Elegancia, estética y perfección.

Últimamente escribo artículos en mi blog por inspiración de lo que leo y observo. Tengo tantos  asuntos en la cabeza que llego a creer que solo lo sencillo pasa el filtro que enciende la bombilla de mi interés. Cuando repasaba las redes sociales, me he topado con esta fotografía que he tomado de alguien de mi querida Argentina al que quiero pedir disculpas porque ahora no se de quién se trata.

Una elegante fotografía
Por su sencillez, una elegante fotografía.

Tanto la elegancia de conducta como la estética, creo yo, residen en gran medida en el grado de sencillez de la persona. No se es elegante por fuera si se carece de un carácter afable y sencillo. No se puede acceder a la elegancia estética si, aun siendo sencillo de carácter, se es barroco en lo puramente visual. Por eso esta fotografía me parece cargada de significado y perfecta para hacer eficaz lo que yo denomino el discurso protocolario que va más allá de lo verbalizado por un dirigente en un acto y tiene su fundamentación en la pura y sutil elegancia – entiéndase ausencia de afectación- con que dotamos visualmente un acto.

Nosotros los protocolistas, los ceremonialistas, tenemos la obligación de contribuir sin palabras al total del discurso. Debemos, por tanto, disponer lo conveniente para que nada difumine el protagonismo de quien lo merece, mediante la correcta disposición de elementos. Este es el caso de esta fantástica fotografía en la que las banderas, como símbolo representativo de una nación, dominan, por la altura, toda la escena y comunican por sí mismas. No cabe interpretación sobre lo que se observa. De sencillo es contundente, unívoco y elegante.  Cualquiera que suba la escalera sabe qué se encontrará durante el acto.

Simplemente perfecto.

Juan de Dios Orozco López

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La imcompatibilidad del té y el protocolo.

Me puedo meter en un jardín del que me resulte difícil salir. Aún así -perdida la vergüenza y el miedo al qué dirán- voy a escribir sobre la relación de mutua-necesidad-amor-odio que tenemos los que nos dedicamos a la organización de actos y los periodistas. Estos necesitan de nuestra aprobación para colocarse en los sitios donde tirar las mejores fotografías, acceder a espacios “reservados” y presenciar momentos que les permita hacer su trabajo de forma genuina. Nosotros los necesitamos a ellos por aquello de que si “no hay foto no hay acto”.

El problema surge cuando permitimos que la prensa esté presente en lugares que van más allá de lo que conviene al organizador. Me refiero a que dejando que la prensa campe a sus anchas por cualquier espacio y participe, aunque sea de forma pasiva, en conversaciones muy privadas, la ayuda que necesitamos de ellos se torne en perjuicio irreparable para los intereses y objeto del acto. Así le ha ocurrido al Primer Ministro Británico cuando ha sido grabado -imagen y sonido- haciendo un comentario a la Reina Isabel en el que calificaba a Afganistán y Nigeria como países corruptos.  Lo peor de estas situaciones captadas por la prensa es que afectan a la imagen pública no sólo del que realiza las afirmaciones sino, también, a los que escuchan y, sin decir palabra, están presentes en ese círculo intimo y reservado. Más aún, lo lenguaraz de uno y la agilidad de los periodistas va a tener seguro algún coste en términos de diplomacia. A la falta de tacto de Cameron se añade la escasa previsión de los de protocolo o de los que controlaban a la prensa en ese momento. Alguien no proporcionaron un entorno seguro y discreto a tan altas autoridades para que, con toda libertad, expresasen y compartiesen sus opiniones. Quizá esta situación haga entender a algunos porqué en determinados encuentros sociales, que se producen con presencia de altas autoridades, no se permite la entrada de micrófonos o cámaras pero sí la de periodistas. No es lo mismo ofrecer una información que respaldarla con pruebas gráficas y de sonido. Lo primero se puede rebatir; lo segundo tiene unos costes insalvables.

Cameron tacha de “corruptos” a Afganistán y Nigeria en una conversación privada con Isabel II. Foto: Getty Images (A3)

En este caso hay que dar un 10 a los periodistas………porque a los organizadores le han metido un gol por toda la escuadra. La defensa no estaba preparada y el portero -alguno de protocolo- estaba tomando el té.

Juan de Dios Orozco López.

 

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Que venga alguien de protocolo….

No era para darle palmaditas en la espalda, no. “El pequeño Nicolás” quería que viniese alguien de protocolo para que le franqueara el paso a la Fiesta del 2 de Mayo…y pedirle responsabilidades. Ja,ja.  Pensaba que, gritando, los de protocolo le iban a abrir las puertas de la sede del Gobierno de Madrid para que el pudiera disfrutar de la compañía de los altos cargos entre los que antes se movía como pez en el agua y ahora le dan la espalda con extrema desidia. Ya no tiene amigos que bailen a su ritmo, ni escoltas, ni coches de representación, pero sigue llamando a los de protocolo como si nosotros tuviésemos la solución a su más que reprochable actitud. Afortunadamente allí estaba la Guardia Civil, garante de la seguridad, que exigió respeto a la presidenta de la Comunidad Autónoma de Madrid a la que llegó, al parecer,  a insultar.

Siempre hay algo de verdad en esto de pedir ayuda a los de protocolo. Es cierto porque para nosotros, los de protocolo, lo imposible lo hacemos rápido y en los milagros, tardamos un poco más…pero lo de Nicolás era imposible por su soberbia de niño pijo. El no tiene más mérito que el de haber querido aparentar lo que nunca ha sido.

Nosotros siempre tenemos una solución para cualquier problema que surja, dentro de nuestras competencias y lo determinado por nuestro “señorito”. Para quien demanda nuestra presencia o ayuda, si es que es digno de ella, somos capaces de todo para desfacer entuertos. ¿Imperdibles?, ¿no encuentra su asiento?, ¿una fotografía con el anfitrión?, ¿perdió su invitación?, ¿un paracetamol?,¿un masaje cardíaco? ……allí estamos nosotros, no se preocupe. Tenemos la solución a su problema. Porque es nuestra obligación procurar comodidades ……pero todo tiene un límite. Lo que una persona puede exigir a los de protocolo no puede superar la linde de la ética ni las posibilidades materiales. Más aún cuando el solicitante no merece el más mínimo respeto y no ha sido invitado a un acto. Cierto es que parte de lo que ha ocurrido es culpa de los de protocolo pero también han encontrado la solución -junto con el Servicio de Seguridad- al comprobar que Nicolás no estaba invitado e impedirle el acceso. No es menos cierto, también, que se cursaron invitaciones con las que se permitía acudir al acto con un acompañante (no identificado previamente). Esta fue la circunstancia que utilizó Nicolás. Al parecer la invitada fue ¡¡¡¡¿la madre?!!!! que se hizo acompañar de su hijo.

¿Qué hubiera ocurrido si, por acción u omisión de los de protocolo y seguridad, este joven se hubiese colado en ese cóctel de celebración? Simple y llanamente que los de protocolo estarían echados a los pies de los leones, la seguridad estaría en entredicho y los de comunicación tendrían un grave problema para dar explicación a una presencia rechazada por toda la sociedad que volvería a dar alas a este desaprensivo individuo.

Fran Nicolás le lanza un dardo a Cifuentes, tras su veto en la fiesta del 2 de mayo
Nicolás pidiendo a un miembro de la Guardia Civil la presencia de “los de protocolo”. Como dice Carlos Herrera, “Hay más tontos que botellines” Foto: El Norte de Castilla

Lección aprendida: Es necesario cursar, para estos actos, invitaciones nominales.

Mi amigo Juan de Sevilla, que es muy drástico, quiere le curse una invitación a Nicolás, pero para otro tipo de cóctel: “Güandedió, porfabó ¿tu podría hinbitar ar pekeño Nicolá a un costel que via dar llo en er campo? Bamos a cabá holibos, zacá zevoyas y recoé garvansos a mano. Tres dia de costel conmigo y ze le hacava to la tontería ar poyo pera ezte”

Pues no sé cómo localizarlo para cursar la invitación pero, como los de protocolo tenemos solución para casi todo, la encontraré…..otra cosa es que el se brinde a la participación en esta fantástica iniciativa de mi amigo Juan de Sevilla.

Escrito por Juan de Dios Orozco López.

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No-protocolo como estrategia de comunicación.

“No sirve para nada”. Al menos eso es lo que algunos afirman del protocolo. “El protocolo distancia a los líderes de la sociedad a la que se deben”, dicen otros. El caso es que, en realidad, el protocolo es utilizado – a veces manipulado- para atender a los objetivos de unos y otros. Lo curioso es que nadie, creo yo, salvo los que nos dedicamos a estos menesteres, se atreve a admitir que -además de procurar la convivencia- sirve para comunicar. Así lo viene a demostrar algunos líderes políticos que lo utilizan, a hurtadillas, como si no les afectase ni interesase.

En muchos foros y en este blog he afirmado que son varios los factores que afectan al protocolo en tanto que técnica de comunicación y facilitadora de las relaciones personales, institucionales, diplomáticas, empresariales o políticas. Destaco hoy cómo se utiliza el espacio – sí, lo de ceder o no la derecha-, el tiempo -llegar a tiempo o ser impuntual- y el gesto -el que se refiere, por ejemplo,  a vestirse conforme a lo que determina la costumbre- que tienen una gran importancia en el total del mensaje no verbal.

Combinar con premeditación y adecuadamente los anteriores factores puede dar unos buenos resultados en el ámbito de la comunicación personal, empresarial o política. Lo absolutamente cierto es que la utilización de este tipo de fórmulas que incluyen la cortesía y el respeto personal e institucional, se corresponden con la obligación implícita -y por tanto la responsabilidad- que exige el desempeño de altas funciones institucionales. Me refiero a que no parece de recibo, responsable, digno y apropiado para un político que se precie, acudir a visitar a un Jefe de Estado con pantalón vaquero, tarde y despreciando manifiestamente la legalidad y el respeto que debiera imponer lo que determina la norma legal sobre tratamientos al Jefe el Estado. Eso es lo que hacen algunos líderes políticos españoles y extranjeros de cuya inteligencia y capacidad no dudo pero a los que quizá le falte la mínima educación que se debiera exigir a un representante institucional con aspiraciones a ostentar altas responsabilidades.

He tenido la desgraciada oportunidad de observar la manera en la que algunos líderes políticos se acercaban a mantener una entrevista con el Rey y, como les supongo suficientemente inteligentes, debo entender que con manifiesto desprecio al Jefe de Estado, algunos quisieron, con sus nulas formas protocolarias, enviar un mensaje a sus votantes en la esperanza de buscar una equiparación que en lo personal es imposible y en lo institucional es inalcanzable. Las maneras con las que se presentan ante el Jefe del Estado no son usadas como identificarías de pertenencia a un grupo social sino como el gesto manifiesto de desprecio institucional.  Su discurso no verbalizado y “anti-protocolo” así lo demuestra.

Afortunadamente tenemos un Jefe de Estado que, frente al desprecio, corresponde con la naturalidad y elegancia que se espera de cualquier dirigente y que antepone su responsabilidad al impulso primitivo con que cualquier ciudadano de a pié hubiera correspondido. Esa es la diferencia que marca saber ser, saber estar y saber representar frente a la elaboración de mensajes populistas -utilizando el “No-protocolo”- que alimentan el desprecio institucional, la ruptura y nos llevan a la fragmentación social.

Con lo anterior queda demostrado la validez y actualidad que tiene el protocolo y sus manifestaciones externas no verbalizadas en lo que yo vengo denominando el “Discurso protocolario”. La calidad la marca el que incluye en su discurso el respeto frente al que con formas descompuestas lo utiliza con fines propagandísticos y sectarios.

Escrito por Juan de Dios Orozco López.

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Banderas para la discordia.

Esto de tener abiertos mil frentes de trabajo hace que uno pierda el control de su tiempo……. y así me pasa. Me perdí ayer la primera conferencia del Congreso de Protocolo que organiza mi buena amiga Dolores del Mar y hoy, en un alarde de puntualidad, me he presentado en la UNED a las 08:30 para aprovechar el tiempo, no perderme la primera ponencia y hacer esto tan moderno del networking. Claro está que para hacer networking hace falta gente con la que poderlo llevar a cabo y he podido corroborar que ni el guardia jurado de la UNED, ni la señora de la limpieza, ni el camarero de la cafetería están dispuestos a entablar una sesuda conversación sobre el protocolo en campañas electorales, ni el de la sucesión de S.M El Rey Felipe VI. Mi despiste me ha hecho llegar a las 08:30, los pajaritos cantaban y las nubes se levantaban, pero aquí no había nadie. Así que me he puesto a escribir este artículo dedicado a mis compañeros del Congreso. Magníficas ponencias, magníficos ponentes.

El presente artículo, va de banderitas. ¡Ay madre las banderitas! Cuánto se las desprecia y de qué manera se las tiene en cuenta según le de el aire algunos. Se las utiliza, en especial en España, cual arma con la que aporrear al contrario y elemento propagandístico. Ya me he cansado de poner denuncias por posibles faltas de respeto y también estoy cansado de que los fiscales las desestimen y archiven. Pero me queda el “derecho al pataleo” y hacer el ruido que este blog me permite.

Digo esto porque acabo de ver al Alcalde de Cádiz junto a Fabián Picardo en una reunión en la que pretenden, por la imagen, impulsar un mensaje tan inútil como interesado. Ninguno de los dos representan ni a España ni al Reino Unido y sin embargo, los “magníficos” asesores de protocolo de tan insignes políticos han colocado las banderas de los dos países a que pertenecen pero NO representan. Utilizan las banderas con una clara intención de provocar al Gobierno de España y menospreciar sus acciones diplomáticas. Este es el caso del Alcalde de Cádiz. Mmientras, Fabián Picardo se arroga, con la presencia de la bandera británica, el papel representativo que España no reconoce. De nuevo se declaran los símbolos como verdaderos elementos perfectamente válidos -quizá imprescindibles- para la comunicación política. Lástima que algunos, con gran desprecio a su significado, las utilicen de forma tan sectaria e irresponsable.

Aquí la tienes. Es una fotografía que explícita cómo los elementos simbólicos son imagen que, en este caso, pretende establecer una imagen de poder.

Quizá debía haber tenido en cuenta lo que me ha dicho mi amigo Juan de Sevilla: “Güandedió, tú paqué te mete en ná” ….pero yo no tengo arreglo.

El Alcalde de Cádiz y el Primer Ministro de Gibraltar con las banderas de España y Reino Unido.
El Alcalde de Cádiz y el Primer Ministro de Gibraltar con las banderas de España y Reino Unido.

Juan de Dios Orozco López.

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Protocolo en El Quijote.

El Quijote, Parte 2, Capítulo 10

“No comas ajos ni cebollas, porque no saquen por el olor tu villanería. Anda despacio; habla con resposo; pero no de manera que parezca que te escuchas a ti mismo; que toda afectación es mala. Come poco y cena más poco; que la salud de todo el cuerpo se fragua en la oficina del estómago. Sé templado en el beber, considerando que el vino demasiado ni guarda secreto, ni cumple palabra. Ten cuenta, Sancho, de no mascar a dos carrillos, ni de eructar delante de nadie”.

Dopn Quijote y Sancho Panza. Foto de Bea Burgos.Don Quijote y Sancho Panza. Foto de Bea Burgos.

Pues he hecho caso a mis amigas y compañeras de protocolbloggerspoint y me he puesto a buscar en la web frases del Quijote relacionadas con el protocolo, la cortesía y la etiqueta. Me parece que la que os dejo es -por sencilla-  brillante y viene a demostrar que el protocolo -en tanto que se ocupa del éxito en la relación con otras personas- es norma para la convivencia. Es necesario recordar que para tener éxito social hay que renunciar, en parte, a nuestros gustos y a nuestras apetencias. RESPETO Y MODALES se llama eso.

Don Quijote y su fiel escudero Sancho son verdadero ejemplo de mutuo respeto y el libro de Cervantes un verdadero manual de protocolo y usos sociales. El lo escribió hace siglos pero nosotros no hemos hecho caso de sus enseñanzas.

Protocolo, mucho protocolo nos hace falta.

© Juan de Dios Orozco López

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El protocolo del “besamano”

¡Ay madre! Qué lío tienen algunos con esto del besamano -otros especialistas interestelares le llaman “pasamano”, como si del apoyo para subir escaleras se tratase- que supuestamente debían pasar  los invitados a la cena que Mario Vargas ofreció para celebrar su 80 cumpleaños.

Al decir besamano parecería que se tratara de ejecutar una serie de movimientos sumisos. Nunca los ví así y, en el siglo XXI, no debiera entenderse como gestos de sometimiento a las personas que nos reciben. Muy al contrario, los anfitriones están obligados a recibir a sus invitados y ambos debieran actuar con modales adaptados a las exigencias de etiqueta que el lugar y las personas presentes merecen. Esto es, el besamano no es más que un saludo entre personas -invitados y anfitriones- que se demuestran respeto públicamente. No es necesario que unos y otros sean amigos. Sí es necesario el mutuo respeto explicitado por el gesto de estrechar la mano -entre caballeros y entre damas- u ofrecer un gesto de elegancia en el que el caballero lleva la mano de la señora a la boca sin llegar a besarla. No se besa-la-mano de nadie. En todo caso se ejecuta un gesto parecido. De ese gesto viene aquel sustantivo: el besamano. Y ese movimiento -el de besar la mano- puede ejecutarlo tanto el anfitrión como el invitado a las señoras. A quienes sí se besa la mano es a las imágenes que representan a la Madre de Dios, la Virgen María.

En los besamanos con presencia de una reina, las damas ejecutan una reverencia o plongeon. Hay muchas leyendas urbanas -a mi parecer sin razón-  que afirman que la pierna derecha sólo se lleva atrás ante Dios y la izquierda ante el Rey. Digo sin razón porque después de ver miles de reverencias, solo unas pocas llevaron simultáneamente la mano derecha y la pierna derecha adelante. Lo antinatural de este movimiento hizo que, en muchos casos, la señora que pretendía ejecutarlo se desequilibrara y, en algunos casos, lo pasara muy mal. Lo normal es tender la mano derecha para el saludo y mantener la pierna izquierda adelantada para hacerlo de forma natural y equilibrada.

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De todas formas, cuando quiero ampliar conocimientos sobre protocolo, recurro a mi oráculo particular -mi amigo Juan de Sevilla- que me dijo: “Güandedió: a mi no me ze hocurre vezarle la mano a la Reyna. ¿Tu zabez la cosas que tiene que tené pegá shiquiyo? Uno le besa la mano con vigote; otro que satomao un fanta; otro rezfriao con moco; otro una serbesita…….despué de tanto veso, eza mué tiene que pazar por lo meno dos zemanas en cuarentena. Ozú que fatiga miarma!”  Yo, que he tenido la suerte de contemplar o acudir a varias decenas de “momentos besamano” de los Reyes de España, le respondí: Algunos no la besan porque, entendiendo mal el gesto, prefieren no parecer sumisos; estos son los ignorantes. Otros no la besan porque simplemente no saben hacerlo; estos son los correctos. Otros solo dan la mano en señal de igualdad; estos son los que quieren parecer pero no pueden ser. Algunos hacen el gesto sin llegar a besar la mano; son los respetuosos. Otros tantos besan la mano y añaden “a sus pies”; estos son los aduladores y trepas. Quizá me falten algunos que, simplemente, pasan desapercibidos. Ellos lo hacen todo -incluso el gesto de besar la mano sin besarla-  con la intención de no llamar la atención más que por su discreción. Esos, amigo Juan de Sevilla, son los de protocolo. Entre estos me quiero incluir.

© Juan de Dios Orozco López

 

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Pedid y se os dará…protocolo, mucho protocolo.

Reconozco que me gustan las frases lapidarias. Muchas de ellas dicen tanto en tan pocas palabras que son dignas de estudio….y además ahora están de moda. La verdad es que con pocas palabras se puede decir mucho. Permíteme un ejemplo: “Menos es más”. Tres palabras -juego de palabras- que tiene mucha validez en el mundo del protocolo. Menos tiempo de duración de un acto lo hace más dinámico, menos aburrido y reduce la oportunidad de que Murphy actúe. Pero menos protocolo….menos protocolo…aumenta los fallos organizativos -en el plano puro y duro de la operativa- y pone de manifiesto las carencias de respeto por los demás, además de la falta de responsabilidad institucional y deber de representación que venimos observando en nuestros políticos. Es curioso, lo que hemos visto días atrás en Vigo es difícil observarlo en el mundo de la empresa e incluso en encuentros sociales. La falta de organización y la mala educación parece ser noticia continua en el ámbito de los representantes públicos y no se entiende -ni se permite, a veces- en la empresa o en un grupo social cohesionado. Quien de forma soez y poco organizada se comporta es literalmente expulsado o despreciado como amigo, en el caso social, o como profesional, en el ámbito profesional.

Parecería que la lucha legítima por la representación de la sociedad en instituciones públicas se haya convertido en una demostración perpetua de cómo el protocolo es una necesidad -desde el punto de vista organizativo- y una exigencia -en el plano social y de conducta- de los que nos representan. Si en ese acto -nefasto acto- los “h”unos y los otros hubieran puesto lo que les correspondía y se esperaba de ellos, nadie lo recordaría más que de una forma positiva. Si hubieran puesto en práctica el protocolo…..otro gallo cantaría. Para eso sirve el protocolo y por eso existe el protocolo, para que todo vaya bien: desde la organización a las relaciones sociales.

Precisamente cuando un acto público rueda correctamente y nadie nota ningún fallo, es cuando ha actuado el protocolo. Si todo está perfectamente coordinado y organizado y los actores demuestran un perfecto sentido de la responsabilidad y respeto por los demás es porque hay mucho protocolo. En este último caso, el protocolo no se nota, pero está. De ahí que MENOS (problemas) ES (indicativo de que hay) MAS (protocolo). Sin embargo, algunos no se enteran y, en este sentido, quizá sea necesario que se vean muchos fallos, errores y salidas de tono para que se valore en su justa medida lo que hacemos. De esta manera, quizá quien nos deplora ahora por pura ignorancia, demande mañana nuestra presencia y ayuda. Ahí estaremos nosotros para mostrarles el camino, la verdad y…cómo deben organizar actos y comportarse en público. Pero entonces, ¿debemos dejar que ellos solos colapsen? Quizá sí para que podamos decirles con satisfacción y elegancia: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá.(Mt. 7:7)

Como hoy estoy poético, unos versos de los que desconozco autoría pero están extraídos de www.protocolo.org

Aquel que con arrogancia
hable y trate a los demás,
por faltar a la modestia,
faltará a la Urbanidad.

Y termino con mi frase sobre protocolaria preferida: De la ausencia de protocolo al imperio absoluto de la grosería, no hay más que un paso. Lo dijo Sabino Fernández Campo que, como ya sabes, fue Jefe de la Casa de S.M. El Rey D. Juan Carlos.

Amén.

© Juan de Dios Orozco López

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Ver, oír y callar

Esta es la máxima que ha de seguir cualquier responsable de protocolo. Oímos conversaciones que sorprenderían -cuando menos- a los que desconocen las interioridades del mundo de las relaciones políticas, económicas, empresariales o diplomáticas. Además asistimos a momentos en los que lo que vemos sorprendería hasta al más docto y experto observador. Mal haría su trabajo quien, dedicándose a este mundo en el que la percepción dista, a veces, mucho de la realidad, se dedicara, con indiscreciones, a echar por tierra todo lo que el mismo u otros han logrado construir de positivo respecto de las personas o instituciones a las que servimos. Estamos obligados y acostumbrados , por esta y muchas más razones, a asumir la discreción como uno de los más altos valores con los que cuenta un Jefe de Protocolo. Es curioso, en protocolo el protagonismo resulta antagónico a nuestra profesión. Por ello, también, quien guste destacar y ser visto no sirve para acometer esta faena de servir sin ser sirviente, atender sin ser visto y organizar y dirigir sin que ello reste protagonismo a quien nos llama para que saquemos adelante proyectos de su interés. Callar y olvidar dignifica nuestra profesión.

La discreción es un valor en el mundo del protocolo
La discreción es un valor en el mundo del protocolo

Sin embargo lo anterior no es aplicable -en la medida que obliga la discreción profesional-  a los blogueros de protocolo.  De ello hablamos en uno de los encuentros más vivos, participativos e interesantes relacionados con el protocolo a los que he podido asistir. Hablo del encuentro de Blogeros que celebramos el sábado 12.03.16. Calificar de perfecto el encuentro que organizó GSM protocolo y eventos y promovió Protocol Bloggers Point no resulta aventurado ni presuntuoso, sino que es fiel reflejo de lo que vivimos y disfrutamos los más de cuarenta blogeros que nos dimos cita allí. Un éxito de participación, de intercambio de opiniones convergentes y divergentes y sobre todo de enriquecimiento personal en el que el punto de partida y la meta se fundieron en una excelente sintonía y sincero aprecio por lo que unos y otros escribimos. No hubo dobleces sino sinceridad e interés por hacer más grande el protocolo en todos y cada uno de sus significados. Sorprendente: nadie quería marcharse y todos queríamos más, mucho más. Lo que han hecho Marita, María, Pilar y Maravillas como organizadoras y promotoras es simple y llanamente una lección magistral de lo que realmente interesa a los profesionales del protocolo.

Divulgativos, especializados, de expertos o de neófitos. Todos los blogs son buenos si con honestidad hacemos que los que con desconocimiento nos desprecian, se acerquen por la razón y nuestro espíritu docente y aclaratorio.

Mi amigo Juan de Sevilla -que ,como siempre, prefiere permanecer en el economato- me decía hace un momento: “Güandedió pa mi, por lo que mascontao, questas niñas an dao en el clabo”

Pues eso. Los blogueros hacemos protocolo a voces y callamos cuando es necesario. Así que  “oído cocina”, “a buen entendedor pocas palabras bastan” y a “apretarse los machos”.

© Juan de Dios Orozco López

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Sharapova: “Mea culpa” y puesta en escena.

Lo decía Mehrabian. Casi el 60% del valor de un mensaje está en la carga no verbal del emisor. Y es verdad, los seres humanos no dejamos de ser animales. Animales racionales pero, al fin y al cabo, animales. Y los animales no hablan. Su comunicación se basa en gestos y ruidos que son las componentes principales de la Comunicación No Verbal. No hace falta hablar para que otros entiendan.  Quede claro que el proceso de observación no es voluntario en sociedades avanzadas sino inducido. Vemos incluso lo que no queremos; vemos lo que no nos interesa e incluso vemos lo que despreciamos. Vemos, observamos y tomamos decisiones. Esto es un hecho. Quien entiende lo anterior y es capaz de utilizarlo en su vida pública, se convierte en un gran comunicador que puede influir en los que lo observan. Algunos políticos y sus asesores saben mucho de lo anterior.

Hay mensajes que no son audibles e incluso que son invisibles en primera instancia para el hombre pero que influyen decisivamente en la maquinaria que afecta a la toma de decisiones humanas. Es propio de nuestra condición, de la condición humana,  que ante un determinado hecho no posicionemos a su favor o en contra. A veces lo hacemos, creo yo, de forma consciente pero en otras ocasiones los mensajes son tan sutiles que somos incapaces de interponer nuestras armas cognitivas e intelectivas para establecer juicios de valor. Nos dan el problema y la solución o, lo que es peor, la solución a un problema que no existe.

La manipulación, que es de lo que estamos hablando, es un hecho despreciable por su carga de significado negativo. No se utiliza -la palabra- pero sí las técnicas que hacen que se juzgue con ligereza, compasión,  clemencia, perdón y altruismo hechos que, en sí mismos, analizados con tranquilidad y frialdad, son absolutamente censurables y punibles. Pretenden convencernos, con gestos e imágenes muy medidas, de que los errores y faltas no son tales. Y utilizan una fórmula muy básica que ofrece importantes resultados:

Disminución del reproche= Mea culpa +  puesta en escena.   

Las técnicas de más arriba son las que los asesores de María Sharapova han utilizado para hacerla parecer menos culpable por haberse dopado con una sustancia prohibida. Así, para hacer comprensible todo lo anterior, te dejo dos grupos de fotografías extraídas de internet. En el primer grupo se vende a una Sharapova de negro integral -como muestra de pesar por el fallo cometido- y artificialmente despeinada, falta de maquillaje y con grandes ojeras. La mano en el pecho en señal de sinceridad y otros gestos delatan una minuciosa y detallada puesta en escena que se ve respaldada por un frío atril y una simple cortina. Un excelente trabajo de sus asesores de imagen.

Ahora observa cómo es Sharapova cuando se trata de vender productos para generar grandes sumas de dinero.

 Mis alumnos saben de qué estoy hablando. A ellos, en especial a los que en la Guardia Real de S.M. El Rey Felipe VI me honraron con su presencia en mi conferencia sobre “Retórica y discurso protocolario”, les dedico este artículo.

© Juan de Dios Orozco López

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