“Cuando veo el color de su corbata, lloro por mi país”

Las musas me han abandonado, “estarán de vacaciones”. No se me ocurre qué escribir. Bueno sí, ahora acabo de leer una noticia. Lo intentaré….

Los republicanos norteamericanos no saben qué hacer o qué decir para atacar a Obama. abc.es publica hoy un artículo en el que se hace mención al grado de indignación de los Republicanos de los EE.UU porque su presidente utiliza corbatas de color azul.

Como sabes, yo sostengo que la elección del color es importante para conformar la imagen de un dirigente político o empresarial. Me gusta, aunque muchos de vosotros disentís de mis predilecciones, que el color predominante de la “marca comercial”, esté presente en la “marca personal” de quien representa una empresa o institución.

Ya he escrito sobre ello en mi anterior post, en el que sugería que Rajoy no debería aparecer en el debate con la corbata roja -casi negra- de sus carteles sino con la corbata azul PP. Por cierto, también apareció Rubalcaba con corbata azulona. Bien, por encima de gustos y pareceres – por cierto, lo que hago aquí es expresar mi parecer y no “sentar cátedra”- el color azul es bueno para la luz, en especial la artificial. Con independencia de ello, combina perfectamente con los colores “patrón” de traje de políticos (gris, azul marino) y contrasta, también, con las camisas que marca el mismo canon de imagen (lisas, celeste, blanca, blanco roto). Me atrevo a sugerir que el político que no se ajuste a estos cánones de indumentaria no será reconocido como tal,  al menos en occidente. La indumentaria genera credibilidad y en occidente o te vistes así o no eres político de mayorías. Siempre hay una excepción a la regla que quizá conozcas tú. Yo, en este momento, no recuerdo.

Esto de la indumentaria y los colores no tiene importancia o, al menos, eso dicen los eruditos. Lo realmente importante es el fondo, las capacidades, la preparación, el mérito…. Sin embargo, no recuerdo unas elecciones españolas en las que se hablara más de indumentaria, de colores, de lo que representan, de las interpretaciones de anudar al cuello esta o aquella corbata.

Llevado lo anterior al extremo, en el artículo que cito al principio,  se recuerdan las palabras del presidente de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos de Norteamérica al referirse al color de la corbata de Obama: «Es un acto de discriminación contra todos los que queremos llegar a entendernos con él. Cuando veo el color de su corbata, lloro por mi país».

Sinceramente, no creo que sea para tanto. Yo sólo recuerdo haber llorado (de risa) al ver a mi amigo Juan de Sevilla con un traje verde y zapatos camisa y corbata blancos. Me decía: “Güandedió no se deque coo…. te ríe ¿tu no dise qe ay qe ir vestio corporatibo?……pos yo soy derbeti!!!

También me río, ahora, porque definitivamente las musas están de vacaciones……

© Juan de Dios Orozco López

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1 comentario

  1. Ya sabes, Juan, que yo disiento en este asunto de las “corbatas corporativas”, aunque, por supuesto, considero que la imagen que cada quien proyecta al exterior es muy importante.

    Al leer el título de tu artículo he pensado que quien fuera el político de marras llevaría la corbata negra, que esa sí será para llorar por algún tercero.

    Me parece que los estadounidenses, el país donde todo es marketing -qué pena- son unos exagerados. Un político bien vestido, que apenas los hay, debería dar credibilidad por su propia personalidad y espresar esta, junto con las recomendaciones de un buen asesor -que ya se ve que la mayoría no los tienen-. La imagen es la primera impresión que se tiene de una persona, pero ¿hasta dónde es tan errónea que pueda tapar el discurso que hay detrás?

    Un abrazo y feliz sábado.

    P.D. Tu amigo Güan de Zevilla es muy coherente con su equipo. Olé.

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