Protocolo e intolerancia.

Ya lo he comentado muchas veces: el protocolo oficial y el denominado protocolo social sirven -entre otras circunstancias- para la convivencia, imponiendo límites que eviten conculcar derechos y libertades de unos y otros.

Pero además, el protocolo debe respetar las tradiciones y preservar los elementos culturales que diferencian a una sociedad de otra. Ello nos permite ser diferentes sin que signifique menosprecio por lo que sienten los demás o desprecio por sus convicciones. Insisto: protocolo es sinónimo de respeto intencionado para convivir. Por eso no entiendo cómo dentro de un reglamento de protocolo oficial -cualquiera que sea y a quien afecte- se incluya la prohibición de  asistir a un acto religioso -que además forma parte de la tradición- con los atributos y símbolos de un cargo público.

A nadie se le oculta que algunos utilizan el protocolo con fines partidistas y sectarios pretendiendo imponer de manera soez y con una falta total de desprecio por el pasado y la tradición, las formas de pensar actuales de unos pocos. Algunas de las funciones principales del protocolo – como las de mantener las tradiciones y procurar el respeto mutuo- quedan así arrinconadas cuando no ultrajadas sin razón.

¿Por qué un concejal no puede acudir a un acto religioso con los símbolos que le distinguen como representante de sus votantes? ¿Bajo qué premisas se limita la libertad  de una persona para satisfacer las ideas de los que hoy tienen el poder y mañana puede que no? ¿Qué beneficio proporciona esa limitación de la libertad personal a los redactores de esa norma? Simplemente no encuentro explicación más allá del deseo sectario que algunos tienen.

Lo que un cargo público es, lo que piensa y su forma de actuar son cualidades inseparables del mismo, valoradas en su totalidad y no parcialmente por los votantes. El hecho de que un cargo público acuda a una celebración religiosa provisto de los símbolos que le distinguen como representate de un grupo social no es diferente del de asistir al mismo acto sin esos símbolos distintivos o a un partido de fútbol. Su calidad y su cualidad no cambian porque, hasta que finaliza su mandato, el cargo público lo es con y sin faja, bastón, medalla o insignia, creo yo.

Pero qué le vamos a hacer. Siempre han existido ingenuos, aprovechados, sectarios, ignorantes e intolerantes. Darse de bruces con el poder y no hacer una buena digestión del mismo, tiene como consecuencia una gastroenteritis mental. Esta enfermedad la padecen muchos, pero tiene cura.

Pues eso, a buscar un buen especilista (en protocolo) que prescriba el remedio a tanta mediocridad e intolerancia.

© Juan de Dios Orozco López

 

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Cada uno en su lugar.

La observación. ¡Cuánto se aprende de la observación! ¡Qué importante es uno u otro gesto! ¡Cuánta contenido e información hay en los gestos! Ya sabes que una de las finalidades del protocolo es decir por el gesto lo que explícitamente no se puede o se debe decir. Desde hace unos años vengo observando qué hacen los dirigentes e intento descifrar el porqué de sus gestos. Me sirve para aprender cómo hacer las cosas bien y evitar cómo hacerlas mal….en protocolo y en mi vida profesional y privada.

En algunos casos, esos gestos no son premeditados y descubren intenciones no deseadas por los actores. El dirigente que por ignorancia o desprecio actúe públicamente así,  no es más que un auténtico irresponsable. Un gesto de un gobernante o alto directivo empresarial puede traducirse en un aumento o disminución significativa de los índices de su imagen pública, credibilidad y, en el peor de los casos, en unos costos económicos insalvables.

Por el contrario la sensatez de quien tiene altas responsabilidades, exige el cuidado extremo de los más mínimos detalles para que el observador no tenga capacidad de interpretación y lo deducido de la observación sea estrictamente lo que sea desea emitir como mensaje. Recordemos que, para determinados contextos, se comunica más por el gesto que por el verbo. De esto saben mucho los expertos en comunicación no verbal pero el modo en que se pone de manifiesto la carga de comunicación al observador lo diseñamos nosotros, los de protocolo.

Viene al caso lo anterior por lo que vengo observando en los modos de recibir de S.M. El Rey, en el Palacio de La Zarzuela, a los representates de los partidos con escaños en el Congreso de los Diputados.

Es curioso cómo en la anterior convocatoria – la de las anteriores elecciones- S.M decidió esperar -demostrando su deseo de cercanía- a los representates políticos cuando acudían a visitarle y, sin embargo, en estas ocasiones ha decidido volver a la formalidad de que su ayudante de campo anuncie la llegada del Rey mientras que el político de turno lo espera.

Naturalmente, nunca sabremos con certeza la razón que ha movido a S.M a cambiar las formalidades del encuentro por la lógica y apreciable discreción con que el Departamento de Protocolo de palacio lleva a cabo sus acciones. Por eso nuestro protocolo es tan excelente. Porque prima la discreción de quien planifica y ejecuta por encima de intereses y personalismos.

El caso es que no dejo de preguntarme cúal es la razón de ese significativo cambio. Reflexionando sobre el asunto no encuentro más que una respuesta: alguien se ha dado cuenta que la cercanía que los Reyes de España desean tener para con todos los que se acercan a ellos, estaba siendo utilizada y aprovechada de forma torticera por quienes no solo no respetan su papel institucional sino que públicamente lo desprecian. Y, claro está, para bien o para mal – nos guste o no- cada uno debe ser y representar el papel que le toca desarrollar. Queda claro que muchos de los representates políticos con su desaliño, estudiada relajación de formas, y premeditado “compadreo”, han utilizado determinadas circunstancias de atenuación protocolaria para intentar ponerse a una altura que no les corresponde. Pagan justos por pecadores porque mientras unos saben estar y merecen la cercania con la que el Rey se prodiga, otros abusan de la mano tendida para tomarse la libertad de actuar con la ligereza que sólo un gañán practicaría.

Para que no te quede duda de cuanto aquí destaco, te dejo dos vídeos en los que se observa la diferente forma en que S.M recibía y recibe a los políticos con representación parlamentaria.

Hace tres meses S.M. El Rey esperó a Pablo Iglesias.

Esta misma mañana D. Felipe era anunciado por el ayudante de campo de servicio. Ha sido Aitor Esteban quien ha esperado al Rey.

Y es que el protocolo tiene aquello que tarde o temprano coloca a cada uno en su lugar, el que le corresponde. Al menos, eso creo yo….pero es posible que me equivoque.

© Juan de Dios Orozco López

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El estilo permanece.

De lo que otros dieron por bueno en el pasado siempre se pueden extraer conclusiones nutritivas en el presente.

Ya estoy preparando mi segundo libro sobre protocolo. Estoy escribiendo sobre protocolo aplicado al liderazgo y las relaciones internacionales, empresariales, personales, diplomáticas. Por eso estoy volviendo a leer -junto con otros tantos “incunables”- el libro “Código de etiqueta y distinción social” del Duque de Camposol que unido al artículo de Arturo Pérez Reverte “No era una señora” , me han dado una idea sobre la que escribir otra vez: los buenos modales.

La educación y la cortesía siempre fueron cualidades premiables y muy valoradas por las sociedades avanzadas. La sociedad prestigiaba y valoraba a quienes, además de cumplir con las leyes, cumplían con sus deberes de ciudadano. Se trataba de agradar a los demás y el único premio era la consideración de los demás y la satisfacción personal. La actitud de agradar y de no distorsionar la normal relación de personas -aunque sus posiciones personales, ideológicas y de religión sean distantes- es observada como de auténtico civismo, cuando se adaptaba a la norma, o de incívica cuando, de manera consciente, se desprecia con actitudes reprochables las normas de convivencia. Esas normas de convivencia son creadas para cubrir los huecos donde la norma legal no llega de manera que lo que no es punible por la ley es reprochable o premiable por la convención social. Es curioso, mientras la norma legal está hecha para castigar por el incumplimiento, la norma social no solo castiga con el rechazo sino que premia con la consideración del grupo. La sociedad impone unas normas no dictadas legalmente de manera que acatarlas te hace merecedor del respeto o acreedor del mayor desprecio.

Nadie debería esgrimir la falta de conocimiento o cultura como eximente, porque ser cívico no es cuestión de ser culto o no. Para ser cívico solo hace falta el deseo de serlo y la intención de aprender por la observación – donde fueres haz lo que vieres– lo que es correcto en cada situación, en cada momento.

Cierto es que se está perdiendo ese gusto por agradar a los demás. Parece que esa actitud restara valor personal o profesional a quien se prodiga en ceder asientos, ofrecer sonrisas, no decir todo lo que se piensa, franquear pasos, entregar la derecha o incomodarse para acomodar a los demás. La realidad, los años y la experiencia personal me llevan a afirmar con rotundidad que la soberbia, los malos modos, la falta de educación y la falta de respeto consciente a las normas sociales no escritas llevan estrepitosamente al fracaso social y, por lo tanto, al empresararial, político o diplomático.

De lo que otros dieron por bueno en el pasado siempre se pueden extraer conclusiones nutritivas en el presente.
De lo que otros dieron por bueno en el pasado siempre se pueden extraer conclusiones nutritivas en el presente. Los conservo como oro en paño. La foto es mía….y los libros también.

Lo que está claro es que existen tantos y tan diferentes grupos sociales que cada uno de ellos impone sus normas de acceso y permanencia en el grupo. De ahí que determinadas personas no encajen en unos u otros grupos. De ahí, también, que al menos para la convivencia intergrupal, deban existir unas mínimas normas generales y de validez genérica. Unas normas mínimas de relación que, cuando son rotas, provocan la fragmentación y distanciamiento entre grupos que un día estuvieron unidos.

Eso es lo que nos está ocurriendo. Y cada vez más. Nos inventamos nuevas formas de ser y actuar que supuestamente son más modernas y se adecuan a nuestros días. Sin embargo, nos olvidamos de la esencia para el éxito de la convivencia: el respeto a los demás y los límites de la actuación personal que nunca se deben sobrepasar.

Es seguro  que a la notable pérdida de valores sociales personales hay que sumar el incremento del individualismo frente a la idea del bienestar del grupo. Debe ser una moda y, por lo tanto, todo los que está ocurriendo será pasajero.

Ahora entiendo mucho más, si cabe, a Coco Chanel cuando afirmaba: “La moda pasa. El estilo permanece.” Se que su afirmación no tenía nada que ver con la indumentaria.

© Juan de Dios Orozco López

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Visitas oficiales y visitas de Estado.

Sí, ha estado en España. La tan ansiada venida de Obama se ha producido y parece que todo ha ido bien, que todo va mejor. Seguro que es así porque la diplomacia de España ha trabajado para ello durante muchos años.

Hemos visto numerosos gestos muy favorables a España. Pero esas situaciones han sido creadas por quienes de forma estratégica – de uno y otro lado del océano- hacen protocolo. Alardeamos los españoles de hacer uno de los mejores protocolos del mundo: somos muy buenos organizadores porque tenemos la experiencia para ello y además nuestro carácter afable, conciliador y nuestras ganas de agradar a quien de buena fe nos visita, nos permite alcanzar el éxito en estos asuntos de las relaciones al más alto nivel.

Ni un solo “pero” a la magnífica organización protocolaria que, con la flexibilidad obligada de un buen organizador de este tipo de actos, ha llevado a cabo un cambio de programación impresionante en un cortísimo espacio de tiempo y con una ejecución brillante. Para los neófitos en la organización de estos encuentros de tan alto nivel, la decisión de reducir, cambiar itinerarios de estas autoridades por tierra y aire requiere, además de una magnífica organización, la buena disposición de quienes ejecutan y hacen de un problema una auténtica oportunidad para promocionar e impulsar la imagen de España. Doy fe de ello porque lo he vivido en propia carne.

Pero ¿de qué ha servido esta visita? Porque lo cierto es que salvo recibimientos, fotografías de saludos y movimientos en espacios tan espectaculares como el Palacio Real de Madrid, nada se ha firmado; ningún acuerdo se ha cerrado. ¿Entonces? Pues está claro que hay que leer entre líneas porque todo el mundo sabe que la venida del “zeñó Mojama” -así lo llaman en Sevilla- es buena para España y para EEUU, pero muy pocos saben para qué sirve tanto protocolo, tanta ida y venida, tanta reunión y tantísima fotografía y vídeo. Y yo creo que hay que explicarlo.

Obama y Felipe VI en el Palacio Real
El Rey sigue mostrando gestos protocolarios de acercamiento hacia sus invitados de igual rango. Esta fotografía, en la que se hace un recorrido reducido en el Palacio Real, da pie a interesantes y productivas “elevator pitch” Un buen protocolo las hace posible. Foto Casa Real.

Veamos. Por un lado a Obama (EEUU) le conviene estar a bien con España porque es un aliado estratégico por muchas razones de defensa, económicas y políticas. Por otro lado, España necesitaba que “el hombre más poderoso del mundo” viniese a España para quitar aquel mal sabor de boca que dejo el gesto de desprecio -no hay otra forma de calificarlo-  a la bandera de una nación. Las dos naciones siempre se han declarado aliadas y con buenas relaciones pero la forma de hacer notoria, pública y explícita esa relación pasaba porque el Jefe del Estado norteamericano viniera a España. Nosotros ya habíamos ido allí. S.M. El Rey visitó a Obama y los encuentros del Presidente de España y el jefe de Estado norteamericano se habían producido en EEUU y en otras reuniones. Y es ahora cuando se ha demostrado ese principio diplomático de la reciprocidad – tu me das y yo te doy, tu me consideras en igual medida que yo a ti- que ha quedado perfectamente explicado con esta visita de índole protocolario y en la que los gestos, las declaraciones, las sonrisas y los actos portagonizados por estos dirigentes demuestran de una manera inequívoca que todo marcha bien. El momento también es importante dado que al Presidente Obama le queda poco tiempo en su mandato, tiene muchas obligaciones e intereses que atender y, sin embargo, con su presencia, ha demostrado la importancia que tiene España para EEUU.

Una imagen vale más que mil palabras y esta fotografía está cargada de contenido. Una conversación distendida y la sonrisa de ambos dan muestra de una zona de confort creada ex profeso por los responsables de protocolo. Foto Casa Real.

Digo lo anterior para que aquellos que tanto desprecian el protocolo comiencen a valorarlo como lo que es: una herramienta de impulso mediático, generador de credibilidad, creadora de percepciones positivas y -entre otras muchas circunstancias- el único modo de explicitar ante el mundo que dos países son aliados, se respetan y demuestran mutuo aprecio. En diplomacia, de nada sirve ser aliados si los demás no lo saben y las sociedades de ambos países no lo valoran.

¿Todavía queda duda de la utilidad del protocolo? Bien, pues algún político todavía seguirá incluyendo las mariscadas, las comilonas y los regalos institucionales en la partida económica de protocolo. Obama se lleva un jamón de pata negra y un libro y ambos elementos encierran un mensaje  y yo me pregunto si eso también es hacer protocolo.

© Juan de Dios Orozco López

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Prensa y organización de actos.

Que no hombre, que no. Que lo que no está bien, no lo está….y punto. Siempre estamos con la misma discusión. Organizar un acto, convocar a la prensa y que todo ruede perfecto es imposible. Los de protocolo pretendemos hacer nuestro trabajo en busca de la perfección -claro está sin caer en lo cursi-  y la prensa pretende hacer el suyo aún a costa de que el nuestro se vea menospreciado.  Que sí, que necesitamos a la prensa pero no es menos cierto que ellos también nos necesitan para hacer su trabajo. Tenemos que ofrecerles comodidades, espacio, información…y todo lo que sea necesario. Pero de ahí a que ellos campen a sus anchas en un acto hay un trecho importante. Y no, ellos no puede hacer lo que quieran, cuando quieran y como quieran. Y ahora me refiero al cómo hacen su trabajo. Hablo de actos institucionales y no de convenciones empresariales o de promoción de “güisqui”. Pensemos en una ceremonia de imposición de condecoraciones, en una ceremonia de entrega de premios. Al invitado se le exigen muchas cosas: puntualidad, indumentaria, una determinada localización etc,etc,etc. ¿Y la prensa? ¿Por qué a los gráficos y redactores se les debe permitir hacer, moverse, llegar, vestir y comportarse como quieran? Yo me niego y defiendo a los que en Ceuta han organizaron un acto de imposición de condecoraciones y no permitieron el paso a quienes para hacer su trabajo no iban correctamente vestidos. Ya sé que muchos posmodernos y hipster venidos a más, para mantener a la prensa contenta, tragan camiones cargados de piedra pómez  y les permiten hacer lo que quieren. Estos organizadores, caracterizados por ir en contra del mainstream -palabra moderna donde las haya y que solo ellos saben descifrar según les conviene – afortunadamente no suelen organizar actos sino otra cosa muy, pero que muy diferente.

Veamos algunos ejemplos donde sí exigen corrección y a ningún periodista se le ocurre no asumir los pedidos del organizador.

Los periodistas que acuden a las ruedas de prensa de Obama se levantan cuando el Presidente entra en la sala de la Casa Blanca y visten todos de traje (terno en América del Sur). Cierto es que en determinados espacios los redactores no se levantan para no entorpecer el trabajo de los gráficos. Echa un vistazo  a esta fotografía y observa que todos van con playeras, pantalón corto y camiseta de tirantes. Je,je. Ahí no entra nadie vestido de faralaes.

El presidente Obama hablando ante una sala de prensa repleta ()
El comportamiento de los periodistas acreditados en la Casa Blanca se autorregula con normas de su propia asociación. Ninguno acude vestido de forma incorrecta a una rueda de prensa del Presidente. Foto: Reuters/Jason Reed

Si en España a alguien se le ocurre pedir que, a la entrada del Presidente de Gobierno a una sala, los periodistas se levanten, la petición de dimisión -incluida la del conserje de servicio- está garantizada. Es que aquí somos muy modernos…y hay una “jartá de gister que nobeas , Güandedió”, dice mi amigo Juan de Sevilla.

Quienes quieren cubrir los premios cinematográfico de Cannes, por ejemplo, o se ponen un esmoquin o no pasan el control para ocupar sus puestos en el pool. Compruébalo en esta fotografía.

¿Cuántos fotógrafos llevan deportivas? ¿Cuántos visten jeans?
¿Cuántos fotógrafos llevan deportivas? ¿Cuántos visten jeans? Foto: www.vanitatis.com

Claro está que no es lo mismo esperar a una estrella del rock cuando va al supermercado, que asistir a una entrega de condecoraciones o un acto oficial donde la solemnidad y las formalidades se imponen no ya para discriminar sino par destacar a quien lo merece, a criterio del organizador, que es el que dicta normas para asistir a su acto -como invitado o como periodista- y decide todo lo relacionado con el mismo.

Desde esta perspectiva, ¿puede presentarse un gráfico en pantalón corto y deportivas a un acto donde para los invitados se exige etiqueta? Pues yo afirmo que no.

¡Tú mismo maestro! Así lo diría mi amigo Juan de Sevilla…… o Up to you! que diría un “gister”

Es cuestión de ser moderno y permisivo o casposo y estricto. Je,je,je.

© Juan de Dios Orozco López

 

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Diez años de soledad.

Los gestos……. ¡Qué importantes son los gestos! Tan importantes son que su acción, omisión o una mala ejecución tiene como consecuencia unos costos insalvables en el terreno diplomático. Esto es lo que ocurrió hace diez años cuando, el que más tarde fuera presidente del Gobierno de España, no se levantó ante el paso de la Bandera de los Estados Unidos de Norteamérica. Un gesto de una gran descortesía, por calificarlo de una manera sutil. Fue durante el desfile con motivo de la Fiesta Nacional de España al que se invitó expresamente a la participación de EEUU.

Creo recordar que como argumento para tamaño despropósito se afirmó que la intención del Sr. Zapatero era manifestar su malestar por la intervención en la guerra de Irak pero calculó – o se asesoró- mal al no medir las consecuencias para las relaciones futuras entre EE.UU y España. No es necesario recordar que las banderas representan a las naciones y no a quienes de manera efímera están al frente de ellas. El error de cálculo de Zapatero al no levantarse -torpe e infantil decisión- ha tenido como consecuencia que durante 10 años ningún presidente de EEUU visite España, en reciprocidad -término muy utilizado e imprescindible en diplomacia- al desplante del presidente Zapatero. El lenguaje y el discurso protocolario de Zapatero fue entendido como un agravio hacia el pueblo norteamericano que interpretó este desproporcionado y poco acertado gesto como el mayor de los desprecios. Cuando un dirigente ejecuta una acción pública debe tener la certeza que su interpretación debe ser la más acertada y sus consecuencias las deseadas.

¿Qué podemos esperar de una actitud tan desacertada, desproporcionada, descortés e infantil como la de la imagen?
Los gestos en diplomacia -dentro del discurso protocolario- tienen gran valor por cuanto con ellos se afirma lo que verbalmente sería extremadamente inapropiado.

Ahora, diez años después, el Presidente Obama visitará a España con otro gesto -esta vez de cercanía- hacia uno de sus más grandes aliados no solo en el plano militar sino en el económico.

A nadie se le escapa que las relaciones internacionales se ven reforzadas con gestos como el que Obama tiene ahora para con España y menoscabadas con el desacierto zapateril. A aquel nefasto gesto  se enfrenta el que ahora tiene Obama al venir a visitar a España. Su actitud – la de Obama- viene a manifestar que EEUU y España siguen siendo aliados y que se da por cerrado un periodo de diez años de soledad creado por un error imperdonable y básico de protocolo. Hay que valorar muy positivamente la actitud del mandatario norteamericano que, al final de sus días como presidente, solo visitará a quienes estratégicamente sean importantes para los EEUU.

Y es que a algunos les sobra y a otros les falta protocolo, mucho protocolo………. y maneras diplomáticas de hacer las cosas.

© Juan de Dios Orozco López

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Botas de agua para la gestión de crisis.

Los de protocolo tenemos cada vez más que decir en comunicación. Parecería que ellos, los que se arrogan este papel de comunicadores exclusivos, estuvieran centrados en la elaboración de mensajes, el diseño de estrategias y en la creación de documentos interminables, supersofisticados e hiperdocumentados que ayudaran a unos y otros a alcanzar metas. Lo “hyper”, lo grande , lo voluminoso es lo que merece la pena y es digno de atención. La comunicación estratégica, el largo plazo, la actuación estructurada, el paso a paso se enfrenta al siempre manido y criticado principio de la acción-reacción. Yo creo que la estrategia es absolutamente necesaria y soy muy crítico con la “reactividad”. Lo reconozco, prefiero ser proactivo e intentar adelantarme a los hechos y es absolutamente cierto que sin visión es difícil  alcanzar la misión.

El problema surge cuando aparece una crisis, y me temo que para solucionar las crisis no hay estrategia que valga. Las estrategias marcan metas e indican el recorrido a largo plazo pero con movimientos tácticos en intervalos temporales cortos y medios. Una crisis no puede predecirse y mucho menos pueden diseñarse protocolos de actuación para ellas que sean eficaces al 100%. Así que precisamente la predicción es lo que no está al alcance de los estrategas a menos que tengan un postgrado en magia y hechicería por el ilustre colegio Hogwarts de Harry Potter. Por eso insisto en que lo importante en la búsqueda de soluciones comunicacionales a una crisis está más en el extremo cuidado de las acciones del momento que en la búsqueda de soluciones con grandilocuentes y prolongados protocolos de actuación. Me parece que en estos casos, en los que prima la rapidez en la resolución de los problemas y el retorno de la credibilidad de las instituciones, la clave del éxito está en las pequeñas actuaciones, en lo micro y en la eficacia de las decisiones inmediatas. Creo que no es necesario recordar a mis lectores que una crisis no solo se resuelve poniendo todos los medios y gestionándolos eficazmente, sino generando un clima de credibilidad y disminuyendo todas las señales de alertas que se hayan encendido. Dicho de otro modo: para gestionar una crisis hacen falta recursos y buena comunicación.

Hechos paradigmáticos de lo anterior los hemos podido apreciar en España con la crisis del ébola que no fue resuelta hasta que alguien con suficientes conocimientos, experiencia  y credibilidad salió a informar a la sociedad sobre los hechos de una manera sencilla y cercana. España tenía los medios de todo orden para gestionar la crisis con éxito pero comenzó con unos fallos de comunicación terribles.

Como ya he afirmado con anterioridad, una crisis no solo se resuelve con dinero, medios y personas preparadas sino con una adecuada comunicación……y teniendo en cuenta a los de protocolo que siempre tenemos esa visión gráfica de lo que acontece o puede acontecer y además sabemos cómo salir bien en la foto. Recordemos que una imagen vale más que mil palabras y esta imagen no le vale a Manuel Valls, Primer Ministro francés, como aporte positivo a la comunicación institucional de su gobierno para resolver las graves inundaciones en la región de París.

Manuel Valls, Primer Ministro francés, acude con botas de agua y traje de diseño a las inundaciones de París. Foto : AFP
Manuel Valls, Primer Ministro francés, acude con botas de agua y traje de diseño a las inundaciones de París. Foto : AFP

Decimos en España que “El Tin debe ir con el Tan” y a visitar un lugar donde se ha sufrido una catástrofe no se puede ir con americana, chaqueta y corbata y llevando unas bota de agua porque esa actuación no es creíble por incongruente La interpretación de esta fotografía por parte de cualquier observador es que Valls no está preparado para acometer esta crisis porque ni siquiera tiene una indumentaria adecuada. Pretende aparentar lo que no es. La estrategia dicta que el Primer Ministro debe estar presente en el lugar donde hay problemas. La táctica y el cuidado del detalle -que nadie observó- afirma que no se puede ir a resolver problemas de inundaciones de la misma forma que se despacha con el Presidente en el Elíseo. Si se hubiese quitado la americana y la corbata y se hubiera subido las mangas de la camisa, de otro mensaje estaríamos hablando y otra imagen estaríamos percibiendo.

En fin, las botas de agua de Manuel Valls me han servido para hablar de los pequeños detalles que aportan grandes soluciones en comunicación y también a reivindicar el papel de “los de protocolo”, que merecemos un espacio en la gestión de crisis.

© Juan de Dios Orozco López

 

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Elegancia, estética y perfección.

Últimamente escribo artículos en mi blog por inspiración de lo que leo y observo. Tengo tantos  asuntos en la cabeza que llego a creer que solo lo sencillo pasa el filtro que enciende la bombilla de mi interés. Cuando repasaba las redes sociales, me he topado con esta fotografía que he tomado de alguien de mi querida Argentina al que quiero pedir disculpas porque ahora no se de quién se trata.

Una elegante fotografía
Por su sencillez, una elegante fotografía.

Tanto la elegancia de conducta como la estética, creo yo, residen en gran medida en el grado de sencillez de la persona. No se es elegante por fuera si se carece de un carácter afable y sencillo. No se puede acceder a la elegancia estética si, aun siendo sencillo de carácter, se es barroco en lo puramente visual. Por eso esta fotografía me parece cargada de significado y perfecta para hacer eficaz lo que yo denomino el discurso protocolario que va más allá de lo verbalizado por un dirigente en un acto y tiene su fundamentación en la pura y sutil elegancia – entiéndase ausencia de afectación- con que dotamos visualmente un acto.

Nosotros los protocolistas, los ceremonialistas, tenemos la obligación de contribuir sin palabras al total del discurso. Debemos, por tanto, disponer lo conveniente para que nada difumine el protagonismo de quien lo merece, mediante la correcta disposición de elementos. Este es el caso de esta fantástica fotografía en la que las banderas, como símbolo representativo de una nación, dominan, por la altura, toda la escena y comunican por sí mismas. No cabe interpretación sobre lo que se observa. De sencillo es contundente, unívoco y elegante.  Cualquiera que suba la escalera sabe qué se encontrará durante el acto.

Simplemente perfecto.

Juan de Dios Orozco López

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La imcompatibilidad del té y el protocolo.

Me puedo meter en un jardín del que me resulte difícil salir. Aún así -perdida la vergüenza y el miedo al qué dirán- voy a escribir sobre la relación de mutua-necesidad-amor-odio que tenemos los que nos dedicamos a la organización de actos y los periodistas. Estos necesitan de nuestra aprobación para colocarse en los sitios donde tirar las mejores fotografías, acceder a espacios “reservados” y presenciar momentos que les permita hacer su trabajo de forma genuina. Nosotros los necesitamos a ellos por aquello de que si “no hay foto no hay acto”.

El problema surge cuando permitimos que la prensa esté presente en lugares que van más allá de lo que conviene al organizador. Me refiero a que dejando que la prensa campe a sus anchas por cualquier espacio y participe, aunque sea de forma pasiva, en conversaciones muy privadas, la ayuda que necesitamos de ellos se torne en perjuicio irreparable para los intereses y objeto del acto. Así le ha ocurrido al Primer Ministro Británico cuando ha sido grabado -imagen y sonido- haciendo un comentario a la Reina Isabel en el que calificaba a Afganistán y Nigeria como países corruptos.  Lo peor de estas situaciones captadas por la prensa es que afectan a la imagen pública no sólo del que realiza las afirmaciones sino, también, a los que escuchan y, sin decir palabra, están presentes en ese círculo intimo y reservado. Más aún, lo lenguaraz de uno y la agilidad de los periodistas va a tener seguro algún coste en términos de diplomacia. A la falta de tacto de Cameron se añade la escasa previsión de los de protocolo o de los que controlaban a la prensa en ese momento. Alguien no proporcionaron un entorno seguro y discreto a tan altas autoridades para que, con toda libertad, expresasen y compartiesen sus opiniones. Quizá esta situación haga entender a algunos porqué en determinados encuentros sociales, que se producen con presencia de altas autoridades, no se permite la entrada de micrófonos o cámaras pero sí la de periodistas. No es lo mismo ofrecer una información que respaldarla con pruebas gráficas y de sonido. Lo primero se puede rebatir; lo segundo tiene unos costes insalvables.

Cameron tacha de “corruptos” a Afganistán y Nigeria en una conversación privada con Isabel II. Foto: Getty Images (A3)

En este caso hay que dar un 10 a los periodistas………porque a los organizadores le han metido un gol por toda la escuadra. La defensa no estaba preparada y el portero -alguno de protocolo- estaba tomando el té.

Juan de Dios Orozco López.

 

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Que venga alguien de protocolo….

No era para darle palmaditas en la espalda, no. “El pequeño Nicolás” quería que viniese alguien de protocolo para que le franqueara el paso a la Fiesta del 2 de Mayo…y pedirle responsabilidades. Ja,ja.  Pensaba que, gritando, los de protocolo le iban a abrir las puertas de la sede del Gobierno de Madrid para que el pudiera disfrutar de la compañía de los altos cargos entre los que antes se movía como pez en el agua y ahora le dan la espalda con extrema desidia. Ya no tiene amigos que bailen a su ritmo, ni escoltas, ni coches de representación, pero sigue llamando a los de protocolo como si nosotros tuviésemos la solución a su más que reprochable actitud. Afortunadamente allí estaba la Guardia Civil, garante de la seguridad, que exigió respeto a la presidenta de la Comunidad Autónoma de Madrid a la que llegó, al parecer,  a insultar.

Siempre hay algo de verdad en esto de pedir ayuda a los de protocolo. Es cierto porque para nosotros, los de protocolo, lo imposible lo hacemos rápido y en los milagros, tardamos un poco más…pero lo de Nicolás era imposible por su soberbia de niño pijo. El no tiene más mérito que el de haber querido aparentar lo que nunca ha sido.

Nosotros siempre tenemos una solución para cualquier problema que surja, dentro de nuestras competencias y lo determinado por nuestro “señorito”. Para quien demanda nuestra presencia o ayuda, si es que es digno de ella, somos capaces de todo para desfacer entuertos. ¿Imperdibles?, ¿no encuentra su asiento?, ¿una fotografía con el anfitrión?, ¿perdió su invitación?, ¿un paracetamol?,¿un masaje cardíaco? ……allí estamos nosotros, no se preocupe. Tenemos la solución a su problema. Porque es nuestra obligación procurar comodidades ……pero todo tiene un límite. Lo que una persona puede exigir a los de protocolo no puede superar la linde de la ética ni las posibilidades materiales. Más aún cuando el solicitante no merece el más mínimo respeto y no ha sido invitado a un acto. Cierto es que parte de lo que ha ocurrido es culpa de los de protocolo pero también han encontrado la solución -junto con el Servicio de Seguridad- al comprobar que Nicolás no estaba invitado e impedirle el acceso. No es menos cierto, también, que se cursaron invitaciones con las que se permitía acudir al acto con un acompañante (no identificado previamente). Esta fue la circunstancia que utilizó Nicolás. Al parecer la invitada fue ¡¡¡¡¿la madre?!!!! que se hizo acompañar de su hijo.

¿Qué hubiera ocurrido si, por acción u omisión de los de protocolo y seguridad, este joven se hubiese colado en ese cóctel de celebración? Simple y llanamente que los de protocolo estarían echados a los pies de los leones, la seguridad estaría en entredicho y los de comunicación tendrían un grave problema para dar explicación a una presencia rechazada por toda la sociedad que volvería a dar alas a este desaprensivo individuo.

Fran Nicolás le lanza un dardo a Cifuentes, tras su veto en la fiesta del 2 de mayo
Nicolás pidiendo a un miembro de la Guardia Civil la presencia de “los de protocolo”. Como dice Carlos Herrera, “Hay más tontos que botellines” Foto: El Norte de Castilla

Lección aprendida: Es necesario cursar, para estos actos, invitaciones nominales.

Mi amigo Juan de Sevilla, que es muy drástico, quiere le curse una invitación a Nicolás, pero para otro tipo de cóctel: “Güandedió, porfabó ¿tu podría hinbitar ar pekeño Nicolá a un costel que via dar llo en er campo? Bamos a cabá holibos, zacá zevoyas y recoé garvansos a mano. Tres dia de costel conmigo y ze le hacava to la tontería ar poyo pera ezte”

Pues no sé cómo localizarlo para cursar la invitación pero, como los de protocolo tenemos solución para casi todo, la encontraré…..otra cosa es que el se brinde a la participación en esta fantástica iniciativa de mi amigo Juan de Sevilla.

Escrito por Juan de Dios Orozco López.

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