Un café y la hoja de reclamaciones.

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Hay  actitudes de personas que dan lástima y otras que, además, merecen la indiferencia, cuando no el desprecio.

Nos quejamos con demasiada frecuencia de la lejanía entre las personas que nos representan y la sociedad. Queremos que tengan altas responsabilidades, que todas las actividades que ejecuten las hagan de manera excelente y, además, que cuando no estén desempeñando esas funciones se asemejen a nosotros, bajen del Olimpo de los dioses y nos den palmaditas en la espalda como si nos conociesen de toda la vida. Cercanía, demandan unos; naturalidad exigen otros….además de honestidad, capacidad, liderazgo, competencia….

El caso es que los que señalan con el dedo a los que ahora ocupan puestos de responsabilidad parecen ignorar que cuando estos abandonen sus puestos otros vendrán a hacer lo mismo, con mayor o igual dignidad, puntualidad y desvelo o quizá con ninguna de las anteriores. Nunca estamos conformes con quienes lideran instituciones, y la manera con la que algunos lo demuestran es el insulto que, por cierto, es el único recurso que queda a quien ni intelectual ni éticamente tiene otra forma de defender su posición. El recurso de estos incapacitados mentales -esto es un calificativo despectivo- es hacerse notar para demostrar su chulería y bravuconearía, amparados en una sociedad cada vez más laxa y permisiva que se demuestra incapaz de autorregularse. Ellos no entienden -tampoco les interesa mucho- que la libertad no reside en hacer y decir lo que a uno le viene en gana sino en asumir con respeto normas para no conculcar la libertad y los derechos de los demás. “Hoy por ti, mañana por mi” diría el aforismo español.

Provocar e intentar alterar el equilibrio que proporciona la moderación y el respeto por los demás, es cualidad de los chuloputas, cuyo mayor mérito es pavonearse de sus actos delante de palmeros, mamones y aprovechados. Sus actos de valentía se dan, también, ante quienes saben que no pueden o no quieren defenderse por diferentes motivos. Los episodios de cobardía y bajeza son tan numerosas que no dejan lugar a interpretaciones.

Viene al caso lo anterior en relación con lo que le ha ocurrido a S.M. La Reina cuando, en una salida con un grupo de amigos, el encargado de un bar le hizo saber que el era republicano para que ella, La Reina, lo tuviera claro. ¡¡Güau!! ¡Qué valiente habrán pensado algunos! La Reina desde luego, ha actuado con una mesura digna de su puesto. El encargado de “La Bicicleta” merece mi desprecio porque, a sabiendas de que no ocurriría nada, se ha permitido cuando menos, molestar a la consorte de El Rey que para el momento y la situación actuaba como cualquier otro cliente. El camarero actuó así precisamente por eso, porque es la esposa de El Rey cuando su deber profesional y el respeto debido a cualquier persona, debieran haberle impulsado a obrar de una manera más “normal” Sabía que habría mucha publicidad y poco riesgo.

He imaginado a D. Camilo José Cela en la situación en la que se vio implicada la Reina. Creo que este camarero no le hubiera dicho cual es su posición política porque, en el mejor de los casos, yo creo que D. Camilo le hubiera espetado: ¡A mi qué cojones me importa lo que usted piense. Tráigame un café, la hoja de reclamaciones y vaya usted a la mierda!

Por si te interesa mi parecer, yo no hubiese actuado ni como lo hizo La Reina ni como yo imagino lo hubiera hecho D. Camilo José Cela. Lo que tengo claro es que si yo soy dueño de ese bar, el encargado me hubiera durado lo que un caramelo a la puerta de un colegio. Mi manera de actuar hubiese sido exactamente la misma si el hecho se hubiera producido ante la esposa del presidente de una república.

Sí. Para mi, esto es también protocolo.

Y tu, ¿qué piensas?

© Juan de Dios Orozco López

Bajar escalones para subir en cercanía.

Don Felipe quiere, a todas luces, hacer cosas nuevas y ya no me refiero a las formas. Así lo ha puesto de manifiesto en la recepción al Presidente de la República Italiana. Siempre he afirmado que las formas son al fondo lo que el camino a la meta y mientras que sus asesores digieren estas nuevas formas, las asumen y las ponen en práctica, D. Felipe parece tener claro el rumbo que debe imponer a Su reinado. Sabe que el movimiento se demuestra andando y, en este caso, está utilizando de forma magistral el cambio en los aspectos formales de su actuación pública como vehículo propiciatorio para otro tipo de evolución más profunda que se está produciendo de forma tranquila, sin sobresaltos, de manera discreta y eficazmente.

Los pequeños pero medidos mensajes que envía, evidenciados en el cambio de cánones protocolarios ponen de manifiesto una prudente estrategia de evolución a una monarquía moderna y adaptada a lo que la sociedad demanda de un Jefe de Estado del s.XXI. Lo vemos continuamente cuando le fotografían cediendo el paso a la Defensora del Pueblo en el Palacio de la Zarzuela o demostrando cortesía y deferencia al bajar a recibir a los Jefes de Estado al pie de la Escalera de Embajadores del Palacio Real. D. Felipe ha cambiado el lugar de celebración de una almuerzo oficial con la sana y lícita intención de evidenciar otros cambios.

Que El Rey ceda el paso a la Defensora del Pueblo no es más que una forma sutil de indicar que otros cambios más profundos se están produciendo.

Que El Rey ceda el paso a la Defensora del Pueblo no es más que una forma sutil de indicar que otros cambios más profundos se están produciendo.

A este cambio sereno, elegante y adaptado al momento y exigencias sociales -no a la moda de nuestros días- está contribuyendo S.M. La Reina Doña Letizia convertida en verdadero detonante, creo yo, del uso de técnicas de protocolo, comunicación e imagen pública que antes, quizá, no tenían cabida en la Casa de S.M. El Rey.

El Rey acompaña, dando su derecha, al Presidente de la República Italiana que por primera ez es recibido en el pie de la Escalera de Embajadores.

El Rey acompaña, dando su derecha, al Presidente de la República Italiana que, por primera vez, es recibido en el pie de la Escalera de Embajadores.

El esfuerzo por impulsar la Monarquía Española con vientos frescos está dando sus frutos. Tal vez para los más profanos, solo queden impresos en la retina los peinados y vestidos de La Reina y la bajada de los 72 escalones del Rey cuando la realidad es que tanto lo aparentemente simple de un peinado y lo nimio de recibir a un dirigente público aquí o allí, responde de forma sutil a una premeditada estrategia de imagen pública que poco a poco está aumentando los indices de credibilidad y aceptación de la monarquía.

Los que nos dedicamos a diseñar estrategias de comunicación y marketing institucional con técnicas de protocolo tenemos hoy, con el gesto de D. Felipe, otra prueba evidente del verdadero valor del protocolo: Bajar 72 escalones viene a significar subir unos cinco pisos de altura.

© Juan de Dios Orozco López

Renovarse o morir.

No he podido asistir, pero en el congreso de protocolo que ha organizado la UCJC y el isPE se habló de ello. Leí un tweet que decía “El público no es el protagonista de los mitines políticos”, pero yo añado que es parte del aderezo que lleva la ensalada propagandística que hacen los partidos políticos.

Por eso colocamos a público escogido como trasera de los oradores. Suelen ser jóvenes que asienten repetidamente con la cabeza a las afirmaciones de los “lideresos” y “lideresas” Son un clap preparado para que cada premeditado silencio del orador sea llenado con estudiada y desproporcionada ovación de palmeros.

Por eso se planean y ejecutan, también, entradas triunfales en estadios y polideportivos de manera que los líderes besen y abracen a amas de casa y jubilados, que han sido llevados al acto con la promesa del bocadillo, la paella y la visión divina del político de la tele. Por eso, desde luego, se hace entrega de la bandera del partido político y de las pancartas con los lemas y se da entrada a miles de watios de potencia en sonido en el momento justo de la despedida del líder. Todo eso se lleva a cabo para que los medios de comunicación tengan suficientes recursos gráficos que expliciten el éxito de la convocatoria. El público no es protagonista pero sin el, la TV no tiene qué ofrecer. Así que hay que cuidar al público y manejarlo con tanta cautela como cariño. Porque aunque la televisión va perdiendo fuerza frente a las redes sociales, todavía es la herramienta de propaganda más potente.

Pero volviendo al protagonismo del público y a la organización de encuentros con finalidad política, yo creo que hay solo dos tipos de actos políticos:

  • Los denominados intimistas y que buscan la cercanía con el asistente. Este tipo de actos políticos se llevan a cabo, curiosamente, solo cuando no se tiene público. Je,je,…..intimistas…sí….ya. En ellos están presentes solo los miembros del partido que asisten embelesados a la retahila de maravillosas palabras que les ofrece su líder. Las claves son: discurso en teleprompter y preguntas pactadas…sí,sí, intimista…..ya.
  • Los actos multitudinarios que son los más costosos, deseados y efectivos en campaña no ya por el público que asiste sino por la imagen de respaldo popular que se obtiene de los medios de comunicación……si se llena el local. Cuando se trata de lider entre líderes, no se corren riesgos y el bocadillo se sustituye de manera inteligente -¡ay madre!- por almuerzo en mesa con mantel de papel que se adereza de “espich” y revelación política. Si el partido está en el poder la revelación política es que en la próxima legislatura se bajan los impuestos y se suben los sueldos. Si no se está en el poder, el argumento es el mismo pero si se es partido de nuevo corte lo mejor es decir que los demás son (todos) unos ladrones y que ellos vienen a limpiar con zotal y salfumán toda la suciedad. Ellos son los Mister Proper de la Política….pero con el pelo largo.

A lo anterior se suma, durante un mes antes de la campaña, un bombardeo sin piedad a los posibles votantes con supuestas innovadoras ideas que son desmenuzadas, alabadas y criticadas por avezados consultores políticos que estudian la formas y el fondo del mensaje; la indumentaria de los “lideresos” y las “lideresas”; el color de las traseras, los movimientos de manos, las puesta en escena, la redacción de discursos y su ejecución; la sonrisa y la presencia o ausencia de patas de gallo en ellas y canas en ellos y, por supuesto, los sondeos que nunca aciertan. Fachada, pura fachada.

Lo más importante para ellos -todos ellos- es crear un discurso integral, global, creíble y “ad hoc” es decir adaptado a las circunstancias del momento pero, sobre todo, que sea muy visual. Unos construyen el fondo con la generación de ideas y otros hacen visualmente atractivo el discurso con la puesta en escena.

En eso de la generación de ideas, tengo un amigo que es un experto en campañas electorales y marketing político que habla de “un martillo para tres clavos” Esta frase vendría a resumir la idea de que un discurso se construye sobre tres ideas básicas y que la operativa para alcanzar el éxito consiste en golpear reiteradamente sobre ellas. Eso es lo que hizo el PSOE  en la campaña de Rubalcaba con su cartel en el que se podía leer “escuchar, hacer, explicar”, sus tres ideas básicas.

Escuchar, HACER, explicar

Escuchar, HACER, explicar

Es también lo que en forma y fondo, ha copiado el PP en estas elecciones, cuyo lema es “Trabajar, Hacer, Crecer” La misma forma y casi el mismo fondo. Hacer ocupa hasta el mismo lugar del lema en el cartel del PSOE que en el del PP. Con grandes profesionales y consultores como estos, los partidos no necesitan buscar enemigos porque ya los tiene en casa y muy bien pagados.

Trabajar Hacer Crecer

Trabajar, HACER, Crecer

En fin, que me parece que la distancia entre percepción y realidad comienza a ser tan grande que las formas y el fondo de las campañas casi insultan al votante. Equivocada estrategia la que pretende en nuestros días presentar una imagen pública radicalmente opuesta a la realidad, creo yo. Las arrugas se pueden disfrazar con maquillaje pero las grandes cicatrices necesitan de cirugía y tiempo para ser difuminadas.

Pero yo quería hablar del encuentro de la UNED, del Congreso de la UCJC y de la Asamblea General de la Asociación Española de Protocolo……. y me ha salido esto. En fin, termino como comencé. Renovarse o morir……Yo sigo,  entre otros proyectos, con International Butler School.

©Juan de Dios Orozco López

Cortesía institucional.

La cortesía institucional comienza a ser la gran ausente en las relaciones políticas y diplomáticas. Desde hace algunos meses los hechos no hacen más que reforzar la idea de que las relaciones entre altos dirigentes se han convertido en una continua manifestación de mala educación. Esta actitud pública no hace más que acentuar la soberbia de unos y la escasa responsabilidad de otros.

Algunos dirigentes, con las más altas responsabilidades, han abandonado el gusto por intentar acercarse o distanciarse de sus rivales desde la cordura y con argumentos doctos. No se practican la sonrisa y las buenas maneras. Mucho menos la tolerancia y escasamente la inteligencia.

Parece que actuar públicamente con formas descompuestas alecciona a los más exaltados,  a los menos moderados, a los más vocingleros….. Las discrepancias y desavenencias ya no se solucionan con la sutileza de antes y entre bambalinas. Muy al contrario, los enfrentamientos se llevan a la opinión pública a través de los medios de comunicación social con la intención de que las voces de una minoría de exaltados haga callar a la mayoría de los que, observando las diferencias, preferimos buscar antes los puntos en común que las barreras que nos separan.

La diferencia entre los que gustan de palabras y hechos subidos de tono y los que preferimos el acercamiento discreto y suave –soft diplomacy– es que aquellos se crecen por el volumen de su voz y sus barriobajeros modales, mientras que otros lo hacen por la intensidad y la validez de sus argumentos.

El insulto nunca fue recurso de los inteligentes y mucho menos de los poseedores de la verdad. Simplemente porque los capaces, seguros de sí mismos y perspicaces no necesitan hacerse oír por el volumen de su palabras sino por el contenido, razón  y validez de las mismas.

Vilipendiar, por el contrario, es propio de ignorantes que consiguen que otros de su mismo pelaje, más simples si cabe, les sigan. Insultar es la única herramienta de quienes no encuentran solución a los problemas que ellos mismos han planteado.

Lo deseable es que, a cualquier nivel institucional esta desagradable, poco acertada y grosera forma de actuar, no se llevara a cabo. Pero entre el anhelo y el hecho hay mucho trecho.

Para “ilustrar” lo anterior, quién mejor que el Presidente de Venezuela, que intentando distraer la atención de los muchos problemas por los que atraviesa su país, azuza al coro de palmeros para que nos ladren mientras cabalgamos. Lástima que un pueblo tan noble como el venezolano cuente con tanto dirigente  cuyo escaso sentido del ridículo y falta de responsabilidad institucional le impidan ser respetado por la comunidad internacional.

Lo cierto es que los insultos nunca hieren cuando con ellos se pretende suplir la falta de capacidad, pobreza intelectual, mediocridad personal y falta de respeto institucional. Tampoco es menos cierto que no insulta el que quiere sino el que puede.

© Juan de Dios Orozco López

Inteligencia protocolaria.

No me refiero al cociente intelectual de los que nos dedicamos al protocolo. No, no es ese el tema de este artículo.

Ya he escrito sobre estrategia y táctica en relación con el protocolo. Ambos son términos referidos a técnicas militares que, por su validez, se aplican en ámbitos civiles muy diversos.

En esta ocasión también escribo sobre otro término militar como es el de inteligencia. El diccionario de la RAE no contiene la acepción que yo necesito así que me permito, con todas las limitaciones y sin más ánimo que el de aclarar este concepto, definir “Inteligencia Protocolaria” como la recopilación de cualquier tipo de información, para su a posterior análisis, que permita optimizar los resultados en la ejecución de un acto o para crear el entorno más agradable a una personalidad. En resumidas cuentas, se trata de obtener información, ordenarla, extractarla y ofrecerla “desmenuzada y analizada” a quien la necesite para que pueda tomar decisiones en el ámbito protocolario.

El ciclo de inteligencia es similar para cualquier tipo de actividad sea empresarial, diplomática o, como es el caso, protocolaria.

Siempre hemos oído afirmar que la información es poder y, desde luego, quien tiene información y la sabe utilizar obtendrá la ventaja necesaria para diferenciarse y aportar valor a un proyecto.

La inteligencia y los procesos de toma de decisiones son acciones inseparables en cualquier área empresarial, política o diplomática. Es normal que las decisiones que afectan a una institución pública o una empresa se tomen siempre con el mínimo riesgo y para eso es necesario disponer de la máxima información. En este sentido, los que nos dedicamos al protocolo, siempre hemos obtenido la información necesaria para desarrollar nuestra actividad pero nunca hemos sistematizado su recolección y su posterior aprovechamiento. Quizá no hayamos obtenido el beneficio óptimo en relación con el esfuerzo llevado a cabo pero ahora ha llegado el momento, creo yo, de tomar conciencia de este nuevo concepto y ponerlo en práctica.

La inteligencia protocolaria nos permite obtener información de lo que está oculto a la mera observación.

Pues bien, en lo que se refiere al protocolo, también, creo yo, se hace necesario obtener informes amplios y certeros sobre todo lo relacionado con el desarrollo de un acto o con lo que pueda afectar a las personas más estacadas que acuden a el mismo. En especial me quiero referir al protocolo relacionado con las atenciones a altos dignatarios extranjeros, responsables empresariales de muy alto nivel y cualquier otra circunstancia que pueda impedir o dificultar alcanzar nuestro objetivo final.

Si hacemos inteligencia identificaremos riesgos y oportunidades además de tomar conciencia de nuestras fortalezas y debilidades. Hacer inteligencia protocolaria y protocolo inteligente viene a demostrar la profesionalidad del que los pone en práctica.

¿Tu qué crees?

Gráfico de inteligencia: Asociación Española de Documentación e Información.

Imagen iceberg: Internet.

© Juan de Dios Orozco López

Protocolo y éxito empresarial

Artículo publicado en la web de la Universidad ESAN (Perú) (*).

Son muchos los que cuando hablan de protocolo se refieren a actitudes personales anacrónicas que sólo son puestas en práctica en círculos sociales exclusivos. Sin embargo, el protocolo moderno se aleja de la afectación del pasado para centrarse en la sencillez,  naturalidad y eficacia de la actuación personal tanto en el ámbito social,  como en el empresarial, el político o el diplomático. Del protocolo excluyente del pasado hemos pasado a un protocolo integrador y facilitador del triunfo en el presente. El protocolo se ha convertido en nuestros días en una herramienta de comunicación que contribuye al éxito de las relaciones humanas y que afecta definitivamente a la imagen pública de las personas, de las instituciones y de las empresas.

Es imposible determinar todas y cada una de las formas de comportarse correctamente en cada uno de los rincones del globo terráqueo. Por este motivo, algunos autores como los profesores Geert Hofsteede, Richard Gesteland o Edward T. Hall han investigado, interpretado y descrito los factores culturales genéricos que permiten evitar conflictos y malentendidos entre personas de diferentes culturas.

En nuestros días, para hacer negocios en cualquier lugar del mundo, no sólo es necesario conocer generalidades culturales y dominar una lengua. En el ámbito de las relaciones internacionales, no basta hacerse entender con palabras. Ahora es necesario profundizar en las particulares formas de ser y estar de otros para adaptar nuestros propios modales y comportamiento a situaciones en las que, cada vez con más frecuencia, la interculturalidad es lo habitual. Mientras más larga y compleja sea la negociación, más profundo y detallado ha de ser el conocimiento de la forma de pensar de la otra parte y más necesario se hace el protocolo.

Hablar de protocolo como herramienta para el éxito en los negocios exige interpretar y emular adecuadamente el comportamiento de las personas. Sin embargo, existen elementos del comportamiento humano que no son accesibles a simple vista. Me refiero ahora a las creencias, las supersticiones, los valores culturales o el concepto del bien o el mal, entre otros. Si pretendemos obtener un alto rendimiento de la relación con los demás, comencemos por conocer cómo piensan, cuáles son sus gustos, sus costumbres y hagamos un esfuerzo de adaptación en la seguridad de que nuestra actitud protocolaria incrementará nuestros resultados empresariales.  Actuemos para que las personas con las que nos relacionamos se sientan cómodas en nuestra presencia y que aprecien nuestra compañía. Ello contribuirá a nuestra propia comodidad.

A los efectos anteriores, es necesario dejar claro que proporcionar comodidades a los demás significa conocer sus usos y costumbres para evitar hacer o decir algo inapropiado que perjudique nuestra relación. No basta tener buena intención. No es suficiente querer agradar a los demás. Lo importante es el resultado final de nuestras acciones.

La palabra clave es respeto. Absoluto respeto por la forma de ser, pensar y sentir de la otra parte. Sin respeto, con toda seguridad, nuestros negocios no tendrán éxito. Pero para poder respetar es necesario conocer qué conceptos son de auténtico valor y cuales merecen el rechazo de nuestros interlocutores.  Estas circunstancias hacen ineludible que, entre las habilidades y destrezas exigibles a un ejecutivo o ejecutiva del siglo XXI, se considere un valor profesional en alza el conocimiento de protocolo y muy particularmente los modos correctos de actuar en el mundo de los negocios.

Hablando de modos de actuar, ¿qué aspectos personales valora usted cuando se relaciona, en ambiente de negocios, con personas de otros países o de otras regiones del Perú?  ¿Se ha visto usted envuelto en alguna situación incómoda por no saber cómo debía actuar? ¿Ha sido testigo directo o indirecto de una situación en la que la falta de protocolo haya afectado negativamente a una relación de negocios?  ¿Conoce, por ejemplo, cuales son los temas tabú en las conversaciones de negocios? Me gustaría y agradecería mucho conocer su opinión.

(*) Entre el 26 y el 29 de mayo tengo previsto – Dios mediante- ofrecer varias conferencias y un Seminario en Lima (Perú) invitado por la Universidad ESAN.

© Juan de Dios Orozco López

Postureo político.

A nadie le viene mal salir bien en la foto. En especial, una buena fotografía le viene bien   a los políticos a quien -dígase lo que se quiera decir- su imagen personal les sirve en gran medida para aumentar la cuenta de resultados en su imagen pública. Mejor imagen pública significa más votos.

Si, si, todo eso del programa, las buenas intenciones, la identificación personal con los anhelos de la sociedad y el respaldo a los derechos de las clases más desfavorecidas está muy bien pero aparecer bien en la foto es fundamental. Los programas electorales lo leemos unos pocos, pero la imagen de un candidato es observada por todo el mundo.

Los asesores segmentan públicos y preparan mensajes para cada uno de ellos. Un día el candidato aparece en vaqueros porque va a la Universidad y otro se pone la corbata porque aparece en rueda de prensa en el Parlamento. A nadie debe extrañar que en el pasillo de entrada del mitin, aparezca una señora mayor que besa al candidato o la candidata como si lo conociera de toda la vida. Nadie debe sorprenderse porque surjan como setas en temporada, también, jóvenes situados detrás del candidato que mitinea y que asienten a cada una de las afirmaciones del líder. Hay que vender la imagen del líder  y por eso se escogen personas adaptadas al mensaje. Bueno, esta táctica le sale bien al PSOE pero no a George Bush como puedes ver a continuación.

Hay una cosa que sí está clara y es que los políticos necesitan del postureo para llegar a alcanzar sus metas. No basta con que un político sea convincente, honesto, íntegro y que tenga un gran programa político. Además es necesario salir bien en la foto. El éxito político está ligado, en alguno o todos lo momentos de su trayectoria, a aparecer bien ante la opinión pública. Se trata de ser o aparentar simpatía, elegancia conductual, cercanía, inteligencia, cordialidad, alegría, fuerza, determinación, capacidad, intelectualidad, lealtad, compasión….. Pero, claro está, todas esas cualidades son imposibles de demostrar a millones de votantes si no es por la imagen. Por eso se cuidan las puestas en escena de los políticos.

No recuerdo haber visto Sarkozy en zapatillas de estar por casa y sin sus zapatos (taconazos) con alzas. Tampoco recuerdo haber visto a Margaret Thatcher con los rulos puestos. Cuando algún periodista se acerca íntimamente a un político, este puede hacerlo en pijama pero seguro que le queda como un guante. Recién levantados, algunos de los más atractivos políticos y de las políticas más sexys darían un susto de muerte hasta a Freddy Kruegger.

Por eso, porque ningún político puede dejar ver sus debilidades, es por lo que para llegar a todos, en la mejor forma posible, necesitan del postureo. Eso es lo que ha practicado Tania Sánchez. Lo vemos en un reportaje que incluye vídeo en elmundo.es  en el que es presentada como mujer independiente de su novio y con capacidades propias. Por eso aparece, cual modelo de pasarela, mostrándonos varios vestidos, zapatos y poses……muy modesta pero también muy a la moda, con la melena al viento, la mirada perdida en la inmensidad del universo…….

Tania

Pero el colmo del postureo político lo ejemplifica esteeeeeeeeeee…..Varufakis!!! que en un alarde de coherencia política y personal aparece disfrutando de la sencillez y sobriedad de su apartamento de lujo mientras toca el piano frente a la Acrópolis, toma un sencillo lunch en su soleada terraza o diseña su brillante estrategia económica frente al más caro de los portátiles de Appel……. y así le va que, hasta en su propio país, ya le tienen ojeriza. Es lo que ocurre por creerse que cuando uno está arriba resulta inmune.

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Porque esto del postureo es como un “quiero pero no puedo”. Al final, “se te ve el plumero” si no demuestras ser lo que has pretendido aparentar.

© Juan de Dios Orozco López