La mala educación y la política.

Como en anteriores ocasiones he comentado, una de las características de la mala educación es expresar, en todo momento y ante cualquier persona, lo que uno piensa sin tener en cuenta si nuestras palabras insultan a los presentes. Pero el colmo de la mala educación es manifestar público menosprecio a los que nos acompañan, muy especialmente si ese desprecio manifiesto se produce en la casa a la que acudimos como invitados y el “insulto” se refiere directamente a nuestros anfitriones. Por poner un ejemplo: Imagina que invitas a una persona a tu casa, le ofreces toda clase de atenciones y, de pronto, tu invitado se levanta y dice en voz alta al resto de los invitados que otro amigo de ambos tiene mejor vino y es más divertido de lo que tu jamás pudieras llegar ni a soñar.

Esto es lo que le ha ocurrido con Jaime Lissabetsky y su anuncio de respaldo a la candidatura de Trinidad Jiménez en la sede del Partido Socialista Madrileño, del que es Secretario Tomás Gómez.  “Yo voy a votar a Trinidad Jiménez; es la socialista con más posibilidades de ganar a la derecha. Trini es la mejor para ganar a Esperanza Aguirre”, ha manifestado en presencia de Gómez, el Secretario de Estado de Deporte. Le ha faltado redondear su afirmación con un “…………y no eres más tonto porque no tienes entrenador personal, Tomasín”.

El anuncio “en los morros” o “face to face” – según lo digan mi amigo Güan de Sevilla o Carmen Lomana- de Lissavetsky, da muestras del poco respeto hacia la persona de Gómez  y,  más allá del mundo de los gestos, pone de manifiesto una detallada y planificada estrategia para desacreditarlo y debilitar su ya perjudicada imagen.

Desde el punto de vista de la comunicación y el marketing político, a  mi no me parece que esta actitud de Lissabetsky  y Trini les sea beneficiosa ni que ayude a proyectar una imagen positiva de ellos. La sociedad y los votantes tienden a identificarse con los más débiles y, en este caso, su actitud soberbia podría traerle malas consecuencias a este “tándem político madrileño”.

Frente a la sonrisa estudiada y perfecta de Trinidad Jiménez,  la actitud de sinceridad de Lissabetsky y el posado cocacolero de ambos en la terraza de Madrid, Tomás Gómez asume el papel del que se lleva más palos que una estera y que tiene que luchar contra “el poder establecido”. Pero a veces ese “poder” se trunca en debilidad. Para muestra un botón: el Presidente Zapatero ganó a Bono, que pertenecía al stablishment. Supongo que parte de la estrategia a seguir por Tomás Gómez tendrá en cuenta el dotar de frescura , sangre nueva y juventud a las instituciones madrileñas.

Para volver a las “formas” y la comunicación te dejo esta fotografía, extraída de El Mundo en su edición digital, que podría ser interpretada como  fuera de contexto pero que me parece muy explícita de la situación que viven estos políticos. La lectura es fácil: Tomás Gómez tiende la mano, mientras que Lissavetsky le da la espalda.

Tomás Gómez intentando saludar a Jaime Lissabetsky
Tomás Gómez intenta saludar a Lissabetsky

Ya no se guardan las formas ni entre los miembros del propio partido, así que cabe esperar -como siempre- una retaila de insultos entre los de partidos contrarios cuando comience la campaña.  Bueno, pues ya veremos.

© Juan de Dios Orozco López

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