El silencio es más elegante y civilizado.

El derecho inalienable a la defensa de las ideas propias frente a las ajenas, por disparatadas que parezcan unas y otras, es un elemento diferenciador entre sociedades democráticas y las que no lo son. La defensa de las mismas es legítima siempre y cuando con ello no se conculquen los derechos ni se menoscabe la dignidad del contrincante. La lid, cuando se combate en democracia, se debe llevar a cabo con unas mínimas normas de cortesía que sitúen a los enfrentados en el Olimpo de los guardianes de las normas. Si alguno de ellos no cumple con esas normas debería ser desterrado, agraviado y desarmado públicamente. Por eso, cuando amparados en la multitud de la actitud borregil, se insulta, abuchea, silba y menospreciamos a quienes nada malo han hecho, los ejecutores se colocan a la altura intelectual de la cabra montesa y al frente de los no demócratas. Esa ha sido precisamente la actitud  que han demostrado los cultos y elitistas asistentes a la Opera del Liceo barcelonés en el recibimiento a los invitados de honor, SS.AA.RR Los Príncipes de Asturias.

Lo siento mucho, pero los presentes que llevaron a cabo tal agravio a D. Felipe y Dña Letizia son indignos de deleitarse con las sutilezas de una Opera como L’elisir d’amore. Digo más, probablemente serán ricosnuevos que con actitud snob habrán asistido a una ópera que no entienden para alardear de que, entre los invitados, estaban los Príncipes. Es lo que tiene querer y no poder. Lo de siempre.

Como de elegancia y cortesía los montaraces del Liceo no entienden -como sí entendían los de otros tiempos- me tomo la libertad de dejar aquí una modesta lección: Hubiese sido mucho más original, civilizado y quizá efectivo,  guardar silencio ante la presencia de Los Príncipes para mostrar desaprobación, aunque fuera inmerecida. No fue así y todos los vocingleros pusieron de manifiesto su falta de inteligencia, cultura, elegancia, exquisitez y buen gusto, condiciones esenciales para poder disfrutar de una función operística. Pobre de ellos. Son los que siempre admiten pulpo como animal de compañía y creen que la cebolla caramelizada es una mascarilla utilizada por quinceañeras para la lucha contra el acné juvenil.

Se puede estar de acuerdo con la Monarquía o no, pero las formas son esenciales en democracia. Los mulos no entienden ni atienden más que a gritos, latigazos y silbidos y el Liceo de Barcelona parece haberse convertido en exponente máximo del muladar de Cataluña. De los que de forma tan chabacana y vulgar se comportaron,  no cabe esperar más que el pedo y el eructo como particular forma de elegancia. Lástima en lo que se ha convertido el Liceo que, a mi modesto parecer, no alcanza ahora ni la categoría de lugar de alterne, lupanar o casaputas, como diría mi amigo Juan de Sevilla.

Todo lo anterior se lo debemos a nuestros excelsos políticos que, oportunistas, pretenden que su exceso de estiércol lo recoja el solar de la Monarquía. Espero haber sido lo suficientemente protocolario y sutil en las formas pero claro, muy claro, en el fondo. ¿Me he explicado?

Pues ahí queda eso. ¡Qué a gusto me he quedado!

© Juan de Dios Orozco López

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8 comentarios

  1. ¡Gracias, Juan de Dios!

    Siempre dando en el clavo. Ahora bien, no solo es resultado del adoctrinamiento; todo ser humano es libre y se ha de formar su propia opinión, por esa razón aludo siempre a tu esencial artículo «Los filtros no se compran en los chinos». Como decía mi profesora de primaria «la cultura está en casa» y en España obedecemos la ley del péndulo o mucho o nada. De diálogo y correspondencia, no entendemos y en consecuencia, de formas, nada.
    Solo faltaron las cacerolas.

    Recibe un afectuoso saludo.

    Ana Belén.

  2. Estimada Ana Belén: estoy de acuerdo contigo. Se están perdiendo los valores que sólo en la familia se enseñaban.
    Saludos.
    JDD Orozco.

  3. ¡¡¡Qué alegría siento!!! de no encontrarme sola. ante una imagen tan bochornosa..

    Ante el borreguismo estaba asustada a la par que indignada,¡¡Qué lección de democracia,jugar a una encerrona de la que era imposible salir airoso!!!,pero creo que quien sabe leer entre lineas habrá visto una lección espléndida de protocolo, lo que hicieron los principes en saber estar con letras mayúsculas ante la imagen horrible y abusiva de unos pocos…
    Se nos llena la boca ,de hablar de canales democráticos de protesta, creo que alguno debería reflexionar¿era el lugar? y ¿las formas?.
    Enhorabuena por su comentario , la democracia consiste en escuchar todas las opiniones y respetarlas no sólo las que convienen e imponerlas de maneras dudosas.

  4. Estimada María Luisa: Encantado de acompañarte! Aunque estoy seguro que somos multitud.
    Gracias por estar ahí y seguirme.
    Saludos cordiales.
    JDD Orozco

  5. Apreciados Juan de Dios y demás comentaristas,
    Creo que con este tema erráis en el análisis y con algo de perspectiva sociológica o histórica quizá se entendería mejor lo que ocurrió el otro día en el Liceu.
    Por una parte, hay que tener en cuenta que la monarquía al ejercer la Jefatura de Estado, tal y como recoge la Constitución, ejerce de símbolo de la unidad y permanencia del Estado. Por tanto no sólo son personas que nos provoquen buenas o malas impresiones, mejores o peores juicios, sino que son «símbolos». Y contra ese símbolo es hacia el que dirigieron sus críticas una parte del público del teatro.
    Y por otra parte, de qué otra manera más simbólica, más teatral y farandulera que el abucheo se puede ejercer esa crítica? Los teatros de ópera desde mediados del siglo XVIII y sobre todo durante el XIX han sido espacios donde se han simbolizado las confrontaciones políticas. A veces incluso con violencia (recordad si no, por ejemplo el atentado anarquista de 1893 en el propio Liceu).

    Lo ocurrido en el Liceu no tiene nada que ver con protocolo o clase, sino con política y con movimientos sociales. Ver en lo ocurrido un problema de estilo y clase sería un error. Tenemos un problema político (si sólo fuera uno!) por resolver, no un fallo en el protocolo y etiqueta de un millar de ciudadanos.

    Y espero que quede claro que mi comentario no «bendice» el abucheo ni induce connivencia con ningún posicionamiento político. Sólo quiero sugerir una corrección en el foco de análisis.
    Salud!

  6. Estimado David, mil gracias por tu comentario y también por tu opinión contraria y tu forma de disentir. Verás, el foco de mi análisis no es político y el tuyo me temo que sí. Precisamente los símbolos son los que merecen el respeto ajeno, aún cuando uno no se sienta representado por ellos. A mí, como a cualquier persona con un mínimo de modales, no se me ocurriría abuchear la Senyera ni al presidente de la Generalitat, aun cuando una y otro pudieran causarme repulsa. Es precisamente mi perspectiva sociológica e histórica la que me obliga a ser respetuoso con todo y a luchar, con medios democráticos, legalidad, ejemplo y formas, contra lo que no me gusta. El gesto descompuesto y la burla gratuita no conducen a nada. La conquista social en democracia se lleva a cabo con la razón y las urnas y no con el bocachancleo.
    Yo tambien te saludo.
    JDD Orozco.

  7. Supongo que tampoco le gustaban los abucheos al Presidente del Gobierno Zapatero cuando se celebraba el Día de la Victoria (perdón, de las Fuerzas Armadas, en qué estaría yo pensando). ¿O entonces era diferente porque el presidente era un «rojo»? Bueno, de todas maneras, poco debe preocuparse, porque el problema se acabará en cuanto se proclame la República y los Borbones vuelvan a seguir los pasos de sus distinguidos ancestros: el del exilio.

  8. Amigo Vilanova: Necesita usted alguna que otra aclaración. La primera es que este es un blog de protocolo, imagen y comunicación y no de política. La segunda es que no puede pretender darme lecciones de nada porque ,efectivamente, tampoco me gustaron los abucheos a Zapatero en el Día de la Fiesta Nacional como queda demostrado en mi post http://wp.me/p2Hy66-GM y lo tercero es que no estoy en absoluto preocupado porque la monarquía vaya a desaparecer. De lo que si estoy seguro es de que ni usted por su edad -a tenor de su comentario sobre el desfile del Día de la Victoria- ni yo, por convicción, veremos una república en España.

    Un saludo.
    JDD Orozco.

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