Elegancia y sencillez.

Ser elegante es una actitud personal. Alguien puede pensar que la elegancia es cuestión de estilismo, de moda, de indumentaria de diseño. Pero yo creo que, además de cualidades innatas, la elegancia se adquiere con la experiencia y la formación.

Para las revistas rosa son elegantes quienes, con una cuidada imagen, indumentaria de modista a la moda y sonrisa profidén de diseño, aparecen en sus páginas, previo pago, anunciando solerías. Podrían ser algunos de los que están pero, desde luego, no son todos.

Con la elegancia se nace (a veces) pero también se puede hacer a un hombre o mujer elegante. Dejando de un lado las cualidades genéticas, la formación y la intención son indispensables para ser y resultar elegantes. Así, por ejemplo,  nos sorprenden supuestas damas elegantes con frases como «dejarse la piel en el pellejo» o «estar siempre en el candelabro» . ¡Qué chasco!. Vaya sorpresa cuando a un/a supuesta persona elegante la oímos hablar. Otros son «iconos de la elegancia» porque llevan en el bolsillo de la americana pañuelos de extravagante  fantasía. Además de supuestos elegantes son, también, expertos en protocolo por el hecho de haber nacido en una familia pudiente y conducir “yagüar” con tapicerías de piel y cambio automático.

Viva la diferencia
Viva la diferencia

Sostengo que para ser elegante es necesario ser sencillo, que no simple. Quien es simple sólo puede escoger de una sola opción. Su formación no da para más. Quien se preocupa y ocupa en ser sencillo,  y tiene la capacidad y posibilidad de escoger de entre varias opciones, escoge la más sencilla por resultar ser más elegante. La posibilidad de elegir la ofrece la cultura y la formación. La elegancia, más que estética, es ética y cultura.

Por otro lado, desde el punto de vista de las formas, me parece más elegante aquel que destaca por la sobriedad en el vestir, por la parquedad en el gesto y el cuidado de su verbo.

Hay un último aspecto relacionado con la elegancia. Es el respeto.

Creo que la persona elegante no nace. Más bien se hace.

© Juan de Dios Orozco López

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