Tradiciones, costumbres y negocios.

«Es que aquí es tradición tirar a los que no son del pueblo al pilón» me dijo alguien en algún lugar de La Mancha, a lo que yo respondí: «pues hoy se ha acabado esa tradición en el pueblo» y, al parecer,  lo conseguí. Mi novia, hoy esposa, estaba blanca porque no sólo se temía que me tiraran al pilón sino algo peor. Pero yo debía imponer mucho hace casi 25 años. Las tradiciones que son buenas y no dañan a los demás  tienen que mantenerse. Hay otro tipo de tradiciones que son imperecederas y que pertenecen a la historia. Las tradiciones se pueden borrar pero la historia no, aunque lo ya acontecido no nos guste. Esto de las tradiciones es un camino de ida y vuelta, así que es necesario respetar para poder exigir respeto.

El problema surge cuando, tratando de ser respetuoso, a veces se imponen las costumbres que interesan a los demás con mensocabo de las tuyas. Vamos, que se utiliza la tradición para pasarse una güasa. Un ejemplo: Un amigo me comentó que, en un viaje profesional,  al ser recibido durante un «ice break» en Holanda se vió obligado a tragar un arenque de 15 cm crudo porque era la tradición. Je,je ¡qué divertido!. Yo le recomendé que «pabrutos» nosotros y que cuando los holandeses viniesen a España los tirara desde un campanario – al igual que se hace o hacía con una cabra en un pueblo de España que no recuerdo- para respetar una  tradición ancestral española. Así, los dos serían igual de graciosos……. claro que los holandeses no iban a poder contarlo. Afortunadamente para los holandeses, mi propuesta no vió la luz y a cambio se les recibió aquí en España con jamón dejabugo 5J, langostinos de Sanlucar y un reserva de Ribera del Duero que hacía perder el sentido. Es que nosotros somos así de «salaos».

Los guiris se aprovechan de nuestra buena voluntad. El carácter del español – me atrevo a ampliar a todos los latinos- es reconocido en todo el mundo por su adaptabilidad a cualquier situación. Nuestro espíritu abierto y desinteresado hace que siempre estemos contrarrestando el peso de las fricciones que otros crean. Doy fe de ello. Ellos se gritan, llegamos nosotros arreglándolo todo y si hay algún marrón pues para el «brown eater» español. En resumidas cuentas, cuando nosotros interactuamos con personas de otras culturas en sus países nos adaptamos, casi por convicción, a sus tradiciones; y cuando vienen a España…………… pues también nos adaptamos a ellas. Así somos nosotros. Por eso, las relaciones y los negocios internacionales se nos dan tan bien. Nos comemos el marrón – el marrón glasé se lo comen ellos- y todos contentos.

Pero las perspectivas social y de los negocios son diferentes. Socialmente, yo invito a mi casa a quien quiero y, o se adapta a mi modo de vida o «a tomá polculo la bisicreta» que diría mi amigo Juan de Sevilla. Si hablamos de negocios, el primer condicionamiento es el económico. Por eso -seas español o no- si quieres hacer negocios, o te adaptas a tu cliente (aquí en España, y allí en su país) o estás perdido. Esto es lo que hay.

¿ Existen límites al respeto por las tradicones usos y costumbres de los otros? ¿ Dónde finaliza el respeto por los demás y comienza la estupidez propia?. ¿Depende de la cantidad de negocio?. ¿Es importante caer bien a nuestros clientes?.

Ahí queda eso amigos.

© Juan de Dios Orozco López

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