Líderes con pies de barro.

Escribía hace unos días sobre las cualidades personales de Rafael Nadal que le encumbran hasta las más altas cotas de credibilidad social. Al igual que el Papa Francisco, su coherencia personal -entiéndase ser y parecer lo mismo- les impulsa a ser creíbles sin esfuerzo alguno. Son transparentes y cualquiera de sus acciones públicas contribuye al crecimiento de su prestigio y su reputación. Ambas dos, prestigio y reputación, se construyen sobre las bases de la cohesión de múltiples factores personales, que provocan una aceptación pública mayoritaria, por encima de creencias y gustos pasajeros.

Un Papa austero y cercano, lo que la Iglesía Católica necesita y los fieles queremos. Mucha claridad, honestidad y coherencia.
Un Papa austero y cercano, lo que la Iglesía Católica necesita y los fieles queremos. Mucha claridad, honestidad y coherencia.

Nacieron para liderar por el convencimiento, el ejemplo, la verdad, el honor, el esfuerzo y la sencillez que son ingredientes –digo yo- de los cimientos de los verdaderos paladines. Es lo que tiene construir sobre roca. Los vaivenes de las modas, las campañas publicitarias y el éxito pasajero no les afecta porque tienen fuertemente anclados sus pies al suelo con fundamentos morales sólidos.

Nadal-recoge-el premio-Príncipe de Asturias
Nadal recoge el premio Príncipe de Asturias. Siempre humilde y elegante en el trato.

En contraposición a esas dos personalidades de peso e influencia universal, podríamos citar a los de fama pasajera y que son fruto exclusivo de la artificiosidad creativa de otros. Su interés es el poder, en cualquiera de sus múltiples vertientes. Sus creadores han pretendido convertirlos en ídolos –nunca mejor dicho-  de masas fáciles de persuadir. Sin embargo, como queda de manifiesto, sus pies, sus cimientos, son de barro y pasan de la cima a la sima, en menos que canta un gallo. Su edificio de credibilidad se viene abajo con el menor vaivén. No digamos ya si el tsunami que deshace los pies de barro es un fraude de varios millones a la Hacienda pública. Todo el armazón de su credibilidad se ha venido abajo. Ha defraudado no solo a Hacienda sino a muchos de los que pretendían ponerlo a la altura de otros cuyas virtudes ya nunca alcanzará.

Messi y sus balones de oro. Quizá tanto oro le haya hecho perder credibilidad.
Messi y sus balones de oro. Quizá tanto oro le haya hecho perder credibilidad.

Un edificio de falsa credibilidad se hunde también por falta de coherencia. Lo digo ahora porque he leído que José Blanco ha hecho el Camino de Santiago, quizá en súplica al Santo para no ser procesado por tráfico de influencias. Se olvida ahora el diputado que no hace mucho, en la Ofrenda al Patrón de España, se olvidó de las formas y el respeto que ahora demuestra. Antes chateaba y cruzaba las piernas mientras se llevaba a cabo una ceremonia religiosa que merece mucho respeto. Ahora hace el Camino en demanda del favor celestial.

Blanco "tuiteando" en una ceremonia religiosa.
Blanco “tuiteando” en una ceremonia religiosa.
En nombre de Nuestro Señor Jesucristo, recibe este morral hábito de tu peregrinación para que castigado y enmendado te apresures en llegar a los pies de Santiago, a donde ansías llegar, y para que después de haber hecho el viaje vuelvas al lado nuestro con gozo, con la ayuda de Dios, que vive y reina por todos los siglos Amén.
El Diputado José Blanco en un momento de su peregrinación a Santiago de Compostela.

Aquí, el que parece más humilde, frágil y “sinculpa” hace relojes suizos.

Sólo se es verdadero líder cuando no se pretende serlo.

© Juan de Dios Orozco López

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5 comentarios

  1. ¡Mil gracias, Juan de Dios!

    Suscribo lo dicho, tan estupendamente estructurado, explicado e ilustrado como siempre, pero no puedo por menos que establecer una similitud con alguien que pudiera, lo dejo en condicional, estar en las mismas que uno de estos ídolos de barro que mencionas. También ha de ser ejemplar (hace mucho tiempo, además).

    Y, desde luego, me quedo con tu última frase, me parece genial: Enhorabuena.

    <>

    Un afectuoso saludo.

    Ana Belén.

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