caído como por azar en tu artículo y no sabes lo agradecida que estoy por haberlo hecho.
    me ha hecho recapacitar y caer en la cuenta una vez más, de que fuera de lo que son los cánones actuales de belleza, culto al cuerpo, estereotipos, estándares, ext …. Hay un atributo innato a algunas personas, una facultad incluida en ellos de serie, que trasciende más allá de lo corpóreo y que envuelve a esas personas de una magia especial que los hace diferentes al resto! Elegancia de ser y elegancia de estar!
    Gracias por entresacar y rescatar ya casi del olvido, esta pincelada de buen gusto ya casi en desuso, que poco tiene que ver con ser 10 físicamente y que quien la posee tiene la enorme fortuna de contar con la mejor carta de presentación, a nivel físico y humano, que se puede teber. El que es elegante en su forma de mostrarse a los demás lo es exactamente igual o incluso más, en su forma de comportarse!!!
    Y ya para terminar, enhorabuena, porque en mi opinión, tu artículo es ELEGANTE!
    Un saludo!

  7. Un millón de gracias Alicia por tus palabras y por respaldar cuanto en el artículo escribí. Nos hace falta elegancia personal para afrontar la vida, para el éxito social y para el profesional. En fin, nos hace falta elegancia para convivir. Nos los haría más fácil.
    Saludos cordiales.
    JDD Orozco.

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