Inteligencia protocolaria.

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No me refiero al cociente intelectual de los que nos dedicamos al protocolo. No, no es ese el tema de este artículo.

Ya he escrito sobre estrategia y táctica en relación con el protocolo. Ambos son términos referidos a técnicas militares que, por su validez, se aplican en ámbitos civiles muy diversos.

En esta ocasión también escribo sobre otro término militar como es el de inteligencia. El diccionario de la RAE no contiene la acepción que yo necesito así que me permito, con todas las limitaciones y sin más ánimo que el de aclarar este concepto, definir “Inteligencia Protocolaria” como la recopilación de cualquier tipo de información, para su a posterior análisis, que permita optimizar los resultados en la ejecución de un acto o para crear el entorno más agradable a una personalidad. En resumidas cuentas, se trata de obtener información, ordenarla, extractarla y ofrecerla “desmenuzada y analizada” a quien la necesite para que pueda tomar decisiones en el ámbito protocolario.

El ciclo de inteligencia es similar para cualquier tipo de actividad sea empresarial, diplomática o, como es el caso, protocolaria.

Siempre hemos oído afirmar que la información es poder y, desde luego, quien tiene información y la sabe utilizar obtendrá la ventaja necesaria para diferenciarse y aportar valor a un proyecto.

La inteligencia y los procesos de toma de decisiones son acciones inseparables en cualquier área empresarial, política o diplomática. Es normal que las decisiones que afectan a una institución pública o una empresa se tomen siempre con el mínimo riesgo y para eso es necesario disponer de la máxima información. En este sentido, los que nos dedicamos al protocolo, siempre hemos obtenido la información necesaria para desarrollar nuestra actividad pero nunca hemos sistematizado su recolección y su posterior aprovechamiento. Quizá no hayamos obtenido el beneficio óptimo en relación con el esfuerzo llevado a cabo pero ahora ha llegado el momento, creo yo, de tomar conciencia de este nuevo concepto y ponerlo en práctica.

La inteligencia protocolaria nos permite obtener información de lo que está oculto a la mera observación.

Pues bien, en lo que se refiere al protocolo, también, creo yo, se hace necesario obtener informes amplios y certeros sobre todo lo relacionado con el desarrollo de un acto o con lo que pueda afectar a las personas más estacadas que acuden a el mismo. En especial me quiero referir al protocolo relacionado con las atenciones a altos dignatarios extranjeros, responsables empresariales de muy alto nivel y cualquier otra circunstancia que pueda impedir o dificultar alcanzar nuestro objetivo final.

Si hacemos inteligencia identificaremos riesgos y oportunidades además de tomar conciencia de nuestras fortalezas y debilidades. Hacer inteligencia protocolaria y protocolo inteligente viene a demostrar la profesionalidad del que los pone en práctica.

¿Tu qué crees?

Gráfico de inteligencia: Asociación Española de Documentación e Información.

Imagen iceberg: Internet.

© Juan de Dios Orozco López

Protocolo y éxito empresarial

Artículo publicado en la web de la Universidad ESAN (Perú) (*).

Son muchos los que cuando hablan de protocolo se refieren a actitudes personales anacrónicas que sólo son puestas en práctica en círculos sociales exclusivos. Sin embargo, el protocolo moderno se aleja de la afectación del pasado para centrarse en la sencillez,  naturalidad y eficacia de la actuación personal tanto en el ámbito social,  como en el empresarial, el político o el diplomático. Del protocolo excluyente del pasado hemos pasado a un protocolo integrador y facilitador del triunfo en el presente. El protocolo se ha convertido en nuestros días en una herramienta de comunicación que contribuye al éxito de las relaciones humanas y que afecta definitivamente a la imagen pública de las personas, de las instituciones y de las empresas.

Es imposible determinar todas y cada una de las formas de comportarse correctamente en cada uno de los rincones del globo terráqueo. Por este motivo, algunos autores como los profesores Geert Hofsteede, Richard Gesteland o Edward T. Hall han investigado, interpretado y descrito los factores culturales genéricos que permiten evitar conflictos y malentendidos entre personas de diferentes culturas.

En nuestros días, para hacer negocios en cualquier lugar del mundo, no sólo es necesario conocer generalidades culturales y dominar una lengua. En el ámbito de las relaciones internacionales, no basta hacerse entender con palabras. Ahora es necesario profundizar en las particulares formas de ser y estar de otros para adaptar nuestros propios modales y comportamiento a situaciones en las que, cada vez con más frecuencia, la interculturalidad es lo habitual. Mientras más larga y compleja sea la negociación, más profundo y detallado ha de ser el conocimiento de la forma de pensar de la otra parte y más necesario se hace el protocolo.

Hablar de protocolo como herramienta para el éxito en los negocios exige interpretar y emular adecuadamente el comportamiento de las personas. Sin embargo, existen elementos del comportamiento humano que no son accesibles a simple vista. Me refiero ahora a las creencias, las supersticiones, los valores culturales o el concepto del bien o el mal, entre otros. Si pretendemos obtener un alto rendimiento de la relación con los demás, comencemos por conocer cómo piensan, cuáles son sus gustos, sus costumbres y hagamos un esfuerzo de adaptación en la seguridad de que nuestra actitud protocolaria incrementará nuestros resultados empresariales.  Actuemos para que las personas con las que nos relacionamos se sientan cómodas en nuestra presencia y que aprecien nuestra compañía. Ello contribuirá a nuestra propia comodidad.

A los efectos anteriores, es necesario dejar claro que proporcionar comodidades a los demás significa conocer sus usos y costumbres para evitar hacer o decir algo inapropiado que perjudique nuestra relación. No basta tener buena intención. No es suficiente querer agradar a los demás. Lo importante es el resultado final de nuestras acciones.

La palabra clave es respeto. Absoluto respeto por la forma de ser, pensar y sentir de la otra parte. Sin respeto, con toda seguridad, nuestros negocios no tendrán éxito. Pero para poder respetar es necesario conocer qué conceptos son de auténtico valor y cuales merecen el rechazo de nuestros interlocutores.  Estas circunstancias hacen ineludible que, entre las habilidades y destrezas exigibles a un ejecutivo o ejecutiva del siglo XXI, se considere un valor profesional en alza el conocimiento de protocolo y muy particularmente los modos correctos de actuar en el mundo de los negocios.

Hablando de modos de actuar, ¿qué aspectos personales valora usted cuando se relaciona, en ambiente de negocios, con personas de otros países o de otras regiones del Perú?  ¿Se ha visto usted envuelto en alguna situación incómoda por no saber cómo debía actuar? ¿Ha sido testigo directo o indirecto de una situación en la que la falta de protocolo haya afectado negativamente a una relación de negocios?  ¿Conoce, por ejemplo, cuales son los temas tabú en las conversaciones de negocios? Me gustaría y agradecería mucho conocer su opinión.

(*) Entre el 26 y el 29 de mayo tengo previsto – Dios mediante- ofrecer varias conferencias y un Seminario en Lima (Perú) invitado por la Universidad ESAN.

© Juan de Dios Orozco López

Postureo político.

A nadie le viene mal salir bien en la foto. En especial, una buena fotografía le viene bien   a los políticos a quien -dígase lo que se quiera decir- su imagen personal les sirve en gran medida para aumentar la cuenta de resultados en su imagen pública. Mejor imagen pública significa más votos.

Si, si, todo eso del programa, las buenas intenciones, la identificación personal con los anhelos de la sociedad y el respaldo a los derechos de las clases más desfavorecidas está muy bien pero aparecer bien en la foto es fundamental. Los programas electorales lo leemos unos pocos, pero la imagen de un candidato es observada por todo el mundo.

Los asesores segmentan públicos y preparan mensajes para cada uno de ellos. Un día el candidato aparece en vaqueros porque va a la Universidad y otro se pone la corbata porque aparece en rueda de prensa en el Parlamento. A nadie debe extrañar que en el pasillo de entrada del mitin, aparezca una señora mayor que besa al candidato o la candidata como si lo conociera de toda la vida. Nadie debe sorprenderse porque surjan como setas en temporada, también, jóvenes situados detrás del candidato que mitinea y que asienten a cada una de las afirmaciones del líder. Hay que vender la imagen del líder  y por eso se escogen personas adaptadas al mensaje. Bueno, esta táctica le sale bien al PSOE pero no a George Bush como puedes ver a continuación.

Hay una cosa que sí está clara y es que los políticos necesitan del postureo para llegar a alcanzar sus metas. No basta con que un político sea convincente, honesto, íntegro y que tenga un gran programa político. Además es necesario salir bien en la foto. El éxito político está ligado, en alguno o todos lo momentos de su trayectoria, a aparecer bien ante la opinión pública. Se trata de ser o aparentar simpatía, elegancia conductual, cercanía, inteligencia, cordialidad, alegría, fuerza, determinación, capacidad, intelectualidad, lealtad, compasión….. Pero, claro está, todas esas cualidades son imposibles de demostrar a millones de votantes si no es por la imagen. Por eso se cuidan las puestas en escena de los políticos.

No recuerdo haber visto Sarkozy en zapatillas de estar por casa y sin sus zapatos (taconazos) con alzas. Tampoco recuerdo haber visto a Margaret Thatcher con los rulos puestos. Cuando algún periodista se acerca íntimamente a un político, este puede hacerlo en pijama pero seguro que le queda como un guante. Recién levantados, algunos de los más atractivos políticos y de las políticas más sexys darían un susto de muerte hasta a Freddy Kruegger.

Por eso, porque ningún político puede dejar ver sus debilidades, es por lo que para llegar a todos, en la mejor forma posible, necesitan del postureo. Eso es lo que ha practicado Tania Sánchez. Lo vemos en un reportaje que incluye vídeo en elmundo.es  en el que es presentada como mujer independiente de su novio y con capacidades propias. Por eso aparece, cual modelo de pasarela, mostrándonos varios vestidos, zapatos y poses……muy modesta pero también muy a la moda, con la melena al viento, la mirada perdida en la inmensidad del universo…….

Tania

Pero el colmo del postureo político lo ejemplifica esteeeeeeeeeee…..Varufakis!!! que en un alarde de coherencia política y personal aparece disfrutando de la sencillez y sobriedad de su apartamento de lujo mientras toca el piano frente a la Acrópolis, toma un sencillo lunch en su soleada terraza o diseña su brillante estrategia económica frente al más caro de los portátiles de Appel……. y así le va que, hasta en su propio país, ya le tienen ojeriza. Es lo que ocurre por creerse que cuando uno está arriba resulta inmune.

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Porque esto del postureo es como un “quiero pero no puedo”. Al final, “se te ve el plumero” si no demuestras ser lo que has pretendido aparentar.

© Juan de Dios Orozco López

Estrategia y táctica de protocolo.

No te preocupes, no te voy a hacer leer el poema de Mario Benedetti. Pero te lo recomiendo.

Es muy cierto que una imagen vale más que mil palabras. Por eso, si lo que está ocurriendo es interesante para mi, y no tengo la oportunidad de asistir en directo, recurro a las fotografías y los vídeos disponibles. Naturalmente, veo lo que me interesa y me sirve. En ese ejercicio diario corroboro casi con indignación que el hombre es el único ser vivo que tropieza infinitas veces en la misma piedra. No se trata de un caso concreto, pero los hechos me indican que en protocolo damos demasiado valor a lo macro y a las grandes líneas estratégicas, en perjuicio del cuidado y el gusto por el detalle. Lo cierto es que cuidar el detalle es como crear unos cimientos sobre los que construir. Observo que para muchos es muy valioso diseñar estrategias sin tener la más mínima idea de lo que son, para qué sirven y que pretenden. La prueba me la dio el otro día mi amigo Juan de Sevilla -ahora Jefe de Protocolo y comunicación del portal de su bloque de pisos- cuando me dijo: “Güandedió emo de diseñá la hestratejia de comunicasion y procotolaria para habentajá a los demá bloque de besinos. Zin hestratejia no zemos ná”  Yo le dije que lo principal era tener el portal limpio, que el ascensor funcione y que los vecinos no tiren basura al patio interior. Preocúpate primero de la táctica, le dije. Pero no me ha hecho caso y ya ha redactado un documento de 837 páginas para sentar las bases “que himpursen la harsiones de comunicacion , de relasione pubricas, hinztitusionales y hotras que pudieran deribarse de faena barias que pretendieran o pretendiezen menozcabá er pran hestratégico en momento puntuale de zituaziones de crisi” “Hes mi debé como Gefe de procotolo, Güandedió”, añadió.

Como ya he escrito nosecuantasveces, a mi me interesan las formas y el detalle. Creo que hay que prestar especial atención a los anteriores factores por el efecto inmediato que causan en el observador y también por la huella que imprimen a largo plazo. En realidad, creo que en muchas ocasiones no somos conscientes de la importancia que tiene lo supuestamente nimio y que, cuando nos equivocamos en pequeñas cosas, que a simple vista no son perceptibles por el observador, no les damos la importancia debida. La acumulación de pequeños errores lleva inexorablemente a cometer un fallo de dimensiones incontrolables. Cuando eso ocurre y se comete un error más visible, lo normal es que los pequeños fallos -a los que en su día no dimos importancia- afloren y crezcan. El problema se convierte en mayúsculo si dejamos de lado los mínimos errores pretéritos. Si no atendemos a los problemas tácticos difícilmente podremos seguir la línea estratégica.

Es necesario tener en cuenta que un espectador trabaja con sus sentidos para tomar decisiones a corto plazo – hablamos entonces de emocionar-  y deja las profundidades y las reflexiones sesudas para momentos en que la decisión es más trascendente para sus intereses. Entonces actúa la razón. Desgraciadamente, la idea generalizada es que hay que trabajar estratégicamente para ganar por la razón, despreciando la táctica básica que se dedica al corazón, la emoción y la inmediatez.        

Se desconoce que a largo plazo, también, actúa la suma de las sensaciones recibidas a corto plazo. Por eso, en esto de las percepciones los pequeños fallos o aciertos -casi imperceptibles a simple vista- se amontonan como grano en granero. Los errores o aciertos pequeños se convierte en mayúsculos por simple acumulación.

Permíteme una sola idea para hace comprensible esto de la táctica y la estrategia. Hace unos días visitó España oficialmente el Presidente de la República de Colombia que es zurdo. Entre los actos programados destaca la firma de acuerdos. La estrategia de protocolo dicta que el Presidente que nos visita debe sentirse en todo momento cómodo y que todo debe ser agradable para que ello impulse la posición de España. La táctica estudia y cuida la forma específica en la que se deben producir cada una de las actuaciones del Presidente. El resultado es que por no cuidar la táctica, el Presidente de Colombia se ve obligado a firmar un documento en una carpeta muy bonita pero absolutamente incómoda porque está diseñada para diestros y no para zurdos. Echa un vistazo a la fotografía. La solución táctica para atender a las líneas estratégicas hubiera sido cambiar los papeles desde la derecha de la carpeta a la izquierda, teniendo en cuenta la mano con la escribe el Presidente.

  

Toda esta retahíla de ideas viene al caso porque estamos en España en elecciones y no parece que los responsables de protocolo y comunicación hayan hecho propósito de la enmienda. Ellos siguen diseñando estrategias cuando la guerra,creo yo, se libra en los pequeños combates protocolarios diarios.

Pues eso, menos estrategia y más táctica.

Dedicado a todas mis amigas protocolarias que sí cuidan la táctica en el Día de la Mujer trabajadora.

© Juan de Dios Orozco López

Imagen y aceptación pública

La estrategia de imagen pública de un responsable político o empresarial no solo incluye la difusión y puesta en valor de los logros alcanzados y de sus proyectos futuros. Humanizar al candidato o líder es fundamental para movilizar voluntades y ganar la aceptación de unos y otros. De estrategias y marketing político saben mucho en los Estados Unidos de Norteamérica y cada vez más en Europa. Sin embargo, la opiniones públicas de uno y otro lado del océano son diferentes en cuanto a la aceptación de determinados roles de un dirigente y la utilización de algunos recursos de imagen para ganar credibilidad. Pongamos un ejemplo claro: en EE.UU la utilización de los hijos menores de edad en las campañas electorales es un hecho, mientras que en España merecería la reprobación pública además de ser ilegal.

La imagen pública de un dirigente tiene varios componentes y guste o no, y se acepte o no, la verdad es que no solo se cimenta en política, proyectos políticos y logros políticos. Es cierto. No todo es política y ellos lo saben. Hay un vector importantísimo que impulsa la aceptación del líder y de su actividad  que es la manera de relacionarse con el votante. En la era de la imagen, donde las decisiones se toman por lo que se observa y por las sensaciones y emociones que despierta lo observado, parece que los líderes de España o sus asesores no se enteran de la necesidad de hacer visibles otras cualidades además de las actitudes y aptitudes.

Particularmente en España, solo recordamos que se ha de cuidar lo que los demás perciben durante los 15 días antes de las votaciones. Vienen, entonces, los asesores en telegenia y fotogenia para afirmar en los medios de comunicación social que las corbatas tienen que ser de un solo color, que las americanas deben estar abiertas y que, para no mover muchos las manos y aparentar tranquilidad en un debate, lo mejor es tomar un bolígrafo Bic, no Montblanc, claro está. Además, muchos expertos se limitan a afirmar que tener buena presencia es un plus para ganar. Últimamente, los grandes gurús han descubierto que la corbata no solo no es necesaria sino que, para determinados casos, incluso la americana está de más. Gú-a-u!!!! ¡Qué aportación tan interesante!  Estas pobres y simples ideas siempre se repiten y encuentran su espacio, de forma recurrente, en los medios de comunicación, muy cerca de las elecciones. El resto del tiempo nadie da importancia a la imagen.

En la mayoría de los casos, los profanos entienden que la imagen pública está circunscrita a la apariencia o imagen personal pero, en realidad, cuando nos referimos a imagen pública, hablamos no solo respecto de caracteres físicos sino intelectuales, de actitud personal, culturales, de habilidad pública, sociales, verbales, no verbales y, aspecto muy importante, del modo en que el candidato es ejemplo de valores apreciables por la sociedad. Particularmente, en este último caso, los candidatos y sus asesores deben hacer un esfuerzo sostenido en el tiempo.

Al poder político y al empresarial se accede no solo con proyectos y programas sino con apariencias. Tanto si nos gusta como si no, esa es la verdad. Dando por cierto lo anterior, no parece que la estrategia de imagen pública que se sigue por la mayoría de nuestros políticos sea la más adecuada. Más bien, la pócima que convence al elector se debería dar en dosis más pequeñas pero continuadas en el tiempo, con una visión tan a largo plazo que se prolongara desde el final de unas elecciones hasta el inicio de las siguientes. Y así lo hacen en los Estados Unidos de manera que los líderes no recurren solo en periodos temporales concretos a cuidar, cimentar e impulsar su imagen pública sino que, con la más absoluta de las normalidades, sus agendas incluyen acciones periódicas cuya finalidad es cuidar la percepción que los demás tienen de su líder.

Quienes tienen muy claro que solo la combinación de acciones políticas y de imagen pública tienen suficiente fuerza para encumbrar a lo más alto a un personaje público son Obama y sus asesores.

En lo que a marketing de personalidades se refiere, los americanos nos sacan varios cuerpos de ventaja. Echa un vistazo a las siguientes fotos y juzga por ti mismo.

Así sí se hace imagen pública y los de protocolo sabemos de ello.

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Tu mismo.

Lo hemos oído multitud de veces, “no hay una segunda oportunidad para causar una primera buena impresión” Y es muy cierto. En multitud de ocasiones, los prejuicios nos hacen ver en los demás actitudes que no nos resultan agradables pero el examen del otro, y su aceptación o rechazo a priori,  es parte de la condición humana. Por eso es tan importante causar una primera buena impresión.

Si no conseguimos la aceptación desde el principio, cuando menos, deberemos emplear tiempo y energías en cambiar la percepción negativa que de nosotros se tenga. Si, por el contrario, empleando un mínimo esfuerzo, la otra parte nos acepta, tendremos ganado un tiempo valiosísimo.

Aprender a “caer bien” a los demás, desde el principio, es cuestión relacionada con la educación, con la urbanidad…..y con eso que llaman protocolo que algunos califican de “casposo” por pura ignorancia.

Todo se aprende, siempre y cuando haya una predisposición a ello. Por eso, hacerse querer, respetar y apreciar de las personas que nos presentan en una reunión social o de negocios requiere un esfuerzo personal de adaptación al medio. Es muy cierto que, a veces, las circunstancias de trabajo o sociales nos obligan a renunciar a nuestros gustos y deseos para cumplir con las espectativas que otros tienen de nuestra persona o para alcanzar resultados profesionales. Lo importante es que la dejación de nuestros gustos no signifiquen pérdida de la propia identidad.

Cuando de socializar se trata, solo hablamos de devoción, pero en el mundo de los negocios estamos obligados a caer bien desde el principio y a renunciar a parte de nuestras satisfacciones para adaptarnos a los demás.

El esfuerzo por caer bien a los demás, renunciando a los propios deseos, tiene como recompensa el aprecio de las personas con quienes nos relacionamos. En el caso de  la empresa, reporta importantes beneficios en términos de reforzamiento de relaciones personales.

Llámalo como quieras pero ser educado, adaptarte a las personas, al momento y al lugar, ofreciendo una buena impresión, siempre produce beneficios.

Estoy muy de acuerdo con la reflexión de mi amigo Juan de Sevilla: “Güandedió, é una cuestió fasir: Tubi or not tubi….polair” (*)

Tu mismo.

(*) Traducción libre del autor: “Juan de Dios, es una disquisición básica: To be or not to be…..polite”

© Juan de Dios Orozco López

IX Jornadas de Protocolo de la UNED

Durante los días 6,7 y 8 de mayo e 2015 se celebrará en el Salón de Actos de la Facultad de Derecho de la UNED las IX Jornadas de Protocolo de la UNED con el título “Espacios y ámbitos de aplicación del protocolo”

Organizado por el Grupo de Investigación de Historia del Pensamiento Jurídico-Político (GIHPJ-P) de la UNED, con el patrocinio de los Postgrados en Protocolo de la UNED y con la colaboración de la Seeii (Sociedad de Estudios Institucionales), se anuncia la celebración de las IX JORNADAS SOBRE PROTOCOLO, bajo el lema “Espacios y ámbitos de aplicación del protocolo”, que se celebrarán en el Salón de actos de las Facultades de Derecho y CC Políticas de la UNED (c/ Senda del Rey, nº 2, 28040 Madrid), en sesiones de mañana y tarde (salvo el viernes que sólo serán de mañana).

Tienes toda la información en http://www.fundacion.uned.es/actividad/idactividad/8968 y me recomendación es que no te las pierdas.