Políticos y la prueba del algodón.

Hay un orden inalterable -imagen, credibilidad y prestigio- de necesario recorrido para poner en un escenario público a un actor que pretenda tener éxito. Las herramientas para conseguir el éxito quizá sean diferentes dependiendo del ámbito de actuación, pero la planificación estratégica – los pasos y el modo para llevarlo a  cabo- viene a ser la misma para una persona que para un producto de limpieza.

Para poner a alguien o lago en el candelero se comienza, como ya he comentado en otros artículos,  por crear una imagen del actor que no cambie en esencia sus valores personales y éticos. “Crear imagen” no significa más que hacer llegar al público los mejores atributos de un actor. Así pues, si el personaje no dispone de cualidades, lo que necesita no es un asesor de imagen sino un milagro. Es obvio, quien no tiene no puede dar. Otra cosa es aprender a hacer llegar al público esas virtudes. Sin duda, hay cualidades que no se aprenden -verbigracia honradez- y otras que sí pueden entrenarse hasta llegar a ser experto, como puede ser la capacidad de hablar con eficacia en público. Con una buena imagen se consiguen, a priori, más votantes o más compradores de una marca. El valor de la imagen es pasajero si no se definen líneas rectas de actuación y se llevan a término. Los clientes y votantes se acercan, en principio, a una marca o candidato por su imagen.

Tras la creación de la imagen se necesita un conocimiento más profundo del producto. El paso siguiente es generar credibilidad. La credibilidad necesita de un espacio temporal suficientemente prolongado para asentarse. Pasan años actuando de forma impecable hasta que un actor gana credibilidad ante su público. Para ser verosímil es necesario haber desarrollado un sexto sentido -séptimo si se es mujer (el sexto ya lo tienen)- que permita no meter la pata. Son necesarios cimientos éticos, tiempo, actitud  y compromiso para sacrificar tus deseos personales y hacer frente a imposiciones externas y múltiples tentaciones. Si se es creíble, el que votó a un candidato o el que compró un determinado producto por su imagen, seguirá haciéndolo porque dispone de una impresión positiva. Tanto la imagen como la credibilidad admiten interpretaciones. Es decir, mientras que a algunas personas un candidato o un producto les parece que es creíble, otras pensarán lo contrario. Imagen y credibilidad, creo yo, no pasan de ser sensaciones.

Caso diferente es el de la reputación, nivel de aceptación al que se accede tras superar varios ciclos de credibilidad o, lo que es lo mismo, después de haber puesto a prueba la honradez y validez del producto en muchas ocasiones. A la reputación se llega por la experiencia repetitivaA veces, ser reputado requiere decenas de años de madurez y exposición continua a diferentes pruebas de calidad o decencia, según se trate. Para la inmensa mayoría del público no cabe interpretación o duda sobre la idoneidad de la persona o producto cuando tiene reputación. Asísi hablamos de una marca de coches con reputación lo hacemos de Mercedes y si nos referimos a alguien con conducta intachable en España podríamos hacer mención a Vicente del Bosque.

En fin, algo de bueno tienen las crisis. Afloran, de pronto, los que no tenían más que imagen y quedan algunos que tuvieron credibilidad. Sin embargo, me temo que la prueba del algodón o, lo que es lo mismo, la prueba de la reputación, la pasan pocos. Con los dedos de una mano puedo contarlos……. y me sobran tres.

© Juan de Dios Orozco López

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10 comentarios

  1. Le agradezco mucho que me mencione Carmen. Lo fácil sería no hacerlo. Hay muchos que copian mis ideas literalmente y luego las emplean en sus “clases magistrales” universitarias como si suyas fueren. Los conozco porque hay mucha gente que ya me han informado de, al menos, seis casos.
    Por favor, siga tomando cuantas ideas desee y siga, también, haciendo gala de su impecable actitud.
    Con un afectuoso saludo.
    JDD Orozco.

  2. Sencilla gran forma de explicar conceptos que de tanto usarse, han perdido su significado real, o se les ha asignado otros que nada que ver.
    Gracias por compartir tu visión.

  3. Es un placer compartir mi visión y que estés “al otro lado del hilo”. Un fuerte abrazo.JDD Orozco.

  4. ¡Mil gracias, Juan de Dios!

    Te felicito por tus artículos y te animo a que continúes aunque creas que las musas te abandonan. En éste en particular vuelves a dar en el quid con tres conceptos fundamentales y otro más que me llama poderosísimamente la atención que se vuelva a retomar como es la ética.
    Me encantaría poder recordar el nombre de un periodista que el “El Gabinete” de Julia Otero, habló el pasado lunes de la hombría que antes se tenía muy en cuenta y la responsabilidad que cada acción, más si era equivocada, conllevaba.

    Recibe un afectuoso saludo.

    Ana Belén.

  5. Estimada Belén, un millón de gracias por tus cariñosas palabras. De los conceptos que he manejado en el artículo el más importante es el de la ética. De hecho, desde mi modesta perspectiva, no se alcanza la reputación si la ética no ha venido presidiendo los actos personales durante mucho tiempo.
    Un abrazo afectuoso.
    JDD Orozco.

  6. Un buen artículo que viene como anillo al dedo con la situación que estamos viviendo, mas allá del descrédito de los políticos, la situación no da para mucho mas, la imagen de país que estamos dando creo que nos perjudica seriamente de cara a inversores y a negocios internacionales, esto parece de las peores repúblicas bananeras en sus mejores tiempos. Los políticos ademas de honrados deben parecerlo, ser gente preparada y con experiencia probada profesionalmente, y no digamos de los idiomas, es una autentica vergüenza que en pleno siglo XXI siga siendo una asignatura pendiente, y para acabar hay que modificar la ley para que vaya mas allá de la pura y anecdótica responsabilidad política que es el máximo y estéril castigo al que se ven sometidos en casos contados, debe ser mucho más rápida y con responsabilidades penales, los políticos son nuestros representantes y administradores, y como tales debe ser un ejemplo y una referencia en todos los sentidos

  7. Gracias Juan por tu comentario que, sin duda, viene a enriquecer el artículo.
    Un saludo.
    JDD Orozco.

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