Los filtros no se compran en los chinos.

No puede ser. Es que no puede ser…no me lo creo. Pero……sí. Al final, he tenido que ver para creer. Pero ¿cómo es posible que una Diputada se permita decir «Que se jodan» en el Congreso. ¿En qué país vivimos? ¿Qué ejemplo es este? Me da igual que sea de derechas, de izquierdas, de centro, abertzale o republicana. Me da igual a quien se haya dirigido.

Como todo está permitido y no existe el filtro – entiéndase educación, modales, respeto – entre lo que se piensa y lo que se verbaliza, pues ocurre lo que ocurre. Me educaron en la seguridad de que, en determinadas ocasiones, no es bueno decir lo que se piensa por educación. Parece que ahora es necesario decir todo lo que se piensa y en la forma en que se piensa. Es la naturalidad.

No nos podemos quejar. Tenemos exactamente lo que nos merecemos y la situación de crispación actual es fiel reflejo de la ausencia de esos filtros. Hacemos lo que nos pide el cuerpo y si queremos escupir a una autoridad mientras hace la compra pues a ello nos ponemos. Claro está que algunos políticos no se hacen merecedores del más mínimo respeto, así que ¿cómo van a exigir de los demás lo que ellos no ponen en práctica?.

Entre camisetas verdes, negras, gritos, aspavientos, insultos, palabras y gestos descompuestos, juramentos adaptados a intereses particulares y el maravilloso repertorio de despropósitos con que nos premian Sus Señorías, resulta que el único sitio en el que la razón, el debate sosegado, el ágora donde se deberían encontrar soluciones a nuestros problemas, se convierte en mercado de disputa verdulera en el que la máxima intelectual es el «y tu más». Solo se salvan unos pocos y la sociedad española comienza a preguntarse si la mayoría de los políticos lo son porque es imposible que ejerzan otra profesión con éxito. Yo creo en los políticos porque sin ellos no existiría democracia, pero la actuación de unos y la reacción de otros me lleva a la duda también. Una cosa sí que tengo clara: no saben ser ni estar.

Cuando lo que precisamos es control y percibir imágenes de calma y serenidad, ellos se dedican a insultar – me da igual a quien se insulte- en el Congreso. Ya tenemos otra preocupación más que añadir a nuestra delicada situación económica, pero por si alguien no sabe de qué va el asunto, ahí van algunos grandes ejemplos:

  • La selección española de fútbol da un ejemplo deplorable. Más que celebración deportiva, la celebración en La Cibeles parecía el mayor botellón televisado de España.
  • Cese de un embajador por hacer pamplinadas ante la cámara e insultar a un país amigo y aliado. No es precisamente una buena imagen para España.
  • Una Diputada, en el Parlamento, profiere insultos. Algunos Diputados asisten al Pleno de la misma manera que si estuvieran en un chiringuito de playa.
  • A un ex conseller y ex alcalde lo detienen por contrabando de tabaco.
  • A la Delegada del Gobierno en Madrid la insultan y escupen en plena calle……..

……….¡y aquí nunca pasa nada!

Para ser diputado, político, embajador o ciudadano –entiéndase persona civilizada-, debiera ser condición «sine qua non» poseer ciertos filtros que, por cierto, no se compran en los chinos.

Estamos en lo de siempre. No solo es necesario ser, es que hay que parecer.

© Juan de Dios Orozco López

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10 comentarios

  1. ¡Mil gracias, Juan de Dios!

    Por desgracia, parece que se han instaurado los malos modales y si se optara por volver a ellos, no veríamos su fruto en años, por el tiempo que requiere todo cambio.
    Ahora bien, lo que ayer ocurrió, por ejemplo, no tiene ninguna justificación. Si democracia significa poder del pueblo y es el sistema que tenemos, algo falla: O el pueblo no se sabe comportar o permite todo. Creo que no hace demasiado tiempo, los gestos de unos y otros, de haberse dado, hubieran sido afeados por el resto, y en política, les hubiera costado la dimisión. Lamentablemente todo vale.

    Un cordial saludo.

    Ana Belén Cerezo.

  2. Estoy absolutamente de acuerdo contigo Juan de Dios. Y considero que lo menos importante es a quien se dirige. ¿Que mas da?, ¿Cambia eso las cosas?, ¿Modifica la expresión?

    Las formas tal y como nos han educado a algunos, no pueden perderse ni en casa. Mucho menos, si se considera que puedes ser ejemplo para otros, luego no hay disculpa que valga.

  3. Humildemente te comento, Juan de Dios, que aquí, en esta latitud donde resido padecemos de ese mismo «mal» que tu mencionas. Me he sentido tan avergonzada, y aún lo estoy, por los funestos calificativos que aquellos que dicen representarnos -desde el mundo de la política-, envilecen y empobrecen esa imagen que pretender tener y, créase o no, de la que se jactan.
    ¿¿Cuál es ese protocolo que su función les marca que respeten ?? Cuánta contradicción!! Esa condición “sine qua non” de poseer ciertos filtros, como tu dices, aquí no se aplica. Evidentemente, éstos tampoco se consiguen en mi país…

  4. Humildemente te comento, Juan de Dios, que aquí, en esta latitud donde resido padecemos de ese mismo “mal” que tú mencionas. Me he sentido tan avergonzada, y aún lo estoy, por los funestos calificativos que aquellos que dicen representarnos -desde el mundo de la política-, envilecen y empobrecen esa imagen que pretenden tener y, créase o no, de la que se jactan.
    ¿¿Cuál es ese protocolo que su función les marca que respeten ?? Cuánta contradicción!! Esa condición “sine qua non” de poseer ciertos filtros, como tú dices, aquí no se aplica. Evidentemente, éstos tampoco se consiguen en mi país…(Publicar éste, por favor !)

  5. Buenas noches
    Me sumo a vuestro asombro
    Sí, soy tan ingenuo, a pesar de mi edad, que todavía me asombro.
    Lo malo es que esas cosas, que como dice Grace suceden en todas las latitudes, nos llevan del asombro a la ignorancia, a las cavernas, a las sombras…
    Saludos

  6. La sociedad debe exigir otro «modelo» de políticos . Muchas gracias por vuestros comentarios y saludos muy cordiales desde Espańa.

  7. Yo creo, Juan de Dios, que lo que la sociedad debe exigir es otro «modelo» de personas, comenzando por los políticos, que deben dar ejemplo, y continuando por los periodistas y los magnates de los mass media, que se dejaron los escrúpulos en una esquina y no tienen ninguna intención de volver a buscarlos.
    Hemos descuidado demasiado las formas, la educación y los modales, demasiado entretenidos en otras ocupaciones más modernas y, sobre todo, más prácticas. Eso lo hemos trasladado a la educación de nuestros hijos y hemos creado una sociedad infraeducada, maleducada y sobreprotegida. Y así estamos…y, lo que es peor: lo que se avecina

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