Visitas oficiales y visitas de Estado.

Sí, ha estado en España. La tan ansiada venida de Obama se ha producido y parece que todo ha ido bien, que todo va mejor. Seguro que es así porque la diplomacia de España ha trabajado para ello durante muchos años.

Hemos visto numerosos gestos muy favorables a España. Pero esas situaciones han sido creadas por quienes de forma estratégica – de uno y otro lado del océano- hacen protocolo. Alardeamos los españoles de hacer uno de los mejores protocolos del mundo: somos muy buenos organizadores porque tenemos la experiencia para ello y además nuestro carácter afable, conciliador y nuestras ganas de agradar a quien de buena fe nos visita, nos permite alcanzar el éxito en estos asuntos de las relaciones al más alto nivel.

Ni un solo “pero” a la magnífica organización protocolaria que, con la flexibilidad obligada de un buen organizador de este tipo de actos, ha llevado a cabo un cambio de programación impresionante en un cortísimo espacio de tiempo y con una ejecución brillante. Para los neófitos en la organización de estos encuentros de tan alto nivel, la decisión de reducir, cambiar itinerarios de estas autoridades por tierra y aire requiere, además de una magnífica organización, la buena disposición de quienes ejecutan y hacen de un problema una auténtica oportunidad para promocionar e impulsar la imagen de España. Doy fe de ello porque lo he vivido en propia carne.

Pero ¿de qué ha servido esta visita? Porque lo cierto es que salvo recibimientos, fotografías de saludos y movimientos en espacios tan espectaculares como el Palacio Real de Madrid, nada se ha firmado; ningún acuerdo se ha cerrado. ¿Entonces? Pues está claro que hay que leer entre líneas porque todo el mundo sabe que la venida del “zeñó Mojama” -así lo llaman en Sevilla- es buena para España y para EEUU, pero muy pocos saben para qué sirve tanto protocolo, tanta ida y venida, tanta reunión y tantísima fotografía y vídeo. Y yo creo que hay que explicarlo.

Obama y Felipe VI en el Palacio Real
El Rey sigue mostrando gestos protocolarios de acercamiento hacia sus invitados de igual rango. Esta fotografía, en la que se hace un recorrido reducido en el Palacio Real, da pie a interesantes y productivas “elevator pitch” Un buen protocolo las hace posible. Foto Casa Real.

Veamos. Por un lado a Obama (EEUU) le conviene estar a bien con España porque es un aliado estratégico por muchas razones de defensa, económicas y políticas. Por otro lado, España necesitaba que “el hombre más poderoso del mundo” viniese a España para quitar aquel mal sabor de boca que dejo el gesto de desprecio -no hay otra forma de calificarlo-  a la bandera de una nación. Las dos naciones siempre se han declarado aliadas y con buenas relaciones pero la forma de hacer notoria, pública y explícita esa relación pasaba porque el Jefe del Estado norteamericano viniera a España. Nosotros ya habíamos ido allí. S.M. El Rey visitó a Obama y los encuentros del Presidente de España y el jefe de Estado norteamericano se habían producido en EEUU y en otras reuniones. Y es ahora cuando se ha demostrado ese principio diplomático de la reciprocidad – tu me das y yo te doy, tu me consideras en igual medida que yo a ti- que ha quedado perfectamente explicado con esta visita de índole protocolario y en la que los gestos, las declaraciones, las sonrisas y los actos portagonizados por estos dirigentes demuestran de una manera inequívoca que todo marcha bien. El momento también es importante dado que al Presidente Obama le queda poco tiempo en su mandato, tiene muchas obligaciones e intereses que atender y, sin embargo, con su presencia, ha demostrado la importancia que tiene España para EEUU.

Una imagen vale más que mil palabras y esta fotografía está cargada de contenido. Una conversación distendida y la sonrisa de ambos dan muestra de una zona de confort creada ex profeso por los responsables de protocolo. Foto Casa Real.

Digo lo anterior para que aquellos que tanto desprecian el protocolo comiencen a valorarlo como lo que es: una herramienta de impulso mediático, generador de credibilidad, creadora de percepciones positivas y -entre otras muchas circunstancias- el único modo de explicitar ante el mundo que dos países son aliados, se respetan y demuestran mutuo aprecio. En diplomacia, de nada sirve ser aliados si los demás no lo saben y las sociedades de ambos países no lo valoran.

¿Todavía queda duda de la utilidad del protocolo? Bien, pues algún político todavía seguirá incluyendo las mariscadas, las comilonas y los regalos institucionales en la partida económica de protocolo. Obama se lleva un jamón de pata negra y un libro y ambos elementos encierran un mensaje  y yo me pregunto si eso también es hacer protocolo.

© Juan de Dios Orozco López

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Prensa y organización de actos.

Que no hombre, que no. Que lo que no está bien, no lo está….y punto. Siempre estamos con la misma discusión. Organizar un acto, convocar a la prensa y que todo ruede perfecto es imposible. Los de protocolo pretendemos hacer nuestro trabajo en busca de la perfección -claro está sin caer en lo cursi-  y la prensa pretende hacer el suyo aún a costa de que el nuestro se vea menospreciado.  Que sí, que necesitamos a la prensa pero no es menos cierto que ellos también nos necesitan para hacer su trabajo. Tenemos que ofrecerles comodidades, espacio, información…y todo lo que sea necesario. Pero de ahí a que ellos campen a sus anchas en un acto hay un trecho importante. Y no, ellos no puede hacer lo que quieran, cuando quieran y como quieran. Y ahora me refiero al cómo hacen su trabajo. Hablo de actos institucionales y no de convenciones empresariales o de promoción de “güisqui”. Pensemos en una ceremonia de imposición de condecoraciones, en una ceremonia de entrega de premios. Al invitado se le exigen muchas cosas: puntualidad, indumentaria, una determinada localización etc,etc,etc. ¿Y la prensa? ¿Por qué a los gráficos y redactores se les debe permitir hacer, moverse, llegar, vestir y comportarse como quieran? Yo me niego y defiendo a los que en Ceuta han organizaron un acto de imposición de condecoraciones y no permitieron el paso a quienes para hacer su trabajo no iban correctamente vestidos. Ya sé que muchos posmodernos y hipster venidos a más, para mantener a la prensa contenta, tragan camiones cargados de piedra pómez  y les permiten hacer lo que quieren. Estos organizadores, caracterizados por ir en contra del mainstream -palabra moderna donde las haya y que solo ellos saben descifrar según les conviene – afortunadamente no suelen organizar actos sino otra cosa muy, pero que muy diferente.

Veamos algunos ejemplos donde sí exigen corrección y a ningún periodista se le ocurre no asumir los pedidos del organizador.

Los periodistas que acuden a las ruedas de prensa de Obama se levantan cuando el Presidente entra en la sala de la Casa Blanca y visten todos de traje (terno en América del Sur). Cierto es que en determinados espacios los redactores no se levantan para no entorpecer el trabajo de los gráficos. Echa un vistazo  a esta fotografía y observa que todos van con playeras, pantalón corto y camiseta de tirantes. Je,je. Ahí no entra nadie vestido de faralaes.

El presidente Obama hablando ante una sala de prensa repleta ()
El comportamiento de los periodistas acreditados en la Casa Blanca se autorregula con normas de su propia asociación. Ninguno acude vestido de forma incorrecta a una rueda de prensa del Presidente. Foto: Reuters/Jason Reed

Si en España a alguien se le ocurre pedir que, a la entrada del Presidente de Gobierno a una sala, los periodistas se levanten, la petición de dimisión -incluida la del conserje de servicio- está garantizada. Es que aquí somos muy modernos…y hay una “jartá de gister que nobeas , Güandedió”, dice mi amigo Juan de Sevilla.

Quienes quieren cubrir los premios cinematográfico de Cannes, por ejemplo, o se ponen un esmoquin o no pasan el control para ocupar sus puestos en el pool. Compruébalo en esta fotografía.

¿Cuántos fotógrafos llevan deportivas? ¿Cuántos visten jeans?
¿Cuántos fotógrafos llevan deportivas? ¿Cuántos visten jeans? Foto: www.vanitatis.com

Claro está que no es lo mismo esperar a una estrella del rock cuando va al supermercado, que asistir a una entrega de condecoraciones o un acto oficial donde la solemnidad y las formalidades se imponen no ya para discriminar sino par destacar a quien lo merece, a criterio del organizador, que es el que dicta normas para asistir a su acto -como invitado o como periodista- y decide todo lo relacionado con el mismo.

Desde esta perspectiva, ¿puede presentarse un gráfico en pantalón corto y deportivas a un acto donde para los invitados se exige etiqueta? Pues yo afirmo que no.

¡Tú mismo maestro! Así lo diría mi amigo Juan de Sevilla…… o Up to you! que diría un “gister”

Es cuestión de ser moderno y permisivo o casposo y estricto. Je,je,je.

© Juan de Dios Orozco López

 

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Diez años de soledad.

Los gestos……. ¡Qué importantes son los gestos! Tan importantes son que su acción, omisión o una mala ejecución tiene como consecuencia unos costos insalvables en el terreno diplomático. Esto es lo que ocurrió hace diez años cuando, el que más tarde fuera presidente del Gobierno de España, no se levantó ante el paso de la Bandera de los Estados Unidos de Norteamérica. Un gesto de una gran descortesía, por calificarlo de una manera sutil. Fue durante el desfile con motivo de la Fiesta Nacional de España al que se invitó expresamente a la participación de EEUU.

Creo recordar que como argumento para tamaño despropósito se afirmó que la intención del Sr. Zapatero era manifestar su malestar por la intervención en la guerra de Irak pero calculó – o se asesoró- mal al no medir las consecuencias para las relaciones futuras entre EE.UU y España. No es necesario recordar que las banderas representan a las naciones y no a quienes de manera efímera están al frente de ellas. El error de cálculo de Zapatero al no levantarse -torpe e infantil decisión- ha tenido como consecuencia que durante 10 años ningún presidente de EEUU visite España, en reciprocidad -término muy utilizado e imprescindible en diplomacia- al desplante del presidente Zapatero. El lenguaje y el discurso protocolario de Zapatero fue entendido como un agravio hacia el pueblo norteamericano que interpretó este desproporcionado y poco acertado gesto como el mayor de los desprecios. Cuando un dirigente ejecuta una acción pública debe tener la certeza que su interpretación debe ser la más acertada y sus consecuencias las deseadas.

¿Qué podemos esperar de una actitud tan desacertada, desproporcionada, descortés e infantil como la de la imagen?
Los gestos en diplomacia -dentro del discurso protocolario- tienen gran valor por cuanto con ellos se afirma lo que verbalmente sería extremadamente inapropiado.

Ahora, diez años después, el Presidente Obama visitará a España con otro gesto -esta vez de cercanía- hacia uno de sus más grandes aliados no solo en el plano militar sino en el económico.

A nadie se le escapa que las relaciones internacionales se ven reforzadas con gestos como el que Obama tiene ahora para con España y menoscabadas con el desacierto zapateril. A aquel nefasto gesto  se enfrenta el que ahora tiene Obama al venir a visitar a España. Su actitud – la de Obama- viene a manifestar que EEUU y España siguen siendo aliados y que se da por cerrado un periodo de diez años de soledad creado por un error imperdonable y básico de protocolo. Hay que valorar muy positivamente la actitud del mandatario norteamericano que, al final de sus días como presidente, solo visitará a quienes estratégicamente sean importantes para los EEUU.

Y es que a algunos les sobra y a otros les falta protocolo, mucho protocolo………. y maneras diplomáticas de hacer las cosas.

© Juan de Dios Orozco López

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Botas de agua para la gestión de crisis.

Los de protocolo tenemos cada vez más que decir en comunicación. Parecería que ellos, los que se arrogan este papel de comunicadores exclusivos, estuvieran centrados en la elaboración de mensajes, el diseño de estrategias y en la creación de documentos interminables, supersofisticados e hiperdocumentados que ayudaran a unos y otros a alcanzar metas. Lo “hyper”, lo grande , lo voluminoso es lo que merece la pena y es digno de atención. La comunicación estratégica, el largo plazo, la actuación estructurada, el paso a paso se enfrenta al siempre manido y criticado principio de la acción-reacción. Yo creo que la estrategia es absolutamente necesaria y soy muy crítico con la “reactividad”. Lo reconozco, prefiero ser proactivo e intentar adelantarme a los hechos y es absolutamente cierto que sin visión es difícil  alcanzar la misión.

El problema surge cuando aparece una crisis, y me temo que para solucionar las crisis no hay estrategia que valga. Las estrategias marcan metas e indican el recorrido a largo plazo pero con movimientos tácticos en intervalos temporales cortos y medios. Una crisis no puede predecirse y mucho menos pueden diseñarse protocolos de actuación para ellas que sean eficaces al 100%. Así que precisamente la predicción es lo que no está al alcance de los estrategas a menos que tengan un postgrado en magia y hechicería por el ilustre colegio Hogwarts de Harry Potter. Por eso insisto en que lo importante en la búsqueda de soluciones comunicacionales a una crisis está más en el extremo cuidado de las acciones del momento que en la búsqueda de soluciones con grandilocuentes y prolongados protocolos de actuación. Me parece que en estos casos, en los que prima la rapidez en la resolución de los problemas y el retorno de la credibilidad de las instituciones, la clave del éxito está en las pequeñas actuaciones, en lo micro y en la eficacia de las decisiones inmediatas. Creo que no es necesario recordar a mis lectores que una crisis no solo se resuelve poniendo todos los medios y gestionándolos eficazmente, sino generando un clima de credibilidad y disminuyendo todas las señales de alertas que se hayan encendido. Dicho de otro modo: para gestionar una crisis hacen falta recursos y buena comunicación.

Hechos paradigmáticos de lo anterior los hemos podido apreciar en España con la crisis del ébola que no fue resuelta hasta que alguien con suficientes conocimientos, experiencia  y credibilidad salió a informar a la sociedad sobre los hechos de una manera sencilla y cercana. España tenía los medios de todo orden para gestionar la crisis con éxito pero comenzó con unos fallos de comunicación terribles.

Como ya he afirmado con anterioridad, una crisis no solo se resuelve con dinero, medios y personas preparadas sino con una adecuada comunicación……y teniendo en cuenta a los de protocolo que siempre tenemos esa visión gráfica de lo que acontece o puede acontecer y además sabemos cómo salir bien en la foto. Recordemos que una imagen vale más que mil palabras y esta imagen no le vale a Manuel Valls, Primer Ministro francés, como aporte positivo a la comunicación institucional de su gobierno para resolver las graves inundaciones en la región de París.

Manuel Valls, Primer Ministro francés, acude con botas de agua y traje de diseño a las inundaciones de París. Foto : AFP
Manuel Valls, Primer Ministro francés, acude con botas de agua y traje de diseño a las inundaciones de París. Foto : AFP

Decimos en España que “El Tin debe ir con el Tan” y a visitar un lugar donde se ha sufrido una catástrofe no se puede ir con americana, chaqueta y corbata y llevando unas bota de agua porque esa actuación no es creíble por incongruente La interpretación de esta fotografía por parte de cualquier observador es que Valls no está preparado para acometer esta crisis porque ni siquiera tiene una indumentaria adecuada. Pretende aparentar lo que no es. La estrategia dicta que el Primer Ministro debe estar presente en el lugar donde hay problemas. La táctica y el cuidado del detalle -que nadie observó- afirma que no se puede ir a resolver problemas de inundaciones de la misma forma que se despacha con el Presidente en el Elíseo. Si se hubiese quitado la americana y la corbata y se hubiera subido las mangas de la camisa, de otro mensaje estaríamos hablando y otra imagen estaríamos percibiendo.

En fin, las botas de agua de Manuel Valls me han servido para hablar de los pequeños detalles que aportan grandes soluciones en comunicación y también a reivindicar el papel de “los de protocolo”, que merecemos un espacio en la gestión de crisis.

© Juan de Dios Orozco López

 

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Elegancia, estética y perfección.

Últimamente escribo artículos en mi blog por inspiración de lo que leo y observo. Tengo tantos  asuntos en la cabeza que llego a creer que solo lo sencillo pasa el filtro que enciende la bombilla de mi interés. Cuando repasaba las redes sociales, me he topado con esta fotografía que he tomado de alguien de mi querida Argentina al que quiero pedir disculpas porque ahora no se de quién se trata.

Una elegante fotografía
Por su sencillez, una elegante fotografía.

Tanto la elegancia de conducta como la estética, creo yo, residen en gran medida en el grado de sencillez de la persona. No se es elegante por fuera si se carece de un carácter afable y sencillo. No se puede acceder a la elegancia estética si, aun siendo sencillo de carácter, se es barroco en lo puramente visual. Por eso esta fotografía me parece cargada de significado y perfecta para hacer eficaz lo que yo denomino el discurso protocolario que va más allá de lo verbalizado por un dirigente en un acto y tiene su fundamentación en la pura y sutil elegancia – entiéndase ausencia de afectación- con que dotamos visualmente un acto.

Nosotros los protocolistas, los ceremonialistas, tenemos la obligación de contribuir sin palabras al total del discurso. Debemos, por tanto, disponer lo conveniente para que nada difumine el protagonismo de quien lo merece, mediante la correcta disposición de elementos. Este es el caso de esta fantástica fotografía en la que las banderas, como símbolo representativo de una nación, dominan, por la altura, toda la escena y comunican por sí mismas. No cabe interpretación sobre lo que se observa. De sencillo es contundente, unívoco y elegante.  Cualquiera que suba la escalera sabe qué se encontrará durante el acto.

Simplemente perfecto.

Juan de Dios Orozco López

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La imcompatibilidad del té y el protocolo.

Me puedo meter en un jardín del que me resulte difícil salir. Aún así -perdida la vergüenza y el miedo al qué dirán- voy a escribir sobre la relación de mutua-necesidad-amor-odio que tenemos los que nos dedicamos a la organización de actos y los periodistas. Estos necesitan de nuestra aprobación para colocarse en los sitios donde tirar las mejores fotografías, acceder a espacios “reservados” y presenciar momentos que les permita hacer su trabajo de forma genuina. Nosotros los necesitamos a ellos por aquello de que si “no hay foto no hay acto”.

El problema surge cuando permitimos que la prensa esté presente en lugares que van más allá de lo que conviene al organizador. Me refiero a que dejando que la prensa campe a sus anchas por cualquier espacio y participe, aunque sea de forma pasiva, en conversaciones muy privadas, la ayuda que necesitamos de ellos se torne en perjuicio irreparable para los intereses y objeto del acto. Así le ha ocurrido al Primer Ministro Británico cuando ha sido grabado -imagen y sonido- haciendo un comentario a la Reina Isabel en el que calificaba a Afganistán y Nigeria como países corruptos.  Lo peor de estas situaciones captadas por la prensa es que afectan a la imagen pública no sólo del que realiza las afirmaciones sino, también, a los que escuchan y, sin decir palabra, están presentes en ese círculo intimo y reservado. Más aún, lo lenguaraz de uno y la agilidad de los periodistas va a tener seguro algún coste en términos de diplomacia. A la falta de tacto de Cameron se añade la escasa previsión de los de protocolo o de los que controlaban a la prensa en ese momento. Alguien no proporcionaron un entorno seguro y discreto a tan altas autoridades para que, con toda libertad, expresasen y compartiesen sus opiniones. Quizá esta situación haga entender a algunos porqué en determinados encuentros sociales, que se producen con presencia de altas autoridades, no se permite la entrada de micrófonos o cámaras pero sí la de periodistas. No es lo mismo ofrecer una información que respaldarla con pruebas gráficas y de sonido. Lo primero se puede rebatir; lo segundo tiene unos costes insalvables.

Cameron tacha de “corruptos” a Afganistán y Nigeria en una conversación privada con Isabel II. Foto: Getty Images (A3)

En este caso hay que dar un 10 a los periodistas………porque a los organizadores le han metido un gol por toda la escuadra. La defensa no estaba preparada y el portero -alguno de protocolo- estaba tomando el té.

Juan de Dios Orozco López.

 

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Que venga alguien de protocolo….

No era para darle palmaditas en la espalda, no. “El pequeño Nicolás” quería que viniese alguien de protocolo para que le franqueara el paso a la Fiesta del 2 de Mayo…y pedirle responsabilidades. Ja,ja.  Pensaba que, gritando, los de protocolo le iban a abrir las puertas de la sede del Gobierno de Madrid para que el pudiera disfrutar de la compañía de los altos cargos entre los que antes se movía como pez en el agua y ahora le dan la espalda con extrema desidia. Ya no tiene amigos que bailen a su ritmo, ni escoltas, ni coches de representación, pero sigue llamando a los de protocolo como si nosotros tuviésemos la solución a su más que reprochable actitud. Afortunadamente allí estaba la Guardia Civil, garante de la seguridad, que exigió respeto a la presidenta de la Comunidad Autónoma de Madrid a la que llegó, al parecer,  a insultar.

Siempre hay algo de verdad en esto de pedir ayuda a los de protocolo. Es cierto porque para nosotros, los de protocolo, lo imposible lo hacemos rápido y en los milagros, tardamos un poco más…pero lo de Nicolás era imposible por su soberbia de niño pijo. El no tiene más mérito que el de haber querido aparentar lo que nunca ha sido.

Nosotros siempre tenemos una solución para cualquier problema que surja, dentro de nuestras competencias y lo determinado por nuestro “señorito”. Para quien demanda nuestra presencia o ayuda, si es que es digno de ella, somos capaces de todo para desfacer entuertos. ¿Imperdibles?, ¿no encuentra su asiento?, ¿una fotografía con el anfitrión?, ¿perdió su invitación?, ¿un paracetamol?,¿un masaje cardíaco? ……allí estamos nosotros, no se preocupe. Tenemos la solución a su problema. Porque es nuestra obligación procurar comodidades ……pero todo tiene un límite. Lo que una persona puede exigir a los de protocolo no puede superar la linde de la ética ni las posibilidades materiales. Más aún cuando el solicitante no merece el más mínimo respeto y no ha sido invitado a un acto. Cierto es que parte de lo que ha ocurrido es culpa de los de protocolo pero también han encontrado la solución -junto con el Servicio de Seguridad- al comprobar que Nicolás no estaba invitado e impedirle el acceso. No es menos cierto, también, que se cursaron invitaciones con las que se permitía acudir al acto con un acompañante (no identificado previamente). Esta fue la circunstancia que utilizó Nicolás. Al parecer la invitada fue ¡¡¡¡¿la madre?!!!! que se hizo acompañar de su hijo.

¿Qué hubiera ocurrido si, por acción u omisión de los de protocolo y seguridad, este joven se hubiese colado en ese cóctel de celebración? Simple y llanamente que los de protocolo estarían echados a los pies de los leones, la seguridad estaría en entredicho y los de comunicación tendrían un grave problema para dar explicación a una presencia rechazada por toda la sociedad que volvería a dar alas a este desaprensivo individuo.

Fran Nicolás le lanza un dardo a Cifuentes, tras su veto en la fiesta del 2 de mayo
Nicolás pidiendo a un miembro de la Guardia Civil la presencia de “los de protocolo”. Como dice Carlos Herrera, “Hay más tontos que botellines” Foto: El Norte de Castilla

Lección aprendida: Es necesario cursar, para estos actos, invitaciones nominales.

Mi amigo Juan de Sevilla, que es muy drástico, quiere le curse una invitación a Nicolás, pero para otro tipo de cóctel: “Güandedió, porfabó ¿tu podría hinbitar ar pekeño Nicolá a un costel que via dar llo en er campo? Bamos a cabá holibos, zacá zevoyas y recoé garvansos a mano. Tres dia de costel conmigo y ze le hacava to la tontería ar poyo pera ezte”

Pues no sé cómo localizarlo para cursar la invitación pero, como los de protocolo tenemos solución para casi todo, la encontraré…..otra cosa es que el se brinde a la participación en esta fantástica iniciativa de mi amigo Juan de Sevilla.

Escrito por Juan de Dios Orozco López.

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No-protocolo como estrategia de comunicación.

“No sirve para nada”. Al menos eso es lo que algunos afirman del protocolo. “El protocolo distancia a los líderes de la sociedad a la que se deben”, dicen otros. El caso es que, en realidad, el protocolo es utilizado – a veces manipulado- para atender a los objetivos de unos y otros. Lo curioso es que nadie, creo yo, salvo los que nos dedicamos a estos menesteres, se atreve a admitir que -además de procurar la convivencia- sirve para comunicar. Así lo viene a demostrar algunos líderes políticos que lo utilizan, a hurtadillas, como si no les afectase ni interesase.

En muchos foros y en este blog he afirmado que son varios los factores que afectan al protocolo en tanto que técnica de comunicación y facilitadora de las relaciones personales, institucionales, diplomáticas, empresariales o políticas. Destaco hoy cómo se utiliza el espacio – sí, lo de ceder o no la derecha-, el tiempo -llegar a tiempo o ser impuntual- y el gesto -el que se refiere, por ejemplo,  a vestirse conforme a lo que determina la costumbre- que tienen una gran importancia en el total del mensaje no verbal.

Combinar con premeditación y adecuadamente los anteriores factores puede dar unos buenos resultados en el ámbito de la comunicación personal, empresarial o política. Lo absolutamente cierto es que la utilización de este tipo de fórmulas que incluyen la cortesía y el respeto personal e institucional, se corresponden con la obligación implícita -y por tanto la responsabilidad- que exige el desempeño de altas funciones institucionales. Me refiero a que no parece de recibo, responsable, digno y apropiado para un político que se precie, acudir a visitar a un Jefe de Estado con pantalón vaquero, tarde y despreciando manifiestamente la legalidad y el respeto que debiera imponer lo que determina la norma legal sobre tratamientos al Jefe el Estado. Eso es lo que hacen algunos líderes políticos españoles y extranjeros de cuya inteligencia y capacidad no dudo pero a los que quizá le falte la mínima educación que se debiera exigir a un representante institucional con aspiraciones a ostentar altas responsabilidades.

He tenido la desgraciada oportunidad de observar la manera en la que algunos líderes políticos se acercaban a mantener una entrevista con el Rey y, como les supongo suficientemente inteligentes, debo entender que con manifiesto desprecio al Jefe de Estado, algunos quisieron, con sus nulas formas protocolarias, enviar un mensaje a sus votantes en la esperanza de buscar una equiparación que en lo personal es imposible y en lo institucional es inalcanzable. Las maneras con las que se presentan ante el Jefe del Estado no son usadas como identificarías de pertenencia a un grupo social sino como el gesto manifiesto de desprecio institucional.  Su discurso no verbalizado y “anti-protocolo” así lo demuestra.

Afortunadamente tenemos un Jefe de Estado que, frente al desprecio, corresponde con la naturalidad y elegancia que se espera de cualquier dirigente y que antepone su responsabilidad al impulso primitivo con que cualquier ciudadano de a pié hubiera correspondido. Esa es la diferencia que marca saber ser, saber estar y saber representar frente a la elaboración de mensajes populistas -utilizando el “No-protocolo”- que alimentan el desprecio institucional, la ruptura y nos llevan a la fragmentación social.

Con lo anterior queda demostrado la validez y actualidad que tiene el protocolo y sus manifestaciones externas no verbalizadas en lo que yo vengo denominando el “Discurso protocolario”. La calidad la marca el que incluye en su discurso el respeto frente al que con formas descompuestas lo utiliza con fines propagandísticos y sectarios.

Escrito por Juan de Dios Orozco López.

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Banderas para la discordia.

Esto de tener abiertos mil frentes de trabajo hace que uno pierda el control de su tiempo……. y así me pasa. Me perdí ayer la primera conferencia del Congreso de Protocolo que organiza mi buena amiga Dolores del Mar y hoy, en un alarde de puntualidad, me he presentado en la UNED a las 08:30 para aprovechar el tiempo, no perderme la primera ponencia y hacer esto tan moderno del networking. Claro está que para hacer networking hace falta gente con la que poderlo llevar a cabo y he podido corroborar que ni el guardia jurado de la UNED, ni la señora de la limpieza, ni el camarero de la cafetería están dispuestos a entablar una sesuda conversación sobre el protocolo en campañas electorales, ni el de la sucesión de S.M El Rey Felipe VI. Mi despiste me ha hecho llegar a las 08:30, los pajaritos cantaban y las nubes se levantaban, pero aquí no había nadie. Así que me he puesto a escribir este artículo dedicado a mis compañeros del Congreso. Magníficas ponencias, magníficos ponentes.

El presente artículo, va de banderitas. ¡Ay madre las banderitas! Cuánto se las desprecia y de qué manera se las tiene en cuenta según le de el aire algunos. Se las utiliza, en especial en España, cual arma con la que aporrear al contrario y elemento propagandístico. Ya me he cansado de poner denuncias por posibles faltas de respeto y también estoy cansado de que los fiscales las desestimen y archiven. Pero me queda el “derecho al pataleo” y hacer el ruido que este blog me permite.

Digo esto porque acabo de ver al Alcalde de Cádiz junto a Fabián Picardo en una reunión en la que pretenden, por la imagen, impulsar un mensaje tan inútil como interesado. Ninguno de los dos representan ni a España ni al Reino Unido y sin embargo, los “magníficos” asesores de protocolo de tan insignes políticos han colocado las banderas de los dos países a que pertenecen pero NO representan. Utilizan las banderas con una clara intención de provocar al Gobierno de España y menospreciar sus acciones diplomáticas. Este es el caso del Alcalde de Cádiz. Mmientras, Fabián Picardo se arroga, con la presencia de la bandera británica, el papel representativo que España no reconoce. De nuevo se declaran los símbolos como verdaderos elementos perfectamente válidos -quizá imprescindibles- para la comunicación política. Lástima que algunos, con gran desprecio a su significado, las utilicen de forma tan sectaria e irresponsable.

Aquí la tienes. Es una fotografía que explícita cómo los elementos simbólicos son imagen que, en este caso, pretende establecer una imagen de poder.

Quizá debía haber tenido en cuenta lo que me ha dicho mi amigo Juan de Sevilla: “Güandedió, tú paqué te mete en ná” ….pero yo no tengo arreglo.

El Alcalde de Cádiz y el Primer Ministro de Gibraltar con las banderas de España y Reino Unido.
El Alcalde de Cádiz y el Primer Ministro de Gibraltar con las banderas de España y Reino Unido.

Juan de Dios Orozco López.

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Protocolo en El Quijote.

El Quijote, Parte 2, Capítulo 10

“No comas ajos ni cebollas, porque no saquen por el olor tu villanería. Anda despacio; habla con resposo; pero no de manera que parezca que te escuchas a ti mismo; que toda afectación es mala. Come poco y cena más poco; que la salud de todo el cuerpo se fragua en la oficina del estómago. Sé templado en el beber, considerando que el vino demasiado ni guarda secreto, ni cumple palabra. Ten cuenta, Sancho, de no mascar a dos carrillos, ni de eructar delante de nadie”.

Dopn Quijote y Sancho Panza. Foto de Bea Burgos.Don Quijote y Sancho Panza. Foto de Bea Burgos.

Pues he hecho caso a mis amigas y compañeras de protocolbloggerspoint y me he puesto a buscar en la web frases del Quijote relacionadas con el protocolo, la cortesía y la etiqueta. Me parece que la que os dejo es -por sencilla-  brillante y viene a demostrar que el protocolo -en tanto que se ocupa del éxito en la relación con otras personas- es norma para la convivencia. Es necesario recordar que para tener éxito social hay que renunciar, en parte, a nuestros gustos y a nuestras apetencias. RESPETO Y MODALES se llama eso.

Don Quijote y su fiel escudero Sancho son verdadero ejemplo de mutuo respeto y el libro de Cervantes un verdadero manual de protocolo y usos sociales. El lo escribió hace siglos pero nosotros no hemos hecho caso de sus enseñanzas.

Protocolo, mucho protocolo nos hace falta.

© Juan de Dios Orozco López

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