El borrico por delante para que no se espante.

Hasta ahora he observado la técnica protocolaria como utensilio de comunicación. Pero quizá, después de la actuación del presidente Más y la vicepresidenta del Gobierno Sáez de Santamaría, debería considerar al protocolo como la piedra filosofal de las relaciones políticas. Digo piedra porque  parecería que haya sido utilizado por ambos políticos para que siendo lanzado contra el otro, le cause los máximos daños. Resulta paradójico que utilicen el protocolo sólo cuando les interesa mientras que, en la mayoría de las ocasiones, para calmar o distraer la atención pública, afirmen que el protocolo les aleja de la ciudadanía y que no sirve de nada. Ninguno de ellos presta atención al protocolo salvo cuando se enfrentan vanidades personales o políticas que, por cierto, nunca pueden llegar a esconderse por tiempo infinito. Ahora aluden y se valen del protocolo pero no hacen nada para adaptar a nuestros tiempos una norma oficial a la que cualquiera, tenga conocimientos o no, se permite interpretar según su gusto e interés. Nadie quiere reformar y actualizar una norma oficial tan arcaica y poco efectiva porque cuando interesa es válida y cuando no, es inválida. Tenemos un real decreto de precedencias considerado obsoleto o no, según convenga. Lo que queda manifiestamente claro es que el protocolo es utilizado por los políticos con una finalidad contraria a su objeto.

De un lado, se hace referencia a la representación para exigir un lugar de honor  con la insana intención de poner a cada uno en el sitio que le corresponde. De otro, se alude al protocolo para evitar equívocos y para establecer jerarquías. Ambos planteamientos, los dos, dan idea de la utilización torticera del protocolo y de la norma oficial cuya finalidad es acercar y no alejar. Dando por sentado que el protocolo fue creado para facilitar las relaciones y para dotarlas de un marco de comportamiento que todo el mundo aceptara, acatara y respetara, parece que la finalidad última de las normas sólo sirve cuando éstas se alinean con los intereses partidistas.

Ya se han escrito ríos de tinta en relación con el incidente del presidente Mas y la vicepresidenta Santamaría (o al revés, que para mi, en este caso, tanto monta  monta tanto). La mayoría de los post son acertados dependiendo de la perspectiva partidista desde la que se observe el problema. Sólo he observado un post, el del Presidente de la EIP -Gerardo Correas- , que es equilibrado y analiza en profundidad y con rigor lo que ha acontecido. Puedes leerlo si pinchas aquí.

Me cabe alguna aclaración o comentario a lo escrito por Gerardo Correas que te dejo a continuación:

  1. Todas las elucubraciones y frotaciones mentales que se vienen haciendo sobre la aplicación del Real Decreto en este caso, son carentes de sentido porque en el RD se establece que la precedencia es de aplicación sólo para  actos oficiales. Este acto no es un acto oficial y la ordenación de las personas que asisten al mismo es responsabilidad exclusiva de la entidad empresarial organizadora.
  2. ¿En calidad de qué fue invitada la Sra Sáez de Santamaría? Si lo fue como Vicepresidenta, Mas debió precederla.
  3. Si la cortesía y buenos modos imperaran en los usos políticos, tal y como debe ocurrir en un país civilizado, este «problema» -que algunos achacan al protocolo- nunca hubiera existido. El problema lo ha creado la vanidad humana y no la norma que pretende regularla.

Termino recordando la sabiduría de mi madre que para corregirme e ilustrarme sobre los buenos modos en los que el «Yo» siempre va por detrás del «Usted» y del «Tú» me decía: «Recuerda siempre que el borrico va por delante para que no se espante»

A buen entendedor, pocas palabras bastan.

Saludos.

© Juan de Dios Orozco.

 

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2 comentarios

  1. Estimado Juan de Dios:

    Mil gracias por tu artículo. Siempre aprendiendo.
    Realmente hay cuestiones de fondo que a mí, quizá ingenuamente, me hacen pensar en si las partes conocen el Protocolo, Real Decreto incluido.
    Si no era un acto oficial, quien se negó a asistir no podía argumentar que era debido a no presidir el acto no oficial ya no había lugar para ello, no para él, como tampoco para la otra parte, que si fue en calidad de su cargo, tendría que haber bajado la cabeza y, si lo fue como mera invitada, esto es, sin cargo, ya no digamos más.
    Repito, con ingenuidad me pregunto si saben lo que tienen que hacer y qué normas lo regulan.

    Recibe un afectuosísimo saludo.

    Ana Belén.

    PD. El «desaparecido» invitado debería haber silenciado las excepciones para acudir a un acto que no presida, pues no es frecuente verle (diría que imposible) en actos que preside S.M. el Rey o S.A.R. el Príncipe de Asturias.

  2. Apreciada Ana Belén:
    No hay en esta ocasión ninguna disculpa para lo que no la tiene. Ambos dos -quizá uno más que otra- merecen reproche por lo ocurrido. No te quepa la menor duda de que saben perfectamente -bien por sí mismos, bien por sus asesores- de qué va esto del protocolo, las precedencias y las ausencias. Han dado mal ejemplo en unos momentos en que lo último que necesitamos es que se hable de protocolo en lugar de hacerlo sobre los verdaderos problemas que azotan a nuestra querida España. La vanidad se puede llevar en el bolsillo, en el corazón o en la cabeza y en este caso pudo más la condición humana que la de político responsable. Utilizaron el impulso del corazón cuando debieron valerse de la razón.
    Un afectuoso saludo.
    JDD Orozco.

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