¿El mejor protocolo?: El que no existe.

Lo leí el otro día. Lo afirmaba la actriz y cantante norteamericana Lea DeLaria: “First learn the rules. Then break them” Es muy cierto que para romper las reglas, en primer lugar, hay que conocerlas. De lo contrario, ni siquiera tendrás la certeza de si realmente estás rompiendo con algo.

La realidad hace que el desconocimiento de lo que se debe o puede hacer en un momento determinado, te impida tener conciencia plena del alcance de tus actos. Solo conociendo cómo actuar sabrás hasta qué punto rompes reglas y si esa ruptura tendrá consecuencias agradables y alineadas con tus intereses o, por el contrario, te acarreará problemas.

A veces, muy especialmente en ambientes socialmente exigentes, romper las reglas de comportamiento tienen consecuencias positivas porque con ello se desactiva la rigidez de las formas y los modos, creando ambientes distendidos.

Para romper las reglas, primero hay que conocerlas.
Para romper las reglas, primero hay que conocerlas.

Si nos referimos al protocolo en su acepción de convención social, el que tiene la potestad de romper la norma siempre es el anfitrión del acto o, en su caso, el invitado de honor. Sonoras y esperpénticas ocasiones hemos vivido en los que “segundones” venidos a más han pretendido atribuirse papeles que no les correspondían, provocando el rechazo -cuando no la guasa- de quienes les observaban. Dicho lo anterior, me parece que Baltasar Gracían tenía mucha razón cuando afirmaba: “El primer paso de la ignorancia es presumir de saber, y muchos sabrían si no pensasen que saben”

Viene al caso lo anterior porque estoy preparando una serie de charlas para una importante empresa que es consciente de la necesidad de que sus empleados conozcan de qué manera pueden hacer más agradable la relación con sus clientes españoles y de otros países. Imprescindible es que, desde el comienzo de una relación, todos nos sintamos cómodos para establecer relaciones sociales efectivas que lleven a relaciones empresariales, comerciales, políticas o diplomáticas rentables. Así que comenzaré mis charlas afirmando que hay que conocer las reglas para, al menos, incidir en lo que nunca se debe hacer más que en lo que algunas veces se puede hacer.

En fin, creo que terminaré afirmando: El mejor protocolo es el que no existe…….porque pasa desapercibido cuando se pone en práctica.

¿Tú qué piensas?

© Juan de Dios Orozco López

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2 comentarios

  1. Está muy bien tu reflexión querido amigo, pero si me permites la culminaría con otra que la complementa: el buen jefe de protocolo es el que está pero no se le ve.
    saludos

  2. Querido Javier, tienes mucha razón con tu frase aunque algunos jefes de protocolo se les ve demasiado. En este momento me viene a la mente el engominado responsable de protocolo de un ministro del Gobierno de España que sale más en TV que su propio señorito.
    Un fuerte abrazo.
    JDD Orozco.

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