Errores de protocolo y vudú intercultural.

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Alguno anda por ahí creyendo que un error de protocolo es ponerse una americana amarilla para asistir a una recepción en una embajada. Pero eso es tener mal gusto.

Otros piensan aún que un error protocolario es sorber la sopa, pero eso es una falta de urbanidad en occidente y no en algunos países africanos, por ejemplo.

Incluso algunos políticos consideran que hacer protocolo es gastar ingentes cantidades de dinero en comer, beber y viajar a costa de los contribuyentes.

Para justificar errores, ahora se aminoran los gastos que ellos consideran de  protocolo y que no son más que gastos de representación. Han sabido desviar la atención y venden esa reducción de gastos como un logro social, una meta que se ha alcanzado por su buena gestión. Pero ni las comidas, ni los viajes, ni los gastos en regalos institucionales ni los coches de lujo son gastos de protocolo, término que ellos han escogido para justificar el derroche de antes e impulsar su buena imagen ahora..

Más les valdría invertir en protocolo y dejar a un lado la soberbia que les nubla el juicio y les hace cometer fallos como el ocurrido a la Ministra de Transporte Británica cuando regaló un reloj al Alcalde Taipei. Es interesante observar las declaraciones de la Ministra al enterarse que, con ese magnífico regalo, poco menos que estaba deseando la muerte al Alcalde. No es menos significativa la declaración del Alcalde de Taipei que afirmó que no necesitaba el reloj y que se lo daría a alguien, lo llevaría a un chatarrero o lo vendería al peso. Muy contento. El Alcalde de Taipei estaba feliz como una perdiz.

Nunca pasa nada, pero poniéndome en el papel de uno y otra creo que se pueden destacar las siguientes ideas:

  1. La Ministra no da valor al protocolo porque no se ha rodeado de un experto que le indicara algo tan básico como que regalar un reloj a un chino es lo mismo que ofrecer unos garbanzos con chorizo, morro y panceta de cerdo ibérico a un musulmán. La intención puede ser buena pero el resultado será nefasto.
  2. Si la Ministra da valor al protocolo, el Jefe de Protocolo de su ministerio debiera permanecer en su puesto el mismo tiempo que un caramelo en la puerta de un colegio. Es decir: cese fulminante.
  3. Al Alcalde de Taipei no le ha gustado nada el regalo. En privado puede que esté pensando lo que en otras culturas podrían identificar con vudú, magia negra….. o desactivación de chancras. De hecho, la declaración del Alcalde sobre lo que va a hacer con el reloj es muy elocuente.

    Lo que la Ministra británica ha regalado al Alcalde de Taipei puede ser interpretado como vudú o magia negra en otras culturas.

  4. Lo que para un occidental no tiene la menor importancia, para un oriental puede ser decisivo a la hora de tomar decisiones. Lo anterior se da, también, en sentido contrario. De hecho la contestación del Alcalde también se puede interpretar como muy poco protocolaria.
  5. Todo tipo de relación, sea diplomática, comercial, empresarial o política -lo he dicho muchas veces- comienza por un acercamiento personal y costará mucho que esta relación, que no ha comenzado bien en lo personal, tenga resultados positivos en un tiempo razonable. Quizá sea necesario reconstruir la relación personal para comenzar la relación comercial o política.
  6. Lo mejor es que la Ministra aprenda algo de protocolo o que se rodee de algún experto. Me permito recomendarle los muchos que en España hay y que lo harían de maravilla.
  7. Si eres de Albacete o Toledo no regales una espada, una navaja o unas tijeras a un chino. Son muy bonitas y típicas pero a ellos les recuerda a la muerte.

Pues eso: Menos samba y más protocolo.

© Juan de Dios Orozco López

Protocolo para la vida

Artículo original en página de International Butler School

Tenemos que explicarlo y mucho. Quienes se aproximan al Protocolo deben tenerlo muy claro y quienes hablan de el, mucho más. El Protocolo sirve para convivir, para la relación con los demás y para ejercer una profesión. Sin esas básicas normas de convivencia no existiríamos como civilización. Una sociedad avanza en tanto que es capaz de dotarse de normas,  acatarlas libremente y renunciar a parte de deseos, gustos e incluso libertades individuales. En este caso hablamos de normas para convivir, para socializar y, por supuesto, para hacer negocios y relacionarnos con personas de otras culturas.

Quienes mantienen que el Protocolo les distingue del resto y lo usan para acentuar esa diferencia demuestran una tremenda estrechez de miras, un absoluto desprecio por la realidad en la que vivimos y un inequívoco intento de encumbrarse a espacios para los que no están preparados, que no les corresponden y que tampoco merecen.

No es más protocolario quien más se hace ver, sino quien destaca por su discreción. No es más elegante quien gasta más en ropa o conduce un deportivo, sino quien es capaz de ser aceptado en diferentes grupos sociales por su naturalidad, respeto y asunción de las normas que rigen los procesos sociales. No es más protocolario el que mejor come, declama, toca el piano o se viste de alta costura, sino quien no necesita de aditamentos para destilar excelencia. No es, en fin, más educado y moderno quien siempre dice lo que piensa, sino quien solo dice lo que es apropiado de forma comedida.

Pues esto es lo que necesitamos. Necesitamos normas que nos hagan mirar y ser observados en positivo. Necesitamos un Protocolo cercano, respetuoso con las creencias, afectuoso con las personas y que no se note. Lo necesitamos ya, en la escuela. Necesitamos un Protocolo que no exista y que no se vea porque sea practicado con naturalidad y cotidianeidad.

En realidad aunque algunos piensen lo contrario necesitamos al Protocolo y lo necesitamos para la vida.

En nuestro proyecto del IBS, tendremos en cuenta todo lo anterior para que nuestros servicios siempre se vean respaldados por la elegancia, discreción, lealtad, excelencia y el  Protocolo.

© Juan de Dios Orozco López

Director de International Butler School

10 ideas sobre moda y códigos de indumentaria.

Como ya sabes el día 14 de enero pronuncié la última de las conferencias que fueron dictadas en el Museo Thyssen, con ocasión de la maravillosa exposición que sobre Hubert de Givenchy se ha llevado a cabo. Mi amiga y colega María de la Serna ha hecho una crónica excelente de lo que acontenció en ese día y reconozco que su delicadeza, a la que acompaña el conocimiento, me ha permitido valorar aun más la calidad de todo lo que en ese día se dijo y que yo, por obligaciones profesionales, me perdí.

En la jornada, con el título “El Espíritu de Givenchy”, me precedieron distinguidos periodistas y expertos en diferentes materias relacionadas con la moda, la innovación y el arte. Mi ignorancia es grande sobre algunos de los temas que se trataron y admito que jamás hubiera podido imaginar que de un perfume, una película, una pintura o un tejido se pudieran enumerar y describir tantas y tan interesantes cualidades, atributos, particularidades, adjetivos, calidades, rasgos, características…. Resulta fascinante aprender cuando un experto desmenuza, hasta llegar a sensibilidades microscópicas, la materia de su exposición oral y visual. Estoy de acuerdo tanto con María de la Serna como con María José Canser en que estar en el Thyssen y oír a quienes hablaron allí mereció la pena.

Fui el único ponente que no estaba ligado a la moda directa o indirectamente y espero, con absoluta modestia, haber contribuido al éxito de la jormada aportando un punto de vista diferente como lo es el del protocolo.

Mucho me temo que tendré que dar la razón a Monsieur Hubert de Givenchy cuando afirma que ya no existe la elegancia. Los vestidos pueden ser lujosos, exquisitos y maravillosos pero quienes los llevan no disponen de la elegancia conductual que permite lucir un diseño con la distinción que lo hacia Audrey Hepburn.

Por si fuera de tu interés, te dejo las “ideas fuerza” de mi conferencia y algunas fotografías que por su impacto visual resultan muy ilustratuivas. Siento no tener la facilidad de describir con letras cuanto en el Museo Thyssen dije.

Sólo 10 ideas que creo que merece la pena resaltar:

  1. La moda es un término ligado a la industria y a la empresa.
  2. Moda no es sinónimo de elegancia.

    Marc Jacobs se presentó de esta guisa en un acto donde se pedía acudir con esmoquin. A mi mode de ver, es una falta de respeto para los invitados y el anfitrión.

    Marc Jacobs se presentó de esta guisa en un acto donde se pedía acudir con esmoquin. A mi modo de ver, es una falta de respeto para los invitados y el anfitrión.

  3. La moda es efímera, pasajera y adopta múltiples formas, significados e intenciones.
  4. El punto de desencuentro principal entre la moda y los códigos de indumentaria está en que mientras que aquella es pasajera, estos -como cualquier otro código- pretenden perdurar.
  5. El protocolo es el exponente máximo de la codificación de normas para la convivencia. Los códigos de indumentaria se ven influenciados por las normas de protocolo.
  6. La elegancia va más allá de la mera apariencia y se podría resumir como el cóctel de actitudes y convicciones personales que exterioriza una persona para agradar a los demás.

    Hubert de Givenchy y udey Heobun

    Hubert de Givenchy y Audrey Hepburn representan el binomio y la simbiosis perfecta entre una mujer de gran elegancia conductual y un escultor de vestidos.

  7. Los códigos de indumentaria tienen la doble finalidad de comunicar y establecer normas para la integración social en determinados contextos.

    Evo Morales codificó su indumentaria de manera que todo el mundo entendiera su procedencia de la clase trabajadora.

    Evo Morales codificó su indumentaria de manera que todo el mundo entendiera su procedencia de la clase trabajadora.

  8. Entre los elementos que codifican la indumentaria podemos citar desde las prendas de cabeza a los lagos de la ropa, pasando por la presencia de complementos como joyas y condecoraciones o la forma, tamaño y color de las corbatas cuando están presentes.

    Un sofisticado tocado, como el que luce Audrey Hepburn, contiene una información codificada que la mayoría e los observadores puedn decodificar para entender.

    Un sofisticado tocado, como el que luce Audrey Hepburn, contiene una información codificada que la mayoría de los observadores pueden decodificar para entender. Desde luego , con este tipo de prenda no se va al mercado.

  9. Siempre tenemos presente -de forma consciente o inconsciente- que para vestirnos tenemos en consideración el lugar donde vamos a desarrollar una acción, la hora del día, las personas con las que nos vamos a relacionar, el tiempo atmosférico y si la actividad es social o profesional.
  10. La codificación de la indumentaria siempre está presente en nuestras vidas y tiene por finalidad, entre otros, generar credibilidad, proporcionar coherencia, servir de impulso publicitario o propagandístico y manifestar la personalidad.

Espero que te sirva y que algo te quede claro.

 © Juan de Dios Orozco López

Códigos de indumentaria

Lo hemos vuelto a ver hace unos días en la visita que Angelina Jolie ha hecho a S.S El Papa Francisco. De negro riguroso, porque no es reina y creo que tampoco es católica. Le faltó, creo yo, cubrir su cabeza pero, dadas las circunstancias, acertó y aceptó los códigos de indumentaria que la tradición sugiere adoptar.

Los códigos de indumentaria tienen, al menos una doble función. Por un lado determinan las normas de vestimenta que se deben cumplir en determinadas ocasiones y, por otro, tienen una función comunicativa que puede ser utilizada a favor del que utiliza un determinado atuendo y en contra del que lo observa, entre otros.

No solo en el Vaticano son recomendables determinados códigos de indumentaria sino en muchos otros lugares y momentos en los que la presencia de personalidades, la ejecución de determinadas responsabilidades -sociales, profesionales, políticas o diplomáticas-  recomiendan, cuando no exigen, cumplir con determinadas reglas.

Conocer los códigos de indumentaria es algo similar a hablar un idioma en el que, como traductores, ejercemos los profesionales del mundo del protocolo y la imagen pública. Si no conoces la gramática y la fonética difícilmente podrás expresarte correctamente y, lo que es peor, será imposible que los demás te entiendan o entiendan algo diferente a lo que tu quieres decir. La función comunicativa de la indumentaria se ve reflejada en numerosos casos en los que el incumplimiento de los códigos se lleva a cabo bien por desconocimiento de los mismos o bien para manifestar implícitamente el rechazo a algo. Tan importante es cumplir con los códigos de indumentaria que, por ejemplo, se establecen patrones para el ejercicio de determinadas funciones. Este ha sido el caso de Obama vistiendo con un traje claro cuando lo esperado, correcto, coherente y creíble para el ejercicio de altas responsabilidades, indica que la indumentaria para el hombre debe ser oscura.

Obama no acertó en la elección de su traje claro

Obama no acertó en la elección de su traje claro

En la época de George Bush Jr, se prohibió también, vestir chanclas -flip flop- cuando se visitara la Casa Blanca y al Presidente.

Esta fotografía provocó que George Bush prohibiera visitar la Casa Blanca con chanclas.

Esta fotografía provocó que George Bush prohibiera visitar la Casa Blanca con chanclas.

Otras han acertado cumpliendo con los códigos establecidos.

Dolores Cospedal y la Vicepresidenta Santamaría asistieron correctísimas al acto celebrado en el Vaticano. De negro, por estar en presencia de Su Santidad. Con la cabeza cubierta y de manga larga.

Dolores Cospedal y la Vicepresidenta Santamaría asistieron correctísimas a un acto celebrado en el Vaticano. De negro, por estar en presencia de Su Santidad, con la cabeza cubierta y de manga larga.

De todo ello hablaré en la Jornada sobre Hubert de Givenchy el miércoles día 14 de enero en el Museo Thyssen de Madrid. En la página de inicio de este blog hay un enlace, por si te interesa.

¿Tu crees que los códigos de indumentaria tienen importancia? A mi me parece que son necesarios y útiles.

© Juan de Dios Orozco López

Me llena de orgullo y satisfacción.

No te preocupes. No voy a felicitarte de nuevo por la Navidad. Pero, prepárate porque yo también voy a comentar El discurso del Rey.

Fíjate que a mi me parece que, en su conjunto, no ha habido nada nuevo. Bueno, yo creo que el lugar desde el que habla el Rey es uno de los pocos cambios que se han llevado a cabo. En esta ocasión ha hablado desde un rincón de algún lugar del Palacio de la Zarzuela que se asemeja, en lujo, al salón de muchos de los españolitos de a pié. Algunos hubieran querido que la acción se desarrollara en la cocina, mientras que S.M contribuía a los quehaceres domésticos. Ello hubiera contentado a las feministas. Quizá hubiera sido buena idea, también, que S.M. hubiera ofrecido parte de sus palabras mientras sembraba zanahorias en un huerto totalmente ecológico. Ello hubiera contribuido a hacer más felices a los defensores de la comida sana y también, como no, a los cocineros Ferran Adrià o Juan Mari Arzak que andarán desolados porque el discurso no ha respondido a sus expectativas. Contentar a todos es muy difícil y hasta mi amigo Juan de Sevilla me ha confesado: “Güandedió, Zumaestá no a ablao de los porborones de Antequera y ezo é mui hinportante pa llebá a cavo la Nabidá” Y tiene mucha razón, no hay Navidad sin polvorones ni desayuno sin molletes de mi tierra.

Y hablando de comida, no se qué me produce más empacho si el capón y el tinto de anoche o la “retaila” de obviedades, “opiniones expertas” y comentarios que he escuchado y leído sobre lo que será, es y ha sido El discurso del Rey. Y es que, cuando todo el mundo habla y conjetura sobre lo que el Rey va a decir, la puesta en escena, la expresividad, las ideas fuerza y los mensajes subliminales de la mula y el buey, ya no queda lugar a la imaginación ni la interpretación. Estaba todo dicho antes que el Rey lo verbalizara. Este “trascendental” discurso suele escribirlo el Rey, aunque supongo -no lo se- que está debidamente asesorado. Pero ahora resulta que El mensaje del Rey ha sido elaborado por expertos en fotogenia, telegenia, oratoria, comunicación no verbal, interioristas, exterioristas y toda una caterva de “istas” incluidos los periodistas y los protocolistas. Unos han acertado por lo obvio de sus comentarios. Otros, muy seguros de sí mismos, se han estrellado. Yo no he tenido mucho tiempo de escribir sobre ello y amparado en esa carencia, no he opinado hasta hoy sobre el asunto. Diréis que ahora  es mucho más fácil opinar pero yo espero, siendo conciso, avivar el fuego.

  1. A mi lo que me parece es que uno de los pocos comentarios acertados y genuinos han sido los de mi amigo @JulioPanizo. Echa un vistazo a su twitter y verás que no me equivoco. Dando por excelentes y buenas algunas de las apreciaciones de otros expertos, reconozco que la mayoría de lo escrito y dicho sobre El discurso del Rey es meramente descriptivo y no aporta nada.
  2. En mi modesta opinión, el Rey ha dicho lo que tenía que decir en el modo en que lo debía decir. Exactamente igual que lo ha venido haciendo su padre. En esa puesta en escena permanece el Portal de Belén  -no es necesario recordar lo que estamos celebrando- ; sigue estando presente la Bandera de España -no hay que extraer falsas conclusiones de la ausencia de la Bandera de Europa- y siguen las fotografías que destacan momentos o personas importantes en la vida del Rey, que dejan bien claro quien está dentro y fuera de la Familia Real. Continúa, también, la forma suave de expresar ideas que otros dirían con más vehemencia. Por lo tanto, nada nuevo. Y no podría ser de otro modo porque las altas instituciones -en este caso la Monarquía de España- necesitan de la tradición adaptable al momento y no inmovilista para hacerlas válidas, creíbles y perdurables. Una ruptura drástica con las formas o el fondo del Reinado de D. Juan Carlos resultaría inconveniente e incoherente. Ya se que algunos pretenden que la ruptura con el pasado sea la solución del futuro pero a mi me parece que están equivocados. Cambios sí, pero suaves. Tanto llamamiento a la innovación, cualquiera que sea su procedencia, puede acarrear consecuencias poco deseables

Por todo lo anterior me regocija y alegra estar lleno de orgullo y satisfacción por lo que hace El Rey………..con la excepción de los movimientos de las manos.

Ah, y lo del principio de “No te preocupes. No voy a felicitarte de nuevo por la Navidad” era mentira. ¡FELIZ NAVIDAD!

© Juan de Dios Orozco López

Postgrado de protocolo en la Universidad de A Coruña.

Como viene aconteciendo desde hace cinco años, de la mano de la Doctora Olga Casal que brillantemente lo dirige, la Universidad de A Coruña convoca una nueva edición del curso Protocolo, Comunicación e Imagen Corporativa, que este año se convierte en un título propio de Especialista Universitario, reconocido con 25 créditos ECTS.

El curso, que es bonificable por la Fundación Tripartita, comenzará el 6 de marzo y se prolongará hasta el 13 de junio, los viernes por la tarde y sábados por la mañana. Me cabe el honor, como vengo haciendo desde la primera edición, de participar durante dos días en los que hablaré de protocolo internacional, marketing político y reuniones de alto nivel.

El programa lectivo está orientado al conocimiento de las herramientas de comunicación tanto en el ámbito personal como profesional. Los alumnos aprenderán cómo organizar un evento corporativo, cómo difundirlo a través de los medios de comunicación y redes sociales, y cómo aplicar la normativa relativa a los símbolos o las precedencias. Todo en clases magistrales impartidas por grandes profesionales que favorecerán la participación activa de los asistentes. El programa se completa con algunas clases prácticas y visitas a centros de interés.

Pueden incorporarse todos los interesados que cumplan los requisitos básicos para acceder a estudios universitarios. Si necesitas más información puedes preguntarle directamente a su directora aquí: olga.casal@yahoo.es, consultar su web en protocoloUDC.blogspot.com.

Alumnos y profesores Postgrado Protocolo UDC. Foto de Beatriz Císcar

Alumnos y profesores Postgrado Protocolo UDC. Año 2014. Foto de Beatriz Císcar

Carta abierta a Fernando Ramos.

Mi respetado profesor, querido amigo:

La boca hay que mantenerla abierta cuando es necesario y cerrada, para que no entren moscas, tantas veces como la ignorancia y la falta de razón sobrepasen al conocimiento y a  la verdad.

La razón, creo yo, puede ser subjetiva y estar ligada a los sentimientos pero la verdad es única, si es que está respaldada por los hechos. Como tu y yo atendemos a diferentes razones -tu eres razonablemente republicano y yo razonablemente monárquico- yo no contesto a ninguno de tus republicanos argumentos por temor a que lo intelectual de nuestras diferencias nos aleje en lo personal, aun cuando tus comentarios sobre la monarquía sean a veces gruesos.

Prefiero, entonces, tal y como tu haces, buscar los muchos lazos que nos unen antes que buscar las tijeras que los corte. Además de nuestro gusto por la buena comida y los buenos caldos nos unen, entre otros, el amor a España y el profundo respeto por sus Fuerzas Armadas. Los dos somos viejos soldados. Tú más que yo. Siento tener que dejar bien claro este extremo.

Pero todo esto, tu carta abierta y la mía, han surgido porque hace unos días, algunos medios se hicieron eco de una supuesta orden de S.M. La Reina Doña Letizia para impedir que se efectuaran toques de corneta en el Palacio de la Zarzuela. No me lo creí desde el principio pero preferí no opinar hasta tener más información que la proporcionada por periódicos de dudosa credibilidad a los que, de inmediato, sin más información, se sumaron numerosas personas con las que mantengo contacto en la red. Ni los periodistas dieron una información veraz ni los que se hicieron eco de forma soez, desmedida e ignorante acertaron en su crítica a Doña Letizia.

Antes de continuar quiero insistir en que a la esposa del Rey le corresponden legalmente el tratamiento de Majestad y la dignidad de Reina. Jamás, aún siendo yo monárquico convencido, me atrevería a calificar a la esposa del presidente de una república en la forma que algunos españoles han calificado a la esposa del Jefe de Estado. Esta actitud barriobajera de insultar a la Reina no demuestra más que una inmensa bajeza personal e intelectual. Por encima de ideologías, está el respeto al sentir y parecer de los demás, a la legalidad vigente y, en este caso, a España porque insultando a sus más altas instituciones nos hacemos un flaco favor. Quien no hace honor al respeto por la legalidad se descalifica a sí mismo.

Volviendo al asunto de nuestro intercambio epistolar,  el hecho cierto y demostrable es que ninguna de las personas que han efectuado comentarios en internet tiene la más remota idea de lo que en el Palacio de La Zarzuela acontece sobre localizaciones de mástiles, izados, arriados de bandera así como de procedimientos de seguridad. Incluyo a los periodistas cuyos interesados y desacertados artículos no hacen más que intentar socavar la imagen de la monarquía y de S.M. La Reina en particular, sin el respaldo de la verdad, faltando así a los más básicos principios deontológicos que debieran regir su actividad profesional.

Sin embargo, yo sí puedo hablar de ello porque he pasado cientos y quizá miles de horas en el Palacio de La Zarzuela y he mandado el pelotón que arría e iza la Bandera Nacional a que se hace mención muchas veces. En esas instalaciones y en la intimidad que proporciona el aislamiento por seguridad del que goza el Palacio de la Zarzuela he vivido muchísimas anécdotas. Todas ellas muy agradables y hasta entrañables. Ni una sola desagradable que esté relacionada con un miembro de la Familia Real. Puedo afirmar, por otro lado, porque lo he vivido en primera persona, que Doña Letizia es una persona cercana y afectuosa para con quienes más afecto necesitan y que sabe ocupar y defender su espacio con quien pretende invadir u ocupar un lugar que no le corresponde.

Los artículos que se han escrito tienen una única intención: Desprestigiar a La Corona con falsedades. Si pinchas aquí puedes leer una prueba. Yo podría desmontar una por una todas las afirmaciones que el periodista hace. Comenzaría, por ejemplo, por afirmar que la localización del mástil, ahora, está más cerca de la vivienda de SS.MM Los Reyes que antes. ¿Puede alguien rebatir esta afirmación? No hablo más por respeto, lealtad, decoro personal e imperativo profesional, pero afirmo con rotundidad que se han dicho no ya medias verdades sino absolutas mentiras. Por cierto que en los controles de seguridad se detiene, cuando es necesario, a la peluquera de la Reina y las altas autoridades de la Casa de S.M. El Rey. La Guardia Real sabe hacer muy bien su trabajo.

Dicho esto, querido Fernando, respetando tu acentuado carácter republicano y reconociendo que ambos haríamos lo necesario para defender a España, no me queda más remedio que volver a reiterarte que sigas el camino de la luz y te conviertas a la razón monárquica. Te acogeremos benignos en nuestro seno y lo celebraremos con marisco, empanada y vino. Bueno, en realidad, la celebración la podemos tener aunque no te conviertas en monárquico……..

Ten envío un fuerte y fraternal abrazo junto con mi respeto y consideración.

Juan de Dios Orozco López.