De todo hay en el viña del Señor.

Lo que yo te diga. Seguimos siendo la vanguardia de las malas formas. Mientras que unos pretenden investir de la autoridad perdida a los profesores -léase Esperanza Aguirre-, otros no dan importancia a que un trabajador llame «hijo de puta» a su jefe. Que sí, hombre, que es verdad. Esto último ha pasado en Cataluña y lo que más me sorprende es que un juez haya dado la razón al trabajador. Al parecer el trabajador calificó así a su jefe pero fue debido a un acaloramiento ¿eh? ya se sabe… una conversación subida de tono, los nervios se disparan y , de pronto, el insulto. Después queremos que los niños respeten a sus profesores y, cómo no, que los profesores sean eficaces educadores de hijos imitadores de padres cuya mejor cualidad es su «supergrito hiperhuracanado».

Un padre insulta a una directora de colegio y afirma que matará al jefe de estudios por regañar a su hijo de siete años. Hemos pasado de la «mano dura»  de Don Mariano a acordarnos de la madre de «marianillo», el del colegio.

Insulto
Insulto

Y el colmo de los colmos ha sido el insulto del Concejal de Cultura de Mahón, don Joan Carles Villalonga, que ha ofendido públicamente  a S.A.R Doña Elena llamándola «puta bergantona». ¡Guau qué valiente y osado!, ¡Qué moderno! ,¡Qué risa!, ¡Pero qué payaso! y ¡ Qué borrego! y ¡Qué cobarde!. Parafraseando a Arturo Pérez Reverte, a este tipo le debería de costar su insulto “un cojón” -que significa caro o costoso- porque el no tiene “dos cojones” -que significa valentía- para insultar a la cara a Doña Elena. Por eso me importan “tres cojones” – que significa desprecio- su acochinada actitud.

He podido leer por ahí que, o lo han nombrado o van a hacerlo «Director General de Juventud insular».  Si esto es cierto, creo que nos va a hacer falta algo más fuerte que la Educación para la Ciudadanía. Claro que yo me considero de la otra ciudadanía, la respetuosa con esa ciudadanía. Pero todo tiene su límite. El respeto debería exigirse en los dos sentidos: hacia ellos y desde ellos.

Madre mía ¡qué país!, ¡qué época! y ¡qué panda de desgarramantas tenemos para administrar nuestros impuestos y el futuro de nuestros hijos!.

En fin, de todo hay en la viña del Señor.

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