El protocolo simplifica la vida.

Lo decía Maurice de Talleyrand quien no era, precisamente, crisol de virtudes: «Solo los tontos se burlan del protocolo. Simplifica la vida». Y es muy cierto. Asumir y respetar las normas facilita la convivencia porque con ello se delimita el marco de la actuación pública personal. No sobrepasamos líneas para que los demás respeten, también, esos mismos límites.

Pero algunos no entienden de protocolo más que cuando les conviene. Asumen y acatan normas solo cuando ello les reporta beneficios. Muy concretamente hoy me refiero a beneficios políticos. Echa un vistazo al vídeo.

Posar al lado del Rey podría menoscabar la imagen de líder independentista de la que se ha investido el señor Artur Mas. Por el contrario, negarse públicamente a ocupar el lugar que le corresponde – nótese la actitud medida de la ministra- hará que su actitud sea interpretada como de rechazo al Jefe del Estado y a España. Eso suma votos. La única inteligente -sobradamente inteligente- en esta ocasión ha sido la ministra de Fomento que, al observar que el Rey está «en punta», invita a Mas a ocupar el lugar que le corresponde, sabedora del «desprecio» que se pretende hacer al Jefe del Estado.

Este desaire, claro está, solo lo aguanta un Rey como el nuestro que tiene muy claro cual es su papel institucional y que, por encima de intereses personales, sabe ser y estar en cualquier situación por tensa y desagradable que esta sea. Cualquier presidente de República hubiese exigido «ipso facto» que las precedencias  se respetasen.

Seguro que existe un gran fallo de protocolo – es muy cierto que el organizador aquí no sabe «por dónde le da el aire»-  pero no es menos cierto que las autoridades a los que nos referimos, saben muy bien ocupar el puesto que le corresponde que, además, en la mayoría de las ocasiones también exigen.

Cierto es que el presidente de la Generalitat catalana formuló, más tarde, unas declaraciones en las que «quitaba hierro» a lo sucedido y pretendió dar la vuelta a lo que todo el mundo supo que era un desplante al Jefe de Estado. El daño ya estaba hecho y un político de cierta relevancia sabe reaccionar adecuadamente en público….y eso fue lo que le ocurrió a Mas, que no supo estar a la altura.

Es que aunque la mona se vista de seda, mona se queda…

Os dejo el vídeo de las escusas que llegaron demasiado tarde.

© Juan de Dios Orozco López

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2 comentarios

  1. Echarle la culpa al servicio de Protocolo es la excusa mas ridícula que se le ha podido ocurrir al Sr Mas. Seguro que ya tenía su guión preparado, ha quedado muy mal no solo frente al Rey, sino tambien frente a los inversores chinos quienes habrán pensado que este es el país de las improvisaciones…con lo estrictos que son en los actos protocolarios de firmas de convenios económicos y contando aun con la presencia del monarca…¡de pena!.

  2. Estoy totalmente de acuerdo contigo. Pero, después de hacer el ridículo, alguien le debió recordar que se había equivocado y no encontró otra excusa. Estoy seguro, también, que los chinos estarán indignados por un comportamiento público que se enfrenta a su filosofía de «Save the face». Gracias por tu participación y un afectuoso saludo.

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