Postgrado de protocolo en la Universidad de A Coruña.

Como viene aconteciendo desde hace cinco años, de la mano de la Doctora Olga Casal que brillantemente lo dirige, la Universidad de A Coruña convoca una nueva edición del curso Protocolo, Comunicación e Imagen Corporativa, que este año se convierte en un título propio de Especialista Universitario, reconocido con 25 créditos ECTS.

El curso, que es bonificable por la Fundación Tripartita, comenzará el 6 de marzo y se prolongará hasta el 13 de junio, los viernes por la tarde y sábados por la mañana. Me cabe el honor, como vengo haciendo desde la primera edición, de participar durante dos días en los que hablaré de protocolo internacional, marketing político y reuniones de alto nivel.

El programa lectivo está orientado al conocimiento de las herramientas de comunicación tanto en el ámbito personal como profesional. Los alumnos aprenderán cómo organizar un evento corporativo, cómo difundirlo a través de los medios de comunicación y redes sociales, y cómo aplicar la normativa relativa a los símbolos o las precedencias. Todo en clases magistrales impartidas por grandes profesionales que favorecerán la participación activa de los asistentes. El programa se completa con algunas clases prácticas y visitas a centros de interés.

Pueden incorporarse todos los interesados que cumplan los requisitos básicos para acceder a estudios universitarios. Si necesitas más información puedes preguntarle directamente a su directora aquí: olga.casal@yahoo.es, consultar su web en protocoloUDC.blogspot.com.

Alumnos y profesores Postgrado Protocolo UDC. Foto de Beatriz Císcar

Alumnos y profesores Postgrado Protocolo UDC. Año 2014. Foto de Beatriz Císcar

Carta abierta a Fernando Ramos.

Mi respetado profesor, querido amigo:

La boca hay que mantenerla abierta cuando es necesario y cerrada, para que no entren moscas, tantas veces como la ignorancia y la falta de razón sobrepasen al conocimiento y a  la verdad.

La razón, creo yo, puede ser subjetiva y estar ligada a los sentimientos pero la verdad es única, si es que está respaldada por los hechos. Como tu y yo atendemos a diferentes razones -tu eres razonablemente republicano y yo razonablemente monárquico- yo no contesto a ninguno de tus republicanos argumentos por temor a que lo intelectual de nuestras diferencias nos aleje en lo personal, aun cuando tus comentarios sobre la monarquía sean a veces gruesos.

Prefiero, entonces, tal y como tu haces, buscar los muchos lazos que nos unen antes que buscar las tijeras que los corte. Además de nuestro gusto por la buena comida y los buenos caldos nos unen, entre otros, el amor a España y el profundo respeto por sus Fuerzas Armadas. Los dos somos viejos soldados. Tú más que yo. Siento tener que dejar bien claro este extremo.

Pero todo esto, tu carta abierta y la mía, han surgido porque hace unos días, algunos medios se hicieron eco de una supuesta orden de S.M. La Reina Doña Letizia para impedir que se efectuaran toques de corneta en el Palacio de la Zarzuela. No me lo creí desde el principio pero preferí no opinar hasta tener más información que la proporcionada por periódicos de dudosa credibilidad a los que, de inmediato, sin más información, se sumaron numerosas personas con las que mantengo contacto en la red. Ni los periodistas dieron una información veraz ni los que se hicieron eco de forma soez, desmedida e ignorante acertaron en su crítica a Doña Letizia.

Antes de continuar quiero insistir en que a la esposa del Rey le corresponden legalmente el tratamiento de Majestad y la dignidad de Reina. Jamás, aún siendo yo monárquico convencido, me atrevería a calificar a la esposa del presidente de una república en la forma que algunos españoles han calificado a la esposa del Jefe de Estado. Esta actitud barriobajera de insultar a la Reina no demuestra más que una inmensa bajeza personal e intelectual. Por encima de ideologías, está el respeto al sentir y parecer de los demás, a la legalidad vigente y, en este caso, a España porque insultando a sus más altas instituciones nos hacemos un flaco favor. Quien no hace honor al respeto por la legalidad se descalifica a sí mismo.

Volviendo al asunto de nuestro intercambio epistolar,  el hecho cierto y demostrable es que ninguna de las personas que han efectuado comentarios en internet tiene la más remota idea de lo que en el Palacio de La Zarzuela acontece sobre localizaciones de mástiles, izados, arriados de bandera así como de procedimientos de seguridad. Incluyo a los periodistas cuyos interesados y desacertados artículos no hacen más que intentar socavar la imagen de la monarquía y de S.M. La Reina en particular, sin el respaldo de la verdad, faltando así a los más básicos principios deontológicos que debieran regir su actividad profesional.

Sin embargo, yo sí puedo hablar de ello porque he pasado cientos y quizá miles de horas en el Palacio de La Zarzuela y he mandado el pelotón que arría e iza la Bandera Nacional a que se hace mención muchas veces. En esas instalaciones y en la intimidad que proporciona el aislamiento por seguridad del que goza el Palacio de la Zarzuela he vivido muchísimas anécdotas. Todas ellas muy agradables y hasta entrañables. Ni una sola desagradable que esté relacionada con un miembro de la Familia Real. Puedo afirmar, por otro lado, porque lo he vivido en primera persona, que Doña Letizia es una persona cercana y afectuosa para con quienes más afecto necesitan y que sabe ocupar y defender su espacio con quien pretende invadir u ocupar un lugar que no le corresponde.

Los artículos que se han escrito tienen una única intención: Desprestigiar a La Corona con falsedades. Si pinchas aquí puedes leer una prueba. Yo podría desmontar una por una todas las afirmaciones que el periodista hace. Comenzaría, por ejemplo, por afirmar que la localización del mástil, ahora, está más cerca de la vivienda de SS.MM Los Reyes que antes. ¿Puede alguien rebatir esta afirmación? No hablo más por respeto, lealtad, decoro personal e imperativo profesional, pero afirmo con rotundidad que se han dicho no ya medias verdades sino absolutas mentiras. Por cierto que en los controles de seguridad se detiene, cuando es necesario, a la peluquera de la Reina y las altas autoridades de la Casa de S.M. El Rey. La Guardia Real sabe hacer muy bien su trabajo.

Dicho esto, querido Fernando, respetando tu acentuado carácter republicano y reconociendo que ambos haríamos lo necesario para defender a España, no me queda más remedio que volver a reiterarte que sigas el camino de la luz y te conviertas a la razón monárquica. Te acogeremos benignos en nuestro seno y lo celebraremos con marisco, empanada y vino. Bueno, en realidad, la celebración la podemos tener aunque no te conviertas en monárquico……..

Ten envío un fuerte y fraternal abrazo junto con mi respeto y consideración.

Juan de Dios Orozco López.

 

 

La Duquesa merecía más.

Eso es lo que yo creo. Me parece que Doña Cayetana merecía mejor funeral. Y no me refiero a la actitud de la familia o a la compañía que Sevilla le ha ofrecido en su despedida.

La Duquesa de Alba ha sido una mujer muy querida.

La Duquesa de Alba ha sido una mujer muy querida.

Era una de la mayores fortunas de España y la persona con más títulos nobiliarios del mundo. Eso ya lo sabes. Pero no parece suficiente razón para tener la suerte de que, en nuestros días, los ricos te aprecien y los menos ricos y pobres te quieran como así ha ocurrido a Doña Cayetana. Sííííí, ya se lo duquesa pero yo prefiero escribir Duquesa. Simplemente me caía bien. Esta señora besaba con igual naturalidad a una mujer presa, que ejecutaba un plongeon -como gusta llamar a mi amigo Fernando Ramos a las genuflexiones- al Rey de España. Tan monárquica era y tan noble se sentía que cumplía estrictamente con los usos y costumbres que marcaban su condición de aristócrata. Tanto es así que, sin obligación legal para ello, solicitó la autorización a S.M. El Rey para casarse en sus tres matrimonios. Conciencia del deber histórico, respeto por la tradición y profundo sentido de la responsabilidad en apoyo a la monarquía española. Lo heredó, también, de su padre, un monárquico que se mantuvo al lado de Franco hasta que D. Juan, el abuelo de nuestro Rey, le pidió que se alejara de el.

A veces se puso el mundo por montera. Ella pudo hacerlo sin temor al qué dirán.

A veces se puso el mundo por montera.

En Sevilla la adoraban y la mayoría de los españoles la respetábamos. Por algo sería.

Pero yo quiero referirme hoy a su funeral y, más concretamente, a los aspectos formales que han rodeado el mismo. A ellos se han referido ya Manuel Dominguez, Juan Isern o Gerardo Correas, entre otros. Yo he visto algún vídeo y estoy de acuerdo con ellos en la mayoría de sus afirmaciones.

Lo de las azafatas -cuatro azafatas- a la puerta del Ayuntamiento de Sevilla tiene delito, como así se refieren en Sevilla a lo que está muy mal hecho. La empresa de eventos se ha lucido y,desde luego, llenará bien las alforjas porque individuos había a espuertas, pero ninguno de ellos tenía cometido alguno. Estos saben de eventos pero de funerales saben poquito, muy poquito…vamos que no saben ni por dónde les ha dado el aire.

Las azafatas, con sus pañuelos amarillos, no tenían claro si iban a la Feria de Sevilla o promocionaban una nueva línea de champú. LA toma es de Manuel Dominguez.

Las azafatas, con sus pañuelos amarillos, no tenían claro si iban a la Feria de Sevilla o promocionaban una nueva línea de champú. La toma del vídeo es de Manuel Domínguez.

No se qué pintaban las azafatas. Menos aún, con el pelo suelto cual anuncio de “champú panten” y unos pañuelos amarillos anudados al cuello que intuyo no gustarían a Doña Cayetana. A ella que tenía pasión por los toros, era del Betis y tenía carácter andaluz, el amarillo debería traerle mal fario. Con independencia de ello…¡hombre que es un funeral, no la Feria de Sevilla!

Tampoco entiendo qué pintaban las azafatas flanqueando los cojines sobres los que descansaban sus mas altas condecoraciones. A ello hay que añadir las coronas que fueron amontonadas en los asientos de atrás de coches particulares y precedieron el cortejo o la “jartá” de gente que se movía intentando organizar una desorganizada y poco elegante organización …….. Un completo desastre.

Mal. Muy mal. El pelo, los colores y un exceso de personas y protagonismo de quien no debería estar ahí. Esto no es protocolo, ni organizaci´´on ni mucho menos la elegancia que preside la vida de Sevilla

Mal. Muy mal. El pelo, los colores y un exceso de personas y protagonismo de quien no debería estar ahí. Esto no es protocolo, ni organización, ni mucho menos la elegancia que preside la vida de Sevilla. La toma es de Manuel Domínguez.

Para rematar la faena, hay que citar a los “expertos” que asisten a la televisión comentando lo que se les ocurre a ellos y no lo que realmente ocurre. Se han dicho verdaderas barbaridades del funeral celebrado en la Catedral de Sevilla . Entre otras:

1º Un funeral NO es un acto oficial. Es un acto religioso que fue presidido – como la mayoría de los actos religiosos católicos- por el sacerdote oficiante. En este caso, por Monseñor Amigo. La Infanta Doña Elena NO presidió nada. Acudió a un acto religioso para acompañar a una familia, en representación del Rey.

2º Si hubiese sido un acto oficial, la Infanta tampoco hubiese presidido nada. No obstante, si ella hubiera representado al Rey legalmente, le es de plena aplicación lo determinado en el art.9 del R.D. 2099/83. Aunque a muchos les pese.

3º Para hablar de protocolo en una ceremonia religiosa católica con profesionalidad y exactitud hay que saber de protocolo. La referencia espacial en una iglesia de culto católico no es la derecha o la izquierda sino “del lado de los Evangelios” o “del lado de la Epístola” y en relación a ellos, se distribuye a los asistentes. Es muy significativo que Doña Elena esté situada del lado de los Evangelios, donde se encuentra la familia de la Duquesa, y no del lado de las autoridades, donde se encuentran el Presidente del Senado y el Ministro de Defensa. Puedes echar un vistazo aquí.

Espero que a la empresa de eventos le vaya muy bien pero ojalá no la contraten más para actos de este tipo y deseo que, de una puñetera vez, solo los que saben de protocolo hablen de protocolo.

En fin, que se ha pretendido emular un entierro elegante y bien organizado con muy poco acierto. Ya lo dice mi amigo y gran filósofo autodidacta Juan de Sevilla: “Güandedió: musha leshe, pero ná de ná”

© Juan de Dios Orozco López

Los políticos no son buenos actores.

Obama masca chicle con nicotina en público y los chinos se enfadan. Está mal mascar chicle en público. Cosa diferente es masticarlo en el salón de tu casa. Allí, oculto a las vistas de todos, puedes rumiar cual vaca en un prado porque nadie te ve y las normas de protocolo las pones tu.

Obama se saca el chicle de la boca. La foto es del blog de Diana Rubio.

Obama se saca el chicle de la boca. La foto es del blog de Diana Rubio.

Putin cubre con una manta a la esposa del Presidente chino. Entonces, allí censuran las imágenes y en occidente poco más que acusan al presidente ruso de “tirarle los tejos” a la primera dama que, por cierto, es General del Ejército chino. Hay que tener valor…… Yo no le doy mucha importancia, pero es que a los chinos no les gustan este tipo de galanterías. Ellos son más de chupitos de licor de lagarto y de aplaudir a todo el que se mueve, inclinando la cabeza, mientras dejan correr el aire entre las personas. Es lo que hay, y es obligado respetarlo. Para eso están en su casa. Juan de Sevilla me dice al respecto: “Güandedió, po zi llo boy a veiyin no pienzo comé perro y vever el licó eze de lagartija. Llo me llebo mi mansaniya “la guita” y mi vocaiyo de amón zerrano o mortadela con azeituna” Ya le he dicho a Juan que hay que adaptarse, que no hay más remedio que aceptar este tipo de “honores” De hecho, aquí en Europa hay un país en el que al recibirte te hacen tragar, de una sola vez,  un arenque crudo tan grande como un tiburón blanco. Al que se lo tiene que tragar, se le saltan las lágrimas -y no es precisamente de emoción o alegría- y el que te lo ofrece llora, pero de risa al ver tu cara. No digo cual es el país por si algún día tienes la posibilidad de disfrutar de la “magia, sorpresa y emoción” del momento.

El presidente Putin cubre a la mujer del presidente chino con una manta.

El presidente Putin cubre a la mujer del presidente chino con una manta.

Putin y Obama son criticados pero en España no nos quedamos cortos. Aquí está muy de moda hacer crítica del comportamiento público de la Reina Doña Letizia porque está muy pendiente de las Infantas. Al analizar su comunicación no verbal se ha llegado a la conclusión de que es demasiado artificial. Sus gestos son muy estudiados y esta circunstancia le resta naturalidad. A muchos les gustaría que Doña Letizia se pareciese más a Doña Sofía pero se olvidan de que nuestra Reina Madre es nieta, hija, esposa y madre de Rey y que para desempeñar su papel, fue educada y adiestrada desde que nació. Sin embargo, nuestra actual Reina necesitará más tiempo porque es nieta de taxista, hija de sindicalista, esposa de Rey y madre de futura Reina sin que ello reste un ápice a sus capacidades para ser Reina consorte de España y para reconocerle su mérito.

Lo natural es preocuparse por las Infantas. Lo artificial es comportarse como si nada ocurriese aunque un tsunami lo arrase todo.

Lo natural es preocuparse por las Infantas. Lo artificial es comportarse como si nada ocurriese aunque un tsunami lo arrasara todo.

Su comportamiento público no tiene nada de reprochable, por mucho que se quiera criticar su actitud. Su pasado y su familia enfurece a los monárquicos anacrónicos y su presente hace perder los estribos a los republicanos más idealistas que saben, también, que es una gran profesional. En cuanto a su futuro, nadie puede negar que se está preparando bien para tener un papel destacado, pero a la sombra de su esposo. Como siempre, lo nuestro es más valorado fuera que aquí dentro. Tenemos la desgraciada costumbre de apreciar más lo trivial de fuera que lo genuino de España. Es parte de nuestra condición. Yo me quedo con esta imagen de Su Majestad la Reina que podría dar lecciones a muchos de saber ser, estar y “orar”. Echa un vistazo a partir del minuto 3:00.

Pero para comprender esto del comportamiento y la imagen (percepción) pública hay que tener en cuenta varios aspectos. La mal llamada naturalidad en los responsables públicos no es más que la puesta en escena de una cuidada técnica que, a base de tesón, compromiso personal y tiempo, se convierte en apariencia de normalidad y naturalidad escénica. Si aún te queda alguna duda al respecto, pregúntale a un actor. Lo que algunos entienden por naturalidad no es más que la puesta en práctica de gestos aprendidos que a base de ser repetidos se convierten en parte de la conducta personal. Esto es axiomático cuando se habla de imagen pública y quien afirme lo contrario tendrá derecho a la opinión profana pero no a la afirmación respaldada por el conocimiento.

En general, cuando desde fuera se habla de la imagen pública de alguien solo se puede conjeturar. Los ciudadanos de a pié, no tenemos más elementos de juicio que la información -sesgada o no- que los medios de comunicación nos presentan y en el modo que los asesores de imagen desean. Dado que muy pocos conocen cuáles son los gustos personales de Obama, saben el grado de caballerosidad de Putin o están seguros del grado de sentido del humor de la Reina de España lo mejor es no dejarse llevar por la mera apariencia.

Es innegable que esto de la imagen y el comportamiento público va mucho más allá de vestir a la moda, comer chicle, tragar arenques crudos o cubrir a una señora con una manta. Lo que la sociedad opina sobre un personaje público está relacionado con múltiples factores y aunque un pequeño desliz no debiera provocar un gran menoscabo de la credibilidad,  la realidad es muy diferente.  En esto de la imagen, caben pocas equivocaciones y los errores se pagan muy caros.

Para tener buena imagen pública, entre otras cosas, hay que comportarse correctamente fuera del salón de casa y adaptarse al contexto……….. pero alguien debe decirte cómo. Y para eso estamos los que nos dedicamos al protocolo y la imagen pública porque algunos políticos no son buenos actores.

© Juan de Dios Orozco López

Ser elegante.

Lo he leído esta semana en un titular atribuido a Givenchy que afirmaba “Ya no hay elegancia……” Se refería a la elegancia exterior pero yo quiero referirme a la interior. La exterior, la que me hace girar la cabeza cuando observo a una señora caminar de manera natural, sin aditamentos ni especiales ropas o complementos, es el fruto de la distinción interior, de la sencillez de la conducta personal y del espíritu personal honesto. Y eso se nota. Siendo hombre, me permitirás que me refiera hoy a la mujer aunque esto de la elegancia no entiende de géneros.

Quien pretende ser elegante por medio de la indumentaria, solo logra convertirse en servil fantoche de la moda pasajera. Lo decía Coco Chanel: “La moda pasa pero el estilo permanece” Por eso la elegancia es como un cóctel, resultado de la suma de ingredientes como la discreción, la naturalidad, el sentido de la estética, la moderación personal, la simpatía, la urbanidad, la sencillez de conducta y el deseo y esfuerzo de sentirse bien con uno mismo para agradar a los demás.

Audrey Hepburn fue icono de la elegancia personal  hasta el final de sus días.

Audrey Hepburn fue icono de la elegancia personal hasta el final de sus días.

Conozco a mucha gente que pretende ser elegante siendo abrumadoramente soberbia por dentro y por fuera. Un traje a medida, un nudo de corbata ancho, un pañuelo en el bolsillo de la americana, un escote pronunciado, una sonrisa perfecta o unas piernas largas no son atributos suficientes para ser elegante. Yo creo que esto de la elegancia -como casi todo en la vida- también se puede aprender. Lo que ocurre es que el tiempo transcurre en contra y siempre tiene más ventaja quien a más temprana edad ha sido educado para ser elegante. Ser elegante es un valor personal y no una cualidad de la persona como ser la alto, guapo o delgado. La elegancia, como valor, se cultiva y puede crecer con la intención y el tesón de la persona. Se crece en elegancia desde dentro de la persona. La elegancia crece con la edad.

Tuve la oportunidad de tratar directamente a Noor de Jordania en una ocasión. Esta señora no camina, levita.  Es especial.

Tuve la oportunidad de tratar directamente a Noor de Jordania. Esta señora no camina, levita. Es especial.

Permítete que hoy termine mi cortito artículo haciendo referencia a la mujer y afirmando que una cosa es ser mona y sexy y otra muy diferente es ser elegante y atractiva.

Una mujer guapa no tiene necesariamente que ser elegante.

Una mujer guapa no tiene necesariamente que ser elegante.

Insisto en que la elegancia es una actitud personal de afrontar la vida. Casi una filosofía. Frente a una persona elegante está la que es mona y…. mona se queda aunque se vista de seda.

© Juan de Dios Orozco López

Tradición “versus” modernidad

Es el eterno debate. Y en protocolo la tradición siempre fue muy importante. Tanto es así que, a los que nos dedicamos a esto de la etiqueta, los modales y la organización de actos, siempre se nos señala como la salvaguarda de la tradición. Por eso algunos no quieren hablar de protocolo al entender que lo relacionado con él está pasado de moda o, mejor dicho, démodé o outdated que suena mejor y viste mucho más a quien así lo califica.

Es cierto que desde toda perspectiva parece que una de las finalidades del protocolo es preservar lo antiguo y traerlo a la actualidad de vez en cuando. Así, recordamos las formas de hacer bien las cosas de los que nos precedieron y los modos de éxito del pasado. Ello cohesiona a la sociedad y se constituye en factor diferenciador de otras culturas. Creo que cuando el pasado no sea importante para una sociedad, ésta será fagocitada por otras que sí lo tengan en cuenta.

Frente a los que nos gusta preservar lo bueno del pasado como elemento para asegurar el futuro y conservar nuestra cultura, nos encontramos con dos posiciones diferentes. Por un lado están los innovadores que, aun siendo respetuosos y conociendo la validez de la buena solera, quieren introducir novedades sutiles que actualizan procedimientos. Por otro lado están los que sin pudor y desconociendo lo bueno de otros tiempos, califican con la ligereza del ignorante de “casposo”, “retrógrado” o “anacrónico” cualquier actuación que ellos no hayan validado y aceptado como “moderna”

Me produce tristeza -cuando no rechazo- determinadas actitudes que desprecian el pasado en pro de la novedad -que no de la innovación- solo para ser diferentes de los demás y sin más razón y fundamento intelectual que el de cambiar las cosas simple y llanamente para ser más modernos y obtener partido de sus pobres tesis.

Es cierto que todo lo pasado no fue bueno pero esta afirmación me lleva a aseverar que no todo lo moderno es acertado y válido. Desde luego, creo yo, no hay futuro si el presente olvida el pasado.

© Juan de Dios Orozco López

 

 

No hay disculpa.

Pues nada, que los máximos responsables del mundo no tienen modales o educación. Ya lo he escrito en muchas ocasiones. Aquel que tuviere una responsabilidad pública de cierto nivel la debe llevar a acabo a tiempo completo. Digo yo. Les va en el sueldo y lo deberían asumir voluntaria y consciente.

Los políticos están obligados a ser ejemplo de los valores más representativos de sus culturas. Son múltiples las razones que exigen y justifican esta deseable forma de actuar.  Nos hacen falta líderes que sean ejemplo permanente a seguir y cuya actitud sea observada, al menos, como digna. Pero nadie, incluso los que más poder tienen en el mundo, quiere comprometerse al 100% con la función docente y de ejemplaridad exigible a todo dirigente político. Por eso yo insisto en que es necesario ser y parecer en todo momento, salvo en la ducha. Es preocupante que nadie quiera  predicar con el ejemplo.

Quien está sometido a la presencia constante de los medios de comunicación debe convertirse en actor, abandonar sus sentimientos y entregarse a su labor para cumplir exacta y concienzudamente con sus obligaciones. Pero nuestros dirigentes no se enteran, no se quieren enterar o simplemente, borrachos de poder, se sienten por encima del bien, del mal e incluso del regular. Sus rudos modales son equiparables a los de un niño falto del más mínimo pudor y carente del más absoluto sentido del ridículo. Juan de Sevilla -que demanda más atención en mis artículos- me decía ayer: “Guandedió hesta ente no tiene bergüensa ni pa pegar seyos de correoz”

Ejemplo de la falta de compromiso con los buenos modos los hemos visto días atrás. A mi no me parece anecdótico que el primer ministro británico diga de la Reina de Inglaterra que “ronronea” o que el presidente de los Estados Unidos de Norteamérica devuelva un saludo militar con un vaso de café en la mano. Estos gestos, que a muchos gustan porque “humanizan” a los líderes, a mi me producen un rechazo integral y radical por cuanto los pone a la altura intelectual y casi moral del más bajo de los mortales. Sistemáticamente ellos desprecian de forma soberbia al de arriba y al de abajo en pro de esa sencillez, cercanía y naturalidad tan deseada por asesores y que se convierte en grosería e insulto a una Reina o a un soldado.

Si los gestos son manifestación externa de la educación y con ellos se expresa aprecio o desprecio, no parece que en estos momentos los que deben dirigir a millones de personas tengan el más mínimo reparo en convertirse en verdaderos montaraces seres asociales, verdugos de los modales o groseros ejemplares.

Estamos rompiendo ese marco normativo no oficial de la urbanidad, la cortesía y la etiqueta que se asumía libremente y servía para convivir y establecer relaciones eficaces. Pedir disculpas por la comisión de una falta es de sabios pero si la falta se repite de forma cíclica las disculpas no valen porque los tropiezos en la misma piedra, aún siendo humanos, son lujos que no debieran permitirse a los que tienen tan altas responsabilidades. La disculpa se devalúa cuando se sistematiza. Por eso no caben las disculpas.

Por si te quedan dudas, puedes leer pinchando aquí lo que le ha ocurrido al primer ministro británico o ver la “cercanía” con la que el presidente Obama saluda a los marines cuando baja del “Marine One”. Esto ya no es lo que era y no valen las disculpas.

© Juan de Dios Orozco López