Protocolo explícito o protocolo «soft»

Esta semana han saltado a los titulares de varios periódicos  los problemas de protocolo que han surgido como consecuencia de las visitas oficiales que han realizado varios dirigentes occidentales a China, acompañados de sus parejas. El  Presidente francés acudió con Valerie Trierweiler,  que legalmente no es su esposa. Con anterioridad, la que fuera Primera Ministra de Islandia acudió al país oriental acompañada de la que sí es su esposa. Tanto la visita de la pareja francesa como la de Islandia se han desarrollado con normalidad aunque con algunos problemas mínimos de protocolo cuya solución a ningún profesional asustaría o sorprendería en nuestros días.

La presencia de Trierweiler en China no ha producido grandes problemas de protocolo.
La presencia de Trierweiler en China no ha producido grandes problemas de protocolo.

Lo cierto es que, tanto las parejas de hecho como la convivencia fuera del matrimonio así como la homosexualidad están fuera de la legalidad en este país asiático. Muchos somos, por lo tanto, los que nos preguntamos qué ha cambiado en China para que una pareja no unida legalmente o del mismo sexo sea admitida, recibida y tratada oficialmente, desde el punto de vista del protocolo, como «legal» La razón no parece estar muy lejos de las aspiraciones chinas que pretenden asumir el papel de primera potencia mundial. Para ello, las autoridades son muy conscientes de que no sólo es necesario la supremacía económica sino también la adaptación cultural a un mundo cada vez más globalizado.

La ex primera ministra islandesa acudió con su pareja sin que el hecho de ser lesbiana provocara problemas destacables.
La ex primera ministra islandesa acudió con su pareja sin que el hecho de ser lesbiana provocara problemas destacables. (Foto Reuters)

El proceso chovinista de observar nuestro ombligo como el más bonito y mejor formado de todo el universo, parece constituirse como la gran barrera para socializar y, por tanto, para hacer negocios rentables o establecer relaciones diplomáticas sólidas.  Reitero, por lo tanto, que el conocimiento profundo de los usos y costumbres de otras culturas – y el respeto de las mismas- se constituye en pilar insoslayable en la formación de políticos y empresarios que pretenden tener éxito en su actividad.

Bien es cierto, sin embargo, que estudios científicos comienzan a destacar la tendencia ascendente que apunta a un modo único de relacionarse en el que la comunicación entre personas es cada vez más explícita y en el que lo importante no es la relación personal sino la tarea a acometer y alcanzar el objetivo final. Significa lo anterior que las peculiaridades culturales tienden a difuminarse y se potencia, desgraciadamente, un modelo único de pensar, ser y actuar que está fagocitando a culturas menos potentes económicamente.

El protocolo pretende, entre otros objetivos, preservar las tradiciones y particularidades culturales pero se debe adaptar también a las necesidades coyunturales. ¿Dónde termina, entonces, el conservadurismo cultural de nuestra actuación y dónde comienza la forma vanguardista de ser y estar? ¿Dónde se encuentra el límite entre el protocolo explícito y el protocolo soft?

Quizá tú puedas ofrecer otra perspectiva de este delicado tema.

© Juan de Dios Orozco López

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