Pedro Sánchez y su nueva y protocolaria puesta en escena.

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Pensábamos que la generación de mensajes en materia política estaba liquidada y creíamos que ya pocas cosas nuevas se iban a decir en formato imagen. Ja! Ahora han llegado los de Pedro Sánchez y dan una lección de marketing político incorporando a la estrategia de comunicación de su campaña, como nuevo mensaje, el símbolo nacional que unos desprecian y otros son incapaces de añadir a su repertorio, no sea que se les identifique con ideologías trasnochadas. El PSOE le va a sacar mucho provecho porque ha sabido ver y utilizar un mensaje despreciado por otros.

Nunca jamás se vió la Bandera Nacional tan exponencialmente exhibida en un mitin político como ayer. Al menos yo no lo recuerdo. Nada de banderas autonómicas para “compensar” lo explícito de lo nacional. El golpe de mano icónico ha sido de manual. Todo lo que hagan los demás partidos será, en el mejor de los casos, copiar lo que ya ha hecho el candidato presidencial socialista. Ya se sabe, “el que da primero, da dos veces”….. y en comunicación, da dos veces más.  Así será visto e interpretado por muchos y, de sacar partido de ello, se encargarán los asesores de Sánchez. De hecho, del aprovechamiento del éxito y del golpe de efecto comunicativo, no hace falta más que echar un vistazo a las portadas de los principales periódicos de hoy. Ahí van.

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Otro aspecto importante de esa generación de mensajes novedosos es la incorporación de su esposa a la campaña con una clara intención de hacerla copartícipe de las vicisitudes. Es, también, un movimiento estratégico para incorporar a su abanico de mensajes la idea de pareja según la cual “detrás de cada gran hombre hay siempre una super mujer” a la que naturalmente han vestido de rojo – entiéndase rojo España y rojo PSOE- para ir a juego con la corbata de su esposo, como si de la asistencia a una boda se tratara. Todo dentro de una imagen minimalista, acorde con tiempos de escasez de recursos, en la que solo destacaba la Bandera, el atril y los teleprompter para que el líder del PSOE parece un gran orador cuando en realidad lo que es evidente es que es un normal lector de lo que otros expertos le ponen delante.

Decía al principio que se están haciendo cosas nuevas aquí en España…….. porque la realidad es que quien haya diseñado la puesta en escena de Pedro Sánchez del domingo de su ascensión a la candidatura a la Presidencia del Gobierno de España, ha visto muchas, pero que muchas fotografías de los modos utilizados por Obama y que le condujeron al éxito. ¿No te lo crees? Pues echa un vistazo y ya me contarás. Este modelo funcionó en EEUU y funciona ya en España….los mismos saludos, los mismos posados, los mismos movimientos, la misma puesta en escena…..

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Por cierto, en esta estrategia habrán aportado mucho los que saben de protocolo y, por lo tanto, de imagen pública.

© Juan de Dios Orozco López.

(Fotografías disponibles en internet)

 

El protocolo es el camino: Vive la France!

Por encima de ideologías, gustos e intereses personales se sitúan siempre los valores y los intereses propios de un colectivo como pueda ser una nación. Los valores comunes se defienden con normas de obligado cumplimiento. Respetar las normas, sean protocolarias o de otra índole, hacen más grande a una nación, más creíbles a los dirigentes que las cumplen y las hacen cumplir y más honestos, libres y demócratas a quienes las acatan por convicción y libremente. Aceptar normas significa respetar al prójimo e imponerte a ti mismo no sobrepasar los límites que conculcarían la libertad del otro. Si así lo haces, contribuyes a los intereses comunes y mereces respeto. Si no lo haces, la sociedad te rechaza. Así funciona la vida. No digo nada nuevo porque esta manera de pensar y actuar es parte de nuestra cultura.

Lo que ha hecho Más y sus más aventajados borregos nacionalistas ha producido una ruptura y un rechazo masivo en la sociedad española, por más que algunos pretendan quitar hierro al asunto. Han faltado a las normas de convivencia y han faltado al respeto de la mayoría de españoles, acción que no tendrían agallas de hacer con ninguna otra nación más que con la que los ampara y reconoce como parte de ella. Mas y su cuadrilla de palmeros y silbadores de pitos actuaron así como cobardes, sabiendo que su acción no tendría duras consecuencias.

Como si de una lección a los que nos insultaron con sus chabacanas acciones en Barcelona, Francia -una gran potencia y no una región engreída- con sus acciones protocolarias, ha demostrado respeto a España ofreciendo una acogida al Jefe de Estado cargada de deferencias y cortesía.

D. Felipe en el Parlamento Francés

                                               D. Felipe se dirige al Parlamento Francés

Respeto, creo yo, es la clave de la convivencia y el progreso de las sociedades avanzadas. Permíteme hacer un símil empresarial que he utilizado, para hablar de protocolo en muchos lugares. “Si una de las partes en una negociación pretende sacar partido a toda costa y de forma inmediata,  sin importarle una relación empresarial a largo plazo, la cuerda que mantiene unidas a las partes puede llegar a tensarse tanto que puede romperse y traer consecuencias desastrosas para todos. Con el equilibrio en la negociación y la demostración con hechos del deseo de alcanzar acuerdos, se pone de manifiesto la intención colaborativa de las partes y se sientan las bases de una relación de confianza duradera. Esto es hacer protocolo” En términos de negociación modernas diríamos que se produce, siempre que exista voluntad e intención,  una negociación “win-win” en la que todos ganan. Es cierto que unos más que otros, pero todos ganan. Si todos ganan, hay protocolo. Si alguno pierde, el protocolo no existió o se rompió en algún momento. Con Francia hay protocolo. Claro está que Francia es una gran nación.

Los Reyes escuchan con respeto la interpretación del Himno Nacional de Francia.

Los Reyes escuchan con respeto la interpretación del Himno Nacional de Francia.

El protocolo, por lo tanto, es el camino por el que se ponen en marcha las relaciones políticas, diplomáticas o empresariales poniendo de manifiesto una voluntad individual y de conjunto de reforzar una relación o comenzar a dar pasos para crear vínculos potentes. Es una vía que con acciones de imagen pública consigue generar opiniones positivas externas e impulsa a las partes a alcanzar una meta válida para ambas.

Así lo ha entendido el Gobierno de Francia cuya oportuna forma de recibir al Jefe de Estado de España parecería dar una lección de civismo, elegancia,  democracia, libertad, cortesía y buenos modales a quienes, dentro de España, no han sido capaces, por pura ignorancia, soberbia y chabacanería, de demostrar su disconformidad de otra manera.

Máximos honores para los Reyes en un país deseoso de fortalecer relaciones.

Máximos honores para los Reyes en un país deseoso de fortalecer relaciones.

Francia ha actuado con estratégica intención, porque a sus intereses conviene, para agradar a los Reyes de España, su Gobierno y a toda nuestra nación. La actuación del Gobierno Francés, lejos de ser desinteresada, ha puesto de manifiesto que quiere tener a España como socio y que nos considera de importancia para su desarrollo. En la misma posición nos encontramos nosotros. Ellos lo demuestran públicamente acogiendo a nuestros dirigentes con detalles protocolarios reservados sólo a unos pocos  destacados dirigentes mundiales. Tan importante ha sido la visita Real que D. Felipe ha manifestado que se encuentra “abrumado” por la acogida. Cuando el Jefe de Estado francés visite España, nos veremos obligados a actuar de la misma forma que lo han hecho ellos de manera que se establezca un equilibrio en la relación diplomática que sea observado por todo el mundo como fuerte y eficaz. Se trata, entonces, no solo de poner de manifiesto una buena relación entre dos partes sino de trasladar a todo el mundo la intención de mantener y fortalecer una relación de aliados. Así actúa el protocolo. El protocolo acerca a las partes, refuerza su relación y traslada ese mensaje a los observadores. Si lo anterior no ocurre, si no se alcanzan acuerdos, si no se percibe a través de la imagen que la  relación es buena, simplemente no hay protocolo.

Protocolo para hacer camino. Deseo de agradar y de trasladar un mensaje de fuerte relación.

Protocolo para hacer camino. Deseo de agradar y de trasladar un mensaje de fuerte relación.

Cuando así actúan los gobernantes -imponiéndose ofrecer comodidades aunque suponga incomodidades- hablamos de acciones políticas o diplomáticas inteligentes en las que el protocolo se convierte en el camino para alcanzar la meta.

Ahora vendrá alguno a recordar la invasión francesa de hace dos siglos. Mientras tanto,  Vive la France!….aunque sea una república.

© Juan de Dios Orozco López

Con un pito en la boca.

Lo siento de verdad. No sabes cuanto lamento verme obligado a opinar sobre cuestiones protocolarias que nuestra sociedad, supuestamente, debía haber superado ya hace años. Lo que viene más adelante tiene dos partes: a) y b). La parte a) se dedica a calificar despectivamente y de manera directa a los cobardes a los que gusta tener pitos en la boca. La parte b), no menos seria que la anterior, es en la que doy mi opinión protocolaria. Avisad@ estás.

Parte a) o del calificativo despectivo.

No han transcurrido dos días desde el bochornoso espectáculo de los silbidos al Himno Nacional y a S.M. El Rey. Los comentarios de los peruanos y de otras nacionalidades (entendí algo en inglés que no me gustó) no son nada elogiosos hacia un país que permite estas burradas. Lo que sentí en el aeropuerto de Lima viendo insultado al Himno Nacional y vilipendiado a S.M. El Rey fue, ni más ni menos que vergüenza y rabia. Vergüenza porque conociendo el respeto que en todo el mundo se tiene a la bandera -sea la propia o la de otro país- no entiendo cómo hemos podido llegar a tener tanto desprecio por nosotros mismos y caer tan bajo. Rabia porque siendo militar, sin creerme más amante de mi patria que otros, desde Lima, no alcanzaba a dar media bofetada a quienes, amparados en la legalidad que ellos mismos desprecian y refugiados en la manada de montaraces y borregos malnacidos, se dedicaron a pitar e insultar abiertamente a los símbolos que yo he jurado defender como español, como militar y como Guardia Real. Estos cualificados hijos de puta (*) no se sienten valientes más que cuando están en grupo y con un pito (**) en la boca.

Parte b) o de la reflexión protocolaria.

¿Que se puede hacer ante el insulto -y no es la primera vez que se produce- a la Bandera y al Jefe del Estado en esta competición?

  1. Anular el partido inmediatamente después del insulto y de la interpretación del Himno Nacional. En un país con más tradición democrática que España como lo es Francia, Nicolás Sarkozy afirmó que anularía un partido si se producían insultos a los símbolos nacionales. Para hacer esto solo hace falta tener arrestos, valentía y  audacia. Tras la anulación, se declara al tercer clasificado campeón de la Copa del Rey o se declara desierto el premio y se sanciona a los equipos irrespetuosos con la imposibilidad de participar en la Copa del Rey el año próximo.
  2. No anular el partido e inmediatamente después de la interpretación del Himno Nacional, el Rey abandona el palco. A continuación, en aplicación del art 9 del RD 2099/83 de precedencias del Estado, el Rey nombra como su representante al Ayudante de Campo de servicio para que le represente y ocupe el lugar que corresponde al Jefe del Estado. Todo el personal de rango superior al empleo que tenga el Ayudante de Campo de S.M y que pertenezca a cualquier organismo de la administración del Estado debe abandonar el palco de honor. Si alguien pretende sustituir a la persona que el Rey designe, la Copa no se entrega. Se sanciona a los clubes como se indica en el punto anterior.
  3. Se me ocurre otra más pero es muy poco sutil y nada civilizada.

Ya que cuando pongo una denuncia ante la Guardia Civil por insultos a la Bandera, van y la archivan, al menos en mi blog digo lo que me da la Real gana.

Y nada más.

(*) Del diccionario RAE: Hijo de puta m. y f. vulg. Mala persona. U. c. insulto

(**) Sustituya aquí el lector la palabra pito por cualquiera de sus acepciones en el diccionario de la RAE siempre y cuando sea un claro insulto hacia los que pitaron el sábado al Himno Nacional y al Rey.

© Juan de Dios Orozco López

Un café y la hoja de reclamaciones.

Hay  actitudes de personas que dan lástima y otras que, además, merecen la indiferencia, cuando no el desprecio.

Nos quejamos con demasiada frecuencia de la lejanía entre las personas que nos representan y la sociedad. Queremos que tengan altas responsabilidades, que todas las actividades que ejecuten las hagan de manera excelente y, además, que cuando no estén desempeñando esas funciones se asemejen a nosotros, bajen del Olimpo de los dioses y nos den palmaditas en la espalda como si nos conociesen de toda la vida. Cercanía, demandan unos; naturalidad exigen otros….además de honestidad, capacidad, liderazgo, competencia….

El caso es que los que señalan con el dedo a los que ahora ocupan puestos de responsabilidad parecen ignorar que cuando estos abandonen sus puestos otros vendrán a hacer lo mismo, con mayor o igual dignidad, puntualidad y desvelo o quizá con ninguna de las anteriores. Nunca estamos conformes con quienes lideran instituciones, y la manera con la que algunos lo demuestran es el insulto que, por cierto, es el único recurso que queda a quien ni intelectual ni éticamente tiene otra forma de defender su posición. El recurso de estos incapacitados mentales -esto es un calificativo despectivo- es hacerse notar para demostrar su chulería y bravuconearía, amparados en una sociedad cada vez más laxa y permisiva que se demuestra incapaz de autorregularse. Ellos no entienden -tampoco les interesa mucho- que la libertad no reside en hacer y decir lo que a uno le viene en gana sino en asumir con respeto normas para no conculcar la libertad y los derechos de los demás. “Hoy por ti, mañana por mi” diría el aforismo español.

Provocar e intentar alterar el equilibrio que proporciona la moderación y el respeto por los demás, es cualidad de los chuloputas, cuyo mayor mérito es pavonearse de sus actos delante de palmeros, mamones y aprovechados. Sus actos de valentía se dan, también, ante quienes saben que no pueden o no quieren defenderse por diferentes motivos. Los episodios de cobardía y bajeza son tan numerosas que no dejan lugar a interpretaciones.

Viene al caso lo anterior en relación con lo que le ha ocurrido a S.M. La Reina cuando, en una salida con un grupo de amigos, el encargado de un bar le hizo saber que el era republicano para que ella, La Reina, lo tuviera claro. ¡¡Guau!! ¡Qué valiente habrán pensado algunos! La Reina desde luego, ha actuado con una mesura digna de su puesto. El encargado de “La Bicicleta” merece mi desprecio porque, a sabiendas de que no ocurriría nada, se ha permitido cuando menos, molestar a la consorte de El Rey que para el momento y la situación actuaba como cualquier otro cliente. El camarero actuó así precisamente por eso, porque es la esposa de El Rey cuando su deber profesional y el respeto debido a cualquier persona, debieran haberle impulsado a obrar de una manera más “normal” Sabía que habría mucha publicidad y poco riesgo.

He imaginado a D. Camilo José Cela en la situación en la que se vio implicada la Reina. Creo que este camarero no le hubiera dicho cual es su posición política porque, en el mejor de los casos, yo creo que D. Camilo le hubiera espetado: ¡A mi qué cojones me importa lo que usted piense. Tráigame un café, la hoja de reclamaciones y vaya usted a la mierda!

Por si te interesa mi parecer, yo no hubiese actuado ni como lo hizo La Reina ni como yo imagino lo hubiera hecho D. Camilo José Cela. Lo que tengo claro es que si yo soy dueño de ese bar, el encargado me hubiera durado lo que un caramelo a la puerta de un colegio. Mi manera de actuar hubiese sido exactamente la misma si el hecho se hubiera producido ante la esposa del presidente de una república.

Sí. Para mi, esto es también protocolo.

Y tu, ¿qué piensas?

© Juan de Dios Orozco López

Bajar escalones para subir en cercanía.

Don Felipe quiere, a todas luces, hacer cosas nuevas y ya no me refiero a las formas. Así lo ha puesto de manifiesto en la recepción al Presidente de la República Italiana. Siempre he afirmado que las formas son al fondo lo que el camino a la meta y mientras que sus asesores digieren estas nuevas formas, las asumen y las ponen en práctica, D. Felipe parece tener claro el rumbo que debe imponer a Su reinado. Sabe que el movimiento se demuestra andando y, en este caso, está utilizando de forma magistral el cambio en los aspectos formales de su actuación pública como vehículo propiciatorio para otro tipo de evolución más profunda que se está produciendo de forma tranquila, sin sobresaltos, de manera discreta y eficazmente.

Los pequeños pero medidos mensajes que envía, evidenciados en el cambio de cánones protocolarios ponen de manifiesto una prudente estrategia de evolución a una monarquía moderna y adaptada a lo que la sociedad demanda de un Jefe de Estado del s.XXI. Lo vemos continuamente cuando le fotografían cediendo el paso a la Defensora del Pueblo en el Palacio de la Zarzuela o demostrando cortesía y deferencia al bajar a recibir a los Jefes de Estado al pie de la Escalera de Embajadores del Palacio Real. D. Felipe ha cambiado el lugar de celebración de una almuerzo oficial con la sana y lícita intención de evidenciar otros cambios.

Que El Rey ceda el paso a la Defensora del Pueblo no es más que una forma sutil de indicar que otros cambios más profundos se están produciendo.

Que El Rey ceda el paso a la Defensora del Pueblo no es más que una forma sutil de indicar que otros cambios más profundos se están produciendo.

A este cambio sereno, elegante y adaptado al momento y exigencias sociales -no a la moda de nuestros días- está contribuyendo S.M. La Reina Doña Letizia convertida en verdadero detonante, creo yo, del uso de técnicas de protocolo, comunicación e imagen pública que antes, quizá, no tenían cabida en la Casa de S.M. El Rey.

El Rey acompaña, dando su derecha, al Presidente de la República Italiana que por primera ez es recibido en el pie de la Escalera de Embajadores.

El Rey acompaña, dando su derecha, al Presidente de la República Italiana que, por primera vez, es recibido en el pie de la Escalera de Embajadores.

El esfuerzo por impulsar la Monarquía Española con vientos frescos está dando sus frutos. Tal vez para los más profanos, solo queden impresos en la retina los peinados y vestidos de La Reina y la bajada de los 72 escalones del Rey cuando la realidad es que tanto lo aparentemente simple de un peinado y lo nimio de recibir a un dirigente público aquí o allí, responde de forma sutil a una premeditada estrategia de imagen pública que poco a poco está aumentando los indices de credibilidad y aceptación de la monarquía.

Los que nos dedicamos a diseñar estrategias de comunicación y marketing institucional con técnicas de protocolo tenemos hoy, con el gesto de D. Felipe, otra prueba evidente del verdadero valor del protocolo: Bajar 72 escalones viene a significar subir unos cinco pisos de altura.

© Juan de Dios Orozco López

Renovarse o morir.

No he podido asistir, pero en el congreso de protocolo que ha organizado la UCJC y el isPE se habló de ello. Leí un tweet que decía “El público no es el protagonista de los mitines políticos”, pero yo añado que es parte del aderezo que lleva la ensalada propagandística que hacen los partidos políticos.

Por eso colocamos a público escogido como trasera de los oradores. Suelen ser jóvenes que asienten repetidamente con la cabeza a las afirmaciones de los “lideresos” y “lideresas” Son un clap preparado para que cada premeditado silencio del orador sea llenado con estudiada y desproporcionada ovación de palmeros.

Por eso se planean y ejecutan, también, entradas triunfales en estadios y polideportivos de manera que los líderes besen y abracen a amas de casa y jubilados, que han sido llevados al acto con la promesa del bocadillo, la paella y la visión divina del político de la tele. Por eso, desde luego, se hace entrega de la bandera del partido político y de las pancartas con los lemas y se da entrada a miles de watios de potencia en sonido en el momento justo de la despedida del líder. Todo eso se lleva a cabo para que los medios de comunicación tengan suficientes recursos gráficos que expliciten el éxito de la convocatoria. El público no es protagonista pero sin el, la TV no tiene qué ofrecer. Así que hay que cuidar al público y manejarlo con tanta cautela como cariño. Porque aunque la televisión va perdiendo fuerza frente a las redes sociales, todavía es la herramienta de propaganda más potente.

Pero volviendo al protagonismo del público y a la organización de encuentros con finalidad política, yo creo que hay solo dos tipos de actos políticos:

  • Los denominados intimistas y que buscan la cercanía con el asistente. Este tipo de actos políticos se llevan a cabo, curiosamente, solo cuando no se tiene público. Je,je,…..intimistas…sí….ya. En ellos están presentes solo los miembros del partido que asisten embelesados a la retahila de maravillosas palabras que les ofrece su líder. Las claves son: discurso en teleprompter y preguntas pactadas…sí,sí, intimista…..ya.
  • Los actos multitudinarios que son los más costosos, deseados y efectivos en campaña no ya por el público que asiste sino por la imagen de respaldo popular que se obtiene de los medios de comunicación……si se llena el local. Cuando se trata de lider entre líderes, no se corren riesgos y el bocadillo se sustituye de manera inteligente -¡ay madre!- por almuerzo en mesa con mantel de papel que se adereza de “espich” y revelación política. Si el partido está en el poder la revelación política es que en la próxima legislatura se bajan los impuestos y se suben los sueldos. Si no se está en el poder, el argumento es el mismo pero si se es partido de nuevo corte lo mejor es decir que los demás son (todos) unos ladrones y que ellos vienen a limpiar con zotal y salfumán toda la suciedad. Ellos son los Mister Proper de la Política….pero con el pelo largo.

A lo anterior se suma, durante un mes antes de la campaña, un bombardeo sin piedad a los posibles votantes con supuestas innovadoras ideas que son desmenuzadas, alabadas y criticadas por avezados consultores políticos que estudian la formas y el fondo del mensaje; la indumentaria de los “lideresos” y las “lideresas”; el color de las traseras, los movimientos de manos, las puesta en escena, la redacción de discursos y su ejecución; la sonrisa y la presencia o ausencia de patas de gallo en ellas y canas en ellos y, por supuesto, los sondeos que nunca aciertan. Fachada, pura fachada.

Lo más importante para ellos -todos ellos- es crear un discurso integral, global, creíble y “ad hoc” es decir adaptado a las circunstancias del momento pero, sobre todo, que sea muy visual. Unos construyen el fondo con la generación de ideas y otros hacen visualmente atractivo el discurso con la puesta en escena.

En eso de la generación de ideas, tengo un amigo que es un experto en campañas electorales y marketing político que habla de “un martillo para tres clavos” Esta frase vendría a resumir la idea de que un discurso se construye sobre tres ideas básicas y que la operativa para alcanzar el éxito consiste en golpear reiteradamente sobre ellas. Eso es lo que hizo el PSOE  en la campaña de Rubalcaba con su cartel en el que se podía leer “escuchar, hacer, explicar”, sus tres ideas básicas.

Escuchar, HACER, explicar

Escuchar, HACER, explicar

Es también lo que en forma y fondo, ha copiado el PP en estas elecciones, cuyo lema es “Trabajar, Hacer, Crecer” La misma forma y casi el mismo fondo. Hacer ocupa hasta el mismo lugar del lema en el cartel del PSOE que en el del PP. Con grandes profesionales y consultores como estos, los partidos no necesitan buscar enemigos porque ya los tiene en casa y muy bien pagados.

Trabajar Hacer Crecer

Trabajar, HACER, Crecer

En fin, que me parece que la distancia entre percepción y realidad comienza a ser tan grande que las formas y el fondo de las campañas casi insultan al votante. Equivocada estrategia la que pretende en nuestros días presentar una imagen pública radicalmente opuesta a la realidad, creo yo. Las arrugas se pueden disfrazar con maquillaje pero las grandes cicatrices necesitan de cirugía y tiempo para ser difuminadas.

Pero yo quería hablar del encuentro de la UNED, del Congreso de la UCJC y de la Asamblea General de la Asociación Española de Protocolo……. y me ha salido esto. En fin, termino como comencé. Renovarse o morir……Yo sigo,  entre otros proyectos, con International Butler School.

©Juan de Dios Orozco López

Cortesía institucional.

La cortesía institucional comienza a ser la gran ausente en las relaciones políticas y diplomáticas. Desde hace algunos meses los hechos no hacen más que reforzar la idea de que las relaciones entre altos dirigentes se han convertido en una continua manifestación de mala educación. Esta actitud pública no hace más que acentuar la soberbia de unos y la escasa responsabilidad de otros.

Algunos dirigentes, con las más altas responsabilidades, han abandonado el gusto por intentar acercarse o distanciarse de sus rivales desde la cordura y con argumentos doctos. No se practican la sonrisa y las buenas maneras. Mucho menos la tolerancia y escasamente la inteligencia.

Parece que actuar públicamente con formas descompuestas alecciona a los más exaltados,  a los menos moderados, a los más vocingleros….. Las discrepancias y desavenencias ya no se solucionan con la sutileza de antes y entre bambalinas. Muy al contrario, los enfrentamientos se llevan a la opinión pública a través de los medios de comunicación social con la intención de que las voces de una minoría de exaltados haga callar a la mayoría de los que, observando las diferencias, preferimos buscar antes los puntos en común que las barreras que nos separan.

La diferencia entre los que gustan de palabras y hechos subidos de tono y los que preferimos el acercamiento discreto y suave –soft diplomacy– es que aquellos se crecen por el volumen de su voz y sus barriobajeros modales, mientras que otros lo hacen por la intensidad y la validez de sus argumentos.

El insulto nunca fue recurso de los inteligentes y mucho menos de los poseedores de la verdad. Simplemente porque los capaces, seguros de sí mismos y perspicaces no necesitan hacerse oír por el volumen de su palabras sino por el contenido, razón  y validez de las mismas.

Vilipendiar, por el contrario, es propio de ignorantes que consiguen que otros de su mismo pelaje, más simples si cabe, les sigan. Insultar es la única herramienta de quienes no encuentran solución a los problemas que ellos mismos han planteado.

Lo deseable es que, a cualquier nivel institucional esta desagradable, poco acertada y grosera forma de actuar, no se llevara a cabo. Pero entre el anhelo y el hecho hay mucho trecho.

Para “ilustrar” lo anterior, quién mejor que el Presidente de Venezuela, que intentando distraer la atención de los muchos problemas por los que atraviesa su país, azuza al coro de palmeros para que nos ladren mientras cabalgamos. Lástima que un pueblo tan noble como el venezolano cuente con tanto dirigente  cuyo escaso sentido del ridículo y falta de responsabilidad institucional le impidan ser respetado por la comunidad internacional.

Lo cierto es que los insultos nunca hieren cuando con ellos se pretende suplir la falta de capacidad, pobreza intelectual, mediocridad personal y falta de respeto institucional. Tampoco es menos cierto que no insulta el que quiere sino el que puede.

© Juan de Dios Orozco López